La página que nunca termina de pasar

Algunas páginas de nuestra historia pesan tanto que parece imposible pasarlas de una puñetera vez...

Cada vez que el Duende pasea por la Casa de Campo se acuerda de su amigo Antoñito, que fue el primer compañero de pupitre con el que le sentaron en el colegio. Antoñito era de Cádiz, y don Pedro, el profesor, decía que hablaba con lengua de trapo. Fue la primera vez que el Duende escuchó esa expresión, lengua de trapo. Y le hizo gracia. Tanta como le hacía Antoñito, que vestía un jersey rojo en la época en la que la mayoría íbamos de gris o de marrón. A estos tonos la madre del bloguero  les decía “sufridos”, por lo bien que aguantaban los deshonores del desgaste. Con aquellos jerseys y pantalones sufridos parecíamos gorriones, cuando lo que apetece de niño es ser jilguero, también llamado sietecolores. El Duende odiaba el marrón, mucha España pobretona, dolorida y triste entonces, vestía así. Cuando ahora ve la serie Amar en tiempos revueltos siempre piensa que el estilista se ha pasado de optimista.

Pero a lo que iba, que pasea por la Casa de Campo y vuelve a su memoria Antoñito, que pertenecía a una familia aristocrática y acomodada. El 13 de junio, invitaba a a sus amigos a ese maravilloso bosque que rodea a Madrid por el oeste. Aparecía a la salida del cole un chófer con una furgoneta cargada con bolsones de pipas y patatas fritas, botellas de gaseosa y de orange -¡qué antiguo que da esto: aún no había asomado la Coca-Cola!-, cargaba a la pandilla y la dejaba en el campo. Una gozada de tarde. Aún se podían ver en el parque madrileño las trincheras de la Guerra Civil, y de vez en cuando alguien encontraba un obús por explotar, o unos casquillos de bala. Luego taparon las trincheras. O no. De vez en cuando se escarba y reaparecen. Qué espanto, ahora que ya no somos niños y sabemos lo que escondía aquella  guerra.

El padre de Antoñito era un falangista distinguido.  El Duende no era amigo del falangista, además ni sabía lo que significaba eso, sino de su hijo, que también le invitaba los jueves a ver la tele en su casa, porque en la del Duende no había llegado aún ese invento. El propio Antoñito sería luego un hombre de inequívocas derechas. No importa nada, sus vidas son muy distintas y ya apenas se ven. Pero cuando lo hacen hablan de otras cosas, se ríen juntos y se reconocen un recíproco afecto. El Duende le recuerda las excursiones a la Casa de Campo y él evoca al gato de la casa el Duende, que salía a parar la pelota como Ramallets cuando jugaban al fútbol por el pasillo.

Sin embargo el Duende está preocupado. Un amigo retoño del falangismo y un colegio marianista donde ambos recibieron educación religiosa. Lagarto, lagarto. En una de las dos Españas que, al decir de Machado, ha de helarnos el corazón, estamos marcados. O por lo menos eso se deduce de los medios que tan sabiamente manejan los que quieren la justicia a su medida. Por culpa de los chorizos de Gürtel, de los excesos del juez Garzón y de la incalificable conducta de unos delincuentes con alzacuello, en España parece que el único peligro son los falangistas criminales y los curas pederastas. Por las noches, el Duende sufre pesadillas. Sueña que todos los curas de su colegio le persiguen con la botonadura de la sotana abierta y babeando por los colmillos como macacos verriondos. Intenta  escapar angustiado, huye en la oscuridad, ve una luz al final del camino. Pero cuando llega allí se encuentra a Antoñito, tan gracioso, tan simpático y tan buen amigo, convertido ahora en un matón con camisa azul, el haz y las flechas bordados en rojo ayer y un pistolón al cinto.

-¡Ostras, Pedrín! –es todo lo que se le ocurre decir- ¿Pero no había quedado atrás todo eso?…

Menos mal que Pedro Almodóvar y los suyos han dicho que esta vez no pasarán. Pensar que muchos ingenuos creíamos que nuestros fantasmas  se habían disipado,  y que la página más penosa de nuestra historia había pasado definitivamente…

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8 Responses to “La página que nunca termina de pasar”


  1. 1 PedroJMar abril 27, 2010 en 8:29 am

    Son gente retorcida, con rencores escondidos y enormes frustraciones; enseñanza inadecuada y asimilación nula. Los que en nuestra época infantil acudimos a colegios religiosos y estuvimos agostados al menos una decena de años para conseguir una educación que nos orientara en el futuro hacia otros menesteres, recordamos esos años como indispensables en nuestras vidas, base granítica para ir por el mundo con los principios básicos asimilados, con las dudas suficientes como para entender que la verdad absoluta no existe y con la esperanza de crear un mundo mejor donde movernos en libertad. Llevan una vida conformada a su medida, sus nulas creencias más allá de lo material lo quieren cubrir con nuevas enseñanzas de índole religioso tomado de prestado de otras culturas, como si en la distancia encontraran satisfacción a sus dudas perennes, sin darse cuenta que moro viejo no aprende idiomas. Nunca encontrarán respuesta a sus preguntas más por bien hechas que respuestas por mal entendidas. No cambiarán, sin duda que no pueden hacerlo.

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  2. 2 Charivari abril 27, 2010 en 9:56 am

    ¡Qué pena de país! Ante nuestras narices se desmorona para caer en una charca de cutrez e incultura.
    Yo también fui a correr por las trincheras de la Casa de Campo los domingos, a ver a la guardia mora de El Pardo, a colegio de monjas y tenía una amiga cuyo padre vestía de una forma muy rara con muchas correas y botas hasta la rodilla y que, además, tenía en su casa una habitación cerrada con llave a la que no podía entrar nadie, ni su mujer ¡qué misterio! También de mayor comprendí lo que signaificaba todo aquello e hice la criba correspondiente y fuí de las que me entusiasmé con el cambio y la TRANSICION, modelo para muchos paises.
    Veo triste, cómo se puede manipular a toda una colectividad pero que parezca un juego. Y a mi me enseñaron que es peligroso jugar con fuego…
    De acuerdo con el Duende y con PedroJMar.

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  3. 3 Zoupon abril 27, 2010 en 12:22 pm

    El problema de revolver en la mierda es que casi siempre acaba manchando también al que maneja el palo. Así que si ponemos en solfa el borrón y cuenta nueva que supuso la ley de Amnistía de 1977 y en general lo que se hizo durante la Transición, tal vez vuelvan a prisión los excarcelados de ETA y del GRAPO, tal vez veamos a Santiago Carrillo en un banquillo, tal vez dePRISA se le pidan cuentas a Juan Luis Cebrián por su época en TVE, tal vez Martín Villa tenga PRISA por fugarse a Laos con ayuda de Paesa, tal vez haya que fumigar la sede de la Generalitat después de acoger la capilla ardiente de Juan Antonio Samaranch.

    Y todo esto vendrá de la mano de gente como José Sacristán, ilustre represaliado por el franquismo al que, como es sabido, le pusieron una pistola en la cabeza para que participara en al menos 32 películas entre 1968 y 1975 (entre otras, cintas tan comprometidas como “Sor Citroën”, “¡Como está el servicio!”, “Don Erre que Erre”, “Pierna Creciente,Falda Menguante” o mi favorita, “Lo Verde Empieza en Los Pirineos”) También sufrió mucho (en silencio, como las hemorroides) Pilar Bardem cuando fue obligada, seguramente a punta de bayoneta, a rodar “La Novicia Rebelde”, “Las Ibéricas F.C” o “Yo Soy Fulana de Tal”.

    ¿Y toda esta movida revisionista, qui prodest? Pues quizá a los que más, a los cuatro pelagatos falangistas que aún deben quedar por ahí. Así que venga, todos a darle al palito.

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  4. 4 algodonsina abril 27, 2010 en 4:53 pm

    Creo (si recuerdo bien), que hay 14 denuncias por abusos contra sacerdotes, de los cuales han sido condenados siete. Las denuncias a seglares alcanzan el número de 150.
    Sin comentarios.

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  5. 5 Palinuro abril 28, 2010 en 11:05 am

    El éxito de la Transición que permitió a los españoles pasar de una dictadura a una democracia homologable a las del occidente civilizado, se basó en un pacto entre los sucesores de quienes protagonizaron la guerra civil que nos permitiera dejar atrás el pasado y mirar hacia adelante. Justo lo contrario de la actuación de Garzón en su empeño por juzgar los crímenes del franquismo (¿por qué solo los de un bando?) y el de los que AHORA – Zoupon nos ha ilustrado sobre sus batallas en pro de la democracia durante la dictadura de algunos de sus más conspicuos defensores – amenazan con la vuelta a las trincheras.
    He pasado un mes lejos de España a donde las noticias de nuestro país que llegaban se limitaban a los resultados de la liga española, a los avatares del Barcelona y del Madrid y a la muerte de Samaranch. ¡Qué alivio!

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  6. 6 Adela abril 28, 2010 en 10:49 pm

    Se puede remover lo que se quiera y cada uno tiene sus causas y sus motivos, pero no creo que una transición sea auténtica mientras cada una de las víctimas o sus hijos no haya perdonado en su interior, se necesitan muchas generaciones para superar el sufrimiento, sería perfecto si sólo se tratase de recuperar los restos de las personas fallecidas. El producto de lo que veo hoy en día de aquella transición, se supone que son los poderes que nos gobiernan,intocables, pobres en ideas, acomodados, y aficionados al ping-pong, algo no ha funcionado de aquello, no debería mirarse?

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  7. 7 Carlos Suárez Pazos mayo 24, 2010 en 11:23 am

    Adela, podemos mirar todo lo que queramos, por supuesto.
    Pero me parece un error intentar identificar (o responsabilizar) a gente hoy en día por algo que no han hecho ellos si no antepasados suyos hace 75 años.
    En este país hubo una guerra, civil además, que dicen que son las peores (afortunadamente no he tenido que comprobarlo) y los dos bandos mataron y cometieron atrocidades (como en todas las guerras). ¿Qué es tan necesario revisar de esa guerra?, ¿de verdad alguien pretende hacerme creer que un bando era mejor que el otro?.
    Yo no pretendo que se olvide nada, desgraciadamente es parte de nuestra historia, pero no me da la sensación de que se quiera recordar, digamos… ‘con buenas intenciones’. Una vez más los políticos pretenden tomarnos el pelo y vuelven a ‘picar’ muchos.

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  8. 8 joselepapos mayo 24, 2010 en 4:17 pm

    Seguro que no era mejor un bando que otro pero durante más de cuarenta años el llamado bando vencedor estuvo recordandonos que ellos y sólo ellos eran los buenos, sus muertos y sólo sus muertos fueron debidamente enterrados y llorados por sus familiares.

    Según mi modesto entender, los familiares de represaliados, mal juzgados y muertos por el franquismo, sólo aspiran a saber donde están enterrados sus restos para poder, 75 años después, darles lo que en su momento se les negó. Algo tan sencillo como ser enterrado y llorado por los tuyos no creo yo que sea mucho pedir.

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