Un eclipse muy especial

La luna tenía otro punto de vista del eclipse...

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Qué son trescientos mil kilómetros para la desesperante infinitud de las distancias siderales. Nada, cuatro pasos, lo que ella necesitaba a veces para dar con sus gafas olvidadas en cualquier rincón del espacio. No necesitó ponérselas. Tenía curiosidad por ver aquella noche tan especial, así que se acodó en su balcón y miró hacia abajo. Distinguió  aquel planeta azul del que tanto le había hablado el Jefe desde que tenía conciencia de ser.

-No me salió tan bien como pensaba –le dijo el Boss cuando se lo nostró- Pero fue siempre mi debilidad, ya sabes.

Afinó la vista y puso su atención en aquella delicada menudencia esférica llamada Tierra

2

Pudo haberse detenido en otros detalles pintorescos que, poniendo atención, se distinguía perfectamente: la Muralla China, la cordillera del Himalaya, las cataratas Victoria, las Torres Petronas. Y, cosa curiosa, el primer posado en biquini de una entusiasta a la que llamabanAna García Obregón. Pero por esos caprichos del azar se entretuvo contemplando a un tipo que le devolvía la mirada dibujando en su rostro el retrato exacto de la perplejidad. También estaba acodado en su balcón, oteando su horizonte y elevando la mirada hacia ella.

-Llámeme Homper, hermosa.

Ya su cabello blanco lo avisaba, pero que la trataran de usted y que le llamaran algo tan pasado de moda como hermosa lo confirmaba.

-¿Eres de ese mundo?-le preguntó.

-No lo tengo nada claro-fue su respuesta.

3

Le dijo el hombre que ahora su único menester era preguntar. Y que aprovechaba las noches de luna para preguntarla con más descaro una ristra de cuestiones que, para bien o para mal, nunca entendíó. Por qué el amor, por qué el dolor, por qué la guerra, por qué la enfermedad,  por qué la intolerancia, por qué la ciencia, por qué las mareas, por qué la sensación de ser más insignificante que un ácaro. Por qué los políticos, por qué la estulticia humana,  por qué el arte, por qué la belleza , por qué el genio creador, por qué el milagro de la música, por qué esa mano femenina que apretaba la suya cuando se embelesaba escuchándola .

-La música –le precisó- Es la escalera más segura que conozco para escapar, subir y desaparecer cuando me deprimo.

Por qué la democracia interesada, por qué la sobrevaloración del yo frente al nosotros, por qué el egoísmo, por qué la violencia y el terrorismo, por qué el hechizo del nacionalismo, por qué la desesperación. Por qué la soledad, por qué el frío, por qué el fuego, por qué la maravilla del agua, por qué los áboles, por qué los pájaros. Por qué las catástrofes naturales, las sequías, las inundaciones, las radiaciones nucleares. Por qué la delicia de unas porras recién salidas de la sartén. Por qué la sensación de desastre que nos arruina, por qué las subprime,  por qué la dictadura de la economía, por qué Grecia, por qué la prima de riesgo. Por qué.

4

Le dijo que miraba hacia fuera en femenino, lo cual al menos le daba un ápice de modernidad.

-Pienso constantemente en el futuro que les espera a seis mujeres pequeñitas, que son mis nietas- le siguió contando-¿Seremos capaces de dejarles un mudo mejor?

Ella no sabía qué decirle.

-Además –continuó- Yo diviso desde mi balcón la fachada occidental de una gran ciudad, que es Madrid. Pero no veo Madrid, veo ahí a la humanidad. Y me pregunto qué será de esos millones de almas que abarca mi mirada, y de todas las almas que tú estarás viendo desde allá arriba. Y me digo que  cómo es posible que vivan todas ellas atascadas en la preocupación y el desánimo por esta especie de conspiración contra la felicidad que trata de aplastar a este planeta.

De repente Homper se dio cuenta de que había perdido su referencia celeste. La buscó con la mirada y no estaba. Sólo veía un cielo oscuro. Sintió una cierta angustia, ya ni siquiera recordaba por qué se había lanzado a contemplar la noche. ¿Qué tenía esa noche de junio de especial?… Hasta que poco a poco, primero un asta de toro, luego una raja de melón y finalmente un as de oros, ella volvió a asomar brillando en lo alto con todo su esplendor.

-Fu, qué mal rato-suspiró Homper- Me había olvidado de que esta noche estaba usted de eclipse.

La luna se echó a reir.

-¿De eclipse yo?…¿No será más bien que sois vosotros los que estáis  eclipsados?

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2 Responses to “Un eclipse muy especial”


  1. 1 Franciska junio 19, 2011 en 5:15 pm

    ¿Que tendra la luna que siempre nos inspira algo?, Es verdad que estamos en un momento muy complicado, pero ha habido muchos momentos complicados en la historia y hemos salido adelante. Y ya ,que nos ilumina tan increiblemente las noches de luna llena , yo le pediria para todos , un poco de su luz, de su alegria, de su sugerente media sonrisa, siento que es una amiga , porque me ha acompañado en sitios increibles. En el desierto, en el mar, en lo alto de una montaña, en un momento romantico……… . !!que deificil es querer cambiar el mundo!!! pero dar un poquito de sentido comun a nuestro alrededor no es tan dificil y poquito a poquito…….

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  2. 2 algodonsina junio 20, 2011 en 4:51 pm

    En castellano la luna es del género femenino, en alemán es del masculino… ¿por qué esas diferencias? ¿No deberíamos percibirla/lo todos del mismo modo?
    Pregunta tonta que me hago a las seis menos cuarto de la tarde…

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