Archivos para 28 junio 2012

El sueño de un infierno de verano

1
Durante los tres últimos días el calor en Madrid está siendo insoportable. Hoy se decía que la temperatura de anteayer había sido la más alta registrada en un mes de junio desde que se hacen mediciones meteorológicas. Oh, qué alegría. Entretanto, claro, lo que preocupaba era la prima de riesgo, el rescate, las especulaciones sobre si Del Bosque sacará otro falso 9 para intentar ganar a Portugal y el temor de que Cristiano Ronaldo reedite el espíritu de Aljubarrota en la semifinal de mañana. A nadie le se le ha ocurrido denunciar que el mundo sea cada día más un horno.

2
Homper está convencido de que este comportamiento del clima es un castigo divino. Un castigo merecido por el abuso del planeta. Homper ha querido facilitar el correctivo a la divina Providencia lanzándose a la calle para atravesar Madrid. Tiene gestiones pendientes, y cree que si pasa la mañana sudando la gota gorda por las calles de la capital, esperando su turno en la Mutua para que hagan un duplicado del carnet de conducir, que ha perdido estos días, y para que le cambien el domicilio que consta en el permiso de circulación del coche, un engorro de documentos, certificados, escrituras y la madre que parió a la administración, el sufrimiento descontará dos o tres años de purgatorio.

4
Luego hace otra cola en un ambulatorio de la Seguridad Social para que conviertan su tarjeta azul en otra de pensionista, que es lo que le corresponde. Calcula que el sufrimiento será equivalente otros tres años más de purgatorio. Lo cual le dará derecho a poner el aire acondicionado en casa y lanzar un poco más de CO2 a la atmósfera. El podrá sobrevivir, aunque sea a costa de calentar un poco más la tierra con su climatizador. En la oficina de la Mutua hay muchas personas, y ninguna de ellas es una chica guapa que entretenga la espera. En el ambulatorio hay numerosos inmigrantes, y varias señoras gordas que abren y cierran el abanico a la vez que suspiran.

-‘¡Ay, Señor, qué calor!- dicen, como si fueran figurantes de una película de Almodóvar.

Fuera, Madrid se cuece a unos 40º. Homper mira el panorama, no sabe ya si perplejo o fundido por el paseo, por la africanada de la temperatura o por el espectáculo. Esto es sufrir a conciencia.

5
Por la tarde, el cielo arenoso tiñe el horizonte de gris panza de burra. Es como si Madrid estuviera sumergido en una sopa asquerosa. Homper no se atreve a salir de casa. Repasa la cartelera y comprueba asombrado que apenas programan películas para niños, él que pensaba rescatar a sus nietecillas del sartenazo y pasar dos horas con ellas en un cine refrigerado. No lo hará porque, al final, los cines de Madrid no quieren niños en verano.

En la tele sestea viendo la odisea de los pingüinos emperador, a los que supone felices de vivir en la Antártida. También nuevas malas noticias, esta vez por culpa de Moody´s. Y entonces el sueño se apodera de él y se duerme.

6
Al final, la reacción nacional ha sido estruendosa. Se ganó a Portugal, pero los ilustrados saben que eso no era suficiente para lavar la afrenta que nuestros enemigos nos afligen. Lo publicaron los confidenciales, lo difundieron las emisoras de radio y televisión, y las dichosas redes sociales terminaron de caldear el ambiente. Como si hicieran ahora el mismo papel que la judeo-masónica y el contubernio de Munich en tiempos de Franco, la conspiración de Merkel, los mercados y las agencias de calificación se cebaba con España.

-Nos tienen envidia por ser Campeones del Mundo de Fútbol, por Nadal, por Alonso.

-Nos odian porque la roja arrasa.

-¿Y quién es Moody´s para poner nuestros bancos a los pies de los caballos?

-¿Y cómo pueden tratar así a nuestros bonos?

7
Los teléfonos zumbaban como metralletas. Se llamaban Rajoy y Rubalcaba, los ministros, los líderes de los partidos, los periodistas económicos, los presidentes de los bancos, el Banco de España, la CEOE, los sindicatos. Todos indignados.

Y tenía razón. Ahora las agencias de calificación no sólo rebajaban el valor de nuestra deuda y ponía a nuestros bancos a la altura de los bonos-basura. Esta vez fueron demasiado lejos. Ahora osaban afirmar que los españoles la teníamos muy pequeñita, y que por muchas reformas que hiciéramos, nunca llegaríamos a mear tan lejos como los alemanes.

Menos mal que Homper despertó de la siesta y advirtió que todo había sido el mal sueño de una tarde de verano

Las señoras no son para estos veranos

1
Cuando entró en el autobús el termómetro de la calle marcaba 38º. Mercedes entendió que quizás esa era la causa por la que el conductor no le respondió al saludo.

-Buenos días-dijo Mercedes sonriendo mientras picaba el billete.

El conductor se limitó a arrugar la nariz y a mirar hacia delante con evidente expresión de cabreo cósmico. El calor. Mercedes pensó que era una pena que aquel hombre fuera empleado de la EMT, cuando con ese gesto podría haber llegado lejos como catador de vinos, oficio que siempre se ejerce con gesto de enfado. ¿Hay algún catador de prestigio capaz de probar un vino con ademán complaciente?…

2
Se suponía que en el autobús había aire acondicionado, pero evidentemente no funcionaba. Mercedes no se hubiera puesto medias, pero debía visitar a su jefe, al que acababan de operar de la próstata, y pensó que aunque los hospitales no son hoy precisamente un lugar donde la gente compita en elegancia, la señora de su jefe tendría mejor concepto de ella si llevaba las medias puestas. A pesar de la calor.

Pero la cuitada Mercedes se sentó en el asiento de plástico recalentado por el sol y después de sólo dos paradas empezó a notar que los sudores le inundaban la zona de las posaderas. Pensó entonces que la prestancia que iba a ganar con las medias de lycra la iba perder con creces si salía del autobús con su vestido sospechosamente mojado en la zona más indecorosa.

3
Entonces se levantó de su asiento, que rápidamente ocupó otro viajero, se atusó la falda lo mejor que pudo y se agarró a la barra para sujetarse hasta llegar a su destino.

Sólo quedaban tres paradas, tres. Pero dio la casualidad de que en la primera de ellas subió un macarra con camiseta de los Lakers que dejaban al aire una espesura de pelos nada estética, meyba de medio muslo, barbas y melenas, piercings variados, sandalias de trapense y aspecto de no haberse duchado en varios días. Extremo que comprobó cuando nada más levantar el brazo para asirse de la barra central, Mercedes, que era más bien bajita y cuya cabeza quedaba por bajo del cuerpo del delito, percibió una tufarada sencillamente insoportable.

4
A partir de semejante experiencia, los pensamientos se encadenaron vertiginosamente en la mente de Mercedes. Por qué a la gente le gustará tanto el verano. Por qué no se han inventado las medias refrigeradas. Por qué la gente que se mete en un transporte público en verano no piensa un poco en el que va a llevar a su lado. Por qué nos obligan a ponernos guantes de plástico en el mercado para no tocar la fruta con nuestras manos y se permite que un guarro nos contamine directamente con sus olores más íntimos. Por qué a tanta gente le abandonó el desodorante en el útero materno. Por qué de la misma manera que hay una ITV para los vehículos no se implanta una ITJ (Inspección Técnica de Jumelados) para los viajeros. Por qué se ha perdido el sentido del decoro en la vestimenta. Por qué se confunde la libertad con la falta de respeto a los demás.

5
Se preguntó por último si esta dictadura del desaliño personal en detrimento de los demás estaba incluido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, respondiéndose a sí misma que no, que hasta ahí no habían llegado los escrúpulos garantistas de las sociedades civilizadas. Así que antes de bajarse del autobús, esbozó la mejor de sus sonrisas para hacerle una última observación a su hediondo compañero de viaje.

-Por favor, la próxima vez que suba al autobús, o se ducha antes o se pone por lo menos manga corta, ¿eh?

6
Antes de entrar en el hospital compró un ramo de flores. Mientras se lo preparaban, se miró en un espejo y disimuladamente se pasó la barra de labios y un peine. Cuando entró a visitar a su jefe y le dio sus flores, que la señora recogió encantada, aún estaba compuestita y mona.

Su jefe estaba estupendamente, sin entrar en detalles. Y afortunadamente ella quedó muy bien. Nadie reparó en las arrugas de su vestido ni en las fatigas que había pasado en el autobús. Pero Mercedes era ya una mujer de una cierta edad y de otra educación. Y comprendió que los veranos sólo le gustaban ya si le pillaban al borde del mar o a la umbría de un bosque donde no dejara de parecer una señora.

Homper ante Hopper

1
Ante uno de los paisajes inanimados de Edward Hopper que se exhiben en la exposición de la Thyssen, nuestro Homper hace un experimento. Acota su mirada con las palmas de las manos, se acerca al cuadro lo suficiente como para marginar su enmarcado y se concentra en las pinceladas que retratan montañas y parajes semidesérticos, no especialmente bellos ni gratos. Como es el Hombre Perplejo, y se asombra por casi todo, se formula una pregunta que ante el éxito de crítica y público provocado por este maestro norteamericano suena a herejía.

-¿No podía ser esta una pintura de Caja de Ahorros?

2
Cada persona acuña su propio lenguaje. Y para Homper la pintura de Caja de Ahorros sugiere esa estética elemental, manierista e incluso cursi y provinciana que han respirado durante décadas buena parte de las exposiciones que auspiciaban estas instituciones financieras hoy venidas a menos.

-Los pufos de algunos de sus sobrepagados directivos no fueron lo único malo que nos legaron-piensa Homper.

Como se ve, está crítico el amigo. Y sin embargo, cualquiera de esos paisajes de Caja de Ahorros que firma´Hopper alcanzaría cifras astronómicas en las salas de subasta. Por ellos también pasaron los pinceles del genio, aunque sólo fuera para legarnos esas postales desabridas que son los cuadros del pintor norteamericano cuando en ellos no hay aliento del alma humana.

3
El alma humana también está en ese famoso cuadro de la casa que inspiró a Hitchcock para elegir el siniestro escenario de los crímenes de Psicosis. No se ve en él persona alguna, pero la arquitectura tiene un rostro expresivo.. Y esa casa refleja lo mismo que los personajes generalmente hieráticos, con cierto aire espectral o de zombis guapos recién pasados por la peluquería, que aparecen en los demás Hopper de la exposición. Soledad, incertidumbre ante el horizonte, misterio, temor. Quizás esperanza, aunque lo que se espera, sentado en una cama o en una hamaca, inspire toda clase de cautelas.

4
Por lo demás, piensa Homper que la mejor virtud de Edward Hopper es que supo pintar con nitidez lo justo. Lo justo para delimitar en esa especie de pregunta enigmática que destila cada uno de sus cuadros la angustia de vivir. Y, al mismo tiempo, lo justo para significarse como un pintor que, sin hacer maravillas, afirma su poderosa personalidad con argumentos visuales sencillos, cotidianos y recurrentes en la vida de cualquier ciudadano. ¿Cuántos momentos Hopper no vive uno a lo largo de su vida? ¿Cuántos días no habrá despertado el pobre Homper con esa sensación de soledad y de vacío que se adivina en el famoso cuadro Habitación de hotel?…

Cuando salió del museo, Homper creía que, más que haber visto una exposición al uso, había echado una mirada profunda y reposada a los escondrijos de su alma.

Carta de amor a la mentira

Querida Ruth

He decidido escribirte, porque ya no me fío ni de las nuevas tecnologías. Te escribiré esta carta, la meteré en un sobre, yo mismo la llevaré a tu casa, subiré hasta tu piso y la pasaré por debajo de la puerta. Después tocaré el timbre y saldré corriendo escaleras abajo. Puede que aún te huela el papel a la colonia con la que hoy rocié mis manos. He comprado una con un aroma muy marcado, para que todo parezca más romántico. Lo necesito, de veras.

Lo necesitamos. Para empezar, y siento que no sean buenas noticia, debo decirte que murió Pedro José Castaño. Ya sabes, era el más listo de la promoción, hizo Económicas, sacó las oposiciones de Técnico Comercial, Economista del Estado, Diplomado en Estadística y Contabilidad, master en Boston en no se qué. Y Periodista. Se inclinó por ejercer el periodismo económico. Estaba obsesionado con que para ser un buen especialista había que estar preparado, él leía todo: el Financial Times, The Economist, Expansión , las páginas salmón de todos los periódicos influyentes…Nunca escribió a humo de pajas. Se documentaba profundamente. Últimamente, desde lo de Lehman Brother´s, que Dios confunda, escribía una columna diaria, participaba en una tertulia de TV dos veces a la semana y en otra de radio los lunes, miércoles y jueves. Cada día tenía enfocaba la crisis desde un ángulo distinto, y se despedía haciendo una profecía optimista que al día siguiente era sistemáticamente burlada por la Ley de Murphy. Anteanoche Pedro José salió de la redacción a las tantas de la madrugada. Se despidió de sus compañeros diciéndoles que se sentía más socrático que nunca. Quizás quiso reconocer aquello de sólo se que nada se. A la mañana siguiente apareció muerto en la cama. En su mesilla de noche había un vaso con los restos de un líquido que, analizado por la policía judicial, resultó ser cicuta. Fue el suyo un suicidio muy socrático.

Tampoco es agradable lo que le ha pasado a la señora Belarmina. ¿Te acuerdas de ella, la cabrera del pueblo que hacía tan buenos quesos?…La pobre empezó a enloquecer el día que un candidato pasó por allí prometiendo no sólo el AVE, sino un apeadero a trescientos metros de su majadal. Ella estaba convencida de que gracias a eso iba a poder exportar sus quesos a medio mundo. Luego vio la publicidad esa del yogur griego, se enteró de que a los griegos les habían expoliado el patrimonio artístico, y de que ahora les querían quitar el yogur y se identificó con la causa de la vieja del anuncio. Se terminó de trastornar cuando escuchó que Grecia, país que no conocía ni por las películas, estaba en la ruina. Se creyó griega, y se pasaba el día como la señora esa del último spot de DANONE que grita ¡Yogurazo!, no se sabe si con rabia o con asco. Todas las mañanas salía de su casa, se subía a la torre de la iglesia, gritaba ¡Quesazo! imitando a la del anuncio y a las 12 del mediodía derramaba una cántara de leche y voceaba después que le querían arruinar hasta que subía su esposo, el pobre señor Cipriano, y se la llevaba. La semana pasada se la llevaron definitivamente los loqueros y la internaron en un manicomio, o como se diga ahora. Qué pena, Ruth. ¿La culpa de estos sucesos?…La mentira, Ruth, la mentira.

Qué poco imaginábamos en aquellos veraneos del pueblo que íbamos a vivir bajo un cielo de mentiras y sobre un suelo de más mentiras todavía. Desde que tengo uso de razón no he hecho más que ver cómo las diferentes mentiras que nos mantenían han explotado como los globos de las ferias. Yo fui un chico creyente y religioso, y lo que vi me hizo escéptico y agnóstico. Yo fui revolucionario y marxista en la universidad y la simple lectura de lo que han sido las dictaduras de izquierda me hizo abominar de mis viejas ideas. Yo creí en las democracias occidentales, y en Europa, y en la Constitución, y en eso que se llama el estado de bienestar y ahora todos esos globos se desinflan y escapan alejándose de nosotros mientras nos hacen pedorretas. Yo creía en la ética, y en la libertad, y en la educación del individuo, y en el sentido de la responsabilidad, y en el Rey, y en los políticos, y en los jueces, y en los empresarios, y en el pueblo, y en la familia… Ahora sólo nos dicen que hay que creer en Casillas y en Iniesta. Y, mientras me asomo al abismo agarrado a una última esperanza, me dan ganas de preguntar lo de aquel maravilloso chiste de Eugenio: ¿no hay alguien más ahí?…

Y de repente me he acordado de ti, Ruth. De repente me he acordado de lo que me gustabas cuando echamos el primer baile en la plaza del pueblo, aquel verano de 1962. Tez morena, sonrisa blanquísima, un lazo turquesa en tu melena oscura y una rebequita, porque era septiembre, y ya refrescaba. Sólo supe de ti que te gustaba el Dúo Dinámico y que de mayor querías poner una tienda de moda y viajar por las calles de Roma en Vespa, y a ser posible con Gregory Peck. Y no nos arrimamos mucho, pero creo que, aún con la rebequita de por medio, llegué sentir tus pechos turgentes rozando contra mis costillas. Hoy cualquier joven diría tus tetas, pero yo era un primavera, y también creía en la belleza de las palabras, y en el hechizo de la literatura, y todos los escritores que he leído siempre han utilizado lo de turgente para los pechos femeninos. O sea, que debe de ser algo bonito. La cosa es que salí muy emocionado de aquella noche, y como esos recuerdos son tesoros que se guardan en la caja fuerte del alma, no los olvidé jamás.

Ayer te vi cruzar por la calle, y fue como si una mano mágica hubiera dado con la combinación de la caja fuerte y la abriera a mis sentimientos. Eras tú, una mujer aún muy atractiva de la que nunca he vuelto a saber nada. Apenas tengo noción de quién eres, no se si estás casada, soltera o viuda, incluso puede que seas lesbiana, me da igual. Aquel baile bien podía haber sido el germen de una bella mentira, como las que nos han ido vendiendo a lo largo de nuestra vida y ahora explotan y desaparecen. Una mentira maravillosa: tú y yo amándonos apasionadamente sin tener en consideración ni una sola de las tachuelas que la vida nos pone en nuestro camino. Sin temores, sin prejuicios, sin pensar que todo ha de filtrarse por el puñetero pasapurés de la realidad. Una mentira más, para seguirnos manteniendo contentos. Al fin y al cabo…¿qué es una raya más para un tigre?

Así que, como necesito ilusiones y alegrías para sobrevivir, terminaré con lo que antes dijeron otros sabios. También es mentira que te llames Ruth, porque naciste en el pueblo y te pusieron Rufina, pero necesito un nombre así y una atmósfera incluso un poco cursi para repetirte con voz queda y conteniendo las lágrimas lo mismo que decía Johnny Guitar a Viena al cabo de tanto tiempo: Dime algo agradable. Miénteme, Ruth, dime que no me has olvidado en todos estos años. Dime que hubieras muerto si yo no hubiese vuelto. Dime que me quieres como yo te quiero.

Tuyo, en la única verdad, que es la mentira

Julio

La radio feliz

1
Escucha el Duende –por la radio, naturalmente- que se va a estrenas en Madrid Sonrisas y lágrimas. No la película, sino el musical. Y piensa que por delicadeza general podrían haberse ahorrado la mitad del título y dejarlo simplemente en sonrisas, que al lacrimal ya lo tenemos sequito, el pobre.

Cuando se estrenó la película este duende estaba en la la onda de la Filmoteca, los cine-forums de culto y las salas de arte y ensayo. Se aburría a menudo, pero entonces se creía que la cultura tenía que llevar ladrillos en la tripa, y detestó cordialmente aquel pastelón de colorines que firmaba Robert Wise y que hizo famosas algunas de las canciones más estúpidas y peor traducidas que ha escuchado nunca. Casi medio siglo después aún se pregunta que selvático animal es el re, y cómo se le puede cantar a un niño que el mi denota posesión o que el sol ardiente esfera es. A la cursilísima institutriz se le podían haber ocurrido otras rimas más ingeniosas para enseñar la escala musical a aquella panda de repipis austríacos. Claro que el tiempo y la costumbre consagra cualquier gilipollez si es cantada por varias generaciones. Y el que esté libre del villancico de las Muñecas de Famosa, que tire la primera piedra.

2
Escucha a continuación que la SER despide a doscientos empleados, reduce el sueldo al resto de la plantilla y cambia la parrilla de estrellas para la próxima temporada. Unos periodistas serios y comprometidos suceden a otros del mismo corte. De Cebrián y Polanco/ el espíritu impera/ moriremos besando/ la sagrada bandera…En la España imperial se cantaba con otra letra, pero la fidelidad, salvando las distancias políticas, es parecida. Y entonces se pregunta el Duende cómo es posible que la armada invencible que entonces era PRISA esté haciendo aguas. Y que aquella radio donde el Duende encontró sólo sonrisas saque ahora el pañueluco para enjugarse las lágrimas. Se vuelve a repetir la historia: de aquellos polvos triunfales, y de la loca aventura de las televisiones de pago, estos lodos.

3
Antes de que al Duende le llamara María Navarro, madre de la actriz Lola Dueñas y entonces brazo derecho de Iñaki Gabilondo, para ofrecerle una pequeña colaboración en el recién nacido Hoy por hoy, la nueva SER se había cargado a Los Porretas, quizás el último serial que programaron las emisoras de radio generalistas. Al Duende le divertía mucho, porque, entre otras cosas, era una parodia de los propios seriales, y sonaba como aquellas Historias de la radio de Saenz de Heredia que tan feliz hizo a su generación. Aquel abuelo Porretas estaba en la misma onda que el inolvidable Pepe Isbert vestido de esquimal para ganar el concurso, peleando por llegar el primero en las mismas escaleras que ahora subía él para llegar al estudio…Tenía algo de costumbrismo simpático, inocente, entrañable.

Pero Los Porretas no era lo bastante modelnos para el grupo de comunicación que definía los estereotipos de la nueva España democrática. Y fueron ajusticiados. Pecaban de lo que empezaba a ser la descalificación favorita de la progresía, pecaban de casposos. Como si los progres se lavaran la cabeza todos los días, y estuvieran libres de polvo y caspa.

4
Por eso le sorprendió al Duende que naciera en la nueva SER el perfil de Doña María, que indudablemente tenía sus raíces en la España de olor a col y portería y a sonido de serial, y que probablemente también era casposa. Y le impresionó que esta buena mujer abriera paso después a La Verbena de la Moncloa, y al Premio Ondas, y a infinidad de viajes y actuaciones por toda España, con Iñaki, con Julio César Iglesias, con Capitán, con Herrera o con Antonio Jiménez, y a contratos jugosísimos que le permitieron a él vivir espléndidamente. Y ahora, en la apoteosis de las vacas flacas y, por ende, del tremendismo radiofónico, le deja atónito recordar que en un tiempo la SER daba paso a la gladiadora del hogar, gruesa de los nervios ella a las 8, 30, al final del matinal, como colofón amable de un informativo en el que no aparecía la prima de riesgo, ni el BCE, ni Grecia, ni el fantasma del hundimiento del euro, ni el 25% de paro, ni otras miserias que al parecer aún han de venir.

Tuvo suerte, muchísima suerte el Duende de haber vivido la radio feliz. Ahora ya sólo escucha algunos tramos de Herrera en la onda, Radio Clásica y a ese genio de la comunicación que es Richard Vaugham (pronúnciese, Voone, a pesar de que sus anuncios no lo digan así). No se ríe uno tanto como entonces, pero al menos mejora su inglés, que a pesar de sus dificultades es más comprensible que la puñetera e interminable crisis. Otras sonrisas, otras lágrimas. Qué suerte tuvo Doña María de esfumarse a tiempo.

Lo que hay que hacer por amor a la música…

1
Si los sueños pudieran contarse en recetas se diría que son como una ensaladilla rusa. Mezclas una obsesión de siempre con una preocupación de ayer y con un deseo sobrevenido, añades la frustración de tu vida, la maceras en ilusiones pendientes y lo sazonas al final con la cara de alguien a quien hace tiempo no veías y ya está el sueño. Alguno de ellos resulta delicioso, aunque hay otros a los que se les corta la mayonesa de la ensaladilla y le dejan a uno muy mal cuerpo.

En su último sueño el Duende habló con una de esas mujeres amigas que siempre se merecen más de lo que les da la vida. Es lista, educada, competente, simpática y guapa. A lo que habría que gregar que además es decente. Aunque parezca mentira, no siempre esta suma de virtudes te facilita la promoción profesional. El último factor incluso puede ser contraproducente cuando hay por medio un jefe que confunde la meritocracia con la entrepierna.

-No puedo más de actualidad-le confesó Alicia, que es la amiga del sueño-Voy a cerrar los ojos y los oídos hasta que no aparezca en el horizonte alguna buena noticia.

No entró en detalles sobre el rescate, Bankia, la recalificación de Moody´s y otras carcomas de la patria, porque seguramente no quería derivar en pesadilla. Sólo comentó, demostrando ser buena observadora incluso en sueños, que Rajoy debería de cambiar de peluquero o de asesor de imagen.

-Quizás de ambas cosas –precisó- Porque al presidente se le puede perdonar su ese deshilachada, un accidente de bicicleta que te parta la lengua lo sufre cualquiera. Pero lo que no se le puede pasar por alto es que lleve el pelo tan mal teñido como un actor secundario de comedia barata.

En los sueños también surgen comentarios certeros, como este. Puede parecer extraño, pero más raro aún fue que la heroína le invitara a hacer con ella lo que más le apeteciera. Y que entonces el pobre soñador, en lugar de aprovechar la ocasión para resolver asuntos pendientes, se vistiera de tuno para rondar a la bella Alicia. Era el tuno más ridículo, el de la pandereta, ese que hace volatines como un hechicero mientras ondea la capa con las cintas de colores alrededor de la chica. Santo cielo, qué bochorno. Claro que los sueños también tienen anclaje en la realidad. El Duende confiesa que de niño era tan ingenuo que creía que lo más importante que se podía hacer en la vida era ser miembro de la Estudiantina y cantarle Clavelitos a la chica que te gustaba. Y el tuno que no pudo ser apareció, para su vergüenza, aquella noche ciertamente inolvidable.

2
También fue premonitorio, como lo son otros sueños.

Por esos caprichos de la fortuna, e igualmente por gracia de la música, el Duende y sus compañeros del Coro del CEU se tendrán que vestir de mamarrachos parecidos la semana que viene, en la cripta de la Catedral de la Almudena y en la ciudad burgalesa de Lerma, donde se celebrarán sus conciertos de fin de temporada. Este curso el coro habían tocado el cielo cantando nada menos que el Paulus de Mendelssohn y el Mesías de Haendel, pero llegaron las vacas flacas y para el final del ciclo, menguado de voces, porque muchos miembros de la coral o están de exámenes o están sólo para los programas vistosos, y sin apenas presupuesto para instrumentistas, el director puso los ojos en la música renacentista. O sea, en una ensalada musical del compositor Mateo Flecha y en unas joyitas del llamado Cancionero de Upsala, El maestro José María Alvarez Muñoz , que se formó en Moscú y en Alemania, es un director de sensibilidad exquisita, vastísima cultura y una empatía privilegiada para comunicar sus ideas musicales y entusiasmar a sus músicos y a sus cantantes. Pero como todas las grandes batutas, tiene sus raptos de genialidad y de ira que acaban desconcertando a sus pupilos.

A cuenta de lo primero se empeñó en ambientar el concierto vistiendo a su grupo tal que figurantes renacentistas. Esto sí que es el tinglado de la vieja, y además grotesca, farsa. Como el presupuesto es escuálido, los trajes de época son en realidad disfraces made in China de a diez euros en un bazar de Cuatro Caminos, y de esta pintoresca guisa verá el público al coro universitario del CEU interpretando un programa bastante más difícil de cantar que todo lo que habían acometido hasta la fecha.

3
Porque esa es otra. Esa música no es nada fácil para un conjunto aficionado, dato que el bueno de maestro olvida a veces, y cada error en las entradas o en la afinación le hace destapar la caja de los truenos. Es fama que un genio de la batuta como Toscanini era casi un torturador, y que el divino Von Karajan resultaba sencillamente insoportable. José María tiene sentido del humor y otro estilo: cuando alguien patina en las entradas su improperio favorito es pedazo de atún, insulto simpático que sólo se decía en los tebeos antiguos. Lo malo es que uno, que fue bastante gamberro a lo largo de su vida, se desinhibió precisamente en la radio porque la radio no la veía nadie, y así preservaba su imagen y su honorabilidad, y ahora está obsesionado pensando que le van a ver ataviado como Manolo Gómez Bur, Juanito Navarro o Quique Camoiras, que en paz descansen, en La venganza de Don Mendo y esas otras comedietas de época con decorados de papel que antes se hacían en TVE o que aún se recuerdan en Cine de barrio.

4
Lo malo es también que, aunque el epíteto sea inocuo, uno no está acostumbrado a que le llamen pedazo de atún, y menos cuando le obligan a salir a escena vestido de adefesio. Y corre riesgo de ponerse nervioso y de perder los papeles. Lo malo es que entre las joyitas del Cancionero de Upsala que se van a cantar está Teresica hermana, una pieza donde a la protagonista se le dice que si a tí te pluxiese / contigo durmiese / una noche sola / yo bien dormiría / mas tengo gran miedo/ que t´empreñaría. Lo malo, es que, si se piensa que Teresica es o una monja o una hermana de sangre, la letra suena regular en la cripta de una catedral, y el Duende está que no le llega la camisa (o el jubón) al cuerpo imaginando que asiste el cardenal Rouco y que echa el anatema al coro por incitación al incesto o al amor sacrílego. Cosas veredes.

Pero eso no es todo. Lo peor es que el disfraz de noble renacentista que le corresponde al menda viene sin calzas, y que hay que comprar unas medias o leotardos que las suplan, y que uno se debate entre las dudas sobre su color, si negras, azules, de torero o de color púrpura, y el temor por el calor de embutir sus intimidades en nylon justo el fin de semana que empieza el verano. Resumiendo, vestidos de comparsas ridículos, nerviosos, quizás desafinando, insultados, con los huevos cocidos y, a más de cornudos, puede que hasta excomulgados. Lo que hay que hacer por amor a la música. Puesto a estrafalario, este duende prefiere volver al sueño de Alicia vestido de tuno y cantarle aquello de cuando la aurora tiende su manto y el firmamento viste de azul…

El rescate y los chicharros

1
Su bisabuelo había muerto en la guerra de Cuba. Su abuelo, a bordo del crucero Baleares, sepultado en el mar durante la Guerra Civil. Su madre pasó tantas penurias en la posguerra que no pudo resistir una tuberculosis, y murió en un sanatorio de Guadarrama en 1953. Fueron tiempos mucho más difíciles que los actuales, pero él superó las adversidades, hizo una buena carrera y sacó adelante a su familia. Lástima que ahora sus hijos hubieran tenido tenido que buscarse la vida fuera de España, y que sólo pudiera ver a sus nietos en Navidad.

-Pero nos quedamos tú y yo, ¿verdad, chatuca?- dijo mientras cogió los cubiertos tomar el pescado que humeaba en su plato.

-Claro- respondió ella sin levantar la mirada del suyo- ¿A dónde vamos a ir con estos años, chatuco?

-No, chatuca Quiero decir que a mí me quedas tú y a ti te quedo yo.

-Sí, chatuco,claro, nos tenemos el uno al otro…¿Te parece que empecemos el pescado?

2
Normalmente les gustaba cenar mientras en el televisor contaban las noticias. Pero últimamente eran tan malas que sólo se interesaban por las más irrelevantes. Un burro de Calabria llora cuando oye cantar O sole mío. Aparece un claustro románico del que no se tenía conocimiento en una finca de Palamós. Sergio Ramos se corta la melena. Marina Castaño deberá pagar cinco millones de pesetas a Cela Conde. Sin embargo esa noche no. Esa noche esperaban una noticia verdaderamente importante.

-¿Qué pez es este, chatuca? –dijo él mientras empezaba a manejar el tenedor y la paleta de pescado.

-Chicharro, chatuco. Chicharro al horno. Es muy sabroso.

-Pero tiene muchas espinas, chatuca.

-Sí, chatuco. Pero es muy sano. Muy sano y muy sabroso. Y además es barato.

3
Se dispusieron a cenar. Con mucho cuidado, como si fueran cirujanos de alta precisión, el chatuco y la chatuca fueron separando las láminas de carne del pescado para sacarle todas sus espinas, que no eran pocas. Luego le quitaron la piel y la depositaron al borde de sus platos, con las espinas. Cuando teminaron, dejaron los cubiertos en el plato y pusieron las manos sobre la mesa. Permanecieron así, en silencio, durante un buen rato, esperando acontecimientos mientras contemplaban sus platos de chicharro al horno, con patatitas y rodajas de cebolla. Por fin la televisión anunció que el ministro Guindos había solicitado a Europa el rescate de la banca española.

-¡Ay, chatuca!

-¡Ay, chatuco!…

Entonces y sólo entonces, con lágrimas en los ojos –no se sabe si de la emoción o de la pena- probaron los chicharros al horno y suspiraron.


Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,334,181 hits

A %d blogueros les gusta esto: