Un recuerdo Deliberado

Recuerda el Duende una búsqueda de palabras en la que hubiera perdido todas las horas.

Las necesitaba para expresar la belleza de unas manos de pastor cortando limpiamente con el filo de una navaja una tajada de pan de hogaza. Presionando con un dedo de la mano izquierda contra aquel iceberg de corteza dorada y miga bien prieta, mantenía el hombre un trozo de chorizo. Era la porción de chacina manifiestamente más pequeña que la del pan, pero su mano derecha manejaba la navaja con tal destreza y precisión,  que conseguía administrar el almuerzo logrando el milagro de la proporción absoluta. A cada rebanadilla  de pan, correspondía matemáticamente su rodaja de chorizo.  De modo que, antes de cerrar la hoja  plateada, ya adelgazada por tanto uso, y de guardar la navaja en su zurrón, el pastor había engullido un último bocado en el que coincidían, como en un matrimonio perfecto, un buen taco de pan de trigo y un pellizco diminuto, pero suficiente, del valioso chorizo.

El pastor echaba un trago de vino áspero de la bota, se limpiaba con la bocamanga las pocas miguillas que se le habían quedado en el morro, se restregaba las manos y las ponía a calentar en la hoguera. Entretanto,  tragaba el último bocado y cerraba luego los labios para repasar discretamente con su lengua la dentadura y devolver la blancura a su sonrisa. Y aquí paz y después gloria.

Pongamos que eran las diez de la mañana de  un día de invierno como hoy. Y que sobre el posío verde de la dehesa aún blanqueaba el manto de escarcha que había tendido la noche. Sólo unas avefrías  que empezaban a buscarse el sustento hurgando en el pasto alteraban la paz y el silencio de aquel momento.

Siempre hubiera querido el Duende ser “un hombre sencillo que escribe sencillamente” –como el propio Miguel Delibes se definía- para contar con precisión y algo de emoción esta estampa diminuta que se le quedó grabada de su infancia en el campo. Le llamó la atención su insignificante belleza, que tanto brilla en las observaciones sobre la vida al aire libre que recogen los libros del maestro. Y hubiera perdido todas las horas que ha ido malgastando tontamente para poder contarlas como él.

Por cierto, ya se encargarán los que más saben de recordar los indispensables. Pero se permite el Duende recomendar uno de sus libros menos conocidos que se titula precisamente Mi vida al aire libre. Habla, cómo no, de su contacto con el campo y sus meditaciones sobre el mismo, de sus gentes, de la patirroja, de la pesca de la trucha, de su casa de Sedano y de sus paseos en bicicleta por las carreteras de Castilla con su adorada Angeles. Guarda muchas pequeñas joyas intimistas y sencillas.

Como las que hubiera querido engastar el Duende entre este pan y chorizo que se desayunaba el pastor.

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12 Responses to “Un recuerdo Deliberado”


  1. 1 Julio marzo 13, 2010 en 8:41 pm

    Para hablar con sebcillez,precisión y una pizca de emoción, sobre las cosas sencillas y cotidianas, se necesita sobre todo sensibilidad, un poco de arte y algo de sello personal. Entonces se puede degustar doblemente la rebanada de una hogaza de pan de trigo, un trocito de chorizo y un trago áspero del vino de una bota pegajosa de tanto estrujarla.

    ¿Pero dónde coños está ahora el pastor?

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  2. 2 Angelus P. marzo 13, 2010 en 9:43 pm

    Quico,
    Carmen (y Mario),
    Lorenzo,
    Daniel, el Mochuelo,
    Nini y Ratero,
    Pedro y Cipriano,
    El señor Cayo,
    Y Régula, y Paco, y Azarías…

    Descanse Usted, Don Miguel. Nos quedan sus hijos, tantos, y tan nuestros.

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  3. 3 Franciska marzo 14, 2010 en 12:58 am

    “LOS SANTOS INOCENTES” es un pelicula maravillosa en la que, narra como nadie Delibes de la vida del campo, cada personaje es un mundo.Un hombre que supo captar esos mundos sencillos, pero a la vez dramaticos y trasmitirlos tan bien, es efectivamente un escritor lleno se sensibilidad hacia las vidas y las situaciones campestres..Leere el libro que recomiendas, no lo conozco.Pero, siempre que muere un escritor pienso, !que suerte dejar algo hermoso para los demas !, creo que es de las cosas que más envidio,envidia sana.

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  4. 4 higorca marzo 14, 2010 en 12:08 pm

    Se ha ido el maestro, el padre de todos esos hijos que engendro para gozo de aquellos que nos gusta la lectura, esa es la razón que sigue vivo entre nosotros.
    Descanse en paz.

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  5. 5 José Ramón marzo 14, 2010 en 1:22 pm

    Un escritor honrado y un hombre honrado.

    Recuerdo muchos libros suyos muy buenos, pero voy a mencionar uno que no escribió: Lara le propuso que escribiera un libro (lo que fuera; daba igual) con el multimillonario Premio Planeta ya amañado, y Miguel Delibes se indignó. Porque los hombres honrados tienen el sacrosanto privilegio de la indignación.

    Leí “Los Santos Inocentes” después de haber visto la película, y por tanto ya me sabía el trágico final. Sin embargo, salí del Metro a la calle faltándome unas veinte páginas, y no lo podía dejar. Anduve un trecho a trompicones leyendo, y al final me senté en un banco para acabar el libro. Allí, entre la gente que pasaba, inmerso, embobado, pasmado, transportado, feliz.

    Qué bien escribía y cuántos momentos de placer y de felicidad me ha dado Delibes. Muchas gracias.

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  6. 6 Palinuro marzo 14, 2010 en 2:05 pm

    Un personaje verdaderamente libre, no adscrito públicamente a ideología alguna ni deudo de favores del poder. Por su contribución a la lengua castellana, mi modesto homenaje, y una recomendación: “La hoja roja”.

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  7. 7 Charivari marzo 14, 2010 en 8:50 pm

    Pasa a la eternidad, pues siempre se le recordará como hombre cabal y como escritor lúcido y extraordinario. Leyéndole disfrutas porque transmite olores, sonidos, sentimientos que te llegan de una manera directa; los que has vivido los plasma de tal manera que parece que ha estado contigo en la escena.
    Jamás me canso de ver “Los santos inocentes”, una adaptación genial, y recomiendo “El camino”.

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  8. 8 El Duende de la Radio marzo 14, 2010 en 10:09 pm

    Me escribe en lector del post preguntando el significado de “posío”, palabra que he leído y escuchado, pero de cuya entrada en el diccionario de la RAE no tengo constancia.

    Como le he aclarado, puede que se trate de un localismo extremeño. En un libro de carácter autobiográfico del ex mi nistro y hoy director de RTVE Alberto Oliart que, por cierto, ganó el Premio Comillas, lo utiliza a menudo hablando de una finca extremeña. Por lo que dice y he comprobado luego con quienes sí unsan esta palabra -muy bonita, o al menos eso me parece-, se trata de la zona de la dehesa abierta y despejada de monte bajo donde crece el pasto abundantemente y pace el ganado. Sí puedo dar fe de que en Candeleda, por ejemplo, fronteriza con la Vera de Cáceres, no la he escuchado nunca. Pero sí me parece un acierto, porque no hay otra que la sustituya.

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  9. 9 maribel marzo 15, 2010 en 8:07 am

    ya no queda nada que decir…saludos

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  10. 10 Ángela marzo 16, 2010 en 4:03 pm

    El primer libro que recuerdo me cautivó completamente fué: “Cinco horas con Mario”, no tendría yo, más de once o doce años, pero si tenía muy claro, que no me interesaban en absoluto ni las aventuras de los cinco, ni las de la Familia Hollister al completo. A partir de ahí, fueron cayendo todos y cada uno de los libros de Delibes, “La hoja roja”, “La guerra de nuestros antepasados”, “El idolatrado hijo Sisi”, “La sombra del ciprés es alargada”, “El hereje”, “Los santos inocentes”, “El camino”, “La mortaja”… Creo que he leído casi toda la obra de Delibes, fascinada, como el Duende, por esa facilidad para relatar las cosas más sencillas. Si tuviera que quedarme con una sóla, os recomendaría “Mujer de rojo sobre fondo gris”. Sencillamente deliciosa.
    Creo no he leído la recomendación del Duende, pero sí una muy parecida “Siestas con viento sur”, en donde desgrana, con todo lujo de detalles, sus largas jornadas de caza.
    Está muy bien este capítulo de las recomendaciones en el post del Duende, no recuerdo quien, en alguno de los post, recomendó una novela que me está divirtiendo muchísimo, “Delicioso suicidio en grupo” de Arto Paasilinna, os la recomiendo también yo. Un saludo.

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  11. 11 José Ramón marzo 16, 2010 en 6:17 pm

    Al César lo que es del César y a Zoupon lo que es de Zoupon.
    Yo no había oído hablar nunca de “Harto de Plastilina”, y gracias a Zoupon me leí El Bosque de los Zorros, y me gustó mucho.

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  12. 12 Ángela marzo 17, 2010 en 4:58 pm

    Gracias Zoupon imaginaba que habías sido tú el de la recomendación de Paasilinna. José Ramón, ponte ahora con el Delicioso suicidio en grupo, que es todavía más divertido.

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