Triunfo y tragedia del torero Pepe Pilas

Estaba  Pepe Enríquez preocupado, porque avanzaba la temporada que iba a ser la de su consagración y no terminaba de cuajar el faenón soñado. Se lo había prometido a Merche, su novia, que entretanto llegaba el éxito bordaba sábanas para el ajuar.

-Chiquilla, que voy pa figura. Que tengo arte y valor.

Lo del arte era el mensaje de Silverio Costuras, el apoderado, que presumía de fabricar fenómenos de los que emboban  al tendido. Según Costuras hay toreros de ¡huy! Y toreros de ¡oh!. El paradigma del oh era desde siempre Curro Romero, cuya legión de fanáticos seguidores había vertido tantos adjetivos y sublimado a tal punto el elogio, que no necesitaba ya palabras para  expresar el éxtasis. Bastaba con invocar el nombre del maestro, poner cara de apóstol del Greco sobre el que se posa la llama del Espíritu Santo, y modelar el aire con la mano como los cantaores de flamenco.

Tú lo has visto, Pepe, ¿no?- decía Costuras mientras remedaba a los cátedros- La afición e mu expresiva, y cuando menta a Curro, sólo dicen: ¡ooooooooooooh!… ¡Y eso es lo máximo que se pué decir!…. Bueno, ¡pues tú tienes que ser mejó!…

Y Pepe estaba convencido de que podía serlo, porque además de arte, tenía valor a espuertas, como le insinuó el sastre que le tomó medidas para la primera taleguilla.

-José –le dijo mientras carraspeaba discretamente- Está usted muy bien dotado…Ya sabe, las pilas que decía el maestro Bienvenida cuando una niña le preguntó por el ese bultito entre las piernas que da carácter al traje de luces…

Y entonces fue cuando José Enríquez, de acuerdo con su apoderado Silverio Costuras, decidió abandonar su nombre de funcionario del siglo XIX por el más sencillo, castizo y rotundo con el que, a partir de su primera novillada con picadores en Madrid, figuró en los carteles.

-Pepe Pilas –enfatizó Costuras después de rebautizar a su pupilo-¡Cuyo enome való sólo queda superao por la grandeza su arte!…

Su enome való pronto se reflejó en las taquillas. A partir de su alternativa, en todas las plazas donde toreaba Pepe Pilas las localidades cercanas a la puerta del paseíllo alcanzaban precios astronómicos en reventa. Apenas despejaba la plaza el alguacil y asomaba al albero su taleguilla , una legión de extranjeras enfervorizadas saludaba al héroe….

-¡Olé tu paquete!…

Y toda la plaza estallaba en atronadoras ovaciones, que a Merceditas, sabedora como pocas de que, lo que allí se jaleaba, le ruborizaba.

Sin embargo Pepe Pilas no terminaba de cuajar la faena que le encumbrara a las cimas del arte. Necesitaba un toro como aquel ensabanado de Orborne que convirtió a Antoñete en un mito. Y el toro salió. Fue Morcillerito, 578 kilos, negro bragado del Conde de la Corte, bravo y noble, peleón en varas. Josú, qué faena

Pepe Pilas, destapando el tarro de las esencias, imprimió en su toreo -naturales puros, redondos sublimes, ambrosía de dioses-  ese marchamo del arte que sólo los elegidos son capaces de cincelar con su muleta , escribió  Rafael  Camposdespaña Cañí, crítico famoso por su rigor y por la austeridad de su prosa- Y los ángeles bajaron al albero para sumarse al clamor de la plaza y certificar con sus lágrimas emocionadas que esta vez sí… ¡Que al fin Pepe Pilas demostraba que su arte era aún más grande que ese descomunal valor que atesora su bendita taleguilla!…

Mientras la plaza entera deliraba y Silverio Costuras se abrazaba llorando con Merceditas -¡Ahora sí te casas, criatura!…¡Ahora sí que es lo máximo del toreo del ohhhhhhhhhhhhhhh!- Pepe Pilas entraba en el Olimpo taurino saliendo a hombros por la Puerta del Príncipe. Estaba henchido de satisfacción y ebrio de gloria.

Pero cuando los capitalistas que le habían transportado Alcalá arriba le depositaron en la puerta del hotel, el diestro tuvo la desagradable sensación de que el triunfo no le había salido gratis. Notó un vacío sobrecogedor, una ausencia irreemplazable. No se lo podía haber enganchado el toro, pues la faena fue limpísima, y los pitones ni le rozaron la seda. Ni tampoco los capitalistas, pues sólo se habían quedado con las zapatillas y arrancado los alamares de rigor. Pero se echó mano a la entrepierna y se dió cuenta de que allí faltaba algo esencial. Misteriosamente, le habían robado las pilas a su traje de luces.

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5 Responses to “Triunfo y tragedia del torero Pepe Pilas”


  1. 1 José Ramón mayo 29, 2010 en 8:54 pm

    Muy bueno.

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  2. 2 Francisca mayo 29, 2010 en 11:44 pm

    Me encantan los toros, una buena faena, claro, creo que es una emocion como un aria de opera y digo el hoooooo….,y la verdad es que ahora que lo dices , de pequeña siempre pensaba en “el paquete” del torero, tan apretado, me parecia tan grande, en fin ,que me fijaba. Me has dejado pensando en las pilas, !que cosas se te ocurren!

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  3. 3 maribel mayo 30, 2010 en 8:22 am

    pilas,pilas….que bien sabes escribir…ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhh

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  4. 4 Angelus P. junio 2, 2010 en 10:19 pm

    Bah, para pilas, las de antes, aquellas de petaca tan compactas y, el no va más, aquellas gordísimas R-20 que ahora poco se ven. Y es que, con tanto cachivache(*) de bolsillo, nos conformamos con pilas de botón o poco más…

    (*) Cachivache: Referido, y sin connotaciones despectivas, a todos los pequeños artilugios electrónicos que la vida actual ha incorporado al ajuar de bolsillo de la gente: teléfonos móviles, PDAs, maquinillas de juegos, traductores y demás minichismes con botones.

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  1. 1 Reventa de Entradas Trackback en junio 10, 2010 en 5:37 pm
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