Caprichos de un cerebro caótico

Un cerebro es una esponja que lo absorbe y lo resgistra todo. Pero también un caos...Lo contará el Duende como si fuera una película moderna. Guerra al academicismo. Si  tienes muchas cosas en la cabeza y no te apetece ordenarlas, invéntate licencias. El caso es que se le apareció el ángel de la guarda y le pidió explicaciones. Por respeto a la  Ley de Igualdad, el ángel era una angela o una angelesa –ahora se dice cualquier tontería y no pasa nada-, y se parecía mucho a Audrey Tatou. El caso es que le exigió que justificara tantos días de silencio.

-No eres un Vicent ni un Muñoz Molina-le reprochó la angelesa- Pero si quieres  ser leído, tienes que dar señales de vida.

Señales de vida. La vida del Duende es un tanto desordenada. Desordenada, que no licenciosa. El ángel o la angelesa se parecía a Autrey Tatou, decíamos, y él, naturalmente, no se pudo resistir. Se puso a escribir, de lo que fuera. Y en el desorden natural que guía su pensamiento cupo un poco de casi todo.

No lo cuenta casi nunca, pero de repente este fin de semana que, entre la salud del tiempo y la del cuerpo, pasó muchas horas en el campo no haciendo nada, advirtió cómo la mente, o al menos la suya, va de una cosa a la otra constantemente, y sin reparar en jerarquías de importancia. Del recuerdo a la consideración presente. De un apunte práctico a un suspiro que es un confetti de la imaginación. De repente echaba diez minutos embobado en una voluta del fuego de la chimenea. Luego se acercaba a la ventana y, para su pasmo, veía retozar, con este frío, al carbonero, al petirrojo (o es el pinzón, con su pechuga anaranjada, que no lo tiene muy claro: en el campo de  su infancia le llamaban tintín a uno y chamarreto al otro, pero no anotó bien las diferencias). Y al mirlo, y al rabilargo, que si  no están a cerezas están a aceitunas.

Cuando despuntó el sol salió de paseo a desentumecer el cuerpo, con su pequeña sierra y sus tijeras, aprovechando el frío para podar y guiar robles y castaños. Antes de que se echara la nieve, quemó ramas, hojas secas y  maleza para limpiar el monte. Qué delicia calentarse con una fogata  al aire libre. Y entretanto, querida angelesa, la cabeza dando vueltas como una batidora a las reflexiones, los problemas, las esperanzas que cada quisque procesa como puede a lo largo del día.

Qué curioso, querida Audrey. Por qué,  en ese torbellino de ideas que pasan por un cerebro inquieto siempre, aparecieron este fin de semana  por el del Duende sensaciones tan distantes como el horror y la maravilla, el espanto y la sorpresa, la negrura de la muerte y el pálpito emocionante de una vida que empieza. No te lo creerás, angelesa de la guarda, pero el Duende te habla nada menos que de Stalin y de una niña llamada Camila, un añito con andares de zombi, lengua de trapo y curiosidad inagotable por todo lo que ven sus ojitos. El por qué del monstruo y la niña inocente en secuencias cerebrales próximas habla del caos de la mente. Por una parte el Duende acababa la lectura de El Imperio, del gran  Rysziard Kapuzinsky, una apasionante  crónica de lo que fue el imperio soviético y otro alegato más contra el bellaco al que por fin la historia pone en su sitio. Por otra parte, empezaba a descubrir a una criatura que no tiene ni año y medio, pero que es feliz porque sólo sabe ver lo bueno de la vida.

Camila lo señala todo y lo intenta decir a su manera. Su padre, Juan, un padre moderno que sabe estar a las duras y a las maduras, lo mismo le cambia pañales que le enseña el bello nombre de las cosas. Juan estudió en Inglaterra, y ha decidido hablar a su hija en español y en inglés, de manera que la criatura igual se emociona ante un caballo, una cabra o un pato que con el horse, la goat o el duck. Al abuelo sólo le dice olo. Y éste no sabe qué tiene que ver esta tontería con el sentido de un blog ni con el deseo de contar algo para que lo lean, con la cantidad de cosas interesantes que hay en los libros. Pero ya anticipó que su cerebro es un caos, y que si tiene que escribir de lo que piensa, ha de dar salida a estas observaciones tan opuestas. Stalin y Camila, el horror  del conocimiento de la historia y la ternura de un ser humano que rompe a andar. Las sombras y las luces de la vida misma

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7 Responses to “Caprichos de un cerebro caótico”


  1. 1 Ángela enero 11, 2010 en 3:58 pm

    Después del “Imperio”, pásate Duende a la recomendación de Zoupon del otro día, un par de novelitas ligeras de Arto Paasilinna; “El bosque de los zorros” y “Delicioso suicidio en grupo”, a mi, es lo que me han traído los Reyes, por que como reza la viñeta de un periódico local, “Hay años, que (a los Magos) les importa un pito como te portas”. De cualquier forma, estoy disfrutando mucho con ellas.
    Entre otras muchas cosas, la curiosidad y la inquietud de los abuelos, la heredan luego los nietos, es posible que ese sea el mejor de los legados que uno recibe. No sabemos si Camila (Juanona, ésta si que debería haberse llamado Juana)aprenderá a leer con un ebook, pero sí que parece seguro que ella también se expresará a través de un blog, y le encatará saber que su abuelo fue un precursor. No todo son desventajas en un celebro caótico.

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  2. 2 maribel enero 12, 2010 en 8:11 am

    PERO NO TE PREOCUPES A NOSOTROS NOS ENCANTA TODO LO QUE NOS ESCRIBES….PERO INTENTA NO SALTARTE LOS DIAS PORQUE NOS GUSTA LEERTE DEMASIADO…SALUDOS

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  3. 3 Pemberton enero 12, 2010 en 9:20 am

    Lo de la mente desordenada , la nieta que balbucea cosas y se fija en todo, el padre, aqui la madre, que tratan de quemar etapas de sus hijos en el aprendizaje de lenguas, la lectura de cosas transcendentes, en este caso “El marketing segun Kotler”, la nieve por la ventana etc etc retrata a tantos y tantos de tus coetaneos.
    Eso si, no te dejes llevar por la obsevacion de las aves en demasia y mandanos escritos “mas que de en vez en cuando”.
    Feliz año a la francesa, ya sabes que alli estas recibiendo tarjetones de “navidad” hasta final de Enero , asi que no llego muy tarde para desearte cosas fantasticas para el año en el que estamos.

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  4. 4 Úrsux enero 12, 2010 en 9:32 am

    Además de emocionarme con este artículo sobre el desorden, que sepas que me has descubierto que la tal Audrey es la de Amelie.

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  5. 5 Pedrito enero 12, 2010 en 11:40 am

    No hay como las agotadoras labores del bosque y del campo para liberar nuestra memoria, dejar rienda suelta a nuestra sensibilidad profunda, estímular el recuerdo y ofrecer cancha a nuestra imaginación.
    Y no hay como tener nietecilla(o)s – tengo más unos que otras, pero desconfio de la censura igualatoria – para olvidarse de todos los horrores y sinsabores del mundo vulgar, admirando la perfección de estos enanos, su dulzura, su maliciosa inocencia y su inagotable capacidad de embobar al más curtido leñador !
    ¿ Como quisieras que impere el orden y la lógica en la mente de esta(o)s abuela(o)s – … por si acaso !- tan permeables a los pálpitos del corazón ?
    ¡ Alégrate Duende, lo que llamas caos, sin duda es vida : Feliz, activa y hermosa. Gracias por hacernosla compartir con arte !

    PD. A riesgo de chocar los cinéfilos entendidos, no me gusta nada mi paisana Audrey Tautou ni el personaje de Amélie Poulain

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  6. 6 Charivari enero 12, 2010 en 12:23 pm

    Así es, las luces y las sombras de la vida misma…

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  7. 7 Angelus P. enero 13, 2010 en 12:55 am

    ¡Qué envidia, Duende, me da esa capacidad tuya de atravesar con tanta facilidad la barrera -para mí infranqueable- que separa el mundo onírico de la realidad!

    Infinidad de veces he deseado poder transcribir mis pensamientos en la duermevela o mientras, como tú, contemplo la naturaleza. Misión imposible. Quizá Don Sigmund aportaría alguna explicación al fenómeno, pero dudo que sirviera de algo. Será por eso que uno no ha nacido para escribir…

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