De nada, señora Chacón

Inaudito:la actual ministra de Defensa nos da las gracias a todos los que hicimos esa cosa tan arcaica que llamábamos mili...

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Disciplina: virtud castrense que alcanza su máxima expresión cuando la razón aconseja lo contrario de lo que ordena el mando. Francisco Franco.

Menos mal que aquel mensaje tenía autor egregio. Al menos así se le consideraba entonces entre los militares. Aquel apotegma figuraba en uno de los múltiples rótulos que jalonaban los paseos del campamento de El Robledo, en La Granja de San Ildefonso, donde el titular de este blog cumplía su mili. La mili de los universitarios de entonces se llamaba IPS (Instrucción Premilitar Superior), y era una mili tan huera y aburrida como la otra, pero más señorita. Formaba, es un decir, oficiales y suboficiales de unos universitarios que sólo habían tratado con soldaditos de goma o recortables.

Por la tarde, el jardín del campamento se llenaba de novias bastante guapas. La mayoría traía merienda para su amor, y con la tortilla, los sandwiches y el termo de gazpacho pasaban de guapas a  irresistibles.

2

-¡Margarita se llama mi amor!-cantaban (cantábamos) los caballero cadetes marcando el paso.

Una mili con novia es otra cosa. Y no sólo por la merienda, sino por sus cartas, que hacían del cartero el personaje más importante de la compañía. Pero entonces el amor del bloguero no se llamaba Margarita, ni Pilar, ni Mari Carmen. No había chica,  de manera que no recibía ni cartas ni merienda ni consuelo cuando con el fin de semana llegaba el reposo del guerrero. En realidad la mili le parecía un destierro, una cárcel, una mierda. Estalló entonces la Guerra de los seis días, que el ejército de Moshe Dayán ganó como si fuera una partida de tabas, y el duende recluta sospechó que con la preparación del Robledo no llegaba más que a la guerra de Gila.

-Al que me pierda un casquillo-decía el capitán en las prácticas de tiro-le capo.

Tiraban los miembros de la 31 Compañía de Infantería algo así como diez o doce balas de mosquetón a lo largo del verano. Y no se podía perder un casquillo, porque aquello desequilibraba el presupuesto del Ministerio del Ejército (lo de Defensa vino con la democracia). Recibían lecciones de armamento, y de táctica. Muy interesantes. Un compañero de la tienda también aprendió a hacer pis fuera sin salir de la tienda. Sacaba el cerrojo del mosquetón, introducía la punta de la minga por el cañón y por un pequeño agujero en el murete de cemento circular que sustentaba la lona asomaba la mira del arma al exterior y le cambiaba el agua al canario. La milicia aguza el ingenio.

3

-La mili es no hacer nada a toda leche-definió otro compañero que estudiaba filosofía.

Y sin embargo, decían los teóricos, formaba patriotas. El mayor consuelo de tan épico empeño es que el no hacer nada a toda leche te deslomaba,  y por la noche caías rendido sobre el polvoriento saco de paja que hacía las veces de colchón. Antes de dormirse, el bloguero miraba por el ventanuco que había en el techo de la lona una estrella que titilaba. Se imaginaba que era una novia como Audrey Hepburn que estaba al caer.

No cayó. Aquella mili sólo le sirvió ser para sargento en un carro de combate durante cuatro meses, y para hacer una guerra de mentirijillas como figurante en la película Patton. Por eso se ha quedado pasmado de que hoy la ministra Chacón, celebrando los diez años del final de la mili, le haya agradecido a él y a todos los que la hicieron su contribución a la formación de este ejército profesional  tan competente y tan majo que tenemos.

-De nada, ministra. Lo hicimos sin querer.

No entiende nada, pero al menos está contento de que ni le pidan nuevos impuestos, ni le prohíban nada nuevo ni le exijan volver al campamento a terminar la mili. Pesadilla que, cuarenta y seis años después de licenciado, aún le ronda por las noches.

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6 Responses to “De nada, señora Chacón”


  1. 1 Charivari marzo 10, 2011 en 2:30 pm

    Pues si, yo recuedo que cuando venían los caballeros cadetes con un permiso, era como si llegaran los héroes de las Termópilas. ¿Sería por el uniforme? es que hacía un montón…

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  2. 2 joselepapos marzo 10, 2011 en 4:01 pm

    Querido duende: Ves, esa pesadilla nunca ha formado parte de mis sueños ¿por qué? en primer lugar me libré por el famoso concordato (estaba en el seminario) y por segunda vez, una vez abandonado el tal seminario me libré por “miope” (gracias padre por tu herencia, nunca te lo agradeceré bastante).

    Ahora ya en serio. Para muchos mozos de pueblo la mili supuso una revelación, conocer un mundo distinto, aprender a leer y a escribir, sacarse el carnet de conducir, intimar con compañeros de regiones tan alejadas como Galicia y Canarias y abrir los ojos a un mundo nuevo y apasionante. Eso es lo que había. A muchos les vino muy bien. Es una de las cosas positivas de aquella época oscura y desolada cuando no éramos nada en el mundo, más o menos como ahora mismo, solo que ahora tenemos INTERNET.

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  3. 3 Palinuro marzo 11, 2011 en 10:41 am

    Josele, es posible que tengas razón cuando hablas de los efectos positivos de la mili en aquella España “contenida” del franquismo, cuando ya el hecho de viajar, aunque fuera a Lugo – por poner un ejemplo – era objeto de deseo. Esa era la mili normal. Li IPS de la que habla el Duende era un privilegio para universitarios, donde estábamos exentos de trabajos manuales (cocina, limpieza, etc.), para nuestra vergüenza, a cargo de reclutas de reemplazo. Con su supresión, por cierto, a cargo de un gobierno conservador, ha desaparecido aquella insostenible discriminación.

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  4. 4 bachi marzo 11, 2011 en 12:16 pm

    Como mujer por supuesto no hice la mili,pero también hicimos un Servicio Social que todavía hoy me pregunto para qué nos sirvió.No podíamos renovar el pasaporte y alguna cosa más sin él.
    De todas formas de mis dos hermanos varones tengo unos recuerdos divertídismos de sus experiencias de la mili.Aunque con una diferencia de edad la hicieron al mismo tiempo.Uno en unas fuerzas especiales de Castellón dónde los tenían todo el día perdidos e intentado sobrevivir.Y el otro de señorito en Capitanía de Sevilla,pegando sellos.Con el primero pasábamos ratos geniales que ya no podíamos más y lo mandábamos callar.Sacaba chispas de todas las tonterías que aprendía o le enseñaban.El otro en piso propio,en Sevilla y no haciendo otra cosa como he dicho que mandando cartas,lo pasó fatal.
    Como todo en la vida “no llueve nunca a gusto de todos”.
    De todas formas me alegré cuando la quitaron…………..

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  5. 5 maribel marzo 12, 2011 en 10:41 am

    yo tampoco hice la mili porsupuesto..pero si fui novia de un marinero”que se pasaba el tiempo en un patrullero en Cartagena pero sin salir al mar solo en el puerto..cada vez que intentaban salir el barco se estropeaba…jiji lo unico que consiguio mi novio con la mili fue que cuando la acabo en el 1981 se encontrara con un despido por reduccion de plantilla……

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  6. 6 Angelus P. marzo 13, 2011 en 8:30 pm

    Yo soy de los que echaron de la Caja con eso, con cajas destempladas por aquello de no ver tres en un burro. Y, mira qué cosas, pensando muchas veces que te faltaba algo, por no poder contar las batallitas que tus coetáneos sacaban a relucir siempre en las tertulias…

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