El aroma del cine

Para mejorar a un clásico como el de Michael Curtiz, haría falta que el nuevo Robin Hood trajera el aroma de los bosques de Sherwood...

El Duende amaba el aire libre y odiaba las escenas de despacho. Porque las películas de entonces, cines Colón, Príncipe Alfonso, María Cristina y Velázquez –dos en sesión continua, a cinco pesetas la entrada-, aunque fueran del Oeste, o de guerra, o policíacas, siempre tenían alguna escena de despacho, donde el jefe explicaba al héroe su misión.

Y al Duende eso le importaba poco. Quería llegar pronto a la misión, o sea,  al aire libre, a la aventura, a la emoción, a las galopadas, a las batallas y a las peleas a puñetazos en el salón. Todo terminaba en un beso, casto beso en los labios, sin lengua. Pero las escenas de amor tampoco interesaban mucho. El cine se había inventado para todo lo que uno no encontraba camino del colegio, en el colegio y hasta en la casa de al lado. Al fin y al cabo, a la vecinita de al lado algún día también le saldrían curvas, y un beso en sus labios podría incluso esperarse en el guión de la vida. Pero las praderas del Oeste, las batallas a cañonazos de los hidalgos de los mares contra lo piratas, las oscuras calles de Londres en la niebla, sólo roto el silencio por los pasos del malo que vestía gabardina y sombrero persiguiendo a la chica buena, la estepas del Asia Central, las legiones romanas, las cuatro plumas o los bosques de Sherwood, no. Eso sólo lo encontraría en el cine.

-¿Vamos al cine?

-Vamos

Hay semanas en que uno abre la cartelera y sólo atisba problemas filmados por cineastas que aspiran a ser reformar el mundo. Como hay días en que el pobre espectador no está para escuchar manifiestos o para recibir lecciones de moral, sino sólo para evadirse, y, a lo mejor, hasta sonreir. Así las cosas, no es una obra maestra, ni la mejor película de aventuras que uno ha visto. Pero tampoco es despreciable la nueva versión de Robin Hood de Ridley Scott. Le descoloca a uno ver al proscrito sin el gorrillo de fieltro con pluma que inmortalizó Errol Flynn. Y tampoco está muy de acuerdo en que un tipo con aspecto de repartidor de Butano como Russel Crowe sea el actor ideal para encarnar al héroe. Además se hace uno un lío en las batallas, porque, en la estética de moda ahora, toda la soldadesca viste de oscuro, y  no se distingue a los buenos de los malos. Sin embargo la película es bonita, te erige en espectador privilegiado de cabalgadas por paisajes increíbles, te pasea por los bosques de Sherwood y por las playas del sur de Inglaterra y contemplas, otra vez, los blancos acantilados de Dover convertido en insólito telón de fondo del desembarco de los bellacos. Eso sí, Juan sin Tierra sigue siendo un canalla, como mandan los cánones, aunque el perverso más perverso de la película luzca un cráneo completamente afeitado. Porque en el cine de ahora, casi todos los villanos son calvos, las cosas.

Le gustó del nuevo Robin Hood al Duende que la película no tenía apenas escenas de despachos, y que era, sobre todo un baño de aire libre con todo lujo de detalles y una estética visual maravillosa. No echó de menos el relieve avatareño, que será la próxima imposición de las superproducciones para encarecer las entradas. Más bien pensó que a una película tan sensorial le faltaba el aroma de bosque y el olor a mar. ¿Un ambientador de fragancias en cada sala? Y por qué no. Bien pensado, el cine no tiene por qué evolucionar siempre a base de torturar más y mejor al espectador.

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8 Responses to “El aroma del cine”


  1. 1 Angelus Brevis mayo 17, 2010 en 9:24 pm

    Antes habría que eliminar la fetidez de las palomitas…

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  2. 2 maribel mayo 18, 2010 en 6:39 am

    siento mucho estar en desacuerdo contigo Duende pero la de Kevin Kotsneses muchisimo mejorrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr……saludos

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  3. 3 Francisca mayo 18, 2010 en 6:51 am

    Totalmente de acuerdo con Maribel,!! como se ve que somos chicas!!, los paisajes estupendos, pero lo importante es que Robin sea el rey de nuestras fantasias, y el beso final , importantisimo, lo esperabamos como el principio de una historia apasionante que nos imaginabamos. Siempre lo digo, no tenemos nada que ver los chicos y las chicas, y sobre todo en las historias de amor, sean al aire libre ó a cubierto

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  4. 4 pectos mayo 18, 2010 en 7:55 am

    Es curioso.

    Para las sras. lo excitante empieza cuando acaba la peli.

    Para los sres. se adivina una vida poco excitante cuando todo se ha arreglado y se ha besado a la chica.

    Jopé que dicotomías.

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  5. 5 Francisca mayo 18, 2010 en 8:21 am

    ¿Lo vees Pectos? es un ejemplo claro lo que dices, es que normalmente la vida si le pones imaginación puede ser excitante, y la imaginación femenina suele ser más rica. El fin, no es el beso. (IMAGINACION MASCULINA) sino lo que viene despues(IMAGINACION FEMENINA).

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  6. 6 luna mayo 18, 2010 en 10:53 am

    Yo, en cambio siento no estar nada de acuerdo con vosotras, donde esté Russel Crowe , protagonista de una de las películas que más me han gustado como Master and Comander y Gladiator que sin ser excelente , era muy buena . Este actor está estupendo en los dos papeles, tierno y fuerte ala vez ,que se quiten todos los amanerados Kevin Kostner, perdón , por sus seguidoras… con la misma cara en todas sus películas.Hace siempre el mismo papel.Bueno , yo también lo pasé muy bien, preciosos los paisajes , la música y las batallas son espectaculares. Y, la verdad es que también fuí muy bien acompañada…

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  7. 7 Palinuro mayo 18, 2010 en 12:58 pm

    Las sensaciones que el Duende describe corresponden a películas de aventuras contempladas por un niño de los años 40-50. Yo también era partidario de poco despacho, mucha acción y pocas mujeres, porque eran las encargadas de intentar persuadir al héroe de que no se embarcara en inverosímiles aventuras que eran las que daban pleno sentido al cine, por lo menos a los ojos de un niño de entonces. Claro, las chicas soñaban con otras peripecias, pero eso también correspondía a otro tipo de filmes.

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  8. 8 José Ramón mayo 18, 2010 en 10:44 pm

    El comentario de Palinuro me ha devuelto por un instante a mi niñez: a esa sensación antifemenina tan nítida. A esa edad tan rara en que las chicas… en que todavía ni sabías si te gustaban. Si; te gustaban, pero… Lo que estaba claro es que en las películas de aventuras los besitos sobraban y estorbaban, y la chica era siempre la torpe que, cuando huían, se torcía el pie. ¡Pa matarla!

    Otra cosa: Es curioso cómo cambian los gustos. Errol Flynn ha sido uno de los galanes más ligones de la historia, pero hoy, aunque su mirada pícara puede seguir suscitando simpatías, nos parece cursi y melifluo. A las mujeres les gustan ahora hombres… digamos que menos afeitados, y sin bigotito.

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