Archivos para 29 junio 2011

El hombre perdido que se encontró en África

Aún con un calor tan intenso como el que estamos padeciendo Africa debe de ser un espacio ideal para perderse y, con suerte, encontrarse...

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Recuerda el Duende que su amigo Santiago Ximénez, ingeniero aeronáutico nacido en Cádiz, explicaba la sutileza de lo andaluces para modular los rigores del verano. Según subía el mercurio se hablaba del calor, los calores, la caló y, ya al límite de lo soportable,  las calores. Así como quien no quiere la cosa se ha pintado el cielo de panza de burro con esa calima típica los vientos africanos, y hemos pasado de la primavera a las calores sin transiciones intermedias. Jesús qué angustia, y sólo acaba de empezar el estío. Hay días en que a uno le gustaría le despertarse sueco del todo.

Bastaría ese argumento para explicar el letargo de este  blog.

-Me perdonen ustedes- dice el bloguero-Es que con las calores estoy aplatanado.

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Aplatanado le dejan a este menda las calores. Pero no sería del todo sincero si cargara a este sartenazo la explicación de su abulia. Ocurre que, además estaba el bloguero de boda en Ibiza. Y cuando regresó, como en la canción picarona, tuvo que ir del caño (más bien del baño en las deliciosas aguas isleñas) al coro. Los designios del Señor son inescrutables. Ni el propio bloguero se imaginaba que algún día cantaría el quinto movimiento de la 9ª Sinfonía de Beethoven en el corazón de la propia Alemania. Sucederá el próximo domingo en el castillo de Wartburg, donde con sus antiguos compañeros del Coro de Los Jerónimos reforzará a la Orquesta y el Coro de la Landeskapelle de Einsenach que dirige un joven maestro español, Carlos Domínguez-Nieto. Como comprenderá el lector, un concierto así debía ensayarse a fondo.

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Las bodas de los hijos de los amigos se miran con un cariño especial. Reeditan la vida feliz del tiempo en que se anudó la amistad con sus padres. Ellas, tan monas, vuelven a gustarnos como quizás nos encandilaron sus madres. Las hijas de aquellas a las que amé tanto –se quejaba nostálgico el padre de este bloguero- me besan hoy como quien besa a un santo. ¿De qué otra forma nos iban a besar, con estas canas?… Ellos, como nuestros propios hijos, encarnan la esperanza de triunfo o de gloria que quizás uno aparcó en un simple sueño.

El motivo de esta boda en Ibiza era  Santi Martínez-Lage, un joven abogado del estado de sonrisa cinematográfica que pese a sus pocos años puede darnos a todos una lección de tenacidad. Fue suspendido por dos veces en el último ejercicio de la oposición ante de  coronarla con éxito a la tercera intentona. Y eso, pese a que podía haberse ganado la vida sin esa severa pena de reclusión entre libros que le imponía su reto personal. En todo ese tiempo, donde seguro que sufrió lo suyo, Santi jamás perdió la sonrisa que es su imagen de marca. Viéndole salir de la iglesia del bracete de María, una guapa cordobesa que conoció en su primer destino profesional, o moviéndose entre los invitados que le acompañaron con el mar de Ibiza al fondo, se diría que estaba predestinado a la felicidad de ese día de luz y fiesta.

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Otros hijos de otros amigos tardan más en encontrar su destino. En la misma boda el bloguero se encontró con Javier y Marta, padres de cuatro hijos varones a los que el Duende conoció con el Dodotis o como simple proyecto. Javier y Marta fueron siempre buenos estudiantes y ciudadanos responsables, pero su alevín  Diego, como tantos de su generación, perdió la brújula y llegó a la encrucijada de la juventud tan despistado y desmotivado que acabó distrayéndose en algunos paraísos artificiales.

Todo parecía desalentador y desesperante. Pero hasta los chicos que acarician el éxito en la vida sienten a veces la necesidad de darle la vuelta a todo y redimirse en un viaje de esos que ahora llaman “iniciáticos”. Hacia rutas salvajes (2007) es una excelente película de Sean Penn que cuenta esa búsqueda hacia el ideal lejano y, a menudo, difuso. Quizás inspirado en una aventura como esa, Diego tomó una decisión que puede resultar determinante para su futuro. Sin títulos ni estudios por rematar, sin oficio ni beneficio y, lo que es peor, sin esperanza ni ideas demasiado claras, un día  cogió una mochila, una pequeña tienda de campaña y una bicicleta y desembarcó en Ceuta para encontrarse a sí mismo en tierras de Africa. Sólo se comunicaba con su familia a través de un móvil con el que podía recibir llamadas, pero no hacerlas. El protagonista de la película de Penn –que, por cierto, tenía su referente real- desapareció en el viaje por la América profunda. Diego, afortunadamente, llegó hasta Gambia, y ha vuelto para contarlo.

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En su ignorancia enciclopédica, este duende asocia el binomio Africa-viajero solitario a las distancias infinitas, la incertidumbre, la precariedad, el sufrimiento, el peligro, los rigores climáticos y el miedo de lo que espera más allá del horizonte. Existe la Africa hermosa y aventurera de películas clásicas como Mogambo, Las nieves del Kilimanjaro, Las minas del Rey Salomón o Memorias de África y el continente sobrecogedor, tan extremadamente bello como cruel, que han descrito  magistralmente en sus libros Kapuszinsky y Javier Martínez Reverte. Si el viajero imaginario que es este duende tiene algo –quizá lo único-que agradecer al calor africano es que está convencido de que cualquier esfuerzo sometido a sus temperaturas infernales se convierte en pura mística. Lo siente él mismo cuando, como simple jardinero, poda rosas a 37º en Candeleda, que no es precisamente Africa, y no obstante los goterones de sudor nublan sus ojos.

-Señor, Señor…¿Qué hemos hecho para merecer esto?

¿Qué no sentiría el capitán Richard Burton cuando se adentró Nilo arriba para despejar definitivamente el misterio de sus fuentes? ¿Qué no padecerían Livingston, Stanley y otros expedicionarios de leyenda? ¿Cómo es posible que Diego haya culminado su aventura y regrese tan fresco?

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Diego Alvarez Cortés tiene mucho que contar. Las píldoras que ha dejado caer en su muro de Facebook son sólo anticipos esperanzadores. Lo más sorprendente es que vuelve como si los desgarros del pasado hubieran cicatrizado milagrosamente. Sólo habla de la hospitalidad y la amabilidad de los pueblos que le han acogido. De la maravilla de los paisajes visitados. Y hasta de un tierno romance con una princesita africana que le daba de comer en sus propias manos. No se esforzó en preparar tres oposiciones, como el magnífico Santi cuya boda acabamos de celebrar. Pero puede que haya logrado el más difícil todavía. Se ha perdido durante ocho meses por los  caminos de Africa y ha tenido la suerte de encontrar en sí mismo a un hombre nuevo.

Cómo mola Querétaro

Con motivo del Día del Español el Instituto Cervantes invita a encontrar la palabra más bonita de nuestro idioma. Y a propuesta del actor Gael García Bernal, es elegida Querétaro. Pues vale.

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A veces es verdad que los árboles no dejan ver el bosque. Desde la distancia transoceánica que marca su casita en Nueva Inglaterra la tía Clota, que cada vez espacia más sus conexiones con Homper, ve cosas en las que aquí apenas reparamos. No vamos a aburrir con los múltiples motivos de estupefacción que nos depara la actualidad. Ayer la anciana se ceñía simplemente a una muy menor que estos días recuerdan los medios

-¿Así que Querétaro es la palabra más bonita de nuestro idioma según el Instituto Cervantes?

Homper no supo qué decirle.

A Homper la noticia también le pareció una ocurrencia, una genialidad de un mago de las redes sociales para promocionar a una ciudad que en principio, no figura en el diccionario, sino en las enciclopedias. Aunque los topónimos también son palabras, el hablador tiende a pensar que en una encuesta así iba a salir cualquier otra más hermosa y biensonante que el esdrújulo nombre de una ciudad mejicana.

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Comentaba  Homper las razones de tan extraña elección y se las explicaba a su tía.

-Sobre todo, el creciente poder de Internet, que va a acabar siendo el parlamento inmediato del pueblo. Ya ves tía, las redes sociales lo mismo te organizan un 15 M que acabará otorgando los premios Nobel, ya verás. Y luego, la pusilanimidad del personal para atreverse a nadar contra corriente. Se empieza a difundir una consigna y cuando quieres decir tu opinión te recuerdas aquello de que tanta gente pensando lo mismo no puede equivocarse…

-Ya –cortó la anciana- En m tiempo decíamos: ¿dónde va Vicente? Donde va la gente.

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La gente confunde en esta cuestión fondo y forma. Sorprende que en el primer botepronto de una entrevista rápida  para la tele dos personas con tan buena cabeza como Mario Vargas Llosa y Vicente del Bosque dijeran obviedades como libertad y fútbol. Algo que sin duda significa mucho en su escala de valores, pero que, por obvio,  no es de esperar en mentes tan privilegiadas. El escritor sobre todo debería apreciar que la belleza de una palabra no tiene por qué estar unida a su significado.

Coño-pensó Homper-no es una palabra especialmente bonita. Pero clítoris, que le queda tan cerca, a mí si me lo parece. Como pan, como delirio, como donaire, como añoranza, como berbiquí, como alfeñique.

A Homper le gustan sobre todo las palabras juguetonas.

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En Querétaro fue fusilado uno de los emperadores más breves de la historia, Maximiliano de Méjico, que pocos sabrán qué pintaba allí. Incluso él, cordero pascual de intereses supranacionales. Leyó Homper su triste historia en la novela Noticias del Imperio, del escritor  Fernando del Paso, y reconoce que quizás ese drama pesa en su estupor por el momentáneo esplendor de esta palabra. Como pesa el considerar que en esa ciudad Butragueño metió cuatro goles con la Selección Nacional de Fútbol, en uno de los mejores partidos de la larga etapa en la que España nunca ganaba casi nada. Naturalmente, en los considerandos del fallo, se decía que Querétaro significaba “la isla de las salamandras azules”. Aunque en purépecha parece significar sólo “juego de pelota”. Al final querían darle la razón a Del Bosque, aunque para vestir el muñeco aireasen lo de las salamandras azules, como si los hispanoparlantes fuéramos ante todo poetas y naturalistas, y tuviéramos especial predilección por esta clase de reptiles y `por el color azul.

-Se ve que había que echarle cuento, tía.

-Quizás-admitió la anciana- O cara de algún despabilado para promocionar el lugar…¿Por qué sí Querétaro y no Alba de Tormes, con lo bonito que es ese nombre?…

Lo dicho, el poder del sexto poder, que es Internet. La moda. El irresistible mimetismo de lo  políticamente adecuado. Las ganas de epatar al burgués. Cómo mola todo.

Un eclipse muy especial

La luna tenía otro punto de vista del eclipse...

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Qué son trescientos mil kilómetros para la desesperante infinitud de las distancias siderales. Nada, cuatro pasos, lo que ella necesitaba a veces para dar con sus gafas olvidadas en cualquier rincón del espacio. No necesitó ponérselas. Tenía curiosidad por ver aquella noche tan especial, así que se acodó en su balcón y miró hacia abajo. Distinguió  aquel planeta azul del que tanto le había hablado el Jefe desde que tenía conciencia de ser.

-No me salió tan bien como pensaba –le dijo el Boss cuando se lo nostró- Pero fue siempre mi debilidad, ya sabes.

Afinó la vista y puso su atención en aquella delicada menudencia esférica llamada Tierra

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Pudo haberse detenido en otros detalles pintorescos que, poniendo atención, se distinguía perfectamente: la Muralla China, la cordillera del Himalaya, las cataratas Victoria, las Torres Petronas. Y, cosa curiosa, el primer posado en biquini de una entusiasta a la que llamabanAna García Obregón. Pero por esos caprichos del azar se entretuvo contemplando a un tipo que le devolvía la mirada dibujando en su rostro el retrato exacto de la perplejidad. También estaba acodado en su balcón, oteando su horizonte y elevando la mirada hacia ella.

-Llámeme Homper, hermosa.

Ya su cabello blanco lo avisaba, pero que la trataran de usted y que le llamaran algo tan pasado de moda como hermosa lo confirmaba.

-¿Eres de ese mundo?-le preguntó.

-No lo tengo nada claro-fue su respuesta.

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Le dijo el hombre que ahora su único menester era preguntar. Y que aprovechaba las noches de luna para preguntarla con más descaro una ristra de cuestiones que, para bien o para mal, nunca entendíó. Por qué el amor, por qué el dolor, por qué la guerra, por qué la enfermedad,  por qué la intolerancia, por qué la ciencia, por qué las mareas, por qué la sensación de ser más insignificante que un ácaro. Por qué los políticos, por qué la estulticia humana,  por qué el arte, por qué la belleza , por qué el genio creador, por qué el milagro de la música, por qué esa mano femenina que apretaba la suya cuando se embelesaba escuchándola .

-La música –le precisó- Es la escalera más segura que conozco para escapar, subir y desaparecer cuando me deprimo.

Por qué la democracia interesada, por qué la sobrevaloración del yo frente al nosotros, por qué el egoísmo, por qué la violencia y el terrorismo, por qué el hechizo del nacionalismo, por qué la desesperación. Por qué la soledad, por qué el frío, por qué el fuego, por qué la maravilla del agua, por qué los áboles, por qué los pájaros. Por qué las catástrofes naturales, las sequías, las inundaciones, las radiaciones nucleares. Por qué la delicia de unas porras recién salidas de la sartén. Por qué la sensación de desastre que nos arruina, por qué las subprime,  por qué la dictadura de la economía, por qué Grecia, por qué la prima de riesgo. Por qué.

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Le dijo que miraba hacia fuera en femenino, lo cual al menos le daba un ápice de modernidad.

-Pienso constantemente en el futuro que les espera a seis mujeres pequeñitas, que son mis nietas- le siguió contando-¿Seremos capaces de dejarles un mudo mejor?

Ella no sabía qué decirle.

-Además –continuó- Yo diviso desde mi balcón la fachada occidental de una gran ciudad, que es Madrid. Pero no veo Madrid, veo ahí a la humanidad. Y me pregunto qué será de esos millones de almas que abarca mi mirada, y de todas las almas que tú estarás viendo desde allá arriba. Y me digo que  cómo es posible que vivan todas ellas atascadas en la preocupación y el desánimo por esta especie de conspiración contra la felicidad que trata de aplastar a este planeta.

De repente Homper se dio cuenta de que había perdido su referencia celeste. La buscó con la mirada y no estaba. Sólo veía un cielo oscuro. Sintió una cierta angustia, ya ni siquiera recordaba por qué se había lanzado a contemplar la noche. ¿Qué tenía esa noche de junio de especial?… Hasta que poco a poco, primero un asta de toro, luego una raja de melón y finalmente un as de oros, ella volvió a asomar brillando en lo alto con todo su esplendor.

-Fu, qué mal rato-suspiró Homper- Me había olvidado de que esta noche estaba usted de eclipse.

La luna se echó a reir.

-¿De eclipse yo?…¿No será más bien que sois vosotros los que estáis  eclipsados?

Viva Franco

Los hijos de los parados de toda España agradecen que venga quien sea a dar un puesto de trabajo a sus padres...

Hola, soy Juanita, y mi papá es un  parado. Casi todos los días está triste, porque dice que el mundo es injusto con él. No tiene trabajo, le pagan poco por ser parado, y en casa apenas tenemos para comer. Mamá también está de los nervios.

Esteban es un compañero de Papá, y también está parado. Casi todos los días viene a casa, y hablan un poco de política y esas cosas, y a veces toman un tinto de verano. Normalmente están enfadados. Con el gobierno, porque dicen que no tiene huevos, con la oposición, porque dicen que van contra los obreros, con Angela Merkel, por lo de los pepinos, y sobe todo contra los empresarios, que sólo quieren ganar dinero. También están mosqueados con algunos periodistas y con Esperanza Aguirre. Yo no se quién es esa, pero por lo que cuentan debe de ser una mezcla entre Cruela de Vile y  la madrastra de Blancanieves.

Pero hoy Esteban estaba más contento. Traía un periódico, y se lo ha enseñado a mi padre, y el periódico decía que Zapatero quiere sacar a Franco del Valle de los Caídos. Yo no se quién es Franco, no tengo ni idea. Se que antes tenía calles y estatuas, como los Reyes Católicos y todos esos antiguos, pero no se quién es. Tampoco se muy bien qué es ese Valle, aunque mi amiga Pepi dice que es un sitio donde van muchos turistas y hacen fotos.

Pero sin embargo, ya digo, Esteban estaba encantado, y Papá pues qué se yo, se encogió de hombros al saber la noticia, dijo algo así como bueno, vale, ya veremos, y le sirvió a Esteban un vasito de tinto de verano. Yo la verdad es que podría no saber qué pasa, pero como soy una niña muy lista creo que sí se lo que pasa.

A ver, si Zapatero, que es el que manda en España, está sufriendo porque en España estamos muy pobres y hay muchos parados como Papá, y cree que hay que sacar a Franco del Valle de los Caídos, es porque este señor que no se quién es no pinta nada allí, y quieren que vuelva  porque va a acabar con la miseria. Fíjate, Esteban también estaba contento porque,  según el periódico,FORD, que es una empresa de coches, va a invertir muchos millones y va a crear puestos de trabajo como el que necesita Papá. O sea, que Franco, que no se quien es, a lo mejor es un empresario rico y bueno que viene a arreglar esto, el salvador de España. Algo así, seguro, porque además dice Esteban que van a cambiarlo hasta en las enciclopedias, para que las enciclopedias cuenten de él la verdad. Y la verdad es que debe de ser buenísimo, porque si gracias a él Papá deja el paro y vuelve a trabajar, buenísimo tiene que ser.

¿Cómo no se le habrá ocurrido antes al presidente el sacarlo de ese valle?…Pues eso, hoy voy a dar un beso a  Papá porque ya no va a ser más parado, y también le voy a dar las gracias a Zapataro. Y luego voy a pintar con un rotulador ¡Viva Franco!  en mi camiseta de Hello Kitty, me la voy a poner y me iré tan contenta al cole.

Voces para la Paz

Reconoce este bloguero que nunca había sentido tanta alegría cantando como la que sintió ayer sumándose a Voces para la Paz

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Admite este trasunto de duende, chamarilero de sentimientos y recuerdos, que vive momentos de provocadora  satisfacción. Lo nota cuando da con algún amigo o conocido y tiene que responder a la pregunta de ritual.

-¿Y cómo te va?

Se decía en estos casos.

-Qué quieres que te diga….¿Bien, o te lo cuento?

Y no lo dice, porque piensa que sería afectación o mentira. Y además porque, mirando alrededor, cree que es de mal gusto exagerar las sombras que pueden oscurecer nuestro horizonte. Las ve, claro, como cualquier ciudadano. Pero no puede negar que algunas luces acaban barriéndolas, y que hay muchos compañeros de viaje que no gozan de la misma suerte.

-Si comparo –suele contestar- reconozco que  me va maravillosamente.

Y es que el patio da mucha pena, a qué negarlo. Aunque al bloguero la diferencia no se la da el éxito profesional, que ya no va con él, o el dinero, que tanto nos duele y que nunca le supuso mucho. Tampoco es la causa única el amor o el afecto de los amigos, que nunca le han faltado, o la salud, que afortunadamente también le responde. No es eso, no. Lo que le hace más feliz es que es libre para cantar.

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Siempre cantaba  en la ducha, en los guateques. Y villancicos  la noche de Navidad.  Pero por estos caprichos de la vida esta semana él y una legión de entusiastas que comparten su trabajo y su familia con la vida coral han cantado tres tardes en el Auditorio Nacional. Dos de ellas grandes corales de ópera con la Orquesta y Coro Nacional  dirigida por Josep Pons. Verdi, Bizet, Beethoven, Mozart…

No me lo creo, no me lo creo-se decía mientras se pellizcaba ente pieza y pieza.

Y ayer domingo con los músicos que una vez al año dejan de tocar o de cantar en sus respectivas formaciones profesionales para entregarse con pasión al fabuloso concierto solidario de Voces para la Paz. Para recaudar fondos que permitan el suministro de agua a ocho aldeas de Níger, avisaba el programa. Y era música de cine, desde el mambo que compuso Leonard Bernstein para West Side Story, al Wagner de Apocalipsis Now o a la inenarrable Copla de las divisas  de Ochaita, Valerio y Solano que hizo aún más graciosa a Bienvenido, Mr. Marshall o al preciosísimo Dry your tears, Afrika de John Williams para la película Amistad. Qué río de sentimientos, emociones y recuerdos le corre a uno por dentro cuando a la la gran música se le añade la magia del cine.

Y qué gozada entrar en ese festival de regalo para los sentidos, de invitado, para reforzar con sus compañeros de coro a estos admirables músicos profesionales que capitanea Juan Carlos Arnanz, un genio de la comunicación, por cierto. Lo nuestro fue sólo cantar con ellos la Oda a la alegría  de la    Sinfonía de Beethoven, que sonó en La naranja mecánica y que seguirá sonando cada vez que la humanidad necesite redimirse de sus miserias. Era evidente que estábamos alegres. Alegres por lo que transmitían los músicos solidarios, por cantar con ellos y por creer que, al menos por una vez, nuestra voz servía para algo útil.

Además, a la salida, el cantor feliz se encontró con Carlos Barja y su encantadora esposa. Carlos era asiduo comentarista de este blog con el seudónimo de Wallace, y supongo que podrá certificar que conciertos como éste de verdad merecen la pena. Algo habrán aportado los muchos que, como él, abarrotaban el Auditorio. Para las aldeas sin agua de Níger y para este simple cantor de ducha, que cuando muera, y recordando tardes así, podrá sonreir diciendo: ¡que me quiten lo cantado!.

Terapia de evasión con Luis Buñuel al fondo

La atención del bloguero repara a veces en detalles que no todo el mundo considera. Por ejemplo, un Yorkshire terrier que tiene nombre de cineasta...

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Al invitado le sorprendió  el nombre de uno de los perros de la casa, un pequeño Yorkshire al que llamaban Luis.

-No es por ti, no te asustes-le explicaron- En realidad se llama Luis Buñuel.

Al invitado le hizo gracia la precisión.

Sin embargo, a Luis Buñuel II no le hacía tanta la presencia del invitado, que veinte años atrás era el presunto jefe de la anfitriona y propietaria del perrito. El almuerzo, en el coqueto cenador entoldado de un pequeño chalet al este de Madrid, se completaba con la presencia de la madre de la anfitriona, una mujer encantadora, y de Lola, otra compañera de trabajo de tiempos pretéritos. También rondaba por ahí una galga, tan estilizada como la que se adivinaba al trasluz en los papeles de la marca Galgo.

 –Pobrecita-dijo la anfitriona, que se llama Acacia-La rescaté de una perrera donde languidecía de tristeza.

Acacia tiene nombre árbol, un árbol muy madrileño y de flor blanca con sabor dulce que nos comíamos los niños de posguerra cual si fuera maná urbano. Era el pan y quesillo, algo que suena tan arcaico que uno parece un niño callejero de cuadro de Murillo, nada que ver con  la realidad.

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El alma de Acacia, esta mujer tan especial como su propio nombre, se divide entre el amor al fantasma de Cary Grant  y el homenaje animal a Josephine Baker, aquella artista del cabaret que en los años treinta seducía a Europa bailando ritmos tropicales con una faldita de bananas que cubría sus intimidades. Josefine Baker se retiró rica, y a partir de entonces recogía niños de la calle y los adoptaba como hijos suyos. Acacia ha hecho lo mismo con su galga. La galga es buena, pero un rabo de galga alrededor de unvelador con copas de vino no deja de tener su riesgo.

-Pobrecita- decía su dueña mientras la acariciaba.

La galga se portó bien y no derramó una copa, aunque el invitado, la verdad, fue incapaz de hacerle ni un arrumaco. La perra se amansaba al sentir la mano de su benefactora. Quizás barruntaba que su especie en España sólo sirve para alimentar la necia discusión de la fábula –galgos o podencos- y para cazar liebres. Cumplido su servicio, en el campo o en los canódromos, no es infrecuente ver a galgos y galgas ahorcados de la rama de una encina, como si fueran proscritos medievales atrapados in fraganti. El mundo, según dicen, es maravilloso. Pero hay que ver  cuántos desalmados caben en él.

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La madre de la anfitriona se empeñó en pelarle al invitado los langostinos. Detalle maternal que él valoró no sólo por lo delicioso del bocado y por ser huérfano de madre desde hace casi veinte años, sino porque además se había cortado las uñas esa misma mañana, y ya glosó la dificultad e enfrentarse a los crustáceos con los dedos mochos.

-Gracias, muchas gracias –dijo el invitado.

No añadió aquel quijotesco nunca fuera caballero de damas tan bien servido, porque, aparte de pedantería, la frase ahora puede interpretarse mal.

Todo lo demás también fue muy agradable. Incluso Luis Buñuel II, que por su nombre le recordó al pequeño porquero con el que hizo migas cuando iba al campo hace más de medio siglo. Paquito se ocupaba de apacentar a los cerdos, pero acababa de descubrir el cine, y vivía fascinado por el séptimo arte. Como a pesar de ello no sabía quién era Buñuel, porque los niños no piensan en directores, bautizaba los cerdos poniéndoles directamente títulos de películas. Sobe todo de películas de romanos y de capa y espada.

-¿Ves?-le decía señalando a los cochinos- Ese es Ivanhoe…Ese otro, Quo vadis. Y aquél de allá Tierra de faraones.

Al que suscribe le pareció entrañable y surrealista que un zagal desarrapado pudiera llamar a un cerdo Tierra de Faraones. Pero la vida te da sorpresas así. Almuerzos con tres damas en un coqueto velador de jardín, Luis Buñuel II y una galga rondando por allí, el aroma del pan y quesillo y el recuerdo del porquerito más original que se puede imaginar…Terapia de evasión. Todo vale para huir de estos días tan ásperos  y deprimentes que nos está tocando vivir. Va por el que se asome a este post, y le quede humor para interpretarlo. Va por ustedes.

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No todo va mal

Bienaventurados los que cumplen, porque ellos nos hacen la vida posible...

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Se levantó, abrió el grifo del  lavabo para lavarse los dientes y, en lugar de agua, el grifo vomitó una nota seguida de un chorro de facturas.

-Lo sentimos- decía la nota- pero,  hasta que no pague la Comunidad Autónoma todas las facturas cuya fotocopia adjuntamos, hemos decidido interrumpir el suministro. Esperamos que lo comprenda. La Compañía de Aguas.

Homper se quedó perplejo. No era nada extraordinario en su biografía lo de quedarse estupefacto, cierto. Pero el mundo daba  últimamente muchos motivos extravagantes como para pensar que el terrorismo y la energía nuclear eran las únicas amenazas a la  convivencia.

-Volcanes que se enfadan y hacen de los destinos de los viajeros lo que les da la gana –repasó mentalmente nuestro amigo- Funcionarios alemanes cuadriculados o simplemente incompetentes. Pepinos inocentes que causan la ruina a los agricultores. Banqueros delincuentes o, como poco,  presuntos violadores. Y políticos idealistas que confundieron nuestro país con el reino de Jauja. Jo, qué retos nos plantea la vida…

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La radio lanzaba una catarata de señales alarmantes. Ayuntamientos y comunidades autónomas en quiebra, proveedores que cerraban por  no poder cobrar sus deudas con las administraciones,  empresarios en bancarrota, parados desesperados, indignados que pronto serán insumisos. Y el personal de la calle tan pasmao, probablemente, como el propio Homper.

-¿Y qué pasará si de pronto nos negamos a pagar nuestros impuestos?-imaginó- ¿Se atreverán a meternos en la cárcel? ¿Habrá prisiones para todos?

La nostalgia es un error. Pero el sobresalto y la improvisación como normas de vida, un horror. Quedaba antiguo, pero Homper no pudo evitar acordarse de su abuela, que mantenía que por nada del mundo había que gastar más de lo que uno sabe que puede pagar. Qué delicia, qué sosiego contar con un mundo que mide sus posibilidades y vive conforme  a ellas.

-El desarrollo nos volvió locos-concluyó- Y ahora todos acabaremos pagando los platos rotos del despilfarro…

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Homper comprendió que la Compañía de Aguas tenía razón, pero debía cuidar su higiene personal. Y a falta de un grifo eficiente, se lavó la cara con el agua de una botella de Solán de Cabras, reservando un culín para hacerse el café. Aún tuvo humor para tostarse luego una rebanada de pan y untarla con aceite. Sorprendentemente, este cayó de la aceitera con la agilidad y ligereza que para sí quisieran los impagados de tanta administración tramposa. El salero en cambio amagó un brote de rebeldía, y en un principio se negó derramar la sal por los agujeritos correspondientes.

Pero fue una falsa alarma. Por tres veces golpeó la base del salero contra la mesa, y este respondió como Dios manda.  Homper suspiró. Afortunadamente aún hay cosas que funcionan.


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