A los que quieren que seamos amigos no se donde…

Quieren ser amigos suyos en Facebook, pero no saben que el Duende no sabe cómo llegar allí...

Se imagina el Duende una plaza solitaria y tranquila. En el centro, quizás, un estatua de prohombre o de general decimonónico, porque los de este siglo y el pasado no están bien vistos.  También hay un olmo,  o uno de esos magnolios enormes como los de los Jardines de Murillo de Sevilla o la Explanada de Alicante, ¿Que son gomeros? No sabe uno, hay árboles que se parecen mucho. Seguramente un lado de la plaza lo cierra una iglesia, o el edificio del Ayuntamiento, o el de la Audiencia Territorial, con su reloj, como señalaba el poema de Machado. Tampoco importa que haya un templete para la banda de música, que le da mucho encanto a estos remansos urbanos. De repente aparece un hombre. Se sienta en el banco a esperar. Se mira el reloj de pulsera, confronta la posición de sus manecillas con las del de la torre. Se levanta, cruza la plaza, vuelve a mirar el reloj. Se sube  las solapas de su gabardina, se cala el  sombrero. Se sienta en un banco a esperar.

Por otro lado aparece una dama de buena figura, melena y largas piernas. Puestos a ponerle cara, le apetece al bloguero elegir la de Greta Garbo. Se detiene. También mira el reloj. Da uno pasitos hacia el pequeño jardín circular que rodea la estatua. Inspecciona con curiosidad las flores. Levanta la cabeza: el reloj de la torre ha dejado caer sus campanadas. Echa un vistazo al suyo propio, y después, más por hacer tiempo que por coquetería, abre el bolso, saca la polvera, se mira en el diminuto espejo circular, lo cierra. Se coloca el bolso en bandolera y después, con los ojos fijos en el suelo, anda veinte metros poniendo un pie tras otro, como cuando, de niña, echaba a pies para elegir sus compañeras de equipo de balontiro.

Por la esquina oeste de la plaza asoma otro. Este viene preparado para esperar. Primero da unos pasitos, pocos, se rasca la barbilla, resopla, se desatasca el oído con un pulgar, saca un pañuelo del bolsillo, limpia sus gafas. Se dirige a otro banco, se sienta en él, abre el periódico que traía bajo el brazo y se pone a leerlo. Lo mismo puede estar informándose de que la Wermacht ha ocupado Polonia que del trasplante de cara que se acaba de hacer en el hospital Vall de Hebrón. La plaza es un lugar en cierta manera soñado, intemporal y evanescente.

Entretanto ha ido cayendo la tarde, y la plaza se ha llenado de gente. Todos parecen esperar a alguien que no llega nunca. Muchos fuman cigarrillos, y nadie les mira mal. Sí, definitivamente es una estampa del pasado. Lo advierte el Duende porque tampoco nadie ha sacado de su bolsillo un teléfono móvil, que es lo primero que hace ahora la gente cuando acude a una cita y el otro no ha llegado. De repente, la cigüeña  que anida en la espadaña de la iglesia se ha puesto a crotorar. Todos levantan la vista. Y alguno se atreve a romper el silencio y, después de comentar lo curioso que es el crotoreo de la zancuda, pregunta.

-¿Y a quién esperamos?

Nadie responde. Sólo el Duende sabe que le esperan a él. Clavada en uno de los muros de la esquina de la plaza, hay una chapa  que reza: Facebook. Todos los allí reunidos han mandado mensajes al Duende  diciendo que quieren ser amigos de él precisamente ahí. Pero el Duende no sabe cómo se llega, y se pregunta por qué hay que ejercer la amistad precisamente ahí, con la cantidad de lugares que hay para encontrarse.

Y quería decírselo en este blog, para que no crean que no aprecia su amistad, o que es un tipo mal educado. Es simplemente antiguo y poco dado a aventurarse por lo desconocido.

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14 Responses to “A los que quieren que seamos amigos no se donde…”


  1. 1 lola abril 25, 2010 en 9:03 am

    “¿Poco dado a aventurarse por lo desconocido?”
    Entonces debió ser otro Duende quien cruzó la frontera y atravesó puertos de montaña para atender la petición de alguien que insitió en una invitación. Sin duda debió sero otro, porque es educado, no es antiguo, es muy curioso y tiene la mirada de un niño.

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  2. 2 Acacia abril 25, 2010 en 9:16 am

    Don Luis, me doy por aludida, aunque quizá no debería. Y agradezco la confesión del duende. Llegar a Facebook no es más difícil que llegar a Serrano y, sin embargo, te permite hacer “vida social” en bata. El duende sabe lo que eso significa para mí. Facebook, además de facilitarte el desplazamiento, pone en marcha la imaginación; algo que, si la memoria no me falla, le encantaba al duende. El duende, antiguo y poco dado a aventurarse por lo desconocido, debería hacer caso a los amigos que le proponen encontrarse “ahí”. Te esperamos. Y te queremos. Te espero y te quiero.

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  3. 3 José Ramón abril 25, 2010 en 12:04 pm

    Pues yo quise dar una opinión en un programa de RNE1 y el único cauce para hacerlo era por el féisbuc. Así que me registré, me apunté o lo que sea. Opiné y ya está. Fin.
    Al cabo de unas semanas (o meses), ante la insistencia mediática, recordé que estaab apuntado y quise reanudar mi relación con féisbuc. No me acordaba de mi contraseña, pero me la rehabilitaron y entré.
    Y me encontré con unos cuantos que me estaban esperando y querían ser amigos míos, y que se suponía que tenían una personalidad y aficiones paracidas a las mías. (Yo no había puesto ni un solo dato en mi perfil cuando me apunté. Se conoce que, por eso, ya me asignaron a un grupo específico de tímidos o de desconfiados).
    En la lista de los que querían ser amigos míos vi caretos que no me sonaban de nada, y nombres como “Julián Jesús de las Duras Varices de Entrambasaguas”, o, sencillamente “Pollito”.
    Salí horrorizado de allí y creo que no volveré a entrar mientras viva.
    Y no sé cómo se borra uno de allí. Sueño que allí sigue esa gente, esperándome.

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  4. 4 maribel abril 25, 2010 en 12:57 pm

    pues si querido Duende solo que entrar Facebook y registrarte ponte una contraseña facilmente recordable y nosotros te buscaremos…tranquilo si no te aclaras nosotros nunca dejaremos tu blog…saludos

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  5. 5 Ángela abril 25, 2010 en 7:22 pm

    No le gustaría al Duende el mundo Facebook, entre otras cosas por que es aburridísimo, y le roba a uno mucho tiempo, un bien escaso, con muchas tonterías. El que es ingenioso en la vida real, lo es también en el Facebook, y te viene muy bien a la hora de recordar los cumpleaños de todo el mundo, pero poco más. Yo también prefiero encontrarme con mis amigos reales que con los virtuales y que me inviten a una caña real (y fresquita) a que me envíen una invitación de una caña virtual.

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  6. 6 El Duende de la Radio abril 25, 2010 en 8:19 pm

    No salgo de dudas, pero me alegro de que al menos el post haya sevido para saber de alguno de esos amigos/as con los que estaba quedando tan mal. Aunque siga pensando que este no es invento para mí.

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  7. 7 Charivari abril 25, 2010 en 8:22 pm

    De acuerdo con Ángela.

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  8. 8 Adela abril 25, 2010 en 9:13 pm

    En realidad me parece que esto de Facebook es una máquina que funciona sola, porque a mi me mandan hacerme amiga de muchos que no se quien son a mi correo personal y dudo que ellos tampoco tengan noticias mias si no estoy allí registrada, creo que esto de las redes funciona solo! y entiendo al Duende, porque también prefiero enseñar mis fotos en el album a mis amigos y mientras les voy contando, no es nada moderno pero más emotivo. 🙂

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  9. 9 algodonsina abril 27, 2010 en 4:57 pm

    El sistema manda automáticamente la invitación, a toda la lista de correos del mail.

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  10. 10 Marina abril 28, 2010 en 8:42 am

    La plaza a la que te refieres, tan agradable,(si junto a ese olmo hubiera una baranda para asomarse a un bonito río, no estaría mal) y donde tantos amigos te esperan, creo que no se llama Facebook, es la plaza El Duende de la radio, donde ese señor, al que le parece a él, que le esperan, tiene toda la razón. Todas esas personas están esperándole. Muchas de ellas se sentian amigas, antes de que él” las conociera”, porque-no se donde leí esta frase, pero estoy de acuerdo con ella- uno se hace amigo de las personas que a las que admira.
    Ni que decir tiene, que la que se parece a Greta Garbo,pero en morena, es una servidora.
    Muchos besitos a todos.
    Aprovecho para decir, que no quiero ser irrespetuosa pero…Wallace, te echo mucho de menos.

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  11. 11 Adela abril 28, 2010 en 10:23 pm

    Querida Marina, aprovecho para lo mismo, también echo de menos leer a Wallace, aunque este blog sea del Duende, ha dado lugar a duendecillos entrañables, para mi Wallace es uno muy especial, como el pitufo gruñón 🙂 , porque cree en la utopía y sabe que los sordos nunca le escucharán porque además tampoco ven y tienen todos los sentidos taponados y encima no se les puede dar un empujón!, en internet tenemos la palabra y es libre, nadie puede molestarse por ella, esta ventana tiene alas y eso le da vida! 🙂

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  12. 12 Palinuro abril 30, 2010 en 7:37 pm

    Me uno a los féisbukescépticos. No acabo de saber para qué vale y los comentarios de algunos de vosotros me producen cierto desasosiego. Si alguien me lo explica bien y me convence…
    Por cierto, desconocía que el sonido que emiten las cigüeñas se dice crotorar.
    ¿Dónde te escondes, Wallace? Se te echa de menos.

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  13. 13 Angelus Catalanicus mayo 2, 2010 en 9:59 pm

    Molt bé, Duende (como ves, llevo menos de una semana por estos pagos y ya se me pega la lengua…). Y me ha costado acceder a la Red, ya lo creo, pero el mono duenderil te da alasss, digo megabits…

    Bien, pues te decía que estoy totalmente de acuerdo contigo. Soy de esos pocos que no existen por no estar en ese lugar, por llamarlo de algún modo. Soy un simple habitante virtual de este Bosque. ¡Y qué sorpresa ver tanto comentario! Se nota que es primavera.

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  14. 14 Angelus Catalanicus mayo 2, 2010 en 10:21 pm

    Bueno, ahora que ya os he leído, estoy con mi homónima Ángela. Pero voy más allá, y aventuro que es una forma más de hacer dinero a costa de la ingenuidad de los demás. Mercadotecnia y publicidad..

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