Ecos de una Novena de Beethoven

Según algunos estudiosos del alma humana, resulta más fácil morirse si se ha cantado la Novena Sinfonía de Beethoven

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En algún momento, Homper  creyó que su alma estaba en una sauna, abría sus poros a toda clase de sensaciones profundas y así se limpiaba sus impurezas. Notó que esa sobredosis emocional le abrumaba, le atornillaba al poder mágico que tiene la música.

-Gracias, Dios, por haber dado tanto talento a quien supo aprovecharlo.

Instantes después, en el segundo movimiento, se sentía volar. De repente su conciencia era un canguro que, dando saltos atrás a ritmo de marcha, recorría las vivencias más placenteras de su vida. ¿Cómo un arte sin soporte visual puede sugerir tal variedad de imágenes?

Llegaba el tercer tiempo de la sinfonía, el más íntimo y lírico. Y cuando después de un lento desarrollo del primer tema las violas enunciaban el segundo, el hombre concluyó que ese fraseo genial de Beethoven, repetido luego por la madera en otra tonalidad,  resumía en apenas medio minuto el sentido de su vida: la pregunta constante, la ansiedad de la belleza y de la armonía,  el amor siempre latente que, como las nubes, viene, va, se concentra, se disipa, reaparece. Se hace invisible y al cabo de unos días vuelve a dibujarse en el cielo. Y la certeza de no saber ni cómo interpretarlo ni qué pinta él en medio de tanto misterio que rodea al ser humano y que lleva también dentro de sí.

-Demasiado para el body, querido Ludwig.

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Hasta que llegó el cuarto tiempo y Homper se puso de pie, porque era uno de los muchos voluntarios que tenía que cantar la celebérrima Oda a la alegría. Allí, parte del coro en el Auditorio Nacional, con una gran orquesta sinfónica y un director sensible y meticuloso llamado Janos Kovács que es titular de la Ópera de Budapest. Estaba obsesionado por no perder el compás, el resuello y una dicción en alemán medianamente decorosa. Pero aún así le quedó lucidez para agarrarse a las barbas del Creador y ver desde su ojo privilegiado lo pequeñito que con aquella música quedaba el mundo en la inmensidad del espacio. Tan azul, tan indefenso, tan contradictorio, tan injusto.

Y, sin embargo, precisamente en ese momento, y desde su insignificante punto de vista, tan grandioso, tan hermoso y tan capaz de seguir emitiendo destellos de inmensa felicidad.

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Dos días, después, cuando aún no se habían apagado los ecos de esta Novena Sinfonía de Beethoven, la humanidad celebraba alborozada la desaparición de Bin Laden, y buena parte de España, también el frenazo inicial que el Tribunal Supremo ha puesto a las aspiraciones electorales de los amigos de ETA.

Sin embargo,  sigue la trifulca en todos los niveles.

Unos empiezan a decir que el difunto líder de Al Qaeda también hubiera merecido un juicio justo. Otros, que hay que pasar la bayeta definitivamente por los crímenes etarras para que el independentismo deje de ser el coñazo nacional. Homper, como es natural, sigue confuso y perplejo ante estos espinosos asuntos. Pero, aún a riesgo de parecer egoísta e irresponsable, confiesa que después de haber vivido la gran música dentro de ella,  le parecen temas menores. Chocante hablar de Beethoven para acabar en Julio Iglesias, pero, evidentemente, la vida sigue igual.

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5 Responses to “Ecos de una Novena de Beethoven”


  1. 1 José Ramón mayo 3, 2011 en 9:30 pm

    Duende: Le das gracias a Dios por haber dado tanto talento a quien supo aprovecharlo. Y creo que es para dárselas, por la gran belleza que supo crear Beethoven, de la que disfrutamos todos.
    También deberías darle las gracias por proporcionarte el placer de cantar la obra de aquel genio y disfrutar tanto con ello.
    Y también le damos nosotros las gracias por ponernos tan cerca, tan al alcance de la mano, a un emisario de la belleza y a un mensajero del placer de vivir.
    Gracias.

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  2. 2 El Duende de la Radio mayo 3, 2011 en 10:37 pm

    Oye, Jose Ramón. Como lo cortés no quita lo valiente (o más bien a la inversa en este caso) siento que haya caído el Madrid. Por una vez, y sin que sirva de precedente, esta vez iba con tu equipo, pero le ha tocado el papel de pupas que habitualmente es del Atlético.

    Creo que globalmente el Barça ha sido mejor. Pero no se qué dirán los catalanes cuando vean el gol que le han anulado a Higuain. Cantar, cantar de verdad, el árbitro de esta noche. Los de la Novena a su lado, simples aprendices.

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  3. 3 susana mayo 4, 2011 en 9:11 am

    Un placer cantar esta Novena de Beethoven con el maestro Kovacs, yo también he disfrutado mucho .Después de un día de trabajo, llegar al Auditorio y escuchar el tema principal pasar de la orquesta al coro, el segundo movimiento con su velocidad y contundencia, el tercero, suave y sosegado, para dejar paso al cuarto, donde el coro llega a niveles atronadores ( esta vez lo puedo asegurar porque tenía a los tenores a mi lado), la fuga y el desenlace….maraviloso…Que suerte tenemos!!!!

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  4. 4 Charivari mayo 4, 2011 en 11:49 am

    Los héroes, los inmortales, los que perdurarán a través de los tiempos son Beethoven y… “todos esos pringaos”

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  5. 5 Zoupon mayo 4, 2011 en 1:26 pm

    Beethoven: “Musik ist höhere Offenbarung als alle Weisheit und Philosophie”. Bitte übersetzen.

    Seguramente,Duende, en clases de alemán te pondrán “Hausaufgaben” más difíciles que estas que yo propongo y que vienen muy a cuento.

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