Otra película espera

Nunca sabe uno qué historia se va a encontrar en el cine...

1

Eugenia miró por el ventanuco. Sólo una cabeza en las veinte filas de butacas de la sala.

-Qué rollo-suspiró.

Eugenia no se lo explicaba, pero el dueño sostenía que había que mantener abierto el cine, porque los fines de semanas el aluvión de palomitas y Coca-Cola salvaban el negocio.

-¡Qué desperdicio!-volvió a suspirar.

Y a continuación puso en marcha la proyección. Quedaban por delante dos horas de paisajes suburbiales con fábricas abandonadas y medio destruidas, de macarras calvos malhablados, vestidos de negro y con gafas ahumadas. De persecuciones, de automóviles destrozados. De drogas, maderos corruptos, palizas y explosiones.

-¿Quieres callar tu puta boca de una jodida vez?- oyó que gritaba un facineroso en las primeras secuencias.

Todo filmado con mucho primer plano,  sangre a borbotones, cámara nerviosa y montaje histérico. Todo exhibido con un derroche atronador de decibelios.

-Los jóvenes necesitan mucho ruido-le había remachado el jefe para que no se le ocurriera bajar el volumen de sonido-Así no piensan demasiado.

Sólo le sorprendió a Eugenia ver que el único espectador de la noche no parecía demasiado joven. Las ráfagas de luz que venían de la pantalla iluminaban una cabellera casi blanca.

-¡Qué desperdicio!-volvió a suspirar mientras se olvidaba del negocio y se sumergía en un novelón.

2

Y qué desperdicio de vida la suya. Una educación inútil, una buena planta, una sensibilidad perdida, un único amor que le dejó hacía años, una hija bióloga que vivía en Estados Unidos con un camionero de Arkansas y las pocas esperanzas puestas en que acabara la película, culminara el novelón y la ganara el sueño.

-El sueño es la única película que me interesa ya- pensó.

Echó un vistazo por el ventanuco y vio que la solitaria cabeza que sobresalía por encima de las butacas había desaparecido.

-Perdone –sonó una voz al otro lado de la puerta de la cabina- ¿Está obligada a continuar la proyección aunque no haya nadie en el cine?…Lo digo porque yo me voy. La película no me interesa nada, buenas noches.

El único espectador se dio la vuelta y se marchó.

3

Eugenia paró el proyector, se puso el abrigo, cogió su bolso y su novelón y apagó todas las luces de la sala. Cuando ganó la calle observó que un hombre de buen porte y con las sienes plateadas se fumaba un cigarrillo a la puerta del cine. Era el espectador decepcionado.

-Yo siempre he buscado en el cine alguna historia interesante- le dijo él

Ella movió las cejas, como excusándose por el desencanto de la película. Levantó la mirada buscando un taxi, y en vista de que no aparecía se echó a andar.

-¿Me permite que la acompañe hasta que aparezca  uno?- preguntó él poniéndose a su altura.

Ella bajó los ojos y asintió con timidez.  No pasaba nadie por la calle oscura, y aquel hombre que buscaba historias le infundía confianza. Aunque el título de la película que dejaban atrás era No esperes nada, Eugenia notó que por primera vez en muchos años el corazón le latía con ilusión.

No esperes nada- repitió para sí misma-, pero no dejes de esperarlo todo.

Y vieron juntos uno de esos peliculones que empiezan cuando se acaba el cine.

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3 Responses to “Otra película espera”


  1. 1 Charivari enero 19, 2011 en 10:38 am

    Es verdad, no hay que esperar nada pero esperarlo todo…

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  2. 2 Angelus P. enero 20, 2011 en 1:32 am

    Y ella le contó SU película… Pero él, un Juan M. de Prada cualquiera, había perdido todo interés por la ficción, y decidido dedicarse al ensayo historicista…

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  3. 3 Felisón febrero 17, 2011 en 11:05 am

    A éste post llego tarde, querido duende, ya que mis obligaciones no me dejan leer tu blog tan amenudo como me gustaría… pero hoy tengo un poco de tiempo para leer artículos pasados, y este me ha gustado mucho.

    Espero que la historia de Eugenia y el espectador aburrido terminara con un final feliz, o al menos que durante un tiempo ella dejara su novelón y el dejara de estar aburrido.

    Un abrazo muy fuerte

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