El zumo de un lunes triste

El siete de febrero, al caer la tarde, el Duende se acercó a los naranjos y cogió del suelo unas cuantas naranjas. Hay naranjos que dan naranjas listas, y otros que las dan tontas. El lunes ocho de febrero despertó a las siete menos cinco. Aún era de noche. A otros les deprime levantarse de noche, y más en el campo. A él le gusta: piensa que exprimirá mejor el día.

Después de desayunarse un café con leche y dos perrunillas, partió unas cuantas naranjas y lo que  se exprimió fue  uno de los zumos más generosos que recuerda. Desayunar con zumo le sigue pareciendo un lujo, porque en su infancia eso no se estilaba. Hasta que en las las comedias de amor y lujo del cine el galán y la heroína, además de café con tostadas, mantequilla y mermelada y huevos con bacon, tomaban zumo de naranja. El Duende gozaba de su lunes de asueto, y desayunaba solo. Es decir, sin Doris Day –la que le correspondería por generación- o Julia Roberts –la que le gustaría. Daba igual: estaba contento, porque su zumo no era de categoría inferior al de un protagonista de película.

Un zumo así parece algo sencillo, pero para conseguirlo hay que tener suerte: las naranjas listas no se diferencian aparentemente en nada de las tontas. Sin embargo hay que promediarlas para que la inocencia de éstas se compense con la acidez de aquellas. Un zumo de tontas es como un refresco de naranjas sin burbujas. La lógica dice que debería de haber salido a coger naranjas con dos cestas, una para llenarla con las naranjas del naranjo listo y el segundo para las tontas. Pero si ya es ridículo ver a un Duende de pelo blanco con un cesto, como Caperucita, no vean lo que es verlo con dos. Aparte de la comodidad de tener una mano libre para coger las naranjas y la otra sólo para asir la cesta única. El pensamiento inmediato fue dedicado al que tuvo la ocurrencia de inventar la semilla del naranjo tonto. Se supone que moriría tan abochornado como el inventor del chocolate blanco.

Cualquiera que fuera la responsabilidad moral de este sujeto, el hecho obligaba a tomar ciertas medidas para que el zumo fuera un éxito. Así, para equilibrar el sabor ingenuo de las tontas con la ácida perfidia de las listas, el Duende fue probando con la punta de la lengua cada naranja partida.  Fue una buena idea entretenerse así, porque mientras tanto las noticias de la radio –uno no se libera de esa dependencia ni aún en la soledad del campo- no hacían sino esparcir malas noticias. A fuer de sincero, el Duende se preguntaba si no era inmoral embriagarse con el zumo perfecto cuando la crisis está amargando la vida de tanta gente.

¿Cuántos de los que me leen –se preguntaba el Duende- habrán tenido que cerrar su pequeño negocio? ¿Cuántos no habrán sentido en carne propia la dentellada del paro? ¿Cuántos conservan el humor bastante para hacer papiroflexia mental a cuento del zumo de tontas y listas?

No me niegues, oh Dios, el derecho a pensar que ya vendrán tiempos mejores ( Versículos 12-14  del Capítulo III de la Lectura de algún profeta inexistente). Además de la que cae, también llueve, y en unos minutos la niebla le ha envuelto al Duende en un horizonte incierto. No cabría pensar en otro día más gris. Sin embargo el zumo estaba delicioso, y además ha vuelto a ver al carbonero que todos los años anida cerca de su ventana. Debe de ser instinto de supervivencia, o un ramalazo del irresponsable  carpe diem del clásico. Inconscientemente, el Duende eleva sus ojos al cielo plomizo: Señor, perdóname, porque no se lo que hago cuando sonrío…

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8 Responses to “El zumo de un lunes triste”


  1. 1 José Ramón febrero 8, 2010 en 7:17 pm

    Joé, Duende, tienes tanta miga (digo, tanto zumo) que casi tengo que ir tomando apuntes para que no se me escapen tantas cosas que te querría comentar.
    Lo dejo sólo en que nunca oí hablar de naranjas tontas y listas (sí de bollos tontos y listos), y que en lo del chocolate blanco estoy totalmente de acuerdo: ¡Qué vergüenza!
    Respecto a la crisis y a los cierres de los pequeños negocios, el mío está fastidiado, pero por ahora no va a morir, y espero que remonte.
    En todo caso, no debes ni siquiera plantearte la inmoralidad de beber un zumo perfecto mientras otros sufren. Creo que eso no está bien ni conduce a nada bueno. La vida está llena de cosas sencillas y buenas, y es nuestra obligación disfrutarlas con alegría. (Tómate ese disfrute como una oración, si eres religioso, como un… ¡momento epifánico! Eso, ya está, ya lo dije).
    Una cosa es que por civismo, por responsabilidad y por hombría de bien te preocupes por el dolor ajeno, y que hagas lo que esté en tu mano por intentar paliarlo (y lo haces cada día), y otra muy distinta es que cargues con la cruz del mundo. Eso no. Eso no es bueno.
    Disfruta. Disfrutemos.

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  2. 2 Ana febrero 8, 2010 en 9:49 pm

    Es bueno disfrutar de las pequeñas cosas a pesar de todo lo malo que hay a nuestro alrededor.El otro dìa atravesando el Retiro vi un arbol con todas sus ramas peladas y en todas ellas posados gorriones ,todas las ramas llenas de ellos como si fuesen bolas en un arbol de Navidad,precioso para extasiarse mirandolo.Bueno es lo que hay,tomarse un buen zumo,mirar los pajaros oir un concierto precioso de momento y mientras esto no mejore nos tendremos que conformar y pobre del que no lo haga,la depre seguro porque no es para menos

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  3. 3 maribel febrero 9, 2010 en 8:18 am

    gracias por contarnos estas cosas que aunque sencillas no dejan de ser hermosas,,,,y siguiendo un simil parecido al tuyo….me acabo de comer una tostada con aceite de un color dorado verdoso….buenisimo !!!!! dicho sea de paso el aceite son de los 800k de aceitunas que cogimos hace unas semanas en el terreno de mis suegros!!!!(mi marido ya lleva un año de paro pero ojala que esto se arregle)…saludos y feliz dia!!!!!!

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  4. 4 Zoupon febrero 9, 2010 en 11:01 am

    En materia de alimentos, ahora se lleva mucho lo de la trazabilidad. Sobre el filete que te comes, hay alguien que lo sabe todo, todos los pasos que se dieron desde el nacimiento del lechón hasta su San Martín: Qué comió, si estuvo o no enfermo, el nombre de sus padres, dónde fue sacrificado y despiezado y tal vez congelado, incluso hasta el estado sanitario de las uñas del matarife.
    Pero trazabilidad, trazabilidad, lo que se dice trazabilidad, la que practica el Duende: Del naranjo al cesto, del cesto a la punta de la lengua, de la punta de la lengua al exprimidor, del exprimidor al vaso y del vaso a la boca. Un verdadero lujo que sólo podría ser más placentero si las naranjas fueran robadas de los naranjos del vecino.
    Y aunque los tiempos sean difíciles para muchos, disfrutar de ese zumo no es malo de suyo (Bonete dixit), como tampoco lo es disfrutar leyéndote.

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  5. 5 Ángela febrero 9, 2010 en 5:53 pm

    No sólo no es inmoral, sino que es además recomendable, y más con la que está cayendo ahí fuera. Esto tendrá que pasar, y cuanto más fuertes nos coja, mejor. Fuertes de cuerpo, pero también de espíritu. Lo que nos faltaba es que además, no pudiéramos sonreir.

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  6. 6 Ángela febrero 9, 2010 en 5:57 pm

    Me ha encantado lo de la trazabilidad de Zoupon. Ah!! y por cierto, al loro con las mimosas que están a punto de brotar.
    Un abrazo.

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  7. 7 DOLOROSA febrero 11, 2010 en 1:45 pm

    El otro día comentaba que muy pronto, aquí en Sevilla, florecerían los naranjos. Pues no me equivocaba. Hoy, en el centro, unos de los pocos sitios que por orden gubernativa de nuestro Ayuntamiento, quedan naranjos, los están descargando de las naranjas amargas para dar paso a esa flor que todos esperamos para embriagarnos con su perfume. (Ya en algunos hay pequeños brotes. Lo descubrí hace dos noches, dando un paseo, muy cerca del Guadalquivir, cuando de pronto sentimos ese olor inigualable y vimos una pequeña flor blanca entre el ramaje).
    Esto es tan simple y a la vez tan extraordinario como ese zumo extraido de aquellos otros naranjos de los que tú, Duende, nos hablas.
    Las cosas sencillas son, la mayoría de las veces, más impostantes que las grandes cosas y no es ni mucho menos, una superficialidad, disfrutar de ellas.

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  8. 8 Palinurova febrero 11, 2010 en 8:14 pm

    Sevilla, en Semana Santa, huele a incienso y azahar – ¡que tópicazo, pero verdad! Una delicia. Estoy de acuerdo, Dolorosa.
    Y hablando de naranjas amargas, ¿quién me puede decir cómo conseguir naranjas amargas en Madrid, sin tener que viajar a Andalucia? La mermelada me sale bastante rica… También uno de los pequeños grandes placeres, prepararla y disfrutarla a lo largo del año.
    Aquì las mimosas delante de nuestra casa están tardando este año, con el frío que está cayendo.
    ¡Buen carnaval a los que puedan celebrarlo!

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