Nos ponemos estupendos

Aún nos sacamos los mocos cuando conducimos y tenemos que parar en un semáforo rojo. Pero no hay duda de que nos estamos poniendo estupendos...

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El disco se puso rojo, y Alicia aprovechó la pausa para observar a los demás automovilistas que se habían detenido a su alrededor. En una foto instantánea, a base de imaginación y con la única pista que daba su aspecto y la distinta calidad y cilindrada de sus vehículos, Alicia  había creído reconocer  a un alto ejecutivo, a un jefe de compras de de un supermercado, a un administrativo, a un jubilado, a dos estudiantes, a un carnicero, a un músico de jazz, a una secretaria, a un catedrático y a un musculitos de gimnasio.

No todos guardaban la misma compostura. Dos de los hombres hablaban, se supone que por el teléfono sin manos de su coche, uno se rascaba una ceja, la señora se miró al espejo de cortesía y se pasó el lápiz de labios, y uno de los presuntos estudiantes se manipulaba sus partes sin el menor pudor.

El resto se sacaba mocos con la mirada perdida.

-Con esa cara tan trascendente que ponen podrían aprovechar para filosofar-pensó Alicia- Pero no hay manera. Hasta los de los coches de lujo se entretienen en hacer albondiguillas.

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Alicia era licenciada en derecho y económicas, y hablaba bien el inglés el francés y el italiano. También se desenvolvía en alemán. Sólo había conseguido sin embargo un contrato temporal como ayudante de la subdirección de marketing de una multinacional del automóvil. Viajaba en coche de empresa por la largueza de su director financiero, que le había conseguido un anticipo de tres mil euros para que comprara un utilitario de tercera mano y pudiera desplazarse diariamente a la oficina, a veintitres kilómetros del centro de la capital. El cascajo, coloradito y sin tapacubos, era literalmente un coche de empresa. Al menos hasta que Alicia devolviera el préstamo.

Pero eso no desanimaba a la joven trabajadora. Consciente de que hoy día las fábricas de automóviles compiten en ofrecer en todos sus modelos de lujo extras, muchos de los cuales ni se sabe para qué sirven ni se ponen en funcionamiento jamás, se había atrevido a mandar un memorando al departamento de diseño de la central en Alemania sugiriendo que incorporaran a la consola de mando de los coches un invento revolucionario e indispensable para el automovilista español que se le acababa de ocurrir.

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El invento lo tituló: PROYECTO SNOTER.

Snot en inglés significa moco. Dado que el argot automovilístico está lleno de anglicismos y que además snoter sonaba (y nunca mejor dicho lo de sonar) más elegante que moquero, Alicia creía que un pequeño aspirador de secreciones nasales con terminal adaptada al tamaño de los orificios de la nariz podía evitar el penoso espectáculo de los conductores sacamocos y el deterioro de la imagen de marca de los coches que conducían.

-Bastará con que introduzcan la boquilla del aspirador en el orificio obstruido y aprieten un botón para que las molestias nasales desaparezcan en un instante- explicaba en su memorando- Así, en lugar de sacarse los mocos a dedo limpio (malo) o tocarse los cojones (peor aún), los conductores podrían aprovechar los discos rojos para liberarse de ese engorro nasal con la misma discreción y coquetería con la que, por ejemplo, perfilan sus labios  las señoras que cuidan su aspecto.

-Todo sea por nuestra imagen de marca –concluyó en su informe.

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Un mes después de haber enviado su memorando,  los discos rojos que se interponían entre su casa y su oficina seguían dando diariamente el penoso espectáculo de los conductores sacamocos. En opinión de Alicia, la determinación de éstos era directamente proporcional al lujo de sus automóviles. A mejor marca y modelo de más alta gama, más aplomo y actitud desafiante se observaba en las maniobras digitales.

-Estos son mis mocos, ¿pasa algo?-parecían decir los conductores poderosos con su cochino gesto.

Lamentablemente, Alicia no había recibido de Alemania respuesta alguna a su proyecto. No es que la promocionaran de puesto, ni que le mejorasen un euro su sueldo miserable. Es que su propio jefe le había avisado de que estas iniciativas siempre iban directamente a la papelera de cualquier dirección que se precie.

-Ali, guapa –le dijo- Tú eres una chica lista, y si no me escuchara nadie te diría que estás buenísima. Pero lo del  PROYECTO SNOTER es una gilipollez. ¿Cómo le vamos a insinuar al comprador que es un maleducado y que se saca los mocos en el coche?

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Un disco rojo más allá, y en el informativo que transmitía la radio de su cascajo coloradito, Alicia escuchó tres noticias que le dieron qué pensar. Una noticia hablaba de la gobernanza del consejo regulador de nosequé.

-Antes se decía gobierno, o gobernación. ¿Mola más la palabra gobernanza? ¿Tiene más estilo?

Eso no dejaba de ser una anécdota semántica con tufillo a eufemismo tonto . Pero las dos noticias siguientes eran menos frívolas. A Miguel Carcaño, confeso violador y asesino de Marta del Castillo al que se le debía empezar a juzgar hoy, no se le pudo tomar declaración por las hábiles maniobras dilatorias de sus abogados defensores. Pobre chico, no se vaya a quedar sin garantías. Y entretanto se inauguraba en San Sebastián un consejo de notables en materia de terrorismo para pedir a ETA que deje de matar, y a los gobiernos de España y de Francia que, si no les sirve de molestia, se pongan a hablar con los asesinos de ETA y arreglen los problemas pendientes. Mayormente los de sus presos, que como no tuvieron la suerte de morir, como sus víctimas, ahora se aburren mucho en las prisiones lejanas. Nuestra sociedad, que  de pura exquisitez moral se está poniendo tan estupenda como Max Estrella.

-Jó, qué sensibles somos -suspiró Alicia mientras se acordaba de aquel principio de in dubio pro reo que estudió en Derecho Penal- In dubio pro reo, in dubio pro getas, in dubio pro frescos…¿Como van a escuchar  lo que piense una chica como yo?

In dubio pro idiotas. Pero contentos, sabiéndonos estupendos.

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1 Response to “Nos ponemos estupendos”


  1. 1 Zoupon octubre 18, 2011 en 7:56 pm

    Por relacionar las dos noticias y pidiendo perdón por la burrada: Cuando se aprueben (que se aprobarán) los indultos a los presos de ETA, ¿No habría también que excarcelar al asesino Carcaño si, al igual que los etarras, promete dejar de matar?

    Alicia, te veo camino del exilio, porque esto ya no se aguanta más.

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