¿Se encenderá el genio de Varguitas con una cerilla?

 

Cómo le gustaría a uno tener el talento de Vargas Llosa para seguir novelando sobre la condición humana. Por ejemplo, sobre la necedad esa de fabricar cajas de cerillas con un rascador inútil...

 

Reflexión NÚMERO 1.674 sobre el progreso mal entendido. Primer fin de semana auténticamente otoñal. Homper, cómo no, estaba agradablemente perplejo. Esta vez cumplía el tiempo con el calendario: ni un solo claro, sólo lluvia. Esta vez, oh maravilla, el premio Nobel de Literatura no había jugado a enfant terrible, ni a progresista de probeta, ni a snob. Todo lo admira el Hombre Perplejo de Mario Vargas Llosa, pero siente especial predilección por una novela  que no es considerada por la crítica erudita como la mejor de sus obras.

-No me extraña que la tía Julia se acabara casando con él-pensó cuando terminó de leer La tía Julia y el escribidorPorque alguien capaz de imaginar este enredo tan genial y divertido es imposible que te aburra.

Y el día estaba, en efecto, para encender la chimenea y celebrar al elegante escritor peruano leyéndolo al amor de la lumbre. Estaba la leña preparada. Sólo hacía falta una cerilla y encenderla. Nada más…y nada menos.

Homper lo intentó con varias cerillas. Y con los rascadores de varias cajas distintas. Inútilmente. Se trata de unas cajas de cerillas marca Tres Estrellas, suecas, para más inri, en las que han sustituído el rascador de toda la vida por una tira levemente rugosa que las acaricia sin encenderlas. Qué gran idea.

-Por cambiarlo todo –refunfuñó-  acaban convirtiendo el progreso en el más necio de los retrocesos.

Sonrió pensando lo que en este caso diría Doña María: cerillas de espaldas al pueblo. E hizo memoria de otros grandes inventos recientes que empeoran la vida: los calzoncillos sin bragueta, para facilitar la tarea a los que hacen pis por las narices,  los pantalones sin bolsillo  pequeño para las monedas o los grifos redondos, para que te escaldes si se te ocurre intentar cerrar el agua caliente con las manos enjabonadas.

Y naturalmente, se quedó sin encender la chimenea. Reconfortado, eso sí, al pensar  que  Varguitas quizá se lance a novelar aún  más sobre esta humanidad gilipollas que se complica la vida  buscando problemas a las soluciones.

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11 Responses to “¿Se encenderá el genio de Varguitas con una cerilla?”


  1. 1 El Duende de la Radio octubre 9, 2010 en 11:05 am

    Por si algunos de los adoradores/adoradoras -sospecho que más estas que aquéllos- se escandaliza con lo de Varguitas, recuerdo que es así como cariñosamente le llamaba la famosa tía Julia, que luego pasó a ser su primera esposa.

    Parece que a la señora el libro en cuestión no le gustó demasiado, y le replicó con otro que se tituló precisamente “Lo que no contó Varguitas”. Lamentablemente, no lo he leído.

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  2. 2 maribel octubre 11, 2010 en 7:11 am

    Bueno me alegro mucho del premio Nobel, pero la verdad esque (perdonad mi incultez) pero no he leido nada de ese señor…cuel me recomendarias que no sea muy espeso …saludos

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  3. 3 El Duende de la Radio octubre 11, 2010 en 8:30 am

    Yo desde luego te recomendaría “La tía Julia y el escribidor”, aunque tampoco te costará mucho leer “Pantaleón y las visitadoras”. La última gran novela suya que leí fue “La fiesta del chivo”, que me pareció interesantísima, aunque no precisamente divertida.

    ¿Y del fiasco de las cerillas de ahora no me dices nada?

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    • 4 Angelus P. octubre 11, 2010 en 8:04 pm

      Que no, Duende. En cierta ocasión, de chaval, estaba jugueteando con una caja de cerillas “de las de antes”, de fósforo blanco. Simplemente agitaba la caja para oír el ruidillo… Ardió la caja instantáneamente en mis manos. No me pasó nada, pero el susto…

      El fósforo blanco es capaz de arder espontáneamente en el aire. Y es altamente tóxico. Por sí solo, tiende también a transformarse en fósforo rojo, mucho más pasivo químicamente.

      Las cerillas modernas son de fósforo rojo. No se inflama por las buenas. Necesita un catalizador. Es lo que contiene el falso rascador.

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  4. 5 Zoupon octubre 11, 2010 en 11:28 am

    Si ya no podemos confiar ni en los suecos para hacer cerillas, es que el Mundo está mucho más cerca del borde del abismo de lo que yo suponía. ¡Penitenciagite!, ¡penitenciagite!

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  5. 6 Franciska octubre 11, 2010 en 3:21 pm

    Creo que las cerillas es algo en instinción. Antes siempre teniamos paquetes en casa,de las pequeñitas y que funcionaban siempre,eran para la cocina,ahora todo es vitro, para fumar, ya no se fuma, y si se hace los mecheros son tan baratos que nadie compra cerillas,para encender las chimeneas, casi lo unico, y eso es en el campo, porque en la ciudad se ha pasado (gracias a DIOS) la moda de las chimeneas, que no sirven para nada.Los niños ya no tIenen aquellos juegos que tenian mis hermanos, el “Cheminova” o algo asi, que hacian unos experimentos, que habia que encender y que casi incendiaban la casa, en fin, cada vez como hay menos demanda seran peores.

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  6. 7 Angelus Brevis octubre 11, 2010 en 7:55 pm

    Los que venimos de una educación filtrada por el franquismo adolecemos de falta de lectura de muchos autores, pero en particular de tantos, y tan señeros, como los hispanoamericanos. Gabo, Varguitas, Rulfo, Neruda, Onetti, Cortázar, Borges, Monterroso, Carpentier… y de tantos otros, de aquel y de este lado del océano. ¡Qué sobrevuelo sobre las lecciones correspondientes en los programas de Literatura de nuestro Bachillerato! ¡Y qué irresistible atractivo el de los nuevos best-seller que llenan los anaqueles de nuestras librerías!

    Te debo una, Mario. O dos, o tres…

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  7. 8 El Duende de la Radio octubre 11, 2010 en 8:21 pm

    Qué joven eres, Brevis. En el Díaz Plaja, que era el libro de texto en el que etudiaba yo la literatura, los escritores hispanoamericanos se acababan en Gabriela Mistral. Todos los que dices los conocí ya en las librerías.

    Sobre las ceriillas no recuerdo tanto peligro en las antiguas, y sí la infalibilidad de sus rascadores. Sólo las uso yo para encender esas velas de olor intubadas en cristal, difíciles de encender cuando ya están medio consumidas. Para llegar a la mecha necesitas una cerilla. Con un mechero, te quemas los dedos. Pero se me da la paradoja de que a veces necesito el mechero para encender la cerilla, porque lo que tú llamas el catalizador no me ayuda nada.

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  8. 9 Cap Llentrisca octubre 12, 2010 en 7:44 am

    Me gusta mucho el comentario, Duende. Eres muy modesto y no cuentas que compartiste mesa –de conferencias y, supongo, de viandas- con Vargas Llosa en Covarrubias durante unas jornadas sobre la lengua castellana en las que acuñaste la brillante expresión de “eruditos a la Google-eta”, con regocijo del hoy premio Nobel. Por cierto, si no la leíste, te recomiendo “Travesuras de la niña mala”, una de sus últimas novelas, que estoy releyendo junto al fuego de mi chimenea isleña –encendida sin dificultad con brezo seco, aquí llamado cepell – para recordar todas las cosas (buenas y malas) que son capaces de hacer las mujeres…traviesas, que no malas.

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  9. 10 Ángela octubre 14, 2010 en 6:52 pm

    La tía Julia y Pantaleón, también yo me quedo con esas dos novelas de Vargas Llosa, puedes empezar por esas Maribel y seguro que no te arrepentirás. Una excelente noticia la del Nobel del Peruano.

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  10. 11 Rangler junio 23, 2011 en 7:26 pm

    This info is the cat’s pajmaas!

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