En el nombre de Matilde

Ha llegado la niña y no se ha quejado nada de que el día anterior bromease con su nombre

No se sabe cuándo y por qué los nombres se posan en el cerebro del escritor.

Llegan de improviso, a veces asoman en una conversación, otras los escucha uno por la calle. Algunos nombres son los de un personaje o personajillo que en un plisplás se ha hecho popular por la tele,  otros corresponden al agente del último call center que se atrevió a quebrar nuestra siesta, especialmente el viernes por la tarde, a primera hora. Maldición, quién habrá decidido que hay que llamar a los consumidores sobre todo el viernes por la tarde. ¿No tienen nada mejor que hacer? Pobres: luego coge el bloguero el teléfono, escucha la abnegada voz anónima y la despide con cajas destempladas. Seguramente estas voces serán inocentes, como casi todo el mundo, porque el culpable de todo es el sistema. Pues eso, maldigamos al sistema que permite a los call center ser tan coñazos vendiendo telefonía, suministros de gas y energía, seguros y televisiones de pago. De vez en cuando, por aquello de despistar, deberían llamar preguntando al consumidor por su salud.

-¿Está usted bien?- podrían decir para que les cogiéramos cariño- Pues nada, Iberdrola sólo llamaba para interesarse por salud.

Pero nada, no llaman así, y así no hay manera de quererles.

El caso es que, de una forma u otra, los nombres aparecen, penetran en nuestro cerebro, buscan un rincón y luego quizá se echan a dormir. Y un día, no se sabe cómo. despiertan y toman presencia en la vida del inventor de cuentos.  Construye uno sus pequeños mundos en forma de historias, casi siempre protagonizadas por gentes. Y hay que darles un nombre.

Pero lo que es  la casualidad, la última fabulilla de este blog era una variación sobre el actualísimo tema de Pepito, el concavenator de Cuenca. Tocaba en el fondo el asunto de los parecidos entre las personas y otras criaturas vivas, y de cómo una persona atractiva puede recordar lejanamente a un monstruo y ser, sin embargo, una criatura adorable. Así que saltó el nombre de Matilde, sin más antecedentes que una amiga de la madre del Duende que se llamaba Matilde Benlliure, sobrina del escultor Mariano Benlliure, gran mujer y persona admirable, esposa que fue del gran arquitecto Luis Feduchi. También tiene el Duende una sobrina de bellísimos ojos que fue la pequeña de su casa y aún es conocida como la pobre Matildita, aunque ahora es una feliz madre de tres hijos y nada pobre, por cierto. Hay otras matildes en la gran historia –la emperatriz Matilde– o en la historia costumbrista de la radio, como Matilde Conesa, Matilde Vilariño y aquel entrañable producto de ambas que fue el serial Matilde, Perico y Periquín (Cadena SER, década de los cincuenta del pasado siglo) de la televisión y de la publicidad (las matildes de Telefónica que popularizó José Luis López Vázquez).

No había, se insiste, más matildes para el abajo firmante. Primero nació la de mentira, la mujer del paleontólogo, y apenas unas horas después Matilde Figuerola-Ferretti y Freyre, un bebé redondito, (quizás una bebá para la ministra Aído), una niña sana que mama y duerme como los ángeles, que llora como un rebuznito lejano de  Platero y que dormida en su cuna es la imagen de la paz perfecta. Caprichosa coincidencia. El refranero dice que no hay quinto malo. La recién nacida es la quinta nieta de este bloguero, por lo que vale complacer a la ministra mentada y decir que tampoco hay quinta mala. Que Dios la guarde. A la niña y, ya que estamos tan sensibles, también a la ministra.

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9 Responses to “En el nombre de Matilde”


  1. 1 Luis Rull septiembre 14, 2010 en 8:07 am

    Mi más sincera enhorabuena a los padres y familia.

    Unos mofletes adorables los de Matilde.

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  2. 2 Palinuro septiembre 14, 2010 en 9:54 am

    Viendo la instantánea que encabeza el “post” de hoy se comprenden tus buenos sentimientos incluso hacia la ministra Aido (¿cómo no se le habrá ocurrido feminizar su apellido mancillado con la ominosa “o” final?). Me alegro de nuestra coincidencia al rememorar a Matilde Benlliure entre las “Matildes” de nuestra pequeña historia familiar. Mi comentario a tu “post” de ayer es anterior al de hoy. Pues nada, enhorabuena al Duende y al feliz padre que, por cierto, creo que tiene algo que ver con este foro.

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  3. 3 Zoupon septiembre 14, 2010 en 10:20 am

    La niña es preciosa, y desde luego firme aspirante al título en el campeonato mundial de mofletes de bebé. Que Dios guarde a la niña y respecto de la Bibistra, que también la guarde, y a nosotros de ella.

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  4. 4 Charivari septiembre 14, 2010 en 10:38 am

    Una bebita (así contentaremos a la Aido) preciosa y una descripción ideal de ella.
    Palinuro, creo que la ministra no ha feminizado su apellido no por falta de ganas sino porque sería una osadía de tamaño natural: AIDA

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  5. 5 José Ramón septiembre 14, 2010 en 3:31 pm

    Enhorabuena.
    ¿Cuando mencionas a tu nieta no tienes a nadie más en quien pensar que la ministra? ¡Qué tío! ¡Qué asociaciones mentales!

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  6. 6 Ángela septiembre 14, 2010 en 5:16 pm

    Enhorabuena por la dinosauria Matilde y por la Matilde de verdad. Hemos tenido ocasión de comprobar sus mofletes sonrosados por gentileza de Vodafone y nos encanta ahora comprobar que come y duerme, como le corresponde. Un beso y a disfrutarla.

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  7. 7 Pedrito septiembre 14, 2010 en 6:07 pm

    La foto lo dice todo : sean de música, de cervezas o de herencias, no hay quintas malas.
    ¡ Mi enhorabuena al feliz abuelo, y larga y hermosa vida a “la niña de sus ojos”, en la Quinta del Duende !

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  8. 8 Begoña 2 septiembre 16, 2010 en 10:35 am

    Qué preciosa!!!! enhorabuena!!!

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  9. 9 Palinurova septiembre 16, 2010 en 11:26 am

    Enhorabuena al abuelo Duende por la quinta nieta guapísima. Se ve la factura del padre de la criatura, le salen clónicas. Enhora buena también a él y a la madre que es la que, al fin y al cabo, más trabajo ha puesto en la feliz llegada al mundo de esta criatura adorable.
    La Aido, mejor no mezclarla en este asunto, solamente provoca mala….
    Un beso

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