Las ovejas descarriadas de El Mesías

Doctor, me preocupan más las ovejas que se pierden en El Mesías que otras cosas más importantes...¿Es grave?

La gran paradoja de este duende tan atípico es que se preocupa, sobre todo, por las cuestiones menores que no deberían de impedirle dormir tranquilo.

No es músico, no es cantante, sólo es un simple aficionado que, como tantos ahora, se atreve a participar en ese coto de la música clásica que hasta hace bien poco era sólo para los profesionales o para los superdotados. El caso es que hoy se ha despertado a las cinco de la mañana y ya no ha podido reconciliar el sueño. Recordaba una cita bíblica: Todos, como ovejas, nos hemos descarriado y hemos seguido nuestro propio camino. Y el Señor ha cargado sobre Él todas nuestras culpas. (Isaías, LIII, 6) Lo dice el profeta, y lo incluye Haendel en uno de los más bellos coros de su gran oratorio El Mesías.

La cosa es que los más de cuatrocientos coreutas que, junto con la Orquesta Europa Galante, el Coro Accentus, cuatro solistas, y todos bajo la dirección de Fabio Biondi no se descarriaron, como las ovejas del profeta, en este coro (All we like sheep, en el inglés de la época). Sino en el maravilloso Amen que cierra la obra. El director lo lleva, como toda su versión del monumental oratorio, muy deprisa. Y con sólo esa palabra, amen, que se repite una y otra vez a lo largo de unos cuatro o cinco minutos, las ovejas aficionadas  se hicieron un lío. Y, como dice el profeta, el Señor cargó sobre este  Mesías todas nuestras culpas.

El Duende cantaba en la segunda fila de las sillas de coro, justo el mismo eje central del Auditorio Nacional y a pocos metros de Biondi. Y mientras intentaba encontrar al pastor, se sentía el único culpable del despiste colectivo.

-Te he visto entre los que cantaban El Mesías. Maravilloso, me ha emocionado- leyó en un SMS que le llegó a su teléfono después del concierto.

Da igual, no le consoló bastante comprobar que estas imperfecciones pasan inadvertidas a la mayoría del público. La grandeza de Haendel y de su obra y la calidad de los ejecutantes profesionales salvaba el mal trago, pero el Duende no estaba conforme con ser oveja perdida y despertó a las cinco de la mañana decidido a enmendarlo en el concierto que se repite hoy.

Qué paradoja de hombre. Tan chapucero para todas sus cosas y ahora buscando la excelencia en las anécdotas de su vida. ¿Será que sólo importa de verdad lo que no le importa a casi nadie?

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3 Responses to “Las ovejas descarriadas de El Mesías”


  1. 1 José Ramón diciembre 15, 2010 en 4:50 pm

    Esos pequeños fallos sólo los perciben los cantantes, e incluso los perciben como catastróficos. Pero el público no lo nota, y seguro que sólo fue un levísimo desajuste en un recital estupendo.
    Enhorabuena.

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  2. 2 Palinurova diciembre 16, 2010 en 3:56 pm

    Estuve entre los afortunados que presenciaron el segundo concierto del “Mesias” y pocas veces he salido tan emocionada y feliz de un concierto. Estuvo todo perfectamente conjuntado: Unos solistas muy buenos, una orchesta pequeña pero con instrumentos antiguos, un coro profesional pequeño que te deja boquiabierto,un director con mucho temperamento que daba mucho dinamismo a la obra, y finalmente el gran coro de aficionados de 450 voces que estaba perfectamente sincronizado, se le entendía incluso el texto y que me ponía los pelos como escarpias de lo bonito que cantaba. Y si tuvo algún fallo, el público ni se enteró. Fueron casí tres horas de felicidad.
    Gracias, Luis.

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  3. 3 Angelus P. diciembre 16, 2010 en 9:09 pm

    “¿Será que sólo importa de verdad lo que no le importa a casi nadie?”

    Pequeñeces, Duende. No sé por qué, me viene a la memoria aquella anécdota de Joshua Bell tocando cual músico callejero cualquiera en el metro de Washington. ¿Recuerdas? Sólo se paró alguien para echarle unos centavos…

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