El Ponton de la Oliva y otras maneras de ser feliz

Una vista del paseo, captada por el ingeniero feliz...

No le gusta al Duende su mirada pesimista de la vida. Le aburre, le desespera, le cabrea comparecer ante los demás con la careta del lamento o de la nostalgia. A vivir, que son dos días. Y más ahora, que va a ser Navidad, y que seguramente saldrá la Vicepresidenta Fernández de la Vega, tan salerosa ella, a felicitarnos las fiestas. Qué subidón.

Por eso de vez en cuando rebobina, lo piensa con detenimiento y se siente en el deber de refutar a Jorge Manrique recordando por qué cualquiera tiempo pasado no sólo no fue mejor, sino que fue notablemente peor.

Argumento nº 376. Si se ve con perspectiva, una de las grandes ventajas del presente es que te permite ser al mismo tiempo lo que eres y algo de lo que te hubiera  gustado ser. Eso no pasaba en la España donde apareció el Duende, tan previsible como el destino que nos habían reservado. Aquella aburrida burguesía en la que se crió, lo más exótico y pintoresco que hacía era  coleccionar sellos,  apostar en las carreras del hipódromo y, si era muy aventurera, subir a esquiar a La Bola del Mundo los domingos. Ahora ya apenas hay burguesía, y aunque los privilegiados de verdad siguen siendo los mismos, todo el mundo puede glasear su cruda realidad con almíbar de algún sueño y hacer su camino más feliz.

Ese es el caso de José Miguel García Ponte, un pedazo de ingeniero industrial de 1´90 de estatura que, ya en la edad madura, descubrió la música de Juan Sebastián Bach. Antes de ese feliz hallazgo, José Angel ya era pescador de paisajes, que capturaba compulsivamente con su cámara de fotos. Hace tiempo que descubrió que perderse por cualquiera de las infinitas patas de gallo de la piel de España es un placer  que, no por asequible, resulta menos gratificante. Ahora se ha decidido a recorrer también las trochas y vericuetos de la música clásica. El Duende le conoció en el concierto del pasado sábado de la Orquesta y Coro de la Capilla Real que, como todos los meses desde hace años, regala al pueblo de Madrid las Cantatas y Motetes de Bach en unas versiones de tanta calidad que podrían escucharse en Leipzig. Y gratis, por cierto,  como muchas de las mejores cosas de la vida. Al ingeniero humanista, el Viejo Peluca –asi le apodaba a Bach  Fernando Argenta- le sedujo tanto que repitió el domingo.

José Miguel levitó escuchando  a Bach. Acabado el concierto y una vez en tierra, le contó al Duende que a la mañana siguiente  iría de excursión al Pontón de la Oliva, uno de esos enclaves bucólicos protegidos de la voracidad del ladrillo que aún atesora la provincia de Madrid. Le invitó al Duende  y a otros melómanos a sumarse a la marcha. Y por allí, mientras caminaban a lo largo del curso del río Lozoya, se empaparon de naturaleza y disfrutaron caminando. Hasta tuvieron la suerte de ver corzos.

Qué maravilloso es asomarse, al menos, a  otras vidas como la de los músicos, los naturalistas o los exploradores. Fabiola, la mujer de Jose Miguel, también escribe cuentos por el placer de sentirse escritora, cosa muy explicable si se recuerda que tiene nombre de novela y de reina. Y habrá muchos más que son felices jugando a ser atra cosa que lo que son. Pese a lo que escribiera Jorge Manrique,  uno se queda parafraseando a Paul Éluard: hay otros mundos, pero están en lo que tú quieras imaginar que eres.

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7 Responses to “El Ponton de la Oliva y otras maneras de ser feliz”


  1. 1 José Miguel diciembre 14, 2009 en 8:34 pm

    Hola Duende,

    Emocionado y muy gratamente sorprendido de tu perspicacia y capacidad de síntesis.

    Un abrazo,

    José Miguel

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  2. 2 Charivari diciembre 15, 2009 en 2:30 pm

    Un amigo que se asoma frecuentemente a este bosque pero que no participa, no sé porqué razón pues es leido e instuido por demás, nos recuerda a menudo que “ningún tiempo pasado fue mejor” lo que pasa es que los recuerdos siempre están bañados de cierta nostalgia positiva.
    Se me ocurre pensar que en aquellos tiempos de nuestra niñez y adolescencia citados por el Duende, lo que pasaba es que había mucho de “aguantoformo”, de “qué dirán” y otras zarandajas y también que tuvimos la suerte de que nuestras familias tenían otras miras dentro de lo que había y no se notaba tanto el encorsetamiento de palabra y obra…
    No sé, me lío pero sé lo que quiero decir

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  3. 3 Dora diciembre 15, 2009 en 3:21 pm

    Charivari, saltar por alto el “qué dirán” ha sido la salvación de mi vida. El lado negativo de esta liberación es que sólo la he conseguido cumpliendo años, a pesar de haber vivido en un ambiente liberal para la época. ¿Será ahora demasiado tarde? Espero que no y que, además, sepa transmitirselo a mis descendientes.

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  4. 4 El Duende de la Radio diciembre 15, 2009 en 5:41 pm

    Da casi risa recordarlo. Pero lo cierto es que cuando hace más de treinta años me iba al Retiro para preparar mi primera maratón aún sentía vergüenza corriendo por la calle en chandal. Como tampoco podía imaginar que algún día cantaría con mi coro en un sitio cmo el Monumental Cinema abierto al público. Ni mucho menos lo de escribir para que te lea cualquier curioso que navegue por la red…

    Esas pequeños respiraderos que se han abierto a la libertad y a la iniciativa del individuo me parecen uno de los grandes beneficios de la socidad moderna. Justo es decirlo, después de que tanto la critico por muchos otros motivos.

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    • 5 Angel Serratosa Luque diciembre 16, 2009 en 1:31 pm

      Para Luis Figuerola.
      Hola Luis: Soy uno de los curiosos navegando por la red. Me encanta El Duende de la Radio. Es distraido a la vez de informativo. Y, además, me permite tener noticias tuyas.
      Un abrazo de Chita.
      ÁNGEL

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  5. 6 Ángela diciembre 16, 2009 en 9:44 pm

    Y además, ¡el Duende recibe en su casa a TODOS los sobrinos por Navidad! A vivir, que son dos días. Un abrazo.

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    • 7 ana diciembre 17, 2009 en 9:47 pm

      Que suerte duende puedes disfrutar de un montòn de cosas para las que solo hace falta tiempo,me dàs envidia y me alegro por tì.Espero que algùn dìa no muy lejano me pueda sentar a contemplar un paisaje o a oir musica sin prisa.Un abrazo y feliz Navidad aunque espero verte

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