Terapia de evasión con Luis Buñuel al fondo

La atención del bloguero repara a veces en detalles que no todo el mundo considera. Por ejemplo, un Yorkshire terrier que tiene nombre de cineasta...

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Al invitado le sorprendió  el nombre de uno de los perros de la casa, un pequeño Yorkshire al que llamaban Luis.

-No es por ti, no te asustes-le explicaron- En realidad se llama Luis Buñuel.

Al invitado le hizo gracia la precisión.

Sin embargo, a Luis Buñuel II no le hacía tanta la presencia del invitado, que veinte años atrás era el presunto jefe de la anfitriona y propietaria del perrito. El almuerzo, en el coqueto cenador entoldado de un pequeño chalet al este de Madrid, se completaba con la presencia de la madre de la anfitriona, una mujer encantadora, y de Lola, otra compañera de trabajo de tiempos pretéritos. También rondaba por ahí una galga, tan estilizada como la que se adivinaba al trasluz en los papeles de la marca Galgo.

 –Pobrecita-dijo la anfitriona, que se llama Acacia-La rescaté de una perrera donde languidecía de tristeza.

Acacia tiene nombre árbol, un árbol muy madrileño y de flor blanca con sabor dulce que nos comíamos los niños de posguerra cual si fuera maná urbano. Era el pan y quesillo, algo que suena tan arcaico que uno parece un niño callejero de cuadro de Murillo, nada que ver con  la realidad.

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El alma de Acacia, esta mujer tan especial como su propio nombre, se divide entre el amor al fantasma de Cary Grant  y el homenaje animal a Josephine Baker, aquella artista del cabaret que en los años treinta seducía a Europa bailando ritmos tropicales con una faldita de bananas que cubría sus intimidades. Josefine Baker se retiró rica, y a partir de entonces recogía niños de la calle y los adoptaba como hijos suyos. Acacia ha hecho lo mismo con su galga. La galga es buena, pero un rabo de galga alrededor de unvelador con copas de vino no deja de tener su riesgo.

-Pobrecita- decía su dueña mientras la acariciaba.

La galga se portó bien y no derramó una copa, aunque el invitado, la verdad, fue incapaz de hacerle ni un arrumaco. La perra se amansaba al sentir la mano de su benefactora. Quizás barruntaba que su especie en España sólo sirve para alimentar la necia discusión de la fábula –galgos o podencos- y para cazar liebres. Cumplido su servicio, en el campo o en los canódromos, no es infrecuente ver a galgos y galgas ahorcados de la rama de una encina, como si fueran proscritos medievales atrapados in fraganti. El mundo, según dicen, es maravilloso. Pero hay que ver  cuántos desalmados caben en él.

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La madre de la anfitriona se empeñó en pelarle al invitado los langostinos. Detalle maternal que él valoró no sólo por lo delicioso del bocado y por ser huérfano de madre desde hace casi veinte años, sino porque además se había cortado las uñas esa misma mañana, y ya glosó la dificultad e enfrentarse a los crustáceos con los dedos mochos.

-Gracias, muchas gracias –dijo el invitado.

No añadió aquel quijotesco nunca fuera caballero de damas tan bien servido, porque, aparte de pedantería, la frase ahora puede interpretarse mal.

Todo lo demás también fue muy agradable. Incluso Luis Buñuel II, que por su nombre le recordó al pequeño porquero con el que hizo migas cuando iba al campo hace más de medio siglo. Paquito se ocupaba de apacentar a los cerdos, pero acababa de descubrir el cine, y vivía fascinado por el séptimo arte. Como a pesar de ello no sabía quién era Buñuel, porque los niños no piensan en directores, bautizaba los cerdos poniéndoles directamente títulos de películas. Sobe todo de películas de romanos y de capa y espada.

-¿Ves?-le decía señalando a los cochinos- Ese es Ivanhoe…Ese otro, Quo vadis. Y aquél de allá Tierra de faraones.

Al que suscribe le pareció entrañable y surrealista que un zagal desarrapado pudiera llamar a un cerdo Tierra de Faraones. Pero la vida te da sorpresas así. Almuerzos con tres damas en un coqueto velador de jardín, Luis Buñuel II y una galga rondando por allí, el aroma del pan y quesillo y el recuerdo del porquerito más original que se puede imaginar…Terapia de evasión. Todo vale para huir de estos días tan ásperos  y deprimentes que nos está tocando vivir. Va por el que se asome a este post, y le quede humor para interpretarlo. Va por ustedes.

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5 Responses to “Terapia de evasión con Luis Buñuel al fondo”


  1. 1 Lola junio 10, 2011 en 1:17 pm

    Siempre tan encantador. ¡Ay Duendesillo! si no fueras tan caballero con las damas que te rodean habría que inventarte.

    Fuiste tú, el primer hombre, el único, que me invitó en una ocasión a sentarme a la mesa retirándome la silla. Te aseguro que pasarás a la historia por ello. No creas, que a pesar haber hecho hincapié en más de una ocasión no he conseguido que nadie vuelva hacerme sentir como una reina.

    El amor no entiende de género, animal, o cosa. Aquí me tienes, otra amante incondicional de los animales, en este caso y para llevarte la contraria, se trata de mi gata Lúa. Ninguna de las dos entendemos por qué ya no está con nosotros Misha, mi otra gata, tal vez sea porque la recordamos a cada instante y la llevamos siempre en nuestro corazón.

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    • 2 charoperez junio 15, 2011 en 12:52 pm

      ¡Qué entrada más entrañable!, cosa bastante habitual, por cierto, en el blog. En este caso, además, nostálgica ya que he tenido la suerte de estar muchas veces allí.
      Gracias.

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  2. 3 Acacia junio 10, 2011 en 2:41 pm

    No sé cuántos años llevo diciéndote (más de veinte) que tengo que quererte. “No puedo evitarlo” -que diría Sébastien de Valmont- Tampoco quiero (evitarlo).

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  3. 4 Adela junio 12, 2011 en 11:19 pm

    La Terapia de evasión hace milagros, si el tiempo que muchas veces nos falta deja que surja y uno se deja llevar, muy de vez en cuando me doy una sesión y hoy a sido uno de ellos, con dos amigos muchas histórias sin más y algo de cava, no había galgo, pero siempre sale algo que contar donde hay un perro, es inevitable para los que nos gustan, a ellos les pasa como a las personas, su destino depende en gran medida de como nacen, donde y cuando, los pobres galgos no son muy afortunados en ese aspecto, suelen ser tímidos de carácter y han sido siempre utilizados como herramientas de los hombres, menos mal que hay personas que se compadecen de su sufrimiento y les dan otras oporunidades, como la de participar en una sesión de terapia de evasión!

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  4. 5 maribel junio 14, 2011 en 7:10 am

    siempre que escribes me sorprendes y me haces recordar cosas buenas…saludos

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