Chapeau

Me descubro por seguir encontando motivos para quitarme el sombrero. Aunque no lo tenga...

1

Una buena amiga de fina sensibilidad le felicitó la Navidad a este bloguero con una foto de un Madrid singular. Muestra uno de esos rincones que hay que saber captar para reparar en los contrastes. Iglesia de las Calatravas, en la calle de Alcalá, barroco puro recientemente restaurado. Y  a su lado, un pequeño Empire State que antes debió de ser compañía de seguros, y que ahora es hotel. Un modesto rascacielos que tiene clase y su gracia. Al otro lado de la calle (Peligros) el Edificio Vitalicio, otra muestra de arquitectura representativa, con detalles de esa estatuaria mitológica de altura con la que se adornaban los edificios entonces. Tardó en reconocerse, pero la yuxtaposición de estilos de distintas épocas y el abigarramiento tienen su encanto. Ciudades de gran atractivo como Londres o Nueva York se hicieron así. Y al  Duende, verlo tan cerca, en la ciudad donde nació, le sorprende y le admira. Chapeau.

2

La edad pasa por el espíritu curioso como el cepillo del carpintero, pero el Duende aún no deja de sorprenderse a menudo. Qué extraña el alma. Unos días le amanece a uno avinagrada, repunante, dicen los asturianos. De mal café y dispuesta a criticarlo todo. De repente otro día te manda lo contrario: observa lo positivo, aprécialo, gózalo. Eso que llaman felicidad es exclusivo de los santos o de los locos. Quédate con las pedreas amables, que están al alcance de casi todo el mundo.

Ayer tarde el bloguero echaba su peonada en el monte, desbrozando y quemando los restos de la poda de los castaños. Arriba el Almanzor, con sus cejas blancas de nieve, mirándole protector. El sol poniéndose por el oeste y la luna creciente  compitiendo en lo alto. Al poco el sol se acuesta, se echa la noche, y sólo iluminan ya la fogata poderosa, que lanza luces de cobre, y el velo de plata pálida que se descuelga del cielo. Contra éste se dibuja la silueta de un viejo castaño. En sus ramas desnudas se posan las estrellas, y uno se siente el dueño de ese espacio y ese momento asombroso. Chapeau.

3

Por la mañana, en el pueblo, café con  porra. La porra del bar Tenazas tiene una medida francamente deshonesta, de modo que hay que partirla por dos para manejarla en la taza. ¿Cuántos placeres hay que se puedan comparar al desayuno con porras recién sacadas de la sartén?…Chapeau.

Sube a casa con su bolsa de porras calientes, porque las nietas han descubierto las porras, y dicen nanay a los cereales. Se entusiasman, se llenan la boca de masa frita, se  embadurnan de churretones del Cola Cao que espurrea de ésta. A pesar de que su abuelo se harta de decirles que no se ríe ni se habla con la boca llena, ellas comen y parlotean sin cesar. Qué cuadro de felicidad.  Si Murillo lo viera seguro que lo pintaría: Niñas tomando porras. Es la hermosura del instante de vida cotidiana que van repartiendo los días. Chapeau.

4

¿Y cómo se quita uno el sombrero, si no lo tiene? Hace unos años, por el picor del sol en la coronilla durante el verano y el frío de las gotas de lluvia en invierno el bloguero se dio cuenta de que el tiempo había le había tonsurado el cráneo. No lo bastante para que le vean calvo las personas,  pero sí los pájaros. Siempre había envidiado cómo llevaban su sombrero los actores en las películas antiguas, pero los sombreros pasaron de moda. El Duende consideró que a  su edad lo lo que está pasado de moda es seguir la moda, y  decidió comprarse un sombrero para celebrar sus años. No de fieltro rígido, como los de los gangsters o los de los gentlemen. Sino de tweed grueso y flexible, como de profesor de historia o de primo del comisario Maigret. Con una nota de color. Si al Duende le atropellara un coche, el libro de estilo de algunos periódicos podría decir sin faltar a la verdad: anciano atropellado. Es el coste de llegar a los sesenta y cinco años. A cambio, podrá entrar gratis en el Museo del Prado, descubrirse ante lo mucho que respeta y admira y cubrir su sesera sin  pasar frío ni temer el qué dirán.

Chapeau.

5

Si las cosas de palacio van despacio, no digamos las decisiones de este bloguero, adicto a la duda sistemática. La de ponerse sombrero tomó cuerpo cuando avisó la tonsura, y después de mirar y buscar en múltiples escaparates sólo hace un año que dio en una pequeña sombrerería de la parte alta del barrio de Salamanca con el modelo apetecido. Desgraciadamente no quedaba un solo ejemplar de su talla.

Fiándose de su memoria visual, no apuntó la dirección ni el número del establecimiento. Craso error. Sólo recordaba una tiendecita pequeña en una calle perpendicular a la de Serrano y cercana ya  a la de Francisco Silvela con las paredes literalmente recubiertas de sombreros en sus preciosas cajas circulares. Su ambiente retro evocaba al de El bazar de las sorpresas, una deliciosa comedia de Lubitsch. Durante un año, cada vez que rondaba la zona, el bloguero perdía unos minutos y la buscaba  para saber si habían recibido su talla. Durante  un año no fue capaz de encontrarla.

6

Finalmente, hace unos días se topó con ella Se llama Citysport, y está en Ortega y Gasset, 67.

-¡Señor Figuerola-Ferretti-le saludó la encargada -¡Qué alegría verle por aquí!..:¡Qué pena que se haya agotado su sombrero también este año!…

Añadió que era un modelo belga del que sólo habían recibido nueve ejemplares. Pensó el Duende que estaba de Dios no dar con su sombrero favorito después de tanta espera, y se despidió resignado.

-Por cierto-le preguntó el bloguero – ¿Y cómo conoce usted mi nombre?…

-¡Hombre!…Cuando le vi la primera vez pensé: este hombre me suena…Y apenas se marchó  recordé quién era…¡Con lo que me hacía reír en la radio!…

Chapeau por la memoria de esta encantadora amiga que no consigue venderme un sombrero. La  radio no la ve nadie, pero se recuerda. Y otra enhorabuena al que, a pesar de sus años, conserva la ilusión. Chapeau agradecido a la vida por permitirle seguir deseando algo. Chapeau, aunque sea sin sombrero.

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9 Responses to “Chapeau”


  1. 1 wallace97 enero 17, 2011 en 9:46 am

    Duende, felicidades especiales en este especial aniversario.

    ¡Cómo te envidio, jubilauta y con nietas!

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  2. 2 Lola enero 17, 2011 en 11:18 am

    Que disfrutes de este día y de todos los demás. Feliz cumpleaños Duende.

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  3. 3 bachi enero 17, 2011 en 12:12 pm

    Carpe Diem et Chapeau…………… Muchas Felicidades Duende

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  4. 4 José Ramón enero 17, 2011 en 12:22 pm

    Felicidades.
    De nuevo me alegras el día con tus reflexiones. Motivos para estar contento.

    (Comentario marginal nº 1: La calle de Alcalá y la Gran Vía (de Madrid) yo creo que tienen algunos de los rascacielos más bajitos del mundo. Preciosos).
    (Comentario marginal nº 2: Para tus nietas: Creo que preferir las porras a los cereales es uno de los primeros pasos hacia la sabiduría. Chapeau por ellas).

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  5. 5 Zoupon enero 17, 2011 en 1:20 pm

    Felicidades y chapó por el Duende. Y no te consideres todavía un venerable anciano, porque no lo eres. Venerable sí, anciano no. Ahora, hasta los 67 nasti de plasti…

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  6. 6 PedroJMar enero 18, 2011 en 10:10 am

    Feliz aniversario Duende, que los años ya no te agobien y qué más da cinco que treinta y tres.
    Para los que venimos de fuera a pasar nuestra última etapa de la vida por estos Madriles de todos los españoles nos sorprende no sólo la belleza de sus calles sino la amabilidad de su gente. Nadie indaga tu procedencia más allá para saber captar en el giro de tus palabras el seseo propio de otras latitudes, patrias o imperiales, y recordarte que han estado en viajes de novios o por cualquier otro acontecimiento por el lugar del que procedas.
    Hermosos edificios y barrios, bares y tascas, churros y porras, todos ingredientes para hacer de una gran ciudad un lugar de ensueño. Piedras que hablan de los que nos han precedido, gatos negros y pardos. Pero sobre todo vida.
    Que la disfrutes muchos años con los tuyos y deja un poco de tu corazón para quienes te admiramos. Y si no encuentras ese sombrero hazte la idea de que lo llevas puesto……..

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  7. 7 Palinuro enero 18, 2011 en 4:10 pm

    Chapeau por tu comentario de hoy. Es una buena entrada a la edad que te permite unas cuantas actividades gratis y otras a precio reducido. Y eso, en las mismas condiciones que antesdeayer.
    Bienvenido, Duende, al club de los que contemplan la vida con más sosiego.

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  8. 8 Dora enero 18, 2011 en 5:02 pm

    Palinuro me gusta lo de “el club de los que contemplan la vida con más sosiego”. Estoy deseando hacerme socia, pero cada vez lo ponen más difícil.
    Al Duende ¡FELICIDADES!

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  9. 9 Angelus P. enero 20, 2011 en 1:13 am

    Chapeau, Duende. Que cumplas muchos y sean pocos.

    Yo le pediría prestada la teja a tu vecino D. Segundo. Total, él ya no ejerce… Así, a ojo de mal cubero, creo que tenéis un tamaño de cabeza similar…

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