Pegado como una lapa a la manía de contar…

En días así, qué daría uno por ser lapa, agarrarse a la roca y ver como las olas de la vida vienen y van, y uno o una tan fresco o fresca....

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Hace uno días, y como quien no quiere la cosa, una veterana visitante de este blog recordaba que el Duende había cumplido ya tres años. Uno se imaginaba entonces que tenía muchas cosas que decir. Como cualquier menda, examinaba los deberes cumplidos y los muchos por cumplir. Por ejemplo, cubrir el tópico: sembrar un árbol, escribir un libro, tener un hijo. Por ejemplo, todo lo demás. Descubrirse entre las dudas, averiguar cómo puede uno apurar mejor su vida. Y hasta ser una mosca tontorrona de esas que misteriosamente se filtran en la habitación y que entretienen con su vuelo el tiempo apresado de quien la observa.

2

Verano rabioso. Hace no tres años, sino casi sesenta, a estas horas el Duende purgaba siesta. La odiaba, pero resultaba  razonable. Imagínense entonces, un estío severo en un pueblo rodeado de pinares donde sólo las chicharras, por millones, podían ser felices. Por las mañanas, y al atardecer, también se lo permitían a los niños. Con suerte, se refrescaban en una alberca de riego o en el río que bajaba de la sierra. Se acercaban a los aserraderos y con las sobras de los cortes se fabricaban espadas de madera que les convertían en mosqueteros del rey. Con algo más de habilidad y una navaja, se hacían barquitos a partir de la roña de los pinos. Por las noches, a veces un vaso de leche merengada.

Una  o dos veces a lo largo del verano, aparecían los titiriteros.

-Venga, niño-le decían- Coge la sillita pequeña y vámonos, que empiezan los títeres.

Un patio, cuatro bombillas, diez banderitas de papel. Un saxofón y un tambor. Dos payasos: el listo de la cada blanca, el tonto de la nariz colorada, los dos polvorientos. Una cabra amaestrada. El fantasma de Berlanga, tal vez de Fellini, rondando por allí. Y arriba, en todo lo alto, las estrellas de verano, que aún se dejaban ver en cualquier pueblo, sentado en aquella sillita enana que había que arrastrar desde casa.

Pero antes, claro, había sido necesario purgar la odiosa siesta. No se sabe por qué a uno se la obligaban cuando no tenían sueño, y encima sobre la cama, y con el cuarto a oscuro. Afortunadamente las contraventanas cerraban mal,  y por ahí se filtraban, refractadas en la pared, las pocas almas vivas que se aventuraban a pasar por la carretera. Se oían los cascos de una caballería. Se le veía pasar su espíritu siguiendo la dirección contraria a la que traían. Se alejaban, la sombra y el ruido de los cascos. Continuaba la siesta, tan oscura, tan aburrida.

Y de cuando en cuando, aparecía la mosca. La mosca, que a lo largo de la vida del Duende, sería la criatura más odiada e inoportuna, pero que entonces, con su zumbido y su intento desesperado de huir de aquel encierro sofocante, llenaba muchos minutos y acababa entreteniendo el tedio de la siesta-cárcel.

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Sombra huidiza y mosca que entretiene. Se pueden buscar otras metáforas más estimulantes para la función de un duende en este territorio tan grande y desconcertante que es Internet. Pero hay días que la luz del sol aplana las perspectivas, y su calor africano mata las ilusiones.

Supone el bloguero que Lola no lo tomará a mal, celebrar tres años de blog de esta forma, tan bajo de tono. No pasa nada. Sospecha uno que a estas alturas de la canícula sus contemporáneos están refugiados en su cueva, al fresco, dormitando calladitos, tan lejos de esta manía de contarlo todo que nos deparó Internet, contarlo todo aunque no interese nada. Sombra huidiza o mosca desesperada. O tal vez lapa a la que todo se lo trae al fresco.

Pues sí. El propio bloguero, aplatanado y obtuso, cabreado por este primer sartenazo de julio, quisiera dejar de ser duende y convertirse hoy en una lapa del Cantábrico, batida por la incansable musculatura espumada de la mar. Pegada a la roca, ola va, ola viene, observando la existencia, que va pasando así mucho más fresquita. Unos asuntos se acercan, otras preocupaciones se alejan mar adentro, y no hay que pensarlas más. Entre ola y ola, mil gracias Lola, por tu recuerdo.  Sobreviviremos.

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16 Responses to “Pegado como una lapa a la manía de contar…”


  1. 1 Angelus P. julio 6, 2010 en 8:31 pm

    No te quepa duda, Duende. Y para lapas, las nuestras, todos estos comentarios tan adheridos a tu obra como los líquenes al lado fresco del árbol que les da vida. Lapas singulares siempre, revoltosas a veces y, de cuando en vez, distinguidas. Tus fieles lapas, Duende…

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  2. 2 lola julio 6, 2010 en 9:44 pm

    Supones bien bloguero, por qué razón debería tomármelo a mal. Todos tenemos buenos y malos momentos. Mientras unos disfrutan con el tórrido calor del verano, otros bajaríamos de buen grado el termostato del sol invitando a la lluvia a cubrir el cielo.
    Allez cher lutin, que tienes muchas cosas que contarle a esta veterana y al resto de los duendeamigos.

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  3. 3 El Duende de la Radio julio 6, 2010 en 9:48 pm

    Veranos de mucho calor y pocos alicientes dan, sin embargo, mucho juego literario. Leí hace tiempo en la autobiografía del poeta Antonio Martínez Sarrión cómo eran sus veranos en el pueblo albaceteño en el que estaba destinado su padre como secretario de ayuntamiento. Creo que se llamaba algo así como Pozoberrueco.

    Una fuente, una sombra y un botijo llenaban páginas deliciosas. Aquellos veranos en los que no pasaba nada eran muy productivos para los espíritus sensibles.

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  4. 4 Francisca julio 7, 2010 en 12:21 am

    Calor,noches en vela, terrazas llenas, charlar.
    Calor,anochecer el el desierto, maravilloso
    Calor,miles de estrellas en la cubierta de un velero
    Calor,amaneceres frescos
    Calor, quitar la colcha, sabanas limpias
    Calor,pasear al borde del mar,mojarse los pies.
    Calor,ver las noches de luna llena
    Calor, calor, calor…..
    A lo mejor hay cosas por llegar, a pesar del calor que no estan tan mal.

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  5. 5 Pedrito julio 7, 2010 en 8:49 am

    Calor, calor, temida y querida a la vez… la calóó de julio, la siesta odiada por obligatoria, el contraste
    “sol de justicia” en calles desiertas – penumbra del cuarto animado del murmullo de niños impacientes de salir a jugar, sorprendente cercania de recuerdos tan lejanos en el tiempo y tan vivos en mentes y corazones! Me divierte observar como los veteranos de tantos veranos pasados en el campo sabemos de instinto refrescarnos de cuerpo y alma, peregrinando sin querer a las alegres fuentes de nuestra juventud.
    ¡ Ojalá nos siga acompañando asi tal inagotable tesoro hasta el último de nuestros dias, y que nuestros nietos tengan asimismo el privilegio de recojer hoy en dia tan tónica cosecha !
    ¡ Felices vacaciones para nuestro inigualable Duende, y para sus asiduos lectores !

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  6. 6 Jose Carlos Vazquez julio 7, 2010 en 10:55 am

    Y si vienen mal dadas, que suele pasar, pues como cuando hay tormenta o cuando “apedrega” que dicen en mi tierra: se esconde uno en la cueva y a esperar con mucha paciencia que pase el mal tiempo. Despues de las tormentas de la vida se aprecian mucho mejor todas las cosas realmente importantes y encima puede uno aprovechar e ir a coger caracoles. Alicientes. Alicientes que traen de la mano las cosas que contar

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  7. 7 José Ramón julio 7, 2010 en 11:15 am

    a) Me ha gustado mucho la imagen de Angelus P: A tus rocas diarias vamos pegados los comentaristas-lapas. Incluso gráficamente se nota: el texto largo, sentido, generoso, del que cuelgan nuestras excrecencias.

    b) No había oído ni leído nunca la expresión “purgar siesta”. También me parece muy gráfica y afortunada.

    c) En ese cuarto oscuro con apenas una rendija, ¿no viste nunca el efecto casual de cámara oscura, de cine desenfocado e invertido de la realidad exterior?

    d) Calor y paciencia para todos.

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  8. 8 Zoupon julio 7, 2010 en 5:30 pm

    Perdonadme, pero no me puedo resistir: 7 de julio, 18 horas, un sol espléndido, ni una nube en el cielo, 27ºC y una fresca brisilla del nordeste. La noche pasada, 16ºC a las 2 de la madrugada y 14ºC a las 7 de la mañana, aquí se duerme tapado todo el año, sólo cambia el grosor del cobertor. Los niños jugando en la plaza, sus madres de cháchara en la terraza del café, las mozas pasean en grupitos comiendo pipas, los ancianos las miran y sentados en bancos sombreados recuerdan tiempos de antaño, el guardia despreocupado hace su ronda a paso de tortuga, los peregrinos en chanclas airean sus maltratados pies. Provinciano, norteño y delicioso way of life. Casi tan a gusto como la lapa del Cantábrico.

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    • 9 José Ramón julio 7, 2010 en 5:55 pm

      Qué emvidia, Zoupon. Eres un sabio.
      (Aquí estamos ahora mismo a cuarenta grados a la sombra).

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  9. 10 El Duende de la Radio julio 7, 2010 en 6:03 pm

    Zoupon, amigo. ¿No me escribirías un post contando dónde está tu paraíso? Un día busqué tu nombre en la red y no se si por torpeza mía o porque borras tus huellas no terminé de encontrarte. ¡Y das una envidia!…

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  10. 11 Ángela julio 7, 2010 en 8:23 pm

    Acabo de pasar unos días en Madrid, y yo no sé si por los dos millones de personas de más que acudieron al orgullo gay, o por los tres millones que transitaban por la superficie y debían hacerlo por el suburbano, o quizá por los aires acondicionados que escupen calor sobre los viandantes, o por los 14 grados que dejé en Asturias… pero encontré que Madrid era una ciudad insoportable el mes de julio, y bien que lo lamenté. No me acordaba yo de ese calor tan pegajoso y esa oscuridad obligatoria dentro de los domicilios. Una lástima, me hubiera gustado hacer más cosas. Y en un viaje al invierno, he regresado a casa como la lapa del Duende y estoy deseando que llegue el fin de semana para disfrutar el Cantábrico.
    Mucho ánimo a todos los que estáis en Madrid el resto del mes.

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  11. 12 Zoupon julio 8, 2010 en 10:26 am

    Desde luego dista mucho de ser un paraíso, pero sí que está un escalón por encima de algunos purgatorios. Se trata de Lugo, de soltera Lucus Augusti, pintoresca e industriosa ciudad capital de la provincia homónima. Aquí el Sol luce más de lo que generalmente se piensa, pero rara vez aprieta y casi nunca ahoga, y por la noche siempre siempre refresca por debajo de 20º. Y Zoupon no es más que un mote descriptivo, un adjetivo que en gallego y con tilde significa torpe en el andar.

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    • 13 Angelus P. julio 8, 2010 en 11:51 am

      Anda, anda, Zoupon: ¡Que te echen un galgo..!

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      • 14 Angelus P. julio 8, 2010 en 11:53 am

        …O dos. 😉

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  12. 15 Francisca julio 8, 2010 en 3:02 pm

    La verdad es que estuve hace un mes en Lugo, donde no habia estado desde hacia 20 años, y me parecion”REGRESO AL PASADO” todo igual, en ese aspecto si que es paraiso, me encanta llegar a sitios con los que no ha podido el tiempo. Por ejemplo una merceria en la que entre en la plaza principal de la ciudad !INCREIBLE!

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  13. 16 Palinuro julio 9, 2010 en 9:44 am

    ¡Hay que ver lo que da de sí un post del Duende en el que divaga acerca de sus recuerdos de la hora de la siesta en los cálidos veranos de nuestra infancia! Hay algo más que fútbol en este julio de 2010.

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