Cambiando de aires I/Un olvido imperdonable

La llave del apartamento, que tanto a Jack Lemmon como a este bloguero le ha causado tantos disgustos y cabreos...

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Se va uno de donde no está a gusto buscando escapar de sus particulares fantasmas. Y a eso se le suele llamar vacaciones.

La noche antes de la partida fue concluyente.

-O te vas, o te hago la vida imposible-parecía insinuarle el destino a este bloguero.

Y se lo insinuó de esa forma tan cruel y divertida que parecía una película de Billy Wilder. Pensaba el muy inocente escaparse rumbo al norte, quizás más allá de los Pirineos, descubriendo algo, un cachito de ese gran país que el neocolonialismo cultural anglosajón ha dejado en segundo lugar. Francia. Francia, que cuando uno era niño significacaba pecado, francamente pecado: ya saben la historia de Juanito Bernaola, que viajó a san Juan de Luz en los años cincuenta del pasado siglo para deleitarse con esa depravación llamada striptease y que luego, al regreso, murió en accidente de coche y, lo que es peor, …¡en pecado mortal!

Bueno. Pues pensaba escaparse a ese lugar de pecado que era antes Francia cuando la noche antes, por aquello de dejar el coche cargado, sale de su casa con todas las llaves pertinentes. Antes de franquear el umbral con las maletas, instantes de meditación: el hombre que vive solo no puede permitirse el lujo  de un olvido en las llaves. Así que antes de salir, repasa mentalmente ante la puerta abierta. Llaves de la casa, imposible olvidarlas, están colgando por la parte de dentro, siempre las deja así, fue consejo de un buen amigo.

-Así nunca las olvidarás- le dijo con la mejor de las intenciones- Y nunca saldrás de casa sin ellas.

Ja.

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En este manojo de llaves estaba la llave que da paso al garaje desde el ascensor, llave no menos importante si se quiere cargar el coche la noche antes. Pero para este menester hacían falta, ay, la propia llave del coche y la de la Vespa que, aparcada ante el portón trasero del coche, impedía la carga del equipaje.

-Muchas llaves para un solo instante –pensaba el viajero mientras las recogía del cajón del pueblecito del hall y se las metía en los bolsillos- Menos mal que estoy haciéndolo bien, sin olvidar ninguna.

Se convencía a sí mismo de que todo estaba en orden mientras sacaba el enorme saco de viaje al descansillo y pulsaba el botón para llamar al ascensor. Y una vez más se palpó los bolsillos asegurándose de que no le faltaban las llaves y los mandos oportunos, toda vez que las llaves de la casa, como estaban colgadas y uno no las puede evitar al abrir la puerta para salir, seguro que no se le iban a olvidar.

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Y no se le olvidarían, seguro, en circunstancias normales. Solo que en este caso distraía su atención algo que normalmente no ocurre en su vida. Primero, que se iba de viaje de duración indeterminada. Y además que, en  medio de su aburrida vida pequeñoburguesa…¡el viaje era a la Francia del pecado que costó la salvación a Juanito Bernaola!

Así que, convencido de que hacía las cosas bien, cerró la puerta de la casa. Justo apenas unos segundos antes de darse cuenta de que había ocurrido lo que  pensaba que nunca le iba a ocurrir. Y es que, con tantas cosas en la cabeza, había olvidado lo esencial. O sea, sacar las llaves que colgaban por el interior de la puerta.

4

Eran las diez de la noche  de un sábado 7 de agosto de calor africano en un Madrid apartado y aparentemente semivacío. En el pequeño bloque de viviendas no se veían más luces que las de las ventanas del viajero. Y este se encontraba vestido con bermudas y alpargatas, con un saco de viaje que ahora no podía cargar por carecer de la llave interior del garaje y sin posibilidad alguna de entrar en casa. Aún a riesgo de quedarse fuera toda la noche –entre las que faltaban, también estaba la llave del portal- se echó a la calle, se sentó en un banco del parque vecino, hincó los codos sobre sus rodillas y hundió su cabeza entre las manos.

-¡No puede ser! –se dijo- ¡No puede ser que esto me haya ocurrido a mí! ¡¡No se puede ser tan gilipollas!!…

Y entonces, sin saber si echarse a reírse de sí mismo o ponerse a llorar, se acordó del personaje que hacía Jack Lemmon en aquella maravillosa, inigualable película titulada El apartamento. Y en particular en esa secuencia en la que el chupatintas que quiere medrar haciendo favores al jefe, tiene que darle las llaves de su apartamento y morderse los puños de rabia mientras se tortura desde fuera imaginando cómo se acuesta con la bella ascensorista de la que él está enamorado.

Hizo algunas llamadas desesperadas con su móvil, que aún conservaba algo de carga. Se mesó los cabellos, al modo bíblico. Pensó en abandonar esa idea tan repugnantemente burguesa de hacer un viaje de vacaciones en agosto.  Creyó además que ese olvido imperdonable era castigo divino, por pensar en la Francia pecaminosa de Juanito Bernaola.

Pero en ese momento, se encendió una luz en el sexto izquierda.

(Continuará)

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11 Responses to “Cambiando de aires I/Un olvido imperdonable”


  1. 1 Ricardo Pérez Garrigues agosto 13, 2010 en 1:20 pm

    Estimado Duende: cuando uno va cumpliendo años se va dando cuenta que no se puede tener todo en la memoria. De pequeño me extrañaba que mi adorado abo Ricardo apuntaba en un papel las cosas que para mí en aquel entonces me parecían innecesarias de apuntar y hoy veo que no es así. Hay que apuntarlo todo. Por ejemplo: no olvidar de coger las llaves de casa.

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  2. 2 José Ramón agosto 13, 2010 en 7:51 pm

    Espero con interés la segunda parte (y las que vengan), pero me temo lo peor. Las llaves que quedaron por dentro no permitirían que entrara otra por fuera. Qué mal rollo.

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  3. 3 Zoupon agosto 14, 2010 en 10:31 am

    Duende, en estos casos lo positivo es que, si has dejado las llaves en casa, no le has dado la vuelta y no has corrido el pasador. Con lo cual, la puerta estará sólo cerrada por el resbalón. Es bastante sencillo abrirla así, con un DNI o una tarjeta tipo las de crédito (a la que no se le tenga mucho aprecio), o mejor todavía con una radiografía, que no falla nunca. Se introduce el objeto en la ranura de la puerta a la altura de la cerradura, y se le pegan unos meneos a la puerta asida por el tirador. El resbalón hace clic como por ensalmo. Como es de ver, el menda se ha dejado las llaves en casa varias veces.

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    • 4 Angelus P. agosto 22, 2010 en 5:52 pm

      Ay, Zoupon, viva tu salud. Que ahora las placas y demás imágenes médicas vienen en CD… Y, en todo caso, supongo que no guardarás las placas fuera de casa…

      -Buenas noches, Doña Eduvigis. Perdone que le impida ver su “late” favorito. ¿No tendrá por ahí alguna radio de aquella cadera de su difunto que le dio tanta guerra?

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  4. 5 maribel agosto 15, 2010 en 12:03 pm

    me tienes enganchada…..menos mal que despues de mi unica semana de descanso anual(asi es la vida del autonomo)menos mal que he llegado a tiempo de tu ultima”travesura” evidentemente de la edad jajja……. Bueno cambiando de tema me he enamorado de ASTURIAS que preciosida ,que pueblos,que marisco,,,etc solo he estado una semanapero aunque haya sido en circuito se que VOLVERE…… SALUDOS Y BESOS

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  5. 6 lola agosto 15, 2010 en 7:54 pm

    Vamos Duende, cuéntanos. ¿Qué pasó con la vecina del sexto?

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  6. 7 lola agosto 16, 2010 en 3:44 pm

    El olvido no siempre es cuestión de la edad.

    Contaría en mi haber con un par de décadas y me sucedió lo mismo, salí de casa sin llaves, tan contenta. Era verano y al regresar a casa a medianoche fui consciente de lo que se avecinaba.

    Mi padre decidió no abrirme la puerta y a pesar de mi insistencia pulsanso el timbre, no hubo respuesta. Desde entonces, antes de salir de casa siempre me hago la misma pregunta: ¿y las llaves? Eso no significa que no me olvide el bolso, pero siempre puedo entrar en casa a buscarlo.

    Ya sabes Duende, además de dejar las llaves puestas en la cerradura de la puerta debes formular la pregunta mágica antes de salir de casa. Al marchar, detente unos segundos antes de cerrar la puerta y escucha. Una campanilla te recordará: ¿y las llaves?

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  7. 8 Ángela agosto 17, 2010 en 8:07 pm

    Por Dios Duende, estamos en un ah!!! y eso que yo conozco el final de la historia, es decir el viaje a Los Pirineos, pero cuéntanos el desenlace.

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  8. 9 Paco agosto 20, 2010 en 4:03 pm

    Vale Ricardo. Hay que apuntarlo todo …y, después, recordar donde has dejado el papel.
    Mirar lo que me mandaron hace unos días.

    Me han diagnosticado que padezco SADAE: Síndrome de Atención Deficiente Activado por la Edad.
    Se manifiesta así:
    Decido lavar el coche. Al ir hacia el garaje, veo que hay correo en la mesita de la entrada.
    Decido echar un vistazo a las cartas antes de lavar el coche.
    Dejo las llaves del coche en la mesita, voy a tirar los sobres vacíos y los anuncios en el cubo de la basura y me doy cuenta de que está lleno.
    Decido dejar las cartas, entre las que hay una factura, en la mesita, y llevar el cubo a vaciar en el contenedor.
    Entonces pienso que, ya que voy al contenedor, puedo pagar la factura con un cheque y echarlo en el buzón que está al lado del contenedor.
    Saco del bolsillo el talonario de cheques y veo que sólo queda uno.
    Voy al despacho a buscar otro talonario y encuentro sobre la mesa la Coca Cola que me estaba bebiendo y se me había quedado olvidada.
    Retiro la lata para que no se vierta sobre los papeles y noto que se está calentando, por lo que decido llevarla a la nevera.
    Al ir hacia la cocina me fijo en que el jarrón de flores de la cómoda de la entrada está sin agua.
    Dejo la Coca Cola sobre la cómoda y descubro las gafas de cerca que he estado buscando toda la mañana.
    Decido llevarlas a mi escritorio en el despacho y después, poner agua a las flores.
    Llevo las gafas al despacho, lleno una jarra de agua en la cocina y de repente, veo el mando del televisor. Alguien se lo ha dejado en la mesa de la cocina.
    Me acuerdo que anoche lo estuvimos buscando como locos.
    Decido llevarlo al salón, donde debe estar, en cuanto ponga el agua a las flores.
    Echo un poquito de agua a las flores y la mayor parte se derrama por el suelo. Por lo tanto vuelvo a la cocina, dejo el mando sobre la mesa y cojo unos trapos para secar el agua.
    Voy hacia el hall tratando de recordar qué es lo que quería hacer con estos trapos.
    Al final de la tarde el coche sigue sin lavar, no he pagado la factura, el cubo de la basura está lleno, hay una lata de Coca Cola caliente en la cómoda, las flores siguen sin agua, sigue habiendo un solo cheque en mi talonario, no consigo encontrar el mando de la tele ni mis gafas de cerca, hay una fea mancha en el parquet de la entrada y no tengo ni idea de dónde están las llaves del coche.
    Me quedo pensando cómo puede ser que sin haber hecho nada en toda la tarde haya estado todo el rato danzando y me encuentre tan cansado.
    Ahora que lo pienso, no recuerdo porque escribí esto en esta pagina … y no te rías, porque si aún no te ha llegado, tu también caerás.

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    • 10 Angelus P. agosto 22, 2010 en 6:00 pm

      Real y cotidiano como la vida misma, Paco. ¡Esniff de los esnifes!

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  9. 11 El Duende de la Radio agosto 20, 2010 en 6:20 pm

    ¡SADAE!…

    Quería añadir algo más al jugoso comentario, pero, como es fácil imaginar, no me acuerdo

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