Jockey tiembla: por favor, gallinita, pon

Hay otras alternativas a las delicias de Jockey que pueden resultar más asequibles...

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Recuerda el Duende que lo primero que le llamó la atención cuando tuvo oportunidad de comer en el afamado restaurante Jockey no fue la calidad de su cocina, sino lo juntas que estaban las mesas. Más que juntas, estaban literalmente pegadas unas con otras. Naturalmente, era una de esas comidas que se dicen de negocios.

-Aquí cada metro cuadrado de mantel –le avisó uno de sus jefes- vale una bandeja de diamantes. Y la gente lo que más aprecia no es que se coma excelentemente, sino verse entre los pocos que se pueden permitir el lujo de pagar la nota. Por eso no importa estar codo con codo con el de al lado: sabes que es de los tuyos, ya entiendes…

Como ocurre a menudo cuando pruebas un restaurante mítico, aquel joven publicitario encontró francamente gustosos los huevos Jockey, uno de sus platos más típicos y, ejem, ejem, asequibles.   Pero pronto le salió la vena moralista y austera e imaginó lo que diría Groucho Marx cuando le presentaran la dolorosa.

-¿Treinta euros por eso?…¡Nunca volvería  a comer en un restaurante  que me cobra sus huevos como si fueran los míos!

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La pléyade de gourmets, académicos de la buena mesa, sibaritas Visa oro, sommeliers de salón y hedonistas de gañote que hoy distingue a nuestra clase beautiful hicieron grandes a Jockey y otros templos del buen comer porque disparaban con pólvora no del rey, sino del fisco. Para darle más prestigio aún al noble oficio de la restauración, pronto se extendió la especie de que era más importante saber quién es Ferrán Adriá y otros santones de la gastronomía que tener noticias de Platón. Miel sobre hojuelas.

-Era lo bueno de los almuerzos de negocios –se quejaba un nostálgico de las vacas gordas- Comías bien, lo desgravabas como gasto y hacías cultura, porque de eso es de lo que hay que saber hoy en día para ser un hombre ilustrado. ¡Y si encima pillabas un contrato!…

Pero vino la crisis. Se redujeron los gastos de representación de muchas empresas y ejecutivos. Volaron las tarjetas de crédito. Y hasta los intocables galardonados por la Guía Michelín se lamentaron del fin de su reinado de Jauja.

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Ya se ha escuchado a alguna voz autorizada que pronostica lo evidente: nada será igual después de esta crisis. ¿Volverá a deslumbrar el lujo igual que antes de ella? A este duende en particular le duele saber que muchos de esos restaurantes antaño opulentos como Jockey está pasando apuros. Pero no puede dejar de pensar que se pasaron en sus precios sólo porque siempre había farfollas dispuestos a demostrar que ellos si podían pagarlos.

-Lo que gusta no es tanto la exquisitez –le dijo aquel jefe experto en el buen vivir-como la exclusividad. Saber que estás entre esos pocos…

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Y paradójicamente, en el campo, el Duende se sintió entre otros pocos que, por algo menos de dinero, también  tocan el paraíso con el paladar. Pues ocurrió que sus nietas, que descubren felices que los animalitos no son sólo dibujos animados , se han salido con la suya y han adoptado gallinas. Y ocurrió que la primera puesta de huevos  de éstas coincidió con una cesta  que  el abuelo había llenado  con níscalos, senderuelas y lepiotas. Limpió las setas y las  rehogó primorosamente con esos mínimos sustanciosos que distinguen a la cocina española más básica.

Y cuando a la hora de la cena las vio en su plato junto a  un par de huevos fritos y las probó, cerró los ojos se olvidó de las miserias humanas, deseó mejor suerte a los restauradores en crisis y sólo pudo implorar emocionado.

-No esperes a san Antón y, por favor, gallinita, pon..

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7 Responses to “Jockey tiembla: por favor, gallinita, pon”


  1. 1 Pemberton diciembre 2, 2010 en 9:01 am

    ¡ Como te entiendo ¡
    Me parece mentira que aquel juego de vanidades de Jockey y sus mesas codo con coda haya dejado de ser el objeto del deseo de tantos y tantos.
    Que pocos pagaban de su bolsillo y los que lo hacian no era para ellos un gasto sino una inversion.
    La comida la recuerdo buena, quiza mejor de lo que en realidad era pero despues de tanto decirte tu Jefe “te voy a llevar a Jockey a celebrar no se que y vas a probar las patatas con tuetano que es algo unico en el mundo…” te lo acababas creyendo y asi tu mismo te convertias en apostol de Carlos (Clodoaldo) Cortes.
    Hay que reconocer que para ver y ser visto nada como aquel comedor, el correr la cortina de terciopelo burdeos tenia su emocion ¿a quien veremos hoy por aqui?

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  2. 2 Palinuro diciembre 2, 2010 en 9:07 am

    Amén. Muchas veces los placeres de la gastronomía están más en la cocina casera sencilla o en la de algunos restaurantes de menú del día a 9-10 euros que en esos sofisticados que el Duende relata, como paradigma, Jockey. Siempre me ha irritado de las guías gastronómicas las recomedaciones cuyo precio medio nunca baja de 50-60 euros. ¡Así, cualquiera! Busque sitios honrados donde se coma bien por 15-20 euros: ¡Los hay!

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  3. 3 Zoupon diciembre 2, 2010 en 11:29 am

    Si los huevos costasen veinte euros la unidad, realmente apreciaríamos que no hay nada mejor que unos buenos huevos fritos con chorizo y con patatas fritas o con un buen pan. Y si los rodeas de unas setas (ahora los finos las llaman hongos) recién cogidas, y si entre estas hay algún boletus, hasta el más ateo acaba jurando que Dios existe y es bueno. Y el Jockey se puede ir con su caballo a buscar en la nada a Zalacaín el Aventurero.

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  4. 4 carmen diciembre 2, 2010 en 1:29 pm

    ¡pon gallinita, pon, pon gallinita un huevo
    pon gallinita, pon, pon gallinita dos
    pon, pon!

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  5. 5 Julio diciembre 2, 2010 en 5:42 pm

    Pues la verdad, me importa un huevo y parte de otro ,no haber estado codo con codo con los ‘selectos’. No lo siento, nunca fueron de los ‘míos’.Lo lamento por el Duende.

    Podemos encontrarnos en cualquier otro sitio. Allí le espero comiendo un huevo… o dos.

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  6. 6 José Ramón diciembre 4, 2010 en 1:02 am

    Nunca he estado en Jockey, y creo que nunca estaré.
    Opino lo mismo que Palinuro, y lo extiendo a los vinos. En casa compramos a menudo un vino de 2 euros que está muy bueno. Vinos buenos de más de 30 euros hay muchos, casi todos; eso ya lo sabemos. Nos ha fastidiado.

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  7. 7 Ángela diciembre 8, 2010 en 11:28 am

    Tampoco he estado nunca en Jockey, pero si recuerdo con nitidez una cena en uno de los lugares más exclusivos del Principado. Como parece va a ocurrirle a Jockey, Trascorrales cerró sus puertas hará unos diez o quince años. Yo tuve la suerte de conocerlo, y esta ocasión, fue el Duende quien pagó la factura. Sin despreciar los huevos con níscalos que el Duende ha cocinado para sus nietas, algo tendrán estos lugares, pués yo cada vez que paso por delante del antiguo Trascorrales, me acuerdo de esa cena.

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