El bucle de The Artist

De cómo una película muda puede decir lo más importante...

1
En la penumbra de la sala de proyección, el bloguero creyó distinguir a tres personas conocidas. Dos de ellas eran claramente pareja. Ella, que era una señorita menuda, mantenía sobre su regazo el bolso y un coqueto sombrero. Él escrutaba la pantalla con la mirada ligeramente torturada de un intelectual, intentando encontrar en aquello que empezaban a llamar el séptimo arte concomitancias con las artes plásticas, que tanto le atraían. Como la película era de Murnau, de Von Strohein o de Fritz Lang, imaginaba que el director de fotografía era Caravaggio. Pero entretanto se las daba de teórico, y después de comprobar que la tercera persona se quedaba traspuesta en una butaca de la fila de atrás, alargaba disimuladamente su mano izquierda y buscaba la mano derecha de la joven. Mientras el pianista al pie de la pantalla subrayaba con un nocturno de Chopin el romanticismo de la escena de amor de la película, el sombrerito y el bolso de la chica disimulaba discretamente la audacia de los amantes del cine.

Qué escándalo. Aprovechando que la carabina dormía, estaban haciendo manitas.

2
El bloguero se pellizcó. Por un momento creyó haber dado marcha atrás en el túnel del tiempo y regresar al siglo pasado. Aquellos dos arcos de escayola patinada en oro que enmarcaban la pantalla le recordaron las tardes de cine, dos películas en sesión continua, que eran el paraíso de su infancia. Estaba otra vez en el desaparecido Príncipe Alfonso, pero quince o veinte años antes de haber nacido. Y sin apercibirse de ello espiaba a sus propios padres, que no podían ir al cine juntos sin la supervisión de Pura, la antigua ama de cría de su madre.

-Una señorita tiene que comportarse decentemente-decretó la Yaya- Así que, si quereis ir al cine, que vaya Pura de carabina.

Pura, para hacer honor a su nombre. En la pantalla, una película muda en blanco y negro de la que sólo se escuchaban las ilustraciones musicales del pianista. El padre se quejó siempre de tener que pagar tres entradas para poder llevar a su novia al cine. Otros tiempos, otras costumbres, otro cine. Como el de The Artist.

3
Lo que más le ha gustado al bloguero de esta película es que en ella está la esencia del cine y de la vida. Es comedia y es drama. Aparte de la inteligencia y el refinamiento de un director con nombre difícil como Hazanavicius  hay en ella sonrisas, lágrimas y un perrito mucho más tierno que Milu, que Lassie o que Rintintin. La guinda de su ilusión se macera con la tensión entre el paso del tiempo y el alma del que no sabe caminar por él. Y deja al principio un egusto ligeramente agridulce. El bloguero se identificaba con George: le costó enterarse de lo que iba la vida y cuando ya creía andar seguro viene el futuro, le tira de la alfombra  y le derriba. Una historia triste que se convierte en una película maravillosa.

Porque, naturalmente, luego viene el amor y rescata al artista malherido. La moraleja eterna: queremos huir de la nostalgia y sin darnos cuenta volvemos a caer en ella. Qué bien nos viene esta pirueta del cine para redimir el pasado y, de paso, humanizar la modernidad y hacer un poco más risueño el futuro. Es un bucle caprichoso, y parece pura magia, pero hay que tener en cuenta que hablamos de The Artist.     

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2 Responses to “El bucle de The Artist”


  1. 1 José Ramón enero 29, 2012 en 2:26 pm

    Me ha parecido una película muy buena, y una historia muy bien contada.
    Pero creo que es un ejercicio de estilo, un revival que se refugia en el tiempo pasado y, por ese motivo, no aporta nada ni a la historia del cine ni a la nuestra.
    Como has contado muy bien, Duende, su virtud es llevarnos a un pasado idílico (pero para mí es un falso pasado, un falso idilio y una nostalgia autocomplaciente).
    Dicho lo cual, la recomiendo (por si alguien se fiara de mi criterio).

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  2. 2 Rosi enero 30, 2012 en 11:52 am

    A mí, me ha encantado, lo tiene todo, los protagonistas están estupendos , el decorado, hay amor, generosidad, música ,. baile y un perro maravilloso, pasé un rato increíble y claro que es idílico e irreal , pero para qué vamos al cine sino para salr de la realidad?

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