La luna, la romántica y los mandos a distancia

La luna...Mejor dejarla que siga brillando lejos

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Era preocupante, pero de un tiempo a esta parte, cada mañana que despertaba aquel hombre  sentía que un gusano cruel le roía el corazón. Un día era el paro de una persona afecta, al día siguiente un cáncer que amenazaba a un amigo, al otro una patada a la moral colectiva perpetrada por un político, al de más allá la sombra de la ruina acechando a su pueblo.

-Pobres-pensaba- Pensar que hace nada todos éramos ricos, y el más tonto hacía relojes dormido.

Los gusanos voraces seguían haciendo de las suyas. Belén Esteban omnipresente, algún idiota con proyección nacional contando en voz alta o baja, off the record , sotto voce o por las claras, sus inconfesables veleidades eróticas. Los políticos incapaces de explicar al pueblo por qué el fin justifica los medios, y a veces tienen que abrazar el cinismo para no acabar siendo aún más despreciables. La demagogia, la irresponsabilidad, la estulticia. La desesperanza. No era un gusano ni dos, era un ejército insaciable que todos los días horadaba su maltrecha conciencia ciudadana.

-Y encima esto-dijo contemplando su cesto de mandos a distancia.

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Y encima eso. No sabía por qué a él, como a tantos malditos que se han ido plegando a la amable dictadura del progreso, lo que antaño era el cesto de los calcetines desparejados o de las piñas para la chimenea se le había ido llenando de mandos a distancia: de un televisor, de otro televisor, del Canal  Plus, del equipo de música, del otro equipo de música, de la radio, del aire acondicionado, del DVD, del TDT, de un videojuego de los niños. Mandos a distancia en activo, mandos a distancia jubilados, mandos con pilas, mandos sin ellas, mandos con una marca grabada en su carcasa que ya no se correspondía con la marca de ninguno de los aparatos visibles. Mandos para crearle aún más problemas que los que ya le daba vida.

-¿Y qué carajo hago yo con ellos?

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Ocurrió que después de la lluvia que lavó la atmósfera,  salió la luna de noviembre más redonda, limpia y guapa que nunca. Y que en esas le llamó su amiga la romántica, la que nunca daba por perdida la ocasión para la felicidad y la ternura. La amiga ilusa. Salieron a pasear juntos cuando aún resplandecía la puesta de sol  y la luna tomaba el relevo. Solo hablaron de topicazos.

-Qué bonita la luna.

-Si…Quizás nos gusta tanto porque es de las pocas cosas que no nos está fallando.

Ella dijo que soñaba con bajarla, tocarla y descubrir el misterio de su fascinación. Y a él se le ocurrió que quizás, quizás…

-Ven a casa-le dijo- Vamos a probar un experimento.

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Llegaron a casa, acercaron el cesto de los mandos a distancia al balcón y, uno a uno, él fue probándolos todos. Los cogía, los apuntaba a la luna y apretaba sus botones. El primero no funcionó, los seis siguientes tampoco, pero al apretar un botón del octavo artilugio, la luna obedeció: dejó su orto y fue acercándose al balcón donde miraban la romántica y el escéptico.

-Para, para-le dijo ella cuando la luna lo llenaba todo y estaba a punto de abducirlos en su poderoso influjo.

-Tienes razón –dijo él – No hay que ser insolidarios. ¿Qué será del resto de la humanidad si acaparamos  la luna sólo para nosotros?

-Aún más –concluyó la romántica- ¿Qué será de nosotros si la conocemos de cerca y perdemos también esa ilusión?…

Entonces ella le arrebató el mando de las manos, apretó otro botón, devolvió la luna a su lugar y a continuación lanzó el cacharro al canasto de las ilusiones dormidas.

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4 Responses to “La luna, la romántica y los mandos a distancia”


  1. 1 joselepapos noviembre 21, 2010 en 2:50 pm

    En el fondo de todo creo que hay un deseo de volver a la infancia, ese paraiso perdido. Relatos como el de hoy nos la acercan un poco. Gracias duende.

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  2. 2 santiago noviembre 22, 2010 en 7:37 am

    Redondo, como la luna de hoy, te ha salido este articulo,Duende. Y con un final inteligente:no apropiarnos de la luna, para que la disfruten los demas, mantiene viva nuestra ilusion y aumenta nuestro gozo. El egoista lleva en el pecado la penitencia, pero es tan tonto que no se da cuenta.

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  3. 3 Franciska noviembre 22, 2010 en 3:31 pm

    Se decia antes,.-” tendras al niño cuando cambie la luna”
    o sea que nos acompañó al nacer, luego, nos acompañó mucho en las pelis de juventud.- “atacaran los indios en la noche de luna llena”,.- entonces, empezamos a enamorarnos y queriamos vernos “a la luz de la luna”, despues” nos propusieron, he hicimos alguna locura en la luna llena”,asi se le podia echar la culpa de lo que pasara…. .-¡¡¡CARAMBA CON LA LUNA¡¡¡¡

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  4. 4 Angelus P. diciembre 2, 2010 en 7:13 pm

    “Extramuros la luna se detuvo. Más allá del camino real quedó inmóvil sobre la ciudad, encima de sus torres y murallas, dominando los prados empinados…”
    “Extramuros”, de Jesús Fernández Santos (Argos Vergara, 1979).

    “- Qué bonito cuento -alabó Amelia.
    – Muy bonito, muy bonito -coreó Gloria mirando su reloj de pulsera…”
    “El bosque animado”, de W. F. Flórez (Espasa-Calpe, 1973).

    A coro con Amelia y Gloria, Duende: Muy bonito…

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