Carta a Jorge Manrique

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A pesar de todo, no estoy de acuerdo en que cualquier tiempo pasado fue mejor...

Querido maestro

Antes que nada debo decirte que fuiste uno de los primeros escritores que admiré. Las Coplas a la muerte de tu padre se nos grababan a casi todos los escolares de mi época. Recuerde el alma dormida/ avive el seso y despierte…Las recitábamos de memoria.

En cierta manera, se me pegó el espíritu que derramaban sus versos. Quizás recuerdo demasiado. He caído en la tentación del exhibicionismo que proporciona ese invento llamado Internet: ya sabes, es como el diván del psicólogo. Tengo amigas como Cristina y Bibi que se dedican a escuchar a la gente y a ayudarla así, pero según sus normas, la terapia no funciona cuando el que se tumba en el diván es conocido. Por eso creo que he acabado en el rollo este de la red. Un lío. Me hubiera sido mucho más agradable una psicología entre gente conocida.

Recuerda mi alma dormida…Demasiado, a lo que se ve por los que aún se asoman por aquí. Recuerdo, sí. Y me critican por ello, puede que con razón.  El pasado suele tener mala prensa. Es de gente medrosa y por lo general triste.  Sin embargo es el único pavimento que uno conoce, y por el que transita con cierta seguridad. El presente no llega a ser: pasa bajo nuestros pies como una alfombra en cinta transportadora. ¿El futuro? ¡Oh!…Hubo un tiempo que soñaba con él, pero me ha hecho tantas pedorretas y está tan desgastado por la verborrea de los políticos, del lenguaje empresarial, de la publicidad y de las escuela de negocios que no me merece demasiada consideración. Además, ahora que valoramos tanto el espíritu democrático…¿Has visto algo más tiránico que futuro? ¿Ha consultado alguna vez algo  a alguien? Se presenta cuando quiere y hace lo que le sale de las narices. Lo de mitificarlo y levitar cuando se le menciona me parece recurso de cantautor con guitarra de cuerdas rotas y seso vacío. Yo soporto el futuro porque no me queda más remedio. A pesar de eso, procuro no llevarme mal con él.

Eso tampoco quiere decir que esté de acuerdo con el más famoso de los versos de tus coplas. Cómo, a nuestro parecer/ cualquiera tiempo pasado fue mejor…Si somos serios, hay que reconocer todo lo contrario. Que a pesar de todas las miserias, los peligros y los desafueros del mundo actual, cualquier tiempo pasado fue muchísimo peor. Eso sí, si nacías en una familia donde comías caliente, si tenías  cerca un parque para jugar a las chapas con tus amigos, si te sobraban cinco pesetas para ir al cine y, además no te enterabas de lo que pasaba por ahí, eras feliz. Había mucha mierda. Pero quizás ni la veíamos ni nos llegaba su hedor.

Dos notas de esta semana para demostrarte que no soy tan pesimista. El jueves actué en la convención de una empresa japonesa que celebraba veinte años de su llegada a España. Fíjate qué contradicción, yo aquí tan coñazo y aún hay quien me contrata para alegrar esos actos. Una parte importante de las ponencias fue para mostrar los programas sociales de la firma. Entre ellos, quizás el más impactante, su obsesión por la integración de los discapacitados. Un chaval llamado Pablo –también un chico Down, como el asombroso Pablo Pineda de la película Yo también– aplaudía a rabiar cuando dos compañeros de trabajo con enfermedades degenerativas que les mantienen en sillas de ruedas eran premiados por los proyectos que han desarrollado para aplicar la tecnología de la casa a  facilitar la vida de muchos impedidos. Yo me acordaba de las voces del niño del segundo de la casa donde nací, que se escuchaban por el patio. Las oí durante muchos años. Era un muchachito con una cabeza monstruosa, sin ojos, lo que entonces se llamaba, sin mucha delicadeza, un subnormal. Las escuché hasta que murió. Pensé lo terrible que ha sido la vida de los discapacitados y de sus familias hasta que la  sensibilidad social al menos les ha mirado. No, Jorge Manrique, no tienes razón. No siempre cualquier tiempo pasado fue mejor.

La otra –si no, no sería yo escribiendo- es una nadería importante: el descubrimiento de las rosquillas más deliciosas que he tomado en mi vida. Las sirven en una cafetería de la calle Alfonso XI de Madrid, frente a la COPE. Maravillosas. Y, al contrario que las porras y los churros, mantienen su sabor y su textura incólumes para ser, a lo largo de la mañana, un desayuno  perfecto para golosos. Un amigo mío suele decir que la mayor felicidad de este mundo está en lo que rodea a un agujero. Debe de referirse a estas rosquillas. ¿O no?…

Nuestra vida son los ríos que van a dar a la mar…Yo ahora, de momento,  me conformo con ir a correr a la Casa de Campo, que está vestida de otoño. Cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte, tan callando…Y uno en el centro de esa rosquilla, que es la existencia, buscando dónde morder para endulzarse los días y hacerle guiños al pelmazo del futuro.

En fin, querido maestro. Espero que no te mosqueen mis observaciones a tu obra más señera. Es mi oficio, al cabo uno no es más que un espíritu travieso que te respeta y te admira.

Tuyo afectísimo

El Duende de la radio

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12 Responses to “Carta a Jorge Manrique”


  1. 1 José Ramón noviembre 7, 2009 en 12:43 pm

    Soy muy mal lector de poesía. La suelo encontrar artificiosa y me distraigo. Y al final no me entero de nada. Pero las coplas de Jorge Manrique se entienden perfectamente. Se notan auténticas y sinceras. Son sobrecogedoras. Me parecen una obra maestra de la literatura universal.
    De tu vecino de la infancia no opino. Tengo alguna (poca) experiencia personal-familiar y no sé ni qué decir. Horrible. Se me ocurre lo que hemos dicho hace pocos días sobre lo mierdosa que puede ser la vida para muchas personas, de manera completamente injusta y cruel.
    Y lo de que mezcles pensamientos metafísicos con rosquillas me parece muy bien. ¿No es eso la vida? Me apunto la dirección de la cafetería. No me pilla bien, pero algún día que me cuadre me acercaré a darme ese soberano placer, que también eso es “avive el seso y despierte”. ¿Por qué no?

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  2. 2 Ángela noviembre 7, 2009 en 1:47 pm

    Compartía autobús el otro día con una chica que se desplazaba en silla de ruedas. En Oviedo, los autobuses urbanos tienen rampas, pero no siempre funcionan como deberían y algunas veces, lo de extender esa plataforma no resulta fácil para el conductor, por que algún egoísta ha dejado su coche estacionado en la parada del autobús. “No te preocupes” le dijo la chica al chofer desde la mitad del autobús, cuando llegue mi parada, puedo salir por la puerta de alante, sin necesidad de la rampa.
    El resto del trayecto, lo dediqué a pensar cómo podía ser la vida de esta chica, hace tan sólo unos años, y entonces, es cuando te alegras de que el futuro, sea ya presente.
    Buen día. Llueve.

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  3. 3 El Duende de la Radio noviembre 7, 2009 en 6:06 pm

    ¿Llueve?…Qué suerte, Ángela. Por Madrid anunciaban chubascos, los mapas del tiempo pintaban lluvia y sólo notamos que es otoño por un viento que parece el de “Cumbres borrascosas”. Lo peor: está secando la poca humedad que había en el campo. Qué desastre de otoño.

    No obstante hablan poco de la sequía (salvo en Daimiel, y por el dichoso incendio subterráneo). Todo menos asustar a la población y recordarle que a lo peor hay que hay que ahorrar agua. Como el chiste de los mariquitas: “al pulpito, ni regañarle”…

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  4. 4 wallace97 noviembre 7, 2009 en 6:41 pm

    Un objeto, al reflejarse en un espejo produce una imagen idéntica, lo que pasa es que ésta es virtual, mientras que el objeto es real.

    Creo que el presente no es más que el espejo en el que se mira un pasado, que es real, y produce una imagen idéntica pero virtual, que es el futuro.

    De ahí la importancia que tiene el pasado, pues queramos o no, conforma lo venidero.

    No podemos cambiar el pasado, pero si somos capaces de percibir cómo se han ido produciendo efectos de anteriores causas, a lo mejor estamos en condiciones de actuar sobre el presente para que cuando mañana ya forme parte del pasado, nos refleje un futuro virtual más bello.

    Para ello sólo es necesario desechar la especulación, aprender de lo natural, y admirar la belleza, la que hay el pasado real, en el presente incierto o en el futuro virtual.

    El Duende puede darnos unas cuantas clases.

    Cualquier tiempo pasado fue mejor para algunos, igual que lo será cualquier tiempo venidero. La cuestión es la magnitud de ese mejor y de esos algunos. En mi opinión la tendencia es a muchísimo mejor para cada vez muchísimos menos, cuando debería ser prioritariamente a menos mala para cada vez muchísimos más.

    Hablando del viento, Duende, veámosle una cosa buena, se ha llevado de un plumazo la asquerosa polución, aunque sea un consuelo sólo para cuatro días. Claro, que hubiera sido infinitamente mejor que se la hubiera llevado el agua, pero a falta de pan…

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    • 5 Angelus P. noviembre 28, 2009 en 10:25 pm

      Brillante, Wallace, y se me ocurre que debemos deformar el presente (espejo) para poder cambiar el futuro…

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  5. 6 Franciska noviembre 8, 2009 en 8:14 am

    Hace muchos años, no teniamos pasado, solo pensabamos en el futuro, proyectos, ilusiones, de repente, y ademas soy consciente de que momento, piensas en el pasado,recuerdas situaciones, amigos, sentimientos y me dije a mi misma, vaya, me estoy haciendo mayor. Y de eso hace muchos años, o sea que debo de ser mayorcisima y ahora “Como se pasa la vida… tiene ya su sentido, el pasado está para recordarlo, pero ,creo que cada dia si estas bien, es un gran regalo,y si estas mal un horror, simplemente, y soy consciente de ello. No creo que la muerte llegue “tan callando”, en eso, no estoy de acuerdo con el Poeta.

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  6. 7 Palinuro noviembre 8, 2009 en 11:22 am

    ¡Joé, Wallace, vaya jeroglífico!
    El devenir del tiempo (crono), cómo afecta a nuestras vidas, cómo nosotros lo percibimos, qué presagios intuimos, daría para debates inacabables. Bueno es que volvamos de vez en cuando la vista hasta el pasado sin que allí se nos quede congelado nuestro pensamiento. Añoramos pasajes de nuestra infancia y/o adolescencia porque nuestra memoria es selectiva, tiende a archivar lo positivo o placentero y arrincona los malos momentos. Desde luego, cualquier tiempo pasado NO fué mejor, al menos para la inmensa mayoría. Pero nuestros recuerdos son muy personales, individuales y valoramos más lo cercano que lo extraño o lejano. He oído decir que se atribuía a Stalin aquello de que la muerte de alguien en nuestro entorno próximo es una tragedia, y una carnicería en el campo de batalla lejano es una anécdota que distrae nuestra atención unos segundos cuando leemos su narración en la prensa. Por una vez el sátrapa georgiano tenía razón.
    En cuanto al otro tiempo (meteoro), nuestra sociedad es tan urbanita que solo echará de menos la lluvia cuando nos impongan restricciones. El campo solo es un lugar molesto por donde no se puede circular en coche…

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  7. 8 maribel noviembre 8, 2009 en 12:56 pm

    cada dia me admirais mas yo no leo poesia pero hoy esperaba algo del duende para su querido atletico que ayer no se puede quejar ya que Raul no le marco ningun gol……jajaj saludos

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  8. 9 El Duende de la Radio noviembre 8, 2009 en 5:27 pm

    Querida Maribel

    El Atlético de Madid no es un equipo de fútbol, sin más. Desde el punto de vista de la filosofía es un absurdo, mientras que para la religión es un anticipo del purgatorio. Lo cual quiere decir que sus seguidores seremos directamente asuntos a los cielos, desde donde veremos cómo los del Madid se retuercen entre las llamas torturados por su pecado continuo de prepotencia. Ya sabes, antes pasará un camello por el ojo de la aguja, que un merengue por la puerta de la gloria celestial…

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  9. 10 Zoupon noviembre 9, 2009 en 8:00 pm

    Tiene razón Palinuro, recordamos mucho mejor lo bueno que lo malo, supongo que es un mecanismo de autodefensa. Y también es cierto que cualquier tiempo pasado no fue necesariamente mejor. El futuro tiende a pasarse nuestros planes por el arco del triunfo, o tal vez sea que nuestros planes son demasiado ambiciosos o a demasiado largo plazo. Por de pronto, yo me he asegurado de que el futuro me prometa para esta noche una suculenta tortilla de patatas acompañada de una ensalada de escarola y una cerveza o dos. Y luego los besos de mis niños y esposa al irnos todos a la cama, y un buen libro para leer un rato antes de dormir. ¿Alguien da más? ¿Alquien puede pedir más?

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  10. 11 wallace97 noviembre 10, 2009 en 9:56 am

    Tú sí que sabes, Zoupon. Eso son planes, y lo demás es cuento. Efectivamente, nadie puede dar más. Algunos dirán que nos hemos hecho mayores, y no les falta razón, al menos en mi caso, pero yo les pregunto: ¿no es de eso de lo que se trata?

    Y si se hace uno mayor con la capacidad de disfrutar cada vez más de cada vez cosas más sencillas, más frecuencia de disfrute, o sea, más felicidad y facilidad para compensar lo irracional del entorno. Es cuestión de defensa personal.

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  11. 12 Angelus P. noviembre 28, 2009 en 10:20 pm

    Mucho me temo, Duende, que has caído en el espacio toroidal (superficie cerrada definida como el producto cartesiano de dos circunferencias)de la rosquilla. Podrás moverte en cualquier dirección, pero ya nunca podrás salir. Serás el Duende de la Rosquilla.

    Ingredientes:

    – 3 huevos
    – 1 copita de anís
    – 2 medias cáscaras de huevo de aceite
    – 125 gramos de azúcar (1 vaso de los de agua)
    – Media bolsita de levadura química
    – Harina hasta lograr consistencia

    Preparación:

    1. En un bol, se baten los huevos con el azúcar. Se añaden el aceite y el anís, mezclando bien. Por último, la harina previamente mezclada con el Royal. Se irá añadiendo harina hasta que la masa resultante tenga una consistencia que permita su manejo cómodo con los dedos.

    2. Se van cogiendo trocitos de masa y, dándoles forma de anillo no muy grueso, se fríen en sartén o perola con aceite bien caliente. Conviene darles la vuelta con una espumadera. Se sacan cuando estén bien dorados.

    Trucos:
    – Es conveniente untarnos los dedos en harina cada vez que vamos a coger un trozo de masa, para que ésta no se nos pegue.

    – Poner una cáscara de huevo en la sartén evitará que se nos queme el aceite.

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