Archivos para 30 marzo 2010

“Il pericolo” de Renato Carosone

Hay que reconocer que después de las noticias del domingo, con dos mujeres muertas a manos de sus maridos, escuchar que "il pericolo número uno" es "la dona" canta un poco...

Hablar de la mjujer como "il pericolo número uno" no es lo más políticamente correcto en estos momentos...

Le habían enseñado al Duende que en los guateques debía de  ser educado, y no bailar sólo con las guapas. Pero el Duende de joven era timidito y alicorto, y a las chicas guapas siempre había otro más echado para adelante que las sacaba antes. Así que él no se acercó a Anita por educado, sino porque era la única que quedaba sentada y mirando con ojos de ópalo al centro de la pista  mientras sonreía fingidamente.

-¿Bailas?

-Sí, gracias-dijo ella mostrando sus dos paletos blanquísimos.

En el pikú sonaba ¡Oh torero!, de Renato Carosone

Anita no era fea, pero sí gorda y algo dentona. Y además apenas sabía aquellas nociones básicas de agarrado –dos pasitos para un lado y un paso para el otro, girando de cuando en cuando y arrimando lo que se pueda- con el que los jóvenes de entonces se iniciaban en el baile. El Duende se agarró castamente a  Anita, la movíó con delicadeza y la dirigió como pudo. Uno, dos, uno dos-le susurraba a la oreja, no demasiado cerca, no fuera a creer…Y durante el resto de su vida, Anita , que se había transformado en una chica guapa  de grandes ojos oscuros para luego casarse y tener hijos y nietos, siempre le agradeció los servicios prestados.

-Nunca olvidaré que fuiste tú con el Torero de Carosone el que me enseñaste a bailar-  le ha repetido al Duende cada vez se ha  encontrado a las vueltas de la vida.

Sin embargo Carosone murió hace unos años. Y había desaparecido por completo de la memoria musical hasta que esa máquina de éxito llamado El Corte Inglés ha rescatado una de sus canciones más bobas para recordarnos que Ya es primavera, cosa que no se creen más que los meteorólogos y, por  obligación, la gente de la moda.

Por cierto, piensa el Duende que no estuvieron sus publicitarios muy inspirados, como tampoco muy fino el Observatorio de Igualdad del ministerio del mismo nombre. Porque ver por la tele a unas modelos muy guapas y elegantes mientras suena Il pericolo número uno, la dona, justo el mismo fin de semana en que dos bárbaros habían matado a sus esposas antes de suicidarse ellos mismos, daba mucho que pensar. Aunque no hayan  pensado en ello ni los genios publicitarios del Corte Inglés ni doña Bibiana Aído.

Que il pericolo en tiempos de Carosone fuera la dona, sonaba a broma pícara: el machismo latía en la cultura de la época. Pero en estos tiempos en que ella sólo merece discriminación positiva y en que se sobreentiende que la llamada violencia de género es siempre masculina, la afirmación es, digamos, arriesgada y de dudoso gusto. Il perícolo numero uno es que estos son asuntos que hieren muchas sensibilidades, y que las feministas extremas no se caracterizan precisamente por su sentido del humor. Pudiendo haber tirado de Picolísima serenata, Mambo italiano o del mismísimo Torero con el que Anita aprendió a bailar…¿por qué usaron tan mal a Renato Carosone?

Relativamente importantes

Y uno, hormiguita en la calle, acabadiendo, como mucho, relativamente importante...

Y uno, hormiguita en el asfalto, se da cuenta de que sólo es relativamente importante...

Se sorprende a menudo Homper de lo relativo y elástico que es en sí mismo el término relatividad. Relatividad –más bien relativismo zapateril- en política es la excusa perfecta para jugar con la ley y la costumbre según convenga, como si éstas fueran plastilina normativa. Algo con lo que, por su edad y por su formación, no está nada de acuerdo la tía Clota.

-Desengáñate, sobrino-le decía en una de sus conversaciones transatlánticas la  mujer nacida en Granada y hoy ciudadana estadounidense- Con las cosas de comer no se juega. Lo de quitar importancia a lo que nos enseñaron que era importante descoloca mucho a la gente…

No se ha asilvestrado tanto Homper. Su relativismo  le sirve para achicar, primero, los problemas y putaditas que plantea la vida. Y luego para ponerle bridas al ego. Uno tiene a considerarse el eje del mundo y a sobredimensionarse hasta que deja de verse en el espejo y amplía perspectivas.

-Pero qué poca cosa parecemos desde aquí…

Lo pensaba mientras desayunaba hoy en buena compañía desde un observatorio para él insólito, y que sin embargo debe de ser muy popular, la cafetería del Corte Inglés. Está en la planta 9 del edificio de Callao, y como la terraza que hay en lo alto del Círculo de Bellas Artes, nos enseña vistas muy enriquecedoras de Madrid. La primera es el peinado de la capital, adornado por estatuarias y arquitecturas fascinantes que, a ras de suelo, son difíciles de apreciar. La segunda es lo diminuto, lo casi insignificante que es uno desde la altura.

-No hay que relativizar lo importante, tía –precisa Homper- Pero te aseguro que a vista de pájaro, y confundidos entre el enjambre de la gran ciudad, no significamos casi nada.

E imagina un primer plano de su coronilla, ya ampliamente tonsurada por el tiempo. Y, a partir de ella, un zoom atrás que le muestra paseando por las calles de Madrid, como hace a menudo. Y un Madrid a vista de pájaro, con todos sus fénix, y sus guerreros romanos, y su cuadrigas, y sus ángeles, que coronan los edificios más notables de la capital. Y una España a vista de satélite. Y y una tierra a vista de la luna. Y un sistema solar  a vista de otra galaxia.  Y todas las galaxias a vista de…

Y a pesar de que, como le enseñaron en el cole, Homper sabe que “todos somos hijos de Dios y herederos de su gloria”, comprime su gigantesco ego en una funda de lentillas y se convence de que, si hay algo relativo,  por insignificante, es lo que al cabo representa uno mismo en la inmensidad del cosmos.

Dudas y OFBC (Oportunidades de Felicidad de Bajo Coste)

Además del amanecer y el anochecer, hay muchas otras OFPC a lo largo de días como éstos...

Se pregunta el bloguero qué hacer con esa nube de dudas que a veces, al despertar, encuentra en su pensamiento.

El pensamiento está en la cabeza, supone. Y de repente, en su perpetua confusión, se imagina como un personaje de comic que abre los ojos por la mañana, se sienta al borde de la cama y dedica unos minutos a eso que se llama repasar la agenda, desgraciada o afortunadamente vacía.

Y el grafismo de una interrogación se le clava en la frente, como si ésta fuera un corcho y debieran figurar en él los asuntos pendientes: en un postit, Familia, a saber, llamadas de control para saber qué rumbo toman estas vacaciones hijos, nietas, hermanos. En otro, Amigos, interesarse especialmente por los que están enfermos. En otro, Orden Personal, de cuerpo y alma. Este es el más caótico. En postit aparte Sección Romántica: recuerdos, ensoñaciones, ilusiones, pero también lamento y  flagelo por no amar, amar poco o no saber amar.  ¿Cómo va a afrontar uno un nuevo día sin  peinar esa zona del alma? Más papeles, este dedicado a Deberes Esenciales. El primero, cumplir con el blog, que se queja de que su mantenedor afloja, está disipado, se repite, vacila, aburre, carece de interés. Jo, qué compromiso y qué mérito el de los que saben atrapar la atención de los demás escribiendo. Un último papelito, fundamental: OFBC.  Es decir, Oportunidades de Felicidad  de Bajo Coste.

Se inclina por una de éstas. Se levanta, desayuna, se asoma a la ventana. Inopinadamente –parece que el invierno no se retiraba nunca- ha amanecido un día de primavera como los de entonces. Entonces era el territorio de la infancia. No había felicidad comparable a la de dejar Madrid  para ir al campo. No había placer mayor que bajarse del coche y echar a correr por entre las gallinas y las ovejas, saludar a los caballos que pastaban, acercarse al arroyo y ver si habían subido las bogas a desovar, buscar galápagos, ver parir a la vaca, escuchar el crotoreo de la cigüeña que anidaba, desde tiempo inmemorial, en lo alto del cedro del jardín y tumbarse luego en la hierba verde a ver el vuelo de los vencejos y de los tordos. Añádase a ello el aroma de las mimosas y de los lilos, el sesteo bajo el sol de primavera, y el rumor lejano, al atardecer, de las esquilas y cencerros del ganado volviendo a la majada. Dios, qué música.

Aún hoy, en cualquier afuera de cualquier ciudad y en cualquier campo de cualquier pueblo de España hay oportunidades parecidas al alcance de todos. Ver, respirar hondo, escuchar y, de propina, soñar. Además, en una iglesia de Madrid la Orquesta Barroca de Helsinki y el Coro de la Capilla Real de Madrid ofrecen cantatas de Bach gratis. Como habrá en otros lugares conciertos, actuaciones, exposiciones o, simplemente, paisajes por los que vale la pena salir de casa. Como decía su viejo y sabio amigo Pepe Pérez Gállego cuando bebía agua del manantial, las mejores cosas de la vida  no se pagan con dinero.

Y casi punto final. El bloguero no desterrará al cabo sus dudas ni sus dolores íntimos. Pero tiene muy claro que días como éste no abundan. Así que echa la firma al post y se larga a correr por la Casa de Campo. Feliz semana a quien lea este blog y sepa disfrutar de la OFBC que tenga más a mano.

Una claudicación imperdonable

-Cómo le debilitan a uno los años- se dice Homper, perplejo ante la sombra que le acusa desde el espejo.

Hacía tiempo que se había propuesto no atender una sola llamada de marketing telefónico. Incluso había acuñado una contestación modelo: “perdone, respeto  mucho su trabajo, pero tengo por norma no aceptar que me vendan nada por teléfono, lo siento”.

Y sin embargo le habló una tal Noemí con una voz que él lo sonó como si viniera de  Tarita, aquella indígena que cautivó a Marlon Brando en el rodaje de Rebelión en la Bounty. Tras soltar la frase de rigor, Homper pensaba cortar la conversación. Pero ella no se rindió.

-¿No me a va a dejar que le explique mi oferta?- le dijo.

Y lo dijo tan dulcemente, y con una voz tan seductora, que le desarboló. Y al día siguiente, en su tertulia del Ateneo, lo tuvo que confesar avergonzado.

-Soy un marica, un blandengue. Me había juramentado no ceder y he cedido. Cómo le debilitan a uno los años…

Y ahí se quedó Homper, en su soledad. Perplejo por haber aceptado comprar a plazos la Enciclopedia del Románico, una colección de doce  bocks de cerveza bávaros en su anaquel de madera de cerezo y una cubertería de acero inoxidable para doce personas.

¡Ah!. Y al haber sido uno de los cincuenta primeros en contestar a la oferta, el obsequio adicional  de una estrellita bañada en oro que, sin Tarita a la vista, ya no sabría a quién ofrecer como regalo.

Dioses venidos a menos

Cambiamos al Dios de siempre por el becerro de oro y, cuando nos quisimos dar cuenta, vimos que sólo llevaba un baño del preciado metal...¡Qué estafa!

Como ocurría en el famoso cuento de Augusto Monterroso, https://elduendedelaradio.com/tag/estado-de-bienestar/cuando Jehová despertó de su larga siesta comprobó que a pesar de los años pasados continuaba allí. Pero al poco advirtió que ya no era el único ser supremo, y que le había salido un primo con el que no contaba.

-Hola, soy Todová- se presentó el intruso tendiéndole la mano.

-¿Y tú que pintas aquí?- preguntó Jehová.

Todová le recordó que mientras que Él, complacido de ver cuanto había creado, se echó a dormir la siesta, el hombre había progresado.

-Al tiempo que progresaba, aprendió a pasar de la divinidad, y entronizaron al Estado del Bienestar.

-¿Y eso qué es? –preguntó Jehová levantando la ceja.

-Bueno, eso soy yo- respondió Todová- Soy como tú pero sin leyenda. O sea, sin Viejo Testamento, ni sentimiento de culpa, ni vida eterna…Soy el Dios protector que ha inventado la humanidad convencida de que ella es lo más importante. Por eso me he impuesto ese sobrenombre: Todová. Porque el Estado del Bienestar lo da todo, y gratis, y encima sin problemas de conciencia para los ciudadanos. Lo siento, primo…

Jehová meditó unos instantes. Por su memoria pasó vieja canción publicitaria del último tercio del siglo XX: Todo va mejor con Coca-Cola, todo marcha mejor…Y aunque comprendía que el mundo había cambiado, y que Dios quizás ya no era lo que fue, pensaba que Todová no alcanzaba la categoría de sucedáneao distinguido. Ahora divinizan a un becerro de oro por cualquier cosa-pensó.

Y mientras Jehová se retiraba prudentemente, Todová  se complacía de saberse el Dios de la contemporaneidad. Y tanto se empalagó de las alabanzas de los hombres que no pudo evitar el dormirse en los laureles.  Y otra vez, como en el cuento de Monterroso, al despertar se sorprendió a sí mismo constatando que seguía allí, aunque ahora al pie de su lecho, había alguien.

-Hola, soy Mejorvá -dijo tendiéndole su mano a Todová- Soy tu primo, y vengo a sustituirte.

-¿A sustituírme?’ –preguntó Todová mientras, incrédulo, se frotaba las legañas de sus ojos.

-Como lo oyes.  La misma humanidad que te divinizó ha descubierto ahora que lo del todo gratis del Estado del Bienestar se ha acabado. Que una cosa es ser un dios generoso y benéfico, y otra es que la gente te tome por tonto y les tengas que arreglar las tetas de valde.

-¿Y tú que haces? –preguntó Todová.

-Lo mismo que tú, pero cobrando un poco. Que lo que no cuesta, no se valora. Además, ya lo decía la canción: Todo va mejor con Coca-Cola…¡Y la Coca-Cola no es gratis!…

-¡Abusón!…-le espetó Todová visiblemente cabreado-¡Neoliberal!… ¡Sacamantecas!…¡Chorizo!…

-¡Tontolhaba!- reaccionó Mejorvá- ¿Pues quién te creías que eras?…¡Que hay que modernizarse, primavera!…

Y mientras ambos se enzarzaban en una gresca de verduleras, Jehová desde su retiro se preguntaba cómo las nuevas divinidades podían haber caído tan bajo.

Recortables degenerados

 

Sonríe el Duende con mal disimulada nostalgia cuando recuerda que la vida le parecía un recortable. Un recortable de soldados, de toreros, de muñecas con sus vestiditos o de casas, catedrales, barcos, aviones…Todo nítido, bonito, y, si atinabas con la tijera adecuada y ponías cuidado, quedaba muy bien recortado sobre el grisáceo telón de fondo de la realidad cotidiana. Otro mundo por una o dos pesetas. Enternece pensar que un simple papel impreso podía ser un regalo de cumpleaños, una ilusión y un alivio para el niño enfermito en cama o  castigado el domingo sin salir.

-Lo siento, pero el cine es demasiado caro, y has sacado malas notas-le decían en casa.

 La alternativa eran los recortables. Silueteabas las figuras, las doblabas por la línea trepada y las plantabas sobre una mesa. Gracias a ellas llenabas muchas tardes lluviosas entretenido y feliz. Eran la raíz cúbica de la play station.

Los recortables son una metáfora de lo simple que interpretabas la vida entonces. Recuerda con particular cariño el Duende el de una granja que le solucionó un domingo. Aquí el granjero con su tractor, allá el caballo percherón, allá las vacas, al lado las ovejas. Su pajar, sus cerdos, sus gallinas, sus ocas. La casita del granjero con su valla de madera. Y la granjera regando las macetas de su ventana. Todo fácil de entender, bonito, simple y sin líneas nebulosas que desdibujaran los contornos. Como la vida, insiste el Duende.

 Aún no había aparecido el filtro de los matices, y las personas, como las cosas, eran buenas o malas. Los americanos eran buenos y los alemanes malos. La marina inglesa era buena y Francis Drake malo. También le enseñaron a uno que los curas, como hombres de Dios, eran buenos, y  se les besaba la mano por las calles. Y no tenía duda de que los artistas de la risa, desde Charlot y el Gordo y el Flaco hasta el último payaso, eran todos buenísimos.

Tristemente, ardió la inocencia de los recortables. El Duende acababa de ver al Barça por la tele el pasado miércoles cuando haciendo zapping pasó por la Sexta. Ahí cayó en un programa en el que el Gran Wyoming y una señorita muy mona repasaban y comentaban, se supone que con sentido del humor, las noticias de actualidad. Con la Iglesia habían dado: madre mía, que chollo los curas pederastas para los iconoclastas. Lo peor no fue ver en horario fronterizo al infantil cómo uno de aquellos depravados era sorprendido por una cámara oculta en uno de sus pecados más inconfesables con un menor. Vomitivas las imágenes, e inexplicable que se muestren. Lo peor es que ese  repugnante crimen de lesa infancia  era tratado como algo para tomárselo a risa por alguien a quien el Duende admiró en un tiempo por su ingenio y su desparpajo. Dónde habrá quedado aquel  showman original y disparatado  que cantaba Tramperos de Conneticut  con Reverendo. Parece en este caso que el fin, si es tan progre como fumigar a la curia en aras del laicismo, justificaba los medios.

Qué pena. Y qué asco. Tratando de hacer humor por la radio, uno habrá molestado alguna vez a alguien y habrá herido sensibilidades, seguro.  Pero sentido común y sin ponerse previamente  de acuerdo, ni Javier Capitán ni el Duende bromearon nunca conscientemente con asuntos que revuelven las tripas del alma.

Quizás pensaban que los cómicos deben ser inocuos, como los recortables. Sin caer  en la cuenta de que ya hasta las fantasías de papel habrán degenerado en canallas para estar a la altura de las circunstancias.

Antonio Muñoz Molina, sin pelos en la lengua

Lúcido, valiente y, a juicio de un simple aficionado, magnífico escritor...

Acaso por su formación de filóloga, por ser  también andaluza de nacencia y por vivir, como Antonio Muñoz Molina, en Estados Unidos, la anciana tía Clota se hizo asidua lectora de sus novelas. Ahora sigue apasionadamente La noche de los tiempos, que, como muchas de las últimas novelas inteligentes, trenza  a la perfección ficción e historia. La mujer elige esta literatura porque dice que, a diferencia de sus amigas las viudas de Tinmouth, su pueblín de Vermont, además de deleitarse leyendo,  aprende algo nuevo o refresca conocimientos.

-Este chico vale mucho- dice a su sobrino Homper en su encuentro a distancia a través de Skype- Pero me temo que el mundo de la cultura va a empezar a mirarle con recelo…

-¿El mundo de la cultura?-comenta Homper con retintín- ¡Hummm!….Qué simplificación

El Hombre Perplejo está convencido de que este ectoplasma conceptual aparece normalmente cuando los investidos por la gracia de la verdad y la virtud cívica consideran que los demás vivimos aborregados. Ellos, además de ser cómicos, artistas, plumistas o filósofos, quieren ser el Pepito Grillo nacional. Y lo mismo que Moisés habló desde el Sinaí con las Tablas de la Ley en la mano, “el mundo de la cultura” plasma de vez en cuando  en un manifiesto la verdad revelada.

-Qué pena que ignoren a los  que de verdad tienen las ideas claras, tía.

-Como este chico…¿Has leído su artículo del pasado sábado?…

Homper tampoco lo había leído. Lo busca en Internet y lo lee. Se titula La costumbre de la infamia. Es valiente, implacable, esclarecedor. No vale la pena destriparlo aquí. Uno, como la tía Clota, debe aspirar a que todo el mundo optimice el tiempo que dedica a la lectura. Y no tiene sentido que reproduzca lo que con tanto tino y conocimiento de la historia ha dejado para la reflexión ese magnífico escritor. Para eso está el invento de los enlaces. Un solo click y pasas de lo que dice un bloguero cualquiera a lo que piensa y escribe Antonio Muñoz Molina.

Él también pertenece  al “mundo de la cultura”,  es de izquierdas y firma manifiestos. Pero, a diferencia de otros, ni se traga ruedas de molino ni tiene pelos en la lengua.


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