Carta al Niño Jesús perdido

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Querido Jesús

No me mueve, mi Dios, para quererte/ el cielo que me tiene prometido…Perdona, Señor, que empiece así, tan trascendente y con versos que no son míos. Pero es verdad. ¿El cielo?…Sólo sabe uno de versiones terrenales, y ni esas terminan de convencerle. Me mueve tu idea, y siempre me ha movido especialmente esa historia tan bella que nos contaron primero Mateo y luego, de otra forma, Cecil B. de Mille.

Como era niño me gustaba más la segunda, entiéndelo. Espero que no te moleste.

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Estoy hablando de la Navidad, claro. Ese misterio: el ángel de la anunciación, el Espíritu Santo en el oficio de papá, el niño que es hijo de Dios pero que no nace ni en una mala posada. O sea, algo difícil de entender, pero que nos contaban y nos creíamos y que luego recreábamos en casa poniendo nacimientos y cantando villancicos que lo celebraban.

Venían después las cenas con los mayores, el turrón, que me encantaba y me sigue encantando, los regalos de los Reyes, un paréntesis de ilusiones en la aburrida vida de colegial que tan bien retrataba Antonio Machado: Una tarde parda y fría / de invierno, los colegiales/ estudian monotonía / de lluvia tras los cristales. Se rompía la monotonía, ibas a nacer Tú. Mi madre bajaba unas cajas de los altillos de los armarios, desenvolvía cuidadosamente unas figuritas de barro envueltas en trozos de periódico y con unos papeles azules que simulaban el cielo, una estrella de purpurina, montañas de corcho, papel de plata de las envolturas de chocolate y musgo representábamos la increíble historia de tu llegada al mundo.

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Y ya te decía al principio, que más que el cielo que me tienes prometido me han movido siempre estos momentos felices de mi infancia, acaso los cromos mas bonitos que conservo de ella. Imagínate, tantos recuerdos, mi madre racionándonos el turrón amorosamente mientras adornábamos la casa, para no desabastecer la despensa antes de tiempo, y mi padre indagando si habíamos escrito la carta de Reyes. Momentos Capra, el director de cine que más nos ha hecho llorar a los que sentimos la Navidad como algo especial. Tanto los aprecio que ahora, más de ,medio siglo después de abandonar la infancia, procuro recrearlos fielmente para que mis pequeñas nietas vivan la misma emoción. Y, si hay suerte, se enganchen a tu causa, cosa que ahora no es nada fácil.

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Ni me mueve el cielo prometido/ para dejar por ello de ofenderte, sigue el famoso. Que no, Señor. Uno es como es, y está lleno de debilidades. Pero ésta de los belenes te juro que es de las inocuas, casi de las positivas, pues de paso repasamos no tanto tu vida, que ya es una referencia, sino tu mensaje, que vale aunque caiga en vacío, como ocurre incluso en la órbita de lo que antes llamábamos cristiandad. Entonces todos más o menos nacíamos con Dios, o sea, con tu divino Padre, pero la vida se encargaba de apartarnos de Él, dita sea.

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Y digo lo de ofenderte porque fue abrir la caja donde guardo yo también, como mi madre, las figuritas del nacimiento ante la atenta mirada de mis nietas, y te ofendí. Recordé entonces que por pereza no había dirigido el último desmontaje del nacimiento. Pues divino Niño, tanta ilusión como produce preparar tu venida es pereza cuando se trata de desmantelar la Navidad, y a veces me escaqueo. Así pasa lo que pasa: mea culpa, a culpa.

Así que abrimos la caja y en el primer parte de irregularidades registramos: 1. Lavandera mutilada del brazo derecho, con el brazo rondando por una de las esquinas. Una pena, pero asumible. 2. Peana de grupo compuesto por pastor con corderito a hombros y dos ovejas andando hacia Belén, partida por su mitad. Lamentable, pero se puede arreglar. 3. Cuerno izquierdo del buey del Misterio desprendido, por no decir que vilmente afeitado, por impacto con otro miembro del belén. A última hora el cuerno ha sido localizado, y estamos en pegarlo, con el problema de que es tan diminuto y tan eficaz el pegamento de contacto que corro el peligro de que el cuerno se me quede unido a la yema el dedo. Por lo que más quieras, Jesús, evítalo y recupera la dignidad de tu buey calefactor. 4. Finalmente lo más grave, lo más preocupante, lo que en verdad rebeló mis malos humores y me hizo perder los estribos: Niño Jesús perdido y no hallado en ningún templo. Fue el mismo drama de hace un año, así que no me pude dominar y ante mis seis nietecitas atónitas grité como un poseso.

-¡Coño, otra vez el Niño Jesús perdido, no!…

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Muéveme, Señor, verte nacido/ para mis nietas, con ternura, en tal manera/ que aunque no hubiera cielo te quisiera/ y aunque no hubiera infierno te temiera, podría maquillar el famoso soneto de marras en este momento crucial para acabar mi queja y rematar mi súplica.

Podría hacerlo, divino Niño, pero para eso necesito recuperarte tal como venías en el misterio que compré en la Plaza Mayor. La cuna, hecha con diminutos palitos, se fue a hacer puñetas hace varios nacimientos, pero eso lo sustituía con un pequeño cartón rectangular al que pegaba pajitas, mucho más realista. Pero me quedabas tú, diminuto como una alubia blanca, aún en una postura fetal, con esa carita de Niño Jesús de pueblo que tanto nos reconforta a los urbanitas. Y ese es el problema, ya no recuerdo si es más pequeña tu figurita que la memoria que me queda, y velay los efectos. Puede que, por temor a perderte, lo guardara en una caja de gemelos, en otra de alfileres, en una cápsula de azafrán en rama o en una funda de gafas. Puede que te quisiera tanto y pretendiera guardarte con tanto cuido, que ya ni sepa dónde carajo te puse. La puñetera edad, la mierda de la memoria. No se, Jesús, pero la cosa me tiene desesperado.

Y perdona otra vez si te ha ofendido lo de carajo.

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Así que envíame una señal y aparece, por tu Padre. Que este jesusito no se vende solo, y tendría que comprar otro misterio, con lo tiesos que nos tiene la crisis, o ir voceando por las calles cambio Niño Jesús de tres centímetros por novelas leídas, mueble de IKEA imposible de montar o San Pancracio en buen uso. Lo se, qué mal efecto te iba a hacer a Ti, que luego expulsaste del templo a los cambistas y mercaderes.

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Entretanto, y por si no obras el milagro, te he suplido con otro niñojesús de un nacimiento popular que compré en Guatemala hace años. El niño tiene cara muy sana, pero no da el tipo de palestino, y además tiene el tamaño de medio buey. Se que sugiere globalización, Alianza de Civilizaciones y otros mantras de nuestra época, pero yo te prefiero a Ti en tu imagen clásica. Uno es muy ortodoxo, muy sentimental, y no quisiera transmitir a sus nietas que en este misterio que es tu nacimiento, tu vida y tu mensaje cabe todo.

Así que aparece, por favor. Y permite que aún siga creyendo en una de las pocas cosas por las que creo que merece la pena creer.

Tuyo devoto, pero miajita escéptico

El DUENDE DE ESTE BLOG

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10 Responses to “Carta al Niño Jesús perdido”


  1. 1 José Ramón diciembre 11, 2011 en 5:05 pm

    El asunto este de los belenes es cosa seria. Espero que encuentres el niño Jesús perdido por tu bien.
    Cuando yo era niño los belenes eran sagrados, y no era habitual ver indios y vaqueros camuflados entre los pastores. Ahora, maldita sea, me encuentro con airgamboys, clics de playmóbil y, lo que es peor, power rangers y guerreros de dragon ball.
    Dios mío, castiga a tanto sacrílego.

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  2. 2 El Duende de la Radio diciembre 11, 2011 en 5:18 pm

    Advierto a mis amables visitantes que mi servidor -supongo que para facilitar las cosas, como todos los aDELANTOS QUE TANTO ME TORTURAN- ha cambiado el sistema para “implementar” (perdón por el palabro) las entradas a este blog. Quiérese decir con eso que no me aclaro, que hoy `por ejemplo no he podido subir ni imagen ni links, y que mi vida se complica.
    Niño Jesús perdido y blog más trabajoso, y todo en un mismo día. No se si podré soportarlo.

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  3. 3 Monti diciembre 11, 2011 en 7:22 pm

    No te preocupes Duende que el Niño Jesus aparece, eso si, en febrero, cuando ya no lo busques.
    Cuando era pequeña, montar el belen, empezaba por ir a buscar musgo.
    Seguro que tus nietas les gustara mucho la aventura de buscar musgo en el campo, el de los chinos no es lo mismo… animate.
    Y sobre tu memoria no estoy nada de acuerdo, que mas quisiera yo tener la mitad de tu memoria.

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  4. 4 Amando Carabias diciembre 11, 2011 en 9:59 pm

    Con una sonrisa y una lágrima, todo al mismo tiempo. Gracias.

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  5. 5 El Náufrago diciembre 11, 2011 en 10:36 pm

    ¡Qué será que los que vivimos aquellos años, ahora sigamos siendo ‘niños’: un poco mucho descreídos y sin embargo sigamos buscando al Niño perdido…!

    Y ahora, para más inri te ‘implementan’ el blog asociando nacimientos con ” WarCrafts”… ¡La releche!

    (En esta dirección encontrarás el “Nacimiento subprime” de un Náufrago que también perdió al Niño bastante pero sigue montando ‘nacimientos’:
    http://www.slideshare.net/jcnieto/nacimiento2011)

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  6. 6 francis guijarro diciembre 12, 2011 en 12:31 am

    Despues de estar hora y media en la cola para ver el Belen del ayuntamiento(bastante bueno), hemos ido a comprar alguna figurita nueva y he tenido que comprar una de un pastorcito haciendo pis, que claro ,es la que más a gustado a los niños.
    En casa, sacada del arbol falso del altillo, que pesa “un huevo” y se me ha caido en la cabeza. Ha continuacion , desenvolver las figuritas del nacimiento y !HORROR! Un camello sin cuello, y San Jose sin brazo (volver a comprar). El castillo de Herodes cada año me parece más grande y desproporcionado, pero como es lo que más exito tiene no lo puedo eliminar. !!HA EMPEZADO LA NAVIDAD.

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  7. 7 Zoupon diciembre 12, 2011 en 6:19 pm

    Cuando yo era niño también faltaba el Niño todos los años, y recurríamos a la plastilina, con discreto éxito, todo hay que decirlo.
    Y a los que os quejáis de que se llenen los belenes de bichos alóctonos, os recuerdo que fue el Duende el primero en llenar el nacimiento de muñecas (de Famosa), y que ello no debe ser malo de suyo dado que Jesús en el pesebre se ríe porque está alegre.

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  8. 8 José Ramón diciembre 12, 2011 en 11:40 pm

    Es verdad, Zoupon. Se me fue el santo al cielo.
    Pues benditas sean las muñecas de Famosa, los Power Rangers, los Simpson e incluso los caganers (y por lo que dice Francis Guijarro también los pixaners) en los belenes.
    Y Jesús en el pesebre se ríe porque está alegre.
    Feliz Navidad, compañeros.

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  9. 9 El Duende de la Radio diciembre 13, 2011 en 12:05 am

    En honor a la verdad, hay que decir que he pasado por la Plaza Mayor de Madrid y aunque suene a tiempos de esclavitud se venden muchos Niños Jesuses sueltos. Menos mal.

    He comprado uno de muy buen ver por 1 €, pero creo que voy a volver para hacer banquillo.

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  10. 10 Ángela diciembre 19, 2011 en 9:03 pm

    También yo he puesto en muchas ocasiones ese mismo Belén que ahora atesora el Duende en su casa y ese, era el momento con el que oficialmente, comenzaba la Navidad, esas Navidades que ya nunca volverán. (Por cierto, siempre ha estado mutilada esa lavandera).
    Por el patio de luces nos llegaba el sonido lejano del sorteo navideño.
    Con el mismo recuerdo que el Duende, he ido comprando un montón de figuras de barro en rastros y mercadillos de muchos lugares. Pero hace ya muchos años que no coloco ningún Belén. Algunos personajes los tengo repetidos, pues no me acuerdo si los tenía cuando los volví a comprar de nuevo. Te haré llegar un niño Jesús en cuanto me sea posible.
    No sé si estoy esperando a tener una colección de nietas, para volver a colocar el portal, seguramente por no privarles de esos recuerdos a los que se incorporan.

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