Entre Doña Manolita y Natalie Wood

Homper se dio cuenta de que es más fácil encontrar un sueño en la calle que en la ventanilla de Doña Manolita...

1

Cuando contaba casi como seguro que le iba a tocar el gordo de la lotería de Navidad para acabar definitivamente con sus miserias, vino su amigo Daniel López y le recordó que no hay mejor que lotería que un trabajo. Como demuestra de cuando en cuando la siniestra EPA que tanto nos aflige a los españoles. Pero Homper era entonces joven, lo que quiere decir ingenuo, y creía en la ilusión.

-Le ha tocado a veces incluso a quien no lo necesita- se rebelaba- Incluso a ministros… ¿Por qué no me va a tocar a mí?

Y entonces Daniel López, hijo de un comerciante de ultramarinos de Aranjuez que, a base de esfuerzo y tesón se había hecho hombre de provecho y ejecutivo de publicidad, le volvió a planchar con la pesada máquina de la lógica.

-¿Comprarías décimos del 00.000?

-Ni de coña.

-Pues recuerda que ese número también entra en el bombo.

2

Nació entonces La Primitiva, y Homper pensó que acertar seis números entre cuarenta y tres estaba al alcance de cualquiera. Homper soñaba entonces en un crucero alrededor del mundo. Por completar la ucronía, en el buque de línea viajaría Natalie Wood en mala compañía. Iba a ser arrojada por la borda por uno de sus acompañantes drogatas, pero en ese momento aparecía en cubierta el intrépido Hombre Perplejo, se deshacía de ellos a puñetazos, como en las películas, e iniciaba a continuación un idilio con la deliciosa chica de Esplendor en la hierba Ilusión, ilusión, ilusión. Pero volvíó a aparecer su amigo Daniel para pinchar las pompas de jabón irisadas que flotaban en el aire de sus sueños.

-Mira, Hom –le explicó el amigo realista- Imagínate una ruleta que en lugar de treinta y uno tiene cuarenta y tres números. E imagínate que en vez de un pleno, tienes que conseguir seis plenos seguidos. O sea, un pleno por cada uno de los seis números que hay que acertar en la Primitiva…¿En qué vuelta al mundo te vas a embarcar tú?

3

Paseaba por la Gran Vía de Madrid cuando de repente Homper se quedó perplejo. Una gran cola de gente se agolpaba delante del Palacio de la Música. Homper la siguió por saber qué acontecimiento acumulaba tal gentío, y vio que la cola llegaba a la plaza de Callao, seguía por la calle del Carmen, atravesaba la de Rompelanzas y terminaba en la ventanilla de la nueva administración de loterías de Doña Manolita. Aquello parecía una cuerda de presos, pero en esa cara de aburrimiento resignado que distingue a los víctimas de todas las colas, brillaba un punto de la misma ilusión que alentaba en él cuando era joven. Todos estaban seguros de que comprando su lotería ahí, y no precisamente en otro lugar, serían millonarios y cumplirían sus sueños. El fin justificaba sobradamente los medios.

A la estupefacción le sucedió un momento de piedad.

-¡Ilusos!

Entonces se incorporó a la cola una dama que era exactamente,  treinta años después de su muerte, la viva reencarnación de Natalie Wood. Venía preparada, eso sí: sacó de su mochila el tomo tercero de En busca del tiempo perdido y se puso a leer el libro con la vaga esperanza de llegar a la ventanilla antes que al punto final. Fue verla y a Homper le dio un vuelco al corazón. Cambió sus planes.

4

-¿Es usted la última? –preguntó a la heroína antes de sumarse también él a la cola.

No perdieron el tiempo. Homper se enrolló con Natalie Wood contándole la vida y pensamiento de un hombre lógico como Daniel López. Habló de la ignorancia, de la superstición y de lo absurdo de echar un día esperando que el número de doña Manolita fuera justamente el gordo, cuando estaba demostrado que tenía exactamente las mismas posibilidades de premio ese  que el 00.000, que nadie compraría ni borracho. Natalie parecía decidida a seguir leyendo a Proust. Otro moscón, pensaría de Homper. Pero al cabo de unos minutos levantó la mirada y observó a ese predicador improvisado que, por otra parte, cuanto más argumentaba, más cabreaba a la legión de pacientes ilusos que escuchaban a su alrededor. Frunció el ceño, pensativa. Y de repente cerró el libro, lo guardó en su mochila y escapó de la cola.

Homper la persiguió hasta alcanzarla.

-Doña Manolita no era la única panacea para la felicidad-le dijo cuando estuvo a su altura- ¿Me permite que le invite a un café?…

Así que primero se metieron en una cafetería a desayunar un café con porras, suerte bastante asequible. Y luego buscaron juntos otra administración sin aglomeraciones donde compraron  décimos con las mismas posibilidades que los manolitos y  todos los demás números  del bombo.

Y aquello, como decían al final de Casablanca, fue el comienzo de una hermosa amistad más gratificante que todos los castillos en el aire de la Lotería de Navidad.  

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7 Responses to “Entre Doña Manolita y Natalie Wood”


  1. 1 Zoupon diciembre 2, 2011 en 11:51 am

    Para acabar de rematarla pudo Daniel decirle que la Primitiva se juega sobre cuarenta y nueve números en lugar de cuarenta y tres.
    De todas formas, uno de los atractivos de la lotería de Navidad es precisamente las colas de Doña Manolita, tan ordenadas y tan pacíficamente irracionales.

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  2. 2 El Duende de la Radio diciembre 2, 2011 en 3:55 pm

    El error puede que no fuera de Daniel, sino mío, que sólo dos veces en mi vida he jugado a la Primitiva. Pero si ya era escéptico con cuarenta y tres números, no digo nada con seis más.

    Pregunta. ¿No tenemos más probabilidades de que nos caiga un meteorito encima que de ganar el gordo de la Primi?

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  3. 3 begoña diciembre 2, 2011 en 11:30 pm

    Desde el 24 de noviembre de 2011 he pasado a engrosar la lista de los parados. Como muy bien me dijo Juan, el hijo de Duende, ya soy española. Tengo que confesar que me siento como un ser abandandonado en un disierto inmenso, sin ni siquiera el privilegio de poseer una cantimplora con agua. ¿Mis delitos?, haber trabajado durante los últimos 17 años para una empresa que me pone en la calle
    con un despido objetivo por motivos económícos, con seis nóminas sin cobrar, sin liquidación, ni indennización, alegando que no tiene dinero para afrontar estos pagos, y para la que supongo un gravamen imposible de soportar. Mis mayores ventajas para administración: ser viuda desde hace 10 años, no tener hijos ni ascendientes a mi cargo, y “disfrutar” de una irrisoria pensión de viudedaz, que supone una rebaja sobre mi cuota de paro, Si a todo esto uno que soy peridista, la profesión más castigada por la crisis, ¿parece extraño que mañana posiblemente haga cola en Doña Manolita?. Si me quitan la ilusión, me suicido.
    Haciendo referencia a otro post del Duende, ahora intento desaprender, reinventarme y, sobre todo, busco trabajo.

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  4. 4 Adela diciembre 3, 2011 en 1:48 pm

    Ánimo Begoña! ni de coña pierdas la ilusión y si hay que hacer cola en doña manolita pues a pasar el dia en la cola, mira una se puso a estudiar de mayor para mejorar en todos los niveles y en el personal puedo decir que soy feliz, porque soy lo que quiero ser terapeuta ocupacional, me encanta mi trabajo, pero el martes fui a una manifestación para que nos pagaran las nóminas atrasadas y mira hubo suerte me ingresaron la de Octubre quinientos euros, entonces siendo española y con trabajo ¿ya me ha tocado la loteria?, es lamentable lo que está pasando, pero hay que echarle narices, y tener corage para superarlo uno mismo con toda la ayuda que puedas reunir de tu entorno, te lo dice la ilusa mayor del reino.
    Al menos el sector lotero no está en crisis, en un programa de TV3 se presentaba al dueño de “La Bruixa d’Or” , está montado en el dolar y las colas tan o más largas que las de doña Manolita, en fin conozco gente de Valencia que fue expresamente a hacer dicha cola, encantada de la vida, como si del botellón se tratara, en la ilusión todo vale!

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  5. 5 begoña diciembre 5, 2011 en 10:42 pm

    Gracias Adela. Lo único negativo es que creo poco en que me toque la lotería.

    Un abrazo fuerte y a ver si algún día nos volvemos a ver y tenemos una conversación larga y tendida. Me hizo mucha gracia cuando hiciste la crónica del encuentro en La Maliciosa, y nos catalogastes a Camiseta y a mí como “las chicas” de Madrid, parecía que ibamos con zapatos de tacón y falda de tu-tú, con las que te gustaría mantener un rato de tertulia. Así que si te animas a venir por aquí, cuenta con ello.

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  6. 6 joselepapos diciembre 5, 2011 en 11:52 pm

    ¿Y lo bien que se lo pasa uno imaginando lo que hará y no hará con tal o cual cantidad de dinero, eh? ¿Es que no es suficiente grado de felicidad como para despreciarlo? Y si luego no sale, pues a pensar en la siguiente oportunidad. A algo hay que agarrarse cuando todo te falla, lo principal es no perder la ilusión y ahora que se está poniendo tan dificil lo de trabajar, que era la forma más normal de ganarse la vida pero ha pasado a mejor vida, pues eso…

    Bienvenida al club Begoña, puedo asegurarte que hay vida después de la vida laboral, todo es cuestión de acostumbrarse… o reciclarse que es más moderno.

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  7. 7 Adela diciembre 8, 2011 en 7:44 pm

    Tomo nota Begoña, no me la perdería por nada, en realidad ya siempre sereis las chicas de Madrid :), lo mismo os digo si venís por la isla la tertulia sería en Ca’s Barber con vistas a los naranjos y de fondo la Sierra de Tramuntana, un abrazo 🙂

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