Soñando con la mano perdida de Paul Wittgenstein

Paul Wittgenstein

El asombroso caso de Paul Wittgenstein no sólo inspiró sueños, sino que escribió este cuento...

Al despertar, Homper vio  en el espejo otra vez su imagen un hombre estupefacto. Qué había hecho él para merecer eso. Por qué  acababa de soñar lo que soñó.

Uno de los ingredientes del sueño, sin duda, era lo que había leído y escuchado a lo largo del día, y muy especialmente La familia Wittgenstein, una interesante biografía firmada por Alexander Waughnieto del autor de Retorno a Brideshead. Este libro además de recrear la torturada vida de esta familia y de su hijo más preclaro, Ludwig, ofrece un magnífico fresco social de un fracaso humano, del hundimiento del Imperio Austro Húngaro y de los espantos de la Gran Guerra, en la que combatieron el filósofo y sus dos hermanos varones.

La anécdota a veces se apodera de la categoría. O un drama individual puede impactar más que el catálogo de horrores que describe el autor sobre la primera Guerra Mundial. El caso es que a Homper le impresionó, sobre todo, la suerte de Paul Wittgenstein, pianista prometedor que pierde el brazo derecho en combate y que, con un espíritu admirable, consigue superar este mazazo del destino. Llegará a adquirir tal virtuosismo con la mano izquierda que hasta Ravel compuso su famoso Concierto para la mano izquierda pensando en él.

Las diabluras de la mano fantasma. Como todos los que han perdido un miembro, el pianista manco tiene que convivir por mucho tiempo con las sensaciones que le transmite la mano que ya no  tiene. Y así fue que, obsesionado por este martirio añadido  del pobre Paul, y quizás también por las noticias del día, fraguó la pesadilla del propio Homper. También él había soñado tiempo atrás en ser un gran pianista. En su pesadilla, no sólo lo era, sino que, como Paul Wittgenstein, pierde el brazo derecho  y sufre  los engaños de sus terminaciones nerviosas. Sus sensaciones táctiles son que la mano perdida sigue viva, y que además de tocar el piano como los ángeles, trinca dinero sucio como si fuera un político corrupto de los que persigue Garzón.

Naturalmente, el pobre Homper despertó a mitad de noche angustiado.

-No fastidies, Morfeo– se quejó ante el espejo del cuarto de baño como si su rostro descompuesto fuera el del dios de los sueños- ¿Por qué este dolor y el recochineo de la vergüenza?… ¡Arréglamelo, por favor!

Regresó a la cama, cerró los párpados. A su edad no es nada fácil reemprender el sueño interrumpido, pero lo consiguió. Y  la mano fantasma del pianista mutilado que creía ser le transmitió esta vez sensaciones distintas.

-Muchas gracias, amigo-le dijo al espejo antes de cumplir con el ritual mañanero de lavarse los dientes.

El Morfeo del espejo le sonrió. En la segunda parte del sueño, Homper no sólo había tocado  un milagroso arreglo para la mano izquierda de las Variaciones Goldberg. Sino que, entretanto,  el fantasma de la derecha recibía las caricias de aquel amor de juventud con el que hacía manitas en el cine,  y que nunca, nunca, podría olvidar.

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5 Responses to “Soñando con la mano perdida de Paul Wittgenstein”


  1. 1 José Ramón noviembre 1, 2009 en 2:46 pm

    A mí -que a menudo me derrumbo por tontunas- me llena de admiración y de pasmo la gente que se sobrepone a sus desgracias y sigue luchando.

    En cuanto a la mano fantasma que acaricia a aquel amor de juventud… snif. La memoria, la evocación, el recuerdo, nos trae a menudo muchas tristezas dulces y muchas alegrías amargas. Snif.

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  2. 2 Franciska noviembre 1, 2009 en 10:09 pm

    Dicen que aunque no nos acordemos, siempre soñamos,perder un miembro y sentirlo continuamente, debe de ser terible.En realidad, igual que los recuerdos, aprender a vivir de nuevo y superar algo, dicen las malas lenguas que te hace más fuerte, yo creo que es una “gran putada de la vida”. claro ,que siempre existen heroes como el de esta historia que te hacen sublimar los valores humanos.

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  3. 3 maribel noviembre 2, 2009 en 8:13 am

    todas las cosas buenas y malas no se si te hacen mas fuertes pero unas te joden mas que otras!. ayer vi la pelicula del curioso caso de Benyamin Batton y todavia no se si era suerte o desgracia……pero me gusto … saludos

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  4. 4 Charivari noviembre 2, 2009 en 11:11 am

    Pues yo os digo que aunque se supere, es la putada (sorry) más grande del mundo (incluso, mundial).
    Michel Petrucciani, un pianista excepcional ya fallecido, también con una historia de superación impresionante ¡descubridle!

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  5. 5 waterI noviembre 2, 2009 en 11:50 am

    Cierto que e terrible , la pérdida de un miembro y mas si es necesario para tu profesión pero nuestro protagonista era riquísimo y podía encargar a los mejores compositores, obras adaptadas a su carencia, se cuenta que cuando llegó a Nueva York reconoció que nunca había entredo en una tienda a comprar ropa que los trajes, camisas, ropa interior y zapatos se lo hacía a medida, las desgracias con medios son mas llevaderas

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