El gozo de hacer un jardín

Como esta dama del cuadro de Monet, la protagonista de esta historia también ha sabe del gozo de pasear por el jardín que has ido haciendo con tanto cariño....

Según Bondovío de Parpignac, filósofo, poeta, y polemista del siglo XVIII –no buscar en las enciclopedias, porque este nombre se acaba de inventar ahora para darle más autoridad al pensamiento que sigue- una de las vías más seguras hacia la felicidad que puede emprender el hombre es construirse un paisaje a su gusto.

Algunos elementos de éste, cierto es, escapan a sus posibilidades. Un mar, una montaña, una sierra, un desierto, un lago, una playa, un acantilado, un lago o un río son caprichos del Gran Arquitecto. Pero la voluntad y la mano humanas pueden acotar un punto de vista de la naturaleza que las rodea y embellecerla. Otros llaman a esto jardinería. O, más pretenciosamente, arquitectura del paisaje.

A eso se dedica afanosamente desde hace cuarenta años la señora Belén Bardají, que en algún directorio de la nobleza de España figurará como Condesa Viuda de Pinofiel, pero que en su pueblo, que es Arenas de san Pedro, aún es conocida como la Maribel. La Maribel era una moza morena, espigadísima y reidora. Se casó con un primo del Duende en una boda a la que éste acudió de pantalón corto, y hoy es una floreciente abuela mantenedora de uno de los jardines más hermosos y meritorios que uno recuerda. Por eso lo de floreciente, observen la perspicacia.

La señora Belén se ha propuesto ir a contrapelo de la tendencia natural de su pueblo que, como muchos otros de España, ha hundido sus encantos en los horrores de la moderna construcción urbana. ¡Ay si Don Álvaro de Luna, el de su castillo, y el infante Don Luis de Borbón, el de su palacio neoclásico, levantaran la cabeza! Y qué decir de la Triste Condesa. Vamos, que resucita ahora y solicita cambio de nombre.

-Por favor, señores munícipes. Si no les sirve de molestia, llámenme la Desesperada Condesa.

Afortunadamente para la señora Belén –que, aunque es condesa viuda no es nada triste ni desesperada, sino todo lo contrario- Arenas de san Pedro queda a sus pies. En una pequeña tierra que heredó de su padre en los alrededores del pueblo, justo antes de que la carretera caiga en el hoyo donde se erige el casco urbano, se hizo una casa y, a su alrededor, un auténtico paraíso botánico que es el oasis del viajero estival. Por ahí se dejó caer también este observador itinerante, que aún recuerda su momento germinal. Apenas había entonces unos pinos –hoy enormes-, algún membrillo y, cómo no, la fabulosa higuera con tronco en forma de sirena mitológica que hoy es una de las peculiaridades  más asombrosas del jardín.

Lo demás es el milagro de los que saben construirse un paisaje a su medida. No se sabe si será la corriente de agua  que circula bajo tierra o la mano amorosa de su cuidadora. El caso es que desde ahí el paisaje de Arenas de san Pedro consigue eludir las miserias del cemento y el ladrillo para ofrecer una estampa única de la sierra de Gredos festoneada por las flores de color fucsia de los árboles de Júpiter y los verdes variados de las múltiples especies arbóreas; arces, cipreses, melias, tilos, robles de Virginia aclimatados al tórrido verano arenense, acacias. Y arbustos como el rododendro, o el camelio. Y flores, miles de flores.

Lo grande de todo esto es que, según la señora del jardín, un bosque como el que crece ahí puede hacerse en sólo cuarenta años. Es algo más que el plazo que se tomó el Señor para crear el mundo. Pero no hay atajo sin trabajo, y, como diría Bondovío de Parpignac -y si no lo dijo él, lo dice este menda- hace falta la paciencia, voluntad y, sobre todo, el cariño de Belén para emular la obra del Creador. O sea, para  dibujar los pequeños paisajes  hermosos (léase jardines) que Él no tuvo tiempo de hacer.

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6 Responses to “El gozo de hacer un jardín”


  1. 1 algodonsina agosto 10, 2010 en 4:11 pm

    ¡¡Qué envidia me da la Condesa Viuda de Pinofiel!! En cada parte de un jardín están reflejados los minutos de quien lo disfruta.
    Desde un jardincito andaluz(que lamentablemente no es mío), lleno de jazmines y glicinias y con el sonido del agua, feliz verano a todos.

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  2. 2 Zoupon agosto 11, 2010 en 3:36 pm

    Como soy más inclinado a la prosa que al verso, he de reconocer que me emociona más una huerta variada y bien cuidada que un bello jardín.

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  3. 3 José Ramón agosto 11, 2010 en 6:59 pm

    Tomo el rábano por las hojas por lo que has dicho de que a la jardinería se le llame ahora arquitectura del paisaje.
    Me llama la atención que, mientras que últimamente la profesión de arquitecto va perdiendo prestigio (o eso me parece), proliferen los autodenominados arquitectos de algo, como si esa cursi expresión les favoreciera.
    Por otra parte, también me sorprende que en publicidad siga funcionando el símbolo del rollo de planos, que es algo desaparecido hace más de quince años. Y se usa sobre todo con mujeres. Creo que da una impresión de dinamismo y de eficacia. No sé. No lo puedo entender.

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  4. 4 El Duende de la Radio agosto 12, 2010 en 8:18 am

    Rizando el rizo, queido José Ramón, hace años que me quedé estupefacto viendo que el innegable fenomeno social llamado Lluis Llongueras -un tipo listísimo, por otra parte- se presentaba a sí mismo como “arquitecto capilar”. No se si cambiar mi tarjeta y ppnerme “arquitecto de naderías literarias” o así.

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    • 5 Angelus P. agosto 22, 2010 en 5:38 pm

      Me encantan las naderías, Duende. Sobre todo si son capaces de aliviar los treinta y muchos grados que me atenazan en estas agostadas tardes.

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  1. 1 El Milagro De La Educación | animes.cl Trackback en agosto 7, 2010 en 2:50 pm
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