La carta final

¿Por qué es tan difícil seguir escribiendo cartas?...

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Querida Elvira

Espero que al recibo de la presente estés bien. Por aquí todo como de costumbre, a Dios gracias. Estoy a la espera del tac ese que me mandó el médico, que está empeñado en que me lo haga, a pesar de que nunca he fumado. Y luego dirán que la sanidad es cara, como decía Joaquín Sorolla en su famoso cuadro de los pescadores.

Otra novedad es que reapareció el ratoncito aquel que acudió a comerse las migajas del roscón el último día que tomamos el te juntos. No se qué hacer para atraparlo. Quiero ponerle una trampa, pero me da pena. Siempre me acuerdo de Tom y Jerry. A veces me gustaría tener un alma tan fría como la de un ministro del interior, pero no lo consigo. Supongo que si Sanidad se entera de que convivo con un ratón me mandaría una brigada raticida, desinfectarían la casa, la precintarían y me recolocarían en una pensión de la calle del Pez, que es la típica operación humanitaria de los ayuntamientos. Qué obsesión por la salud pública. ¿Cómo les explico yo que cuando tú te vas sólo el ratón me hace compañía?

Aprovecho esta carta para decirte que estabas muy guapa la última tarde. Tan elegante como siempre. No se en cuántas cartas más podré piropearte, porque verás, se me habían acabado los sellos, he ido a mi estanco habitual y me han dicho que no les quedaban. ¿Que no les quedan?…¿Te imaginas a una farmacia que agota las tiritas? Raro, ¿no?. No me importó, ya sabes, el médico me dice que debo andar rodos los días al menos tres cuartos de hora. Busqué otro estanco, y me dijo, pásmate, que ya no venden sellos. Ni certificados de penales, ni esos impresos, timbres y esas cosas, que antes suministraban al personal. Se los ha quitado el estado, y claro, los estanqueros están que trinan. ¿Y cómo se compran sellos ahora, le pregunté? Pues en una estafeta de Correos, dijo. Dijo eso, la palabra estafeta, que ya no la dice nadie. Se ha quedado antiguo, como yo, que aún escribo cartas. Como las cartas, que ahora sólo llegan de los bancos, de las compañías de teléfono o de las eléctricas. Si es que a esos impresos horribles se les puede llamar cartas.

Ya sabes el afecto que te tengo, Elvira. Pero esta última carta es, entre otras cosas, para anunciarte que gracias a las medidas tan prácticas que imponen ahora, ya no voy a poder escribirte con la misma frecuencia. Además, con esta obsesión que tenemos por la seguridad es probable que los carteros, al ver una carta manuscrita, como a mí me gustaba hacerlo, crean que, lagarto lagarto, ahí hay un objeto postal no identificado, y lo manden a los Tedax. Y quizás no te llegue nunca. Ya sabes, el progreso.

Tendé que escribirte un SMS o un e-mail, como me recomiendan mis nietos. Perdona la grosería que voy a decir, impropia de un hombre de mi educación y de mi edad. Pero aunque tú seas una mujer maravillosa yo no podré decírtelo más por carta porque el progreso, que es tan útil, a veces se porta como un gilipollas. Y lo de retirar los sellos de los estancos es otra prueba más de ello.

En fin, no te entretengo más, pues supongo que tienes muchas ocupaciones. Deseándote que el año que acaba de empezar te conserve la salud y te traiga muchas buenas noticias para ti y los tuyos, queda de tí devoto y besa tu mano tu viejo amigo.

Homper

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La carta final es una excelente película filmada en 1987 por un director poco conocido, David Hugh Jones. Está basada en la pequeña novela de Helen Hanff titulada 84 Charing Road Cross, que cuenta la entrañable historia de una relación algo más que amistosa forjada a lo largo de tres décadas por la correspondencia entre una americana y un adusto librero inglés. Ann Bancroft y Anthony Hopkins representan admirablemente sus papeles. Pero cuenta Homper que lo que en verdad le emocionó de esta historia es, valga la polisemia, el papel de la carta, el protagonismo de la literatura epistolar, el valor del mensaje escrito a otra persona. Ese depósito de confidencias y sentimientos que se abre con un rasgahojas con la misma emoción que la envoltura del mejor regalo.

Mejor dicho, que se abría.

Tempus fugit –piensa Homper- Y a veces, de la que huye, subraya con un toque humor amargo, tempus jodet.

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13 Responses to “La carta final”


  1. 1 Rosi Rubio enero 12, 2012 en 2:41 pm

    Creo que hasta …. que me casé, he escrito muchísimas cartas, a mis padres desde el colegio, a mis amigas a los chicos de los que me enamoraba perdidamente en las vacaciones de verano…. eran unas cartas muy largas, sino tenían 4 o 5 folios no me parecía que no lo había contado todo; una amiga, me dijo una vez que tuviera cuidado con lo que escribía , que eso quedaba para siempre y yo pensaba que me daba igual ,que mejor era que quedara a que faltara, no? ahora ya no escribo porque no hay nadie a quien escribir, como mucho algún e- mail y muy cortito. qué pena , será que ya no tenemos nada que decirnos?

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  2. 2 Douce, enero 12, 2012 en 8:34 pm

    Apreciado, Homper

    Acabo de leer tu última carta, o ‘carta final’, que suena más definitiva. Es como si dijeras el ‘Juicio Final’ y eso siempre ha sonado a ‘Final’ del todo y menudo se la jugaban ese Día con aquel reparto de los ‘buenos’ y los ‘réprobos’. Ya no sé qué es peor si lo de la carta o aquello que nos contaban cuando íbamos a aquellos colegios. Por eso me parece tan duro y tan tajante ese adjetivo de Final. Es como si ya se terminara del todo tu Elvira y todo por un maldito sello, con lo variados que eran los de Franco que teníamos que limpiarlo luego por detrás con nuestra lengua que sabía a goma.

    No sé qué decirte porque esta carta me ha deprimido mucho con tu misiva de ‘despedida’ – ¡qué bonita la palabra ‘misiva’!- Me recuerda cuando en el segundo curso de aquel antiguo bachillerato, el hermano Dámaso nos hacía aprender de memoria los verbos irregulares latinos: “Mitto, mittis, mittere, misi missum”: enviar, transmitir, hacer ir… Pero la depresión no es por lo de los verbos de lo que he sacado mucho fruto. Lo que me ha puesto triste es lo de ‘final’ y también lo del ratón porque ya te veía en cualquier pensión de la calle del Pez, hasta que te desinfecten – tu casa, me refiero-

    Tú por lo menos tienes/tenías a Elvira para escribirle cartas, yo sólo tengo una perra y vive conmigo. A veces le escribo ‘cartas’ muy largas y ella las lee y se ríe, pero se las entrego en mano y a mí lo que más me gustaba era pasar la lengua por el dorso del sobre, pasar el puño para que quedara bien pegada y luego pasar la lengua por detrás al ‘Caudillo’. Me gustaba chupar porque era la única ‘droga’ que me era permitida, la goma arábiga.

    Bueno, Homper, por lo menos me he desahogado, contándotelo, aunque no tenga sellos, ni sobre, ni buzón donde echar esta carta

    Tuyo, afectísimo

    Julio

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  3. 3 José Ramón enero 12, 2012 en 10:24 pm

    No he visto la película, pero leí el libro y me pareció estupendo.
    (¿Por qué cambian los títulos de las películas? ¿Y por qué ese tan tonto?)

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  4. 4 maribel enero 13, 2012 en 8:02 am

    QUE CARTA MAS BONITA ,,,,LA PELI NO LA HE VISTO… SALUDOS A TODOS Y TU MI QUERIDO DUENDE SIGUE ESCRIBIENDONOS POR FAVOR….BESOS

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  5. 5 Rosi enero 13, 2012 en 1:15 pm

    Os recomiendo un libro que se titula “Querida “y son cartas de hombres a mujeres. En la editorial Península . Creo que es un libro muy estimulante y os puede animar a escribir cartas, epístolas, etc,, con papel, sobre y sello ( aunque nos cueste mucho, mejor) Yo estoy dispuesta a recibirlas y contestar. Pueden ser anónimas, como lo del ramito de violetas de Cecilia, ….

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  6. 6 Palinuro enero 14, 2012 en 9:05 pm

    Duende, Rosi, Douce, José Ramón, Maribel…me gusta el “tempo” del foro de hoy. Parece de otro siglo. Por eso me gusta. Que dure.

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  7. 7 Bob de Ca's Barber enero 15, 2012 en 8:16 pm

    Tengo una caja verde guardada en una vitrina que casi nunca abro, está llena de cartas, se que abrirlas es revivir muchos instantes, un viaje en el tiempo y pocas veces estoy preparada, pero allí la guardo y hace tiempo ya que no deposito en ella nuevos instantes, con la tecnologia no es lo mismo acabas borrando esos momentos o se pierden en archivos…bueno…le diría a Homper que no hace falta matar al ratón, puede entrar en la trampa y de ahí llevarlo a donde realmente debería estar, en algún lugar del campo donde disponga de un granero abastecido de semillas que pueda acumular en un agujero en el rodapié de madera de alguna pared.

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  8. 8 Zoupon enero 16, 2012 en 10:25 am

    No tiene nada que ver con el tema, pero me ha encantado escuchar a Don Luis hace un rato en Onda Cero. Y dicho esto, no tengo nada más que añadir.

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    • 9 lola enero 16, 2012 en 11:08 am

      También lo he escuchado Zoupon, y ha sido un placer escuchar de nuevo al Duende en la radio.

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  9. 10 Bob de Ca's Barber 2 enero 16, 2012 en 10:36 pm

    Lo mismo quería decir, que sorpresa!, he llegado diez minutos tarde al trabajo porque me he quedado parada escuchando la radio, ah! que alegria, me encantaría que fuese más frecuente, a Carlos le falta ese toque genial, como siempre con risas, como se agradece Duende 🙂

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  10. 11 José Ramón enero 17, 2012 en 11:54 pm

    Pero vamos a ver, que yo me entere.
    ¿Tenemos contrato de colaboración con Carlos Herrera?
    Conf´rmamelo deprisa, porque tengo la botella de cava en la mano, a punto de descorchar, y está fría.

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    • 12 lola enero 18, 2012 en 8:14 am

      José Ramón, para empezar podemos brindar porque ayer el Duende cumplió un añito mas. Aunque con retraso feliz cumpleaños. Ojalá podamos brindar de nuevo por lo que todos deseamos.

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  11. 13 José Ramón enero 18, 2012 en 10:42 pm

    Pues felicidades.

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