El discurso del Rey y el discurso de la calle

Pregunta: ¿es el Rey el único que debe esforzarse en hablar un poco mejor?...

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El Rey también habla mal. Cuando se irrita, para desahogarse y vencer su tartamudez, grita como un jaimito enloquecido: coño, teta, culo, pedo, caca, pis. Naturalmente, no es el rey Juan Carlos, al que pese a su reconocida espontaneidad sólo se le ha pillado un por qué no te callas que el presidente Chávez se había ganado a pulso. Sino Jorge VI de Inglaterra, admirablemente representado en El discurso del Rey por Colin Firth. No se le parece éste físicamente en nada, con lo cual no ha sufrido las críticas que aquí levantó Puigcorbé por aprovechar su lejano parecido con el borbón para imitarle en uno de esos seriales que han pasado recientemente por la tele. Pero interioriza el problema de Jorge VI, vive su angustia y su frustración en cada uno de sus gestos,  y se los traslada al espectador con una autenticidad tal que este acaba olvidando si el rey verdadero era más alto, más rubio, más elegante o más guapo que Firth. Este le ha ganado el alma, y esa es la que acaba emocionando y, al cabo, convenciendo. La magia del saber actuar.

Lo demás también ayuda. Magnífico Rush en la composición del falso logopeda Logue. Insuperable Michael Gambon en su breve intervención como Jorge V: qué voz y qué dicción. Qué maravilla. Y qué diálogos. Como la fotografía, de una sutileza dramática que se hace casi poesía. Como la ambientación. Como la dirección, de Tom Hooper, que puede estar orgulloso de haber filmado una película histórica sin caer en ninguno de los vicios tradicionales de este  tipo de cine Una gran película y un rato delicioso, en suma.

Aunque el Rey tenga que hablar mal para conseguir acabar hablando medio bien.

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El pobre duque de York, que iba a ser rey a su pesar, hablaba mal por problemas de dicción. Y necesitaba hablar bien para un discurso trascendental Pero una cosa es la dicción y otra el lenguaje. Para ambas cosas usa el castellano el verbo hablar. La polisemia se extiende también a la palabra discurso: hace unos años un discurso era sólo una pieza oratoria. Ahora decimos discurso también al contenido de esa pieza oratoria. El discurso, según esos que ahora su llaman politólogos, viene a ser la enunciación del pensamiento.

No tiene claro este bloguero cómo andaremos los españoles de pensamiento. Sospecha que no muy lucidos. Pero velay por donde, el mismo día que quedaba fascinado por El discurso del Rey había leído un artículo de Juan Cruz donde denunciaba que el lenguaje de la basura se ha instalado en la política, en los medios y amenaza con empobrecer nuestro idioma. Artistas, deportistas, polemistas y políticos deslenguados animan el patio. Yo soy más golfo que tú puta, y gilipollas el último, que si no, no vamos a parecer ni modelnos ni progres, y además ninguna cadena paga nada por ser bien educado. Pues qué alegría.

¿Se atreverá a recordar alguien que el lenguaje cada vez más sucio y barriobajero acaba envileciendo el pensamiento?

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El discurso del pueblo no tiene por qué ser el del Rey. Todos hablamos mal en todos los sentidos. Cometemos errores de sintaxis y de dicción, manejamos poco vocabulario y además soltamos tacos y palabrotas a dos por tres: porque estamos enfadados o porque ya nadie se escandaliza por nada, y queda gracioso y espontáneo que incluso la gente culta caiga en la jerga canalla.

No estamos obligados al cuidado que debe mantener un rey, porque no encarnamos más que nuestra propia representación. Pero los que han recibido una buena educación  no deberían (o deberíamos) traspasar los límites del decoro y la sensibilidad. La moda se fuma un puro en estos melindres pasados de moda. La inteligencia debería, a su vez, fumarse un puro también y despreciar las memeces y los excesos que impone la moda. Hablar mal no tiene por qué estar bien. Lo digan Cela, Almodóvar, Pérez Reverte, De la Riva, Jiménez-Losantos, Pajín, o Casillas, cuando, por valorar la hazaña de ganar el Mundial de Fútbol acudió a la palabrota comodín que ya no se le cae de la boca a casi ningún joven: ¡es la hostia!

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La tía Clota, que estudió filología y literatura y fue profesora de español en Estados Unidos, donde aún vive, se escandaliza por el uso y abuso de una palabra que los que tenemos una cierta edad y recibimos educación religiosa nos resistimos a banalizar.

-¿Por qué ahora todo es la hostia? –se pregunta sorprendida.

Antes fue la repanocha, el despiporren, el acabóse, el no va más,  la pera limonera, la bomba, o incluso la leche. Pero ahora es la  hostia. Antes fue la bofetada, la galleta, la chuleta, la colleja, el capón,  el golpe, el trastazo,  el trompazo, el  batacazo. Ahora también eso es la hostia. Antes el adjetivo  fue bueno, inolvidable, bellísimo, grandioso, histórico,  emocionante, irrepetible, insuperable…Ahora también es la hostia.

Lo positivo o lo negativo, el bien o el mal, la felicidad suprema o el infierno, le perfección o el desastre. Todo se resume en esa palabra. No goza la oblea blanca que se consagra en la misa del mismo cordón sanitario que el lenguaje políticamente correcto  está tendiendo sobre otros errores u horrores del lenguaje tradicional. Se eliminó del diccionario judiada, nos mordemos la lengua antes de decir moros y maricones, y  llamamos conserje al portero para  halagar su autoestima. Procuramos no ofender a los discapacitados y barremos los residuos sexistas de nuestro modo de hablar. Aunque eso sí: la hostia a todas horas, venga a cuento o resuma  la incapacidad e ignorancia del que está tomando la palabra. A la inmensa mayoría, acostumbrada al vive y habla como quieras, esta simplificación de lo sagrado les resbala. Al cristiano tradicional quizás le ofenda y le sorprenda. Pregunta: ¿qué pasaría si, según la doctrina musulmana, la hostia simbolizara el cuerpo de Mahoma?

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Comparte este bloguero la perplejidad de la tía Clota. Pero reconoce que está a punto de entrar en la ancianidad oficial, y que cada día pertenece un poco menos al mundo que vivimos. Como Jorge VI,  necesita un logopeda justo para lo contrario: corromper aún más su palabra y y enseñarle a malhablar y a insultar como manda la academia de la calle. Aunque siga pensando que el discurso de ésta, sin ser tan pulcro  como cabe exigirle a un rey, debería recoger al menos el buen sentido y la gracia que antes distinguía al pueblo.

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13 Responses to “El discurso del Rey y el discurso de la calle”


  1. 1 begoña enero 11, 2011 en 11:51 pm

    Son tantos los complejos que nos impiden ser como nos gustaría ser, tantas la obligaciones que nos otorga la sociedad… ¡QUÉ BUENA PELÍCULA! Por su actores, por su estética, por su fondo y por su forma. No dejéis de verla.

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  2. 2 Palinuro enero 12, 2011 en 8:49 am

    Otro instalado de lleno en la ancianidad oficial que comparte con el Duende y tía Clota su aversión al lenguaje desenfadado y soez que la bienpensante y deshinibida sociedad actual nos quiere imponer.

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  3. 3 joselepapos enero 12, 2011 en 10:52 am

    Es un signo de los tiempos el hablar mal y expresarse peor. No sé por qué será que según avanzamos en bienestar material retrocedemos y empobrecemos nuestro lenguaje.

    Hace algún tiempo y hablando de lo mismo recordé lo bien que suelen hablar los sudamericano en general y temo que también ellos terminen contagiándose de tanta vulgaridad.

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  4. 4 Charivari enero 12, 2011 en 1:49 pm

    Certera exposición ¡vive Dios!
    Uno de mis temas favoritos: nuestra lengua. Intentemos no caer por sistema en la vulgaridad y pobreza imperantes en nuestra forma de expresión. El todo vale no debe hacer mella en nosotros aunque a veces se nos escapen tacos o errores de sintáxis.
    Yo hago campaña para que los meses del año, por ejemplo, no se pongan en MAYÚSCULA, copia absurda del inglés que en español es incorrecto pero que cada vez tiene más adeptos incluso en documentos oficiales y para terminar las palabras en -ado desde que “mi búlgara” me preguntó cuando se inciaba en nuestro idiona que diferencia había entre “pescao” y “pescado” (ahora, imagino que hablará como una pija para los de su barrio).

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  5. 5 Charivari enero 12, 2011 en 1:51 pm

    lapsus: el qué anterior a diferencia, va acentuado, claro.

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  6. 6 Zoupon enero 12, 2011 en 6:22 pm

    Toda esta tropa que desfila por las televisiones, hablando que da lástima, además degradan el propio taco. Porque una persona bien educada y que se expresa correctamente, excepcionalmente puede sentir la necesidad de soltar un taco: Te coges un dedo en una puerta (¡Carajo!), te encuentras con un amigo de la infancia al que hace mucho que no ves (¡Coño, Mauricio!), o te sacan de tus casillas definitivamente (¡Te voy a dar una hostia que nos vamos a morir los dos, tú de la hostia y yo de la onda expansiva!)
    Pero tan manido por pedorros y pedorras, y tan vulgarmente vulgarizado está el taco, que ya no sirve ni para ser empleado en esas circunstancias especiales.
    Da gusto cuando encuentras a personas que se expresan bien y sencillamente, sin ser cargantes o resultar pedantes, el bien hablar marca la diferencia en muchos casos.
    Y personalmente con lo que no puedo es con la dichosa manía de acabar los verbos en “-lizar”. Hoy escuché en la radio a un profesor, sindicalista y murciano por más señas, que inventó el verbo “controlizar”. Me resulta insoportalizable.

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  7. 7 maribel enero 12, 2011 en 6:29 pm

    BUENO BUENO solo nos falta criticar las abreviaturas de los jovenes…..eso si que es LA HOSTIA

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  8. 8 Ángela enero 12, 2011 en 8:00 pm

    Deseando ver la peli. Ya os cuento. Feliz año a todos.

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  9. 9 José Ramón enero 13, 2011 en 12:05 am

    Una película muy agradable.

    Yo creo que lo peor de la zafiorrealidad no son los tacos. En Cervantes, Quevedo, Cela, etc vienen siempre muy al pelo y a propósito.
    Lo peor es el nivel cero de inteligencia, el vocerío, el hablar todos a la vez, el decir perogrulladas que enrojecerían al mismo Perogrullo.
    Una pedorra prostituida que aprovecha la coyuntura de haber folgado con un cantamañanas acude a la tele y dice lapidariamente (a 100 Db): “YO ES QUE OYE TÚ MIRA YO ES QUE TE LO JURO YO ES QUE LO QUE NO PUEDO SOPORTAR ES LA MEN-TI-RA”, y los cincuenta imbéciles del plató se rompen las manos a aplaudir y la garganta a gritar “¡Viva!” y “¡Bravo!”.
    La sinvergüenza se crece y remacha (a 100 dB): “¡YO ES QUE MIRA TE LO JURO YO ES QUE TE LO DIGO DE VERDAD YO ES QUE SOY MUY AU-TÉN-TI-CA”, y otra vez los desocupados cabezas-planas se despiporran.
    No lo soporto. Vivan los tacos con gracia, con mala leche, con intención. Esto es otra cosa. Esto es nivel cero patatero, vergüenza ajena.

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  10. 10 Luberon enero 14, 2011 en 4:55 pm

    Preciosa pelicula¡¡¡¡ lastima que mi generación sea francofona de lengua extranjera y nos resulte mas dificil apreciar bien los matices del inglés , porque quien lo ha hecho me ha dicho que es una preciosidad tal y como dice El Duende .
    Nuestra hija colabora con una ONG en Londres que trata de ayudar a defenderse en la vida a las mujeres etiopes , pasan parte de sus vacaciones en Etiopia colaborando en diferentes proyectos y en uno de ellos, al parecer colaboró el Sr Colin Firth , hicieron un anuncio hace un año , nuestra hija lo conoció y segun nos dice de él , se trata de una persona muy sencilla generosa y agradable , ademas de muy divertido.

    Referente a la forma de expresarse ,vuestros comentarios acertadisimos todos , yo creo ademas que estas formas de hablar propician la perdida de sensibilidad sobre la violencia verbal, que me temo puede ser la antesala de otras. Buen fin de semana a todos desde una Galicia que empieza a secarse con un bellisimo sol.

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  11. 11 Franciska enero 14, 2011 en 8:34 pm

    Algo que no habeis dicho de esta maravillosa pelicula, es la ternura y el amor de la reina y que gracias a ella , a su confianza en él y a ser inasequible al desaliento, consiguió encontrar a la persona adecuada que lo ayudó. Me encanta la relaccion que hay entre los seres humanos de esta pelicula,y los lazos que se crean entre ellos . Todo esta lleno de humanidad , cariño y respeto.

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  12. 12 algodonsina enero 18, 2011 en 1:42 pm

    Yo no tengo el día más que para hacer la afirmación frívola de turno: Colin Firth merece que uno se levante por la mañana…

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  13. 13 maria noviembre 10, 2011 en 10:53 pm

    Vi la película y me pareció por de mas buena, tiene a grandes actores como protagonistas y la dirección me pareció hago destacable, en general la película me dejo un buen sabor de boca y la vería otra vez, se que esta contemplada en los estrenos de peliculas onlines de hbo, por lo que es una historia que te atrapa y las actuaciones de Clin Firth y Helena Bonham Carter son estupendas.

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