Ponga un Mondrian en su vida

Hay esquemas de pensamiento que no solucionan nada, pero alivian la existencia. Y ver la vida con la óptica de Mondrian es una de ellas...

Por qué complicarnos la existencia si la podemos ver como un cuadro de Mondrian.

El Duende coleccionaba juguete de hojalata de otros tiempos. Cuando reunió los treinta primeros,  los puso de perfil sobre tres cuadrados  de papel de un metro de lado y elaboró tres plantillas que un carpintero convirtió en estanterías de huecos rectangulares, adaptados a la medida de cada juguete.  La base de unos era el lado más corto, la de otros, uno de los lados largos. Cuando las estanterías se llenaron de juguetes antigüitos, tan ingenuos y coloristas, le habían alegrado la pared. Y al mismo tiempo le ofrecían una falsilla para el  pensamiento de un día cualquiera.

Este observador admira profundamente a aquéllos que saben razonar. Él nunca hilvanó bien las ideas, y bien que le ha pesado. “La vida es pura coherencia, y el destino es  de aquellos que saben interpretarla a la luz de la lógica”, le dijo uno de sus maestros. Por eso admira tanto esas mentes ordenadas que inventan maquinitas, y le da igual que sean para rizar pestañas o para acelerar partículas y reproducirnos el Big Ban.

Él no supo nunca de lógica ni de coherencia.  Minuto a minuto, segundo a segundo, saltaba de un asunto a otro con la viveza irresponsable de una pulga de playa.  El motorista con su chica, vestida, por cierto, como Virginia Woolf, en el sidecar, le simbolizaba el amor. El teniente a caballo con uniforme alfonsino, la cara bonita (si la hay) de la guerra. La pequeña sillita con un diminuto muñeco de cartón que parecía el hermanito de Pascual Duarte, la infancia, la inocencia. El portaaviones España, en el que giraban dos avioncitos alrededor de dos ejes verticales, el mar. La tartana le llevaba al campo. El Bugatti en el que, por cierto, no murió estrangulada Isadora Duncan, la pasión por los viajes y la aventura. El taxi rojo y negro, como eran antiguamente los de Madrid, la jungla de asfalto. La cornetilla era la llamada de la música. El maravilloso autobús de dos pisos de Rico, con personajes de todo tipo silueteados en sus ventanas, la humanidad entera. Y aquel pajarito al que se le daba cuerda y saltaba como un gorrión, podía ser incluso la divinidad. Es verdad que en la ortodoxia cristiana el Espíritu Santo se encarnaba en una paloma, pero al fin y al cabo el hermano gorrión también era ave, y, al cabo, criatura de Dios. Los de pensamiento saltarín siempre tienen una imaginación muy elástica.

Los tiempos cambian, pero los módulos de pensamiento permanecen. Ya no se ciñe uno sólo a los gustos de la infancia, pero cavila mientras pasea y va repasando asuntos, personas queridas, amores y afectos, pequeños placeres, sueños posibles o imposibles, recados -el cortaúñas que debía comprar ayer- sensaciones intensas, aspiraciones, dolores, desengaños, preocupaciones, preguntas y, sobre todo, dudas. Todo se le aparece en cualquier momento de cualquier día. Y tan rápida, tan vertiginosamente, que rozan la instantaneidad.  Como la de sus estanterías  de los juguetes, que ofrecían tantos estímulos en un solo golpe de vista. Como las visiones múltiples agolpadas en los cuadros cubistas. Como los numerosos espacios ordenados y limpios que pintaba Mondrian.

Hoy, en uno de esos, gravitaba algo muy triste de índole personal. En el de al lado asomaba el sombrío panorama de nuestra querida España.  Pero en el siguiente, por fortuna, lucía la luna llena de mayo. Y el Duende tuvo que agradecer no ser coherente ni lógico, sino pulga saltarina capaz de entretenerse y olvidar con cualquier nadería.

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6 Responses to “Ponga un Mondrian en su vida”


  1. 1 leoncohenbello mayo 28, 2010 en 4:13 pm

    Buena reflexión. Pienso que actualmente los paradigmas del pensamiento están modificándose.
    Pienso por ejemplo en Lo Disruptivo, esa nueva conceptualización que nos pone frente al pensamiento complejo de Edgar Morin, que a partir de Prigogine y su Teoría del Caos, nos acerca a la búsqueda de respuestas a nuevas formulaciones de problemas.
    Lo disruptivo son los eventos fácticos que impactan en el mundo interno de cada persona. Estamos rodeados y sumergidos en entornos y eventos disruptivos, frente a los que reaccionamos con lo que podemos. Ocurre que actualmente se tiende a simplificar toda respuesta a eventos disruptivos como “Stress Postraumático” o Sindrome de Ansiedad Generalizada, lo que no nos abre nuevas vías para explorar la riqueza que se guarda dentro de la intimidad de cada persona. Es gracias a la riqueza individual gestada a través de muchos años que se forma la respuesta a los eventos disruptivos. No siempre se trata de patología que hay que tratar.
    León

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  2. 2 MARIBEL mayo 29, 2010 en 3:31 pm

    si viendo ese cuadro se le olvida a uno las mirerias de la vida ,,,,miremos…feliz finde!!!!!!!!!!!!!!

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  3. 3 José Ramón mayo 29, 2010 en 5:07 pm

    Me tocas a Mondrian, Duende, que es una de mis debilidades.
    Racionalismo geométrico. Nostalgia de una época en la que se pensaba que se podía llegar a entender el mundo. Composición del espacio. Reducción de la angustia de la vida hasta llegar a un espacio equilibrado, silencioso, ordenado. Teorema. Paz. Puro plasticismo. Fin de la tragedia. Orden. Colores primarios, líneas rectas, planos puros.
    Es tan frío que me emociona profundamente.

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    • 4 Angelus P. junio 1, 2010 en 10:47 pm

      Perfecto y cartesiano, José Ramón. Pero luego está el reverso de la moneda, el polimorfismo impresionista, el caos o el tumulto abstractos… Y es que somos así, duales y algo como aquel “Ese algo, que soy yo mismo, es un cuadro de bifrontismo que sólo da una faz…” de Mecano.

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  4. 5 Ángela mayo 30, 2010 en 12:39 pm

    Puede el Duende modificar la letra de su canción, “Qué suerte ser rana, qué suerte ser rana” y hacer otra que diga: “Qué suerte ser pulga, qué suerte ser pulga”.

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  5. 6 El Duende de la Radio mayo 31, 2010 en 12:55 pm

    José Ramón, eres un tratado de estética en vivo. Y sin palabras que me ha dejado Leoncohenbello

    La apreciación de Ángela no tiene menor calado filosófico, pero claro, la chica me conoce desde hace tiempo y eso le resta algo de valor a su propuesta.

    Gracias, en todo caso. Con lo difícil que es opinar de estas cosas…

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