Cosas gratas que hacer para empezar el día

Sería curioso un estudio sobre qué es lo primero que se le pasa al individuo por la cabeza cuando empieza su jornada. ¿Un recuerdo, un propósito, un repaso de la agenda, un  suspiro de resignación, una esperanza, la percepción de un dolor?. Hubo un tiempo en que el Duende rezaba, pues así le educaron en el colegio. Lo primero al despertar, decían los padres marianistas, encomendar el alma a Dios.  Uno se acostaba con Dios, con  la Virgen y con el Espíritu Santo y se levantaba con ellos. Aunque, no se sabe por qué,  luego le acostumbraron a que, por la mañana, rezara el Bendita sea tu pureza, una oración que pocos conocerán ya en esta España laica. Dios y la Santísima Trinidad eran de todas la horas, pero la Virgen parece ser que era más matinal. Iba más con la atmósfera limpia, transparente y luminosa que, al menos por el Valle del Tiétar se han vivido estos días de Semana Santa.

No recuerda el bloguero qué fue primero esta vez. El viernes santo había revivido una experiencia singular, tan sencilla e inocente como repleta de emociones y de sensaciones de infancia. Había sido invitado por sus amigos Ramón y Ana a comer en la casa de una finca que es como lo fue el Monte el Rincón, el solar de su niñez. O sea, en lugar del sur de Avila , el norte de Cáceres, pero el mismo encinar, la misma dehesa y el mismo valle del Tiétar tan sólo diez o doce kilómetros más abajo. Y sobre todo, la misma vista de  Gredos, con el pico Almanzor ahora más a la derecha del observador. El Almanzor regio, imponente, recortado con sus  cejas y sus guedejas blancas de nieve contra el cielo azulísimo depurado por un vientecillo fresco del norte. El campo de estas dehesas ganaderas es cuando ha brotado el pasto de primavera particularmente manso y amable. Todo caminar por él en esta época es una pura delicia, pero Ramón quiso añadirle un encanto más. Enganchó uno de sus caballos a un moderno carricoche de cuatro ruedas con suspensión y freno hidráulico y, como si fuéramos los invitados de otro siglo,  nos paseó por un camino como el que evocaban el poema de Machado: Yo voy soñando, caminos de la tarde/Las colinas doradas, los verdes pinos, las polvorientas encinas/¿A dónde el camino irá? A decir verdad, las encinas, recién lavadas por unas lluvias como no se recuerda igual, no estaban polvorientas, sino lustrosas. Pero  la tarde se hilvananaba con otros versos del poema: Y el camino que serpea y levemente blanquea/ se enturbia y desaparece… No desapareció esta vez. Al revés, reaparecía. Pasear por la dehesa en coche de caballos a un trotecillo ligero  sin ser observados más que por las vacas que pastaban y las cigüeñas que por allí picoteaban le retrotraían a la sencilla felicidad de otro tiempo, y daban  a este viaje a los sentidos un valor muy especial en el placerómetro del Duende.

Y si  embargo, no fue este recuerdo lo primero que llamó su atención a la mañana siguiente. Ni tampoco la oración, o la obsesión por cumplir un compromiso, o un dolor de cuello por haber dormido mal. La mente es caprichosa. Y los auriculares que uno se pone para escuchar el MP3 también. Harto de que se le escapen los modelos muy variados que ha ido comprado el Duende para escuchar música, estrenaba unos de silicona que, a decir del vendedor, eran los que mejor se ajustaban a su peculiar pabellón auricular. Iba a desayunarse escuchando, quizás para evocar el grato paseo de la tarde anterior, la Sinfonía Pastoral de Beethoven. Leches. O, mejor dicho, café con leche, que fue donde cayó el dichoso auricular de último diseño. El hombre propone y la tecnología dispone.

Y eso fue lo primero que uno hizo en la bonita y también soleada mañana del sábado santo de 2010. Sacar del fondo de la taza de café con leche un auricular de silicona y tratar de salvarlo de la ruina por accidente. Hay otros empeños más espirituales y nobles para empezar una mañana como esa, pero no se debe olvidar que uno, ay, es un pequeño juguete del destino.

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16 Responses to “Cosas gratas que hacer para empezar el día”


  1. 1 PedroJMar abril 6, 2010 en 8:32 am

    Ahora comprenderán a los sordos como yo. La diferencia es que nos obligamos a vivir en la soledad del ruido que nos invade, prefiriendo hacer oidos sordos a lo que acontece, antes que estar con artilugios extraños.

    Lo natural, hasta la sordera, mejor sin preservativos.

    La música la llevamos dentro, en el recuerdo, yá que como bien dice, todo lo que le rodeaba le acercaba a su niñez.

    ¿Para qué tanta tecnología moderna y puntera? A pelo es mejor.

    Gracias por el artículo.

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  2. 2 Pedrito abril 6, 2010 en 8:38 am

    ¿ No te recomendo el vendedor de auriculares ponerlos en remojo en leche caliente para amoldar la silicona a tu propio pabellón antes de usarlos ?
    Será norma del fabricante, que omitiste recordar … No dudes pues, piadoso Duende, que no fue “el destino”, sino la Providencia, que se encargó de custodiarlos de tan singular manera, en esa soleada mañana del sábado santo.
    ¡ Y disfruta en paz de esta Sinfonia Pastoral, con regustito a café !

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  3. 3 Úrsux abril 6, 2010 en 9:45 am

    wncinas
    Y si embargo

    Ya tienes deberes para el próximo despertar: “Después de escribir mi artículo he de buscar a alguien que me le eche un ojo antes de publicarlo”.

    Firma: El Tocapelotas.

    Pd.- Me deja boquiabiero la capacidad de mezclar lo divino con lo humano. Gracias Duende.

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  4. 4 José Ramón abril 6, 2010 en 12:32 pm

    Lo que comenta Úrsux me recuerda un cuento (¿o era un hecho cierto?) que escuché en la radio hace unos años:
    Un editor estaba harto de las inevitables “fes de erratas” que había que poner siempre en un papelito vergonzoso dentro de cada libro cuando, una vez impreso y encuadernado éste, un último repaso las descubría agazapadas y malditas, y ya inevitables.
    Se propuso editar, al menos por una vez en su vida, un libro perfecto, sin una sola errata. Mandó repasar el texto por dos correctores. Luego otro repaso. Luego imprimió las pruebas, y las leyeron no menos de diez personas. Él mismo las leyó tres veces.
    Con sumo placer y orgullo mandó escribir un colofón en la última página.
    El libro se imprimió, se encuadernó y se distribuyó por las librerías.
    Entonces, el editor tomó orgulloso uno de los ejemplares (buen papel, bonita portada, sólida encuadernación) y dio un grito de terror. El colofón decía orgulloso: “ESTE LIBRO NO TIENE ERROTAS”.

    (Y es que las errotas son inevitobles).

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  5. 5 Ángela abril 6, 2010 en 12:58 pm

    Bendita sea tu pureza
    y eternamente lo sea
    pues todo un Dios se recrea
    en tan graciosa belleza,
    a tí celestial princesa
    dulce, sagrada, María
    yo te ofrezco en este día
    alma, vida y corazón
    mírame con compasión…. y ya no me acuerdo de más.
    ¿Cómo acababa esto??

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    • 6 Jose abril 6, 2010 en 1:30 pm

      No me dejes, madre mía

      Creo

      Estudie el los Salesianos

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  6. 7 Charivari abril 6, 2010 en 2:10 pm

    … no me dejes, Madre mía. Amén
    Curiosamente la encontré en Internet a la primera. Aunque la recé miles de veces, estaba olvidada.
    El campo empieza a estar impresionante de bonito, hay que disfrutarlo cuanto se pueda porque cada vez va quedado menos y más agredido por el abandono, las descarnaduras, los estercoleros y, el colmo de la modernidad: los molinos eólicos ¡pobre Mancha!

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  7. 8 maribel abril 6, 2010 en 4:04 pm

    me encanta leerte me da igual el tema que escribas…….saludos

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  8. 9 Angelus Brevis abril 6, 2010 en 9:58 pm

    Pues mira, Duende, nosotros terminábamos la jornada con aquello de “Toma, Virgen pura, nuestros corazones…”, alternado con el “Junto a Ti al caer de la tarde…”

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  9. 10 El Duende de la Radio abril 6, 2010 en 10:46 pm

    “Heme aquí, oh Jesús bueno y dulcísimo. Rendido de hinojos ante vuestra presencia, os ruego y suplico con todo el fervor de mi alma que os dignéis grabar en mí dignos sentimientos de fe, esperanza y caridad, verdadero dolor de corazón y firme propósito de la enmienda”…

    Puedo seguir hasta el final, pero no recuerdo cuándo lo rezábamos ni por qué. Y eso en los marianistas, que no eran precisamente los los religiosos más fanáticos. Cómo nos van a descristianizar así, de la noche a lamañana.

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  10. 11 Adela abril 7, 2010 en 2:58 pm

    Abres los ojos y ves pinceladas cuadradas y rectangulares de color amarillo, naranja, rojo y rosa, forman un círculo deforme y…para el pintor son:

    huecos para escapar.
    hoy no se hace la noche.
    gente de colores al sol
    ante un muro encaldo.
    Telón de paisaje a mediodia
    borrando lo oscuro.
    Comunicándose.- otra vivencia.
    Homenaje a la libertad.
    Solo muros de aire.
    Se miran-se tocan-se saludan-se quedan.
    fiesta bajo el sol.

    Manolo H. Mompó

    Por qué no? ser un pequeño juguete del destino 🙂

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  11. 12 Yo mismo abril 8, 2010 en 6:35 am

    Por cierto, Adela, qué dotes de vidente. En una de las paredes de la habitación donde duermo cuelga un pequeño cuadro de Mompó. Debió de ser él el que me sopló lo de “pequeño juguete del destino”.

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  12. 13 Adela abril 8, 2010 en 11:57 am

    Seguramente :)!, vivió los últimos años de su vida en Alaró, un pueblo de Mallorca, donde puedes apreciar a diario lo cotidiano y sencillo de la vida, la luz, la libertad de la naturaleza, las fiestas populares y con mucho sentido del humor para ir simplificándolo todo, con un toque de melancolía.

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  13. 14 Ángela abril 10, 2010 en 7:57 pm

    Ni Jose, ni Charivari; acabo de acordarme,
    no me dejes madre mía
    caer en la tentación.
    Así era.

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  14. 15 valledeltietar abril 12, 2010 en 9:35 am

    Tienes razón Ángela
    la edad no perdona a la memoria
    … no de dejes madre mía
    ni de noche ni de día….
    ya estamos!
    eso era de otra oración,
    la del Angel de la Guarda creo.

    Jose

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  15. 16 Palinuro abril 30, 2010 en 8:11 pm

    …no me dejes, madre mía. Amén””, diga lo que diga Ángela.
    Duende, la oración que citas se rezaba después de la comunión. Y después se añadía: “Roguemos según las intenciones del Sumo Pontífice para lucrar la indulgencia plenaria concedida a nuestras oraciones y buenas obras”, se terminaba con un padrenuestro, avemaría y gloria.

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