No habrá paz para los malvados como Homper

Sostiene Homper que ahora pretender entender una película de pe a pa es cosa casi de malvados...

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Se queda pasmado Homper de que aún le siga gustando el cine. Piensa cuando se sienta en su butaca que no debe de ser una afición propia de su edad. Para ser exactos, y advirtiendo que aunque el olor de palomitas inunda la pequeña sala  no coincide más que con una parejita de roedores, cree que no es afición propia de ninguna edad, pues siempre que sucumbe a la tentación de ir al cine se siente especie en extinción. ¿Quién va a la última sesión cuando, si no hay Champions hay Europa League o jornada de Liga por la tele?

A veces está seguro de que, antes de que terminen los anuncios y empiece el filme, vendrá un encargado de la sala y propondrá una negociación a los tres espectadores que, como mucho, contabilizan las salas en la última sesión.

-Dos entradas gratis para el próximo jueves, con tanque de palomitas, pozo de Coca-Cola  número para la rifa de un jamón y una bicicleta de montaña, si se van ahora a casa y me ahorran este cáliz de ser proyeccionista fantasma- piensa que le van a decir.

Pero tampoco esta vez llegó a ocurrir. La película anunciada había sido muy bien recibida por la crítica, y se ve que tres espectadores a las 22, 30 empieza a ser una taquilla interesante. Así que  se concentró, dibujó la sonrisa con que siempre espera el producto de la fábrica de sueños y se dispuso a ver No habrá paz para los malvados.

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Se queda estupefacto Homper de que ya no entiende ni las películas policíacas. O sea, esas que ahora llaman thrillers, de buenos y malos antes, cuando estaba clarísimo quiénes eran los buenos y quiénes los malos. Ahora casi todos los personajes de las películas resultan  listillos, sórdidos, ambiguos. Y, por supuesto, mal hablados. Pero casi nunca le queda claro al espectador ingenuo quién es héroe y quién villano.

-El caso es que la película parece buena- admitió Homper mientras se sucedían oscuras secuencias de tiroteos, interrogatorios y hemoglobina a borbotones- Y que José Coronado es un poli tan solvente como podría serlo en su papel el Clint Eastwood de hace un cuarto de siglo o Kevin Spacey ahora. En fin, algo rollete, aunque sólida y bien hecha. Pero sería mucho mejor si se entendiera.

Duda Homper de que ahora el espectador medio sea capaz de atar todos los hilos de un guión, y más bien piensa que se conforma con hacer una media ponderada y con apreciar globalmente el sentido general de la trama. O eso, tan evanescente y que tanto utilizan los críticos, de “la denuncia social”,  “los climas”, “las atmósferas” y otros camelos de este tipo. Mucha violencia, efectos y cosas así ayudan a distraer al personal.

-Pero désengáñate, Homper –se dice a sí mismo- Los que queréis tenerlo todo claro sois unas antiguallas.

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Lamenta Homper que el director Enrique Urbizu, no haya logrado un “thriller” tan perfecto como La caja 507, un peliculón que sorprendió a todos cuando aún no era un director conocido. Se queja de que todos los cineastas progresan complicando y oscureciendo sus películas, para que se les vea así más intelectuales. Se mosquea de que, de todas las críticas de No habrá paz para los malvados que ha escuchado,  sólo una haya mitigado el elogio unánime advirtiendo de que el guión es “algo confuso”. Y se indigna que ese afán de complicar las historias se haya adueñado hasta de las películas de dibujos animados para niños. Vio con sus nietas Kung-Fu panda y algo que parecería a priori tan primario como Los Pitufos, y se cabreó sobremanera consigo mismo por no entender a cuento de qué les enredan a las criaturas con historias tan violentas, tan imbéciles y tan  retorcidas como las de esas películas.

-A propósito de Enredados, que ya es gana de elegir un título así para un cuento infantil. ¿Cómo es posible que a una princesita le llamen Rapunzel, que suena como  el apellido de un diputado de CIU?

Se asombra Homper de que aún le sorprendan estas cosas. Como si no fuera ya lo bastante mayorcito para aceptar que él es un carroza, y que hoy el arte si no es confuso sólo es una vulgaridad. No habrá paz para los malvados como Homper, que pretende, iluso, entenderlo todo.

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8 Responses to “No habrá paz para los malvados como Homper”


  1. 1 El Duende de la Radio octubre 1, 2011 en 8:34 am

    Para ser justos, en el caso de Rapunzel la culpa del dichoso nombrecito no es ni de la industria cinematográfica ni de Producciones Walt Disney, sino de los hemanos Andersen, autores del cuento en que se inspiró la palícula ENREDADOS.

    Esto le pasa uno ppor ser, como ya confesamos una vez, un “erudito a la googleta”.

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  2. 2 José Ramón octubre 1, 2011 en 8:52 am

    Yo tampoco entiendo ya las películas. También me gustó mucho “La caja 507”, y tenía muchas ganas de ver “No habrá calcetines para los calvos”, o como se titule. (Porque los títulos también se las traen: ¿Una oración completa, y en futuro, con su sujeto, su complemento directo y su complemento indirecto? Pensemos en “El apartamento”, “Perdición”, “Ciudadano Kane”, “El hombre tranquilo”, “El maquinista de La General”, etc.
    El otro día fui al cine. ¡Ocho euros! Y la gente entra con la película empezada y te hace ponerte de pie una y otra vez, y sorben cocacola, y mascan palomitas.
    Y el final me lo tuvo que explicar mi mujer ya en la calle.
    La verdad es que estoy mucho mejor en casa volviendo a ver películas de Billy Wilder o de John Ford. O de Buster Keaton.

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  3. 3 José Ramón octubre 1, 2011 en 8:53 am

    Abrí un paréntesis y se me olvidó cerrarlo. No es lo único que dejo olvidado.
    Perdón.

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  4. 4 pedrojmar octubre 2, 2011 en 10:38 am

    Por fin alguien que me saca de dudas.

    Al usar sonotones y perderte más de la mitad de las palabras por entenderlas mal, estaba convencido que muchas de las películas que he visto, no les veía pie ni cabeza, y me tranquilizaba pensando que mi problema de sordera era la culpable de que mi cerebro no fuese capaz de entender lo que veía…

    Pero veo que hay más sordos cinéfilos y eso me tranquiliza. Incluso he optado en casa cuando la película no es ningún título de las conocidas, el no ponérmelos y sólo verlas sin oírlas, doblando para Paloma lo que interpreto como el diálogo que se está viviendo en ese momento. Me mandan a callar como es lógico, pero les saco siempre una sonrisa porque posiblemente lo que yo diga tiene más sentido de lo que realmente estén diciendo los protagonistas del film…..

    Gracias por sacarme de dudas.

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  5. 5 Franciska octubre 2, 2011 en 2:16 pm

    Hoy tengo que llevar a mi nieto de 10 años al cine y le he propuesto encantada ver “Los tres mosqueteros” idolos de mi infancia.
    -No esa no, me dice , que no es ciencia ficcion
    ¿Como, le digo, pero es que no sabes quienes son los tres mosqueteros, las mejores aventuras y ademas son de carne y hueso? A ver ,como se llamaban.
    _Umm….. no me acuerdo, me contesta..
    Pues a verla, y dejate de ficciones.

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  6. 6 El Duende de la Radio octubre 3, 2011 en 8:00 am

    Otra para debate. ¿Ha visto alguien una película que se llama “El mal ajeno”, protagonizada por Eduardo Noriega?…Aparte de lo enrevesado de los guiones está el poblema de la dicción de los actores.Los puristas del cine se quejan de la nefasta costumbre española de doblar las películas. Pero…¿cuándo se darán cuenta los actores españoles de que hablar como creen que se habla en la calle, frases cortas, a media voz y mal vocalizadas, hace ininteligible la mitad de los diálogos?…

    Pedrojmar puede estar tranquilo, porque a los que no llevamos sonotone nos pasa lo mismo. He superado con éxito una prueba médica de audición y le aseguro que escucho por las noches el vuelo de un mosquito, pero soy incapaz de entender los diálogos de las películas españolas que pasan por la tele como no sea poniendo el volumen escandalosamente alto.

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  7. 7 José Ramón octubre 3, 2011 en 10:46 pm

    Totalmente de acuerdo.
    (Al que menos entiendo es a Javier Bardem).

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  8. 8 joselepapos octubre 4, 2011 en 8:24 pm

    Tampoco yo entiendo ya a nadie pero, sin venir a cuento y gracias a el país de ayer, he descubierto un pianista maravilloso, Uri Caine. ¡Señor, señor, cuantas maravillas se pierde uno por ser un zoquete y un vago! Un saludo.

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