Cuando la tierra nos hace pedorretas

Lo del Eyjafjallajokull parece una pedorreta de la tierra. Y no sólo porque su nombre suene como un regüeldo...

1

Todo llega en esta vida. Él estaba como loco por consumar su amor con ella. Ella, aunque  enamorada e él, no podía acceder a sus deseos.  Era uno de esos amores que se llaman prohibidos.

-No aquí, no, fuera, lejos –le había dicho alguna vez- El día que puedas llevarme un fin de semana allí donde me sienta libre, nos escapamos, que ya me inventaré una excusa.

2

Todo llega. O iba a llegar. La buena mujer no podía aguantar más con aquella broma de corazón que a duras penas le mantenía viva. Pero le avisaron de urgencia: preparado el trasplante. Se espera la llegada del nuevo corazón en seis horas.

3

Cuántos años de trabajo para esperar su gran ocasión. Se lo había prometido a su padre, que se dejó morir agobiado por las deudas. Yo levantaré tu empresa y se la acabaré vendiendo a una multinacional, le dijo. Llegaba el momento, levantaba la mirada al cielo y se frotaba las manos henchido de satisfacción. La firma de la operación estaba fijada para ese viernes.

4

Su hija no le perdonó que les abandonara cuando la niña sólo tenía seis años y su hermano pequeño tres. Cuando él regresó diez años después, ella escapó de casa y le dijo que no quería saber más de aquel padre que había robado su infancia. Pero su madre era una buena cristiana. Una sufridora, le decían ahora. Le insistía por teléfono.

-Hija, invítale. Hay que saber perdonar.

Y perdonó. Su padre viajaría a Estocolmo para estar presente en la boda. Y redimiría con el reencuentro y un beso su miserable pasado.

5

Pero nada de eso pudo ser por la espesa nube que lanzó el volcán.

Después de ver las noticias en el pequeño televisor de su garito, el vigilante nocturno pensó que nadie está blindado contra el azar. Sobre todo cuando éste enseña la zarpa de forma tan sorprendente. Eructa el planeta en un país del que no se habla casi  nunca, y veintiocho mil vuelos cancelados en  Europa. ¿Cuántas ilusiones se habrán roto por el mal genio del volcán? ¿Cuántas esperanzas se habrán evaporado? ¿Cuántas biografías cambiarán a partir de ese momento?

Comprendió entonces por qué se llamaba Fortunato. Nunca ganaría mucho dinero, ni pasaría a la historia de nada. Pero va siempre a su trabajo andando, y nunca en su vida había tenido que coger un avión.

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7 Responses to “Cuando la tierra nos hace pedorretas”


  1. 1 Charivari abril 18, 2010 en 10:57 am

    De ese país de cuento no se habla casi nada, ni siquiera ahora nos dicen cómo pueden respirar los islandeses con esa cóctel de cenizas y minerales tan encima: es más importante el cierre de aeropuertos, las pérdidas millonarias, las protestas colectivas.
    Decía Mónica Fernández-Aceytuno ayer (ABC, p. 92) que “nadie parece reparar en lo que significarán para la atmósfera esos gases llenos de dióxido de azufre, ni en el oscurecimiento del cielo, ni en las cenizas cuando caigan, en algún lugar de la Tierra”.
    Si es verdad que algo así debió pasar cuando desaparecieron los dinosaurios… da cierto repelús.

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  2. 2 José Ramón abril 18, 2010 en 3:02 pm

    En la radio decía el otro día un científico que las cenizas se irán posando lentamente sobre la tierra, y que según su grado de dispersión o de concentración podrían hacer mucho daño al posarse sobre las hojas de las plantas e impedir su respiración y su función clorofílica.
    En fin: siempre tenemos el Apocalipsis encima.
    A mí me llama mucho la atención ver a pasajeros protestando ostensiblemente (“ostentóreamente”) en los aeropuertos. Comprendo que en los casos que ha señalado el Duende la gente esté muy contrariada, incluso cabreada, ¿pero contra quién?
    ¿Habría que celebrar una manifestación multitudinaria contra Dios? Posiblemente fuera una buena idea.

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  3. 3 Franciska abril 18, 2010 en 6:18 pm

    Pues yo llena de incultura, pensaba que los aviones no podian volar por la falta de visibilidad, y !HORROR! me he enterado que el calor se mete en los motores y que los paraliza, y me parece entonces increible que no haya pasado ninguna trajedia aerea.
    Efectivamente, Jose Ramon , ¿contra quien hay que protestar?, bueno, si a mi me hubiera cogido en la situacion de ir a encontrarme en Paris, como dice el Duende, con alguien, y esta nube me hubiera fastidiado mi cita, estoy segura que estaria en primera fila de los mostradores protestando contra, el instituto de meteorologia por no avisar, la compañia por no enterarse con tiempo etc etc….!!con lo que cuesta tener una cita!!

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  4. 4 maribel abril 19, 2010 en 7:16 am

    bueno .bueno , como dice el duende todo se puede arreglar si no en la boda despues,,,,,,,

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  5. 5 pectos abril 19, 2010 en 9:13 am

    Pues se da uno la vuelta y se busca otro plan: tenía yo previsto viajar a Málaga desde París para tener unas agradables vacaciones familiares. Pero mira tú por dónde conoceré Deauville y el Grand Hôtel de Cabourg, donde se pegaba unos fantásticos paseos Marcel Proust mientras escribía “En busca del tiempo perdido”.

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  6. 6 Angelus Perplexus abril 20, 2010 en 1:04 am

    Pues ya he oído al bocazas sabelotodo de turno argumentar que “tenían que haberlo previsto, que erupciones ha habido muchas…”

    Pectos, muy propio tu comentario…

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  7. 7 Zoupon abril 20, 2010 en 5:21 pm

    Y los gobiernos ya están pensando en conceder ayudas (a fondo perdido y con nuestro dinero, ya verán) para las aerolíneas que además tratan a sus clientes como ganado. Pero de indemnizar los perjuicios irrogados a los pasajeros y a sus patrimonios, nasti de plasti.

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