La radio feliz

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Escucha el Duende –por la radio, naturalmente- que se va a estrenas en Madrid Sonrisas y lágrimas. No la película, sino el musical. Y piensa que por delicadeza general podrían haberse ahorrado la mitad del título y dejarlo simplemente en sonrisas, que al lacrimal ya lo tenemos sequito, el pobre.

Cuando se estrenó la película este duende estaba en la la onda de la Filmoteca, los cine-forums de culto y las salas de arte y ensayo. Se aburría a menudo, pero entonces se creía que la cultura tenía que llevar ladrillos en la tripa, y detestó cordialmente aquel pastelón de colorines que firmaba Robert Wise y que hizo famosas algunas de las canciones más estúpidas y peor traducidas que ha escuchado nunca. Casi medio siglo después aún se pregunta que selvático animal es el re, y cómo se le puede cantar a un niño que el mi denota posesión o que el sol ardiente esfera es. A la cursilísima institutriz se le podían haber ocurrido otras rimas más ingeniosas para enseñar la escala musical a aquella panda de repipis austríacos. Claro que el tiempo y la costumbre consagra cualquier gilipollez si es cantada por varias generaciones. Y el que esté libre del villancico de las Muñecas de Famosa, que tire la primera piedra.

2
Escucha a continuación que la SER despide a doscientos empleados, reduce el sueldo al resto de la plantilla y cambia la parrilla de estrellas para la próxima temporada. Unos periodistas serios y comprometidos suceden a otros del mismo corte. De Cebrián y Polanco/ el espíritu impera/ moriremos besando/ la sagrada bandera…En la España imperial se cantaba con otra letra, pero la fidelidad, salvando las distancias políticas, es parecida. Y entonces se pregunta el Duende cómo es posible que la armada invencible que entonces era PRISA esté haciendo aguas. Y que aquella radio donde el Duende encontró sólo sonrisas saque ahora el pañueluco para enjugarse las lágrimas. Se vuelve a repetir la historia: de aquellos polvos triunfales, y de la loca aventura de las televisiones de pago, estos lodos.

3
Antes de que al Duende le llamara María Navarro, madre de la actriz Lola Dueñas y entonces brazo derecho de Iñaki Gabilondo, para ofrecerle una pequeña colaboración en el recién nacido Hoy por hoy, la nueva SER se había cargado a Los Porretas, quizás el último serial que programaron las emisoras de radio generalistas. Al Duende le divertía mucho, porque, entre otras cosas, era una parodia de los propios seriales, y sonaba como aquellas Historias de la radio de Saenz de Heredia que tan feliz hizo a su generación. Aquel abuelo Porretas estaba en la misma onda que el inolvidable Pepe Isbert vestido de esquimal para ganar el concurso, peleando por llegar el primero en las mismas escaleras que ahora subía él para llegar al estudio…Tenía algo de costumbrismo simpático, inocente, entrañable.

Pero Los Porretas no era lo bastante modelnos para el grupo de comunicación que definía los estereotipos de la nueva España democrática. Y fueron ajusticiados. Pecaban de lo que empezaba a ser la descalificación favorita de la progresía, pecaban de casposos. Como si los progres se lavaran la cabeza todos los días, y estuvieran libres de polvo y caspa.

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Por eso le sorprendió al Duende que naciera en la nueva SER el perfil de Doña María, que indudablemente tenía sus raíces en la España de olor a col y portería y a sonido de serial, y que probablemente también era casposa. Y le impresionó que esta buena mujer abriera paso después a La Verbena de la Moncloa, y al Premio Ondas, y a infinidad de viajes y actuaciones por toda España, con Iñaki, con Julio César Iglesias, con Capitán, con Herrera o con Antonio Jiménez, y a contratos jugosísimos que le permitieron a él vivir espléndidamente. Y ahora, en la apoteosis de las vacas flacas y, por ende, del tremendismo radiofónico, le deja atónito recordar que en un tiempo la SER daba paso a la gladiadora del hogar, gruesa de los nervios ella a las 8, 30, al final del matinal, como colofón amable de un informativo en el que no aparecía la prima de riesgo, ni el BCE, ni Grecia, ni el fantasma del hundimiento del euro, ni el 25% de paro, ni otras miserias que al parecer aún han de venir.

Tuvo suerte, muchísima suerte el Duende de haber vivido la radio feliz. Ahora ya sólo escucha algunos tramos de Herrera en la onda, Radio Clásica y a ese genio de la comunicación que es Richard Vaugham (pronúnciese, Voone, a pesar de que sus anuncios no lo digan así). No se ríe uno tanto como entonces, pero al menos mejora su inglés, que a pesar de sus dificultades es más comprensible que la puñetera e interminable crisis. Otras sonrisas, otras lágrimas. Qué suerte tuvo Doña María de esfumarse a tiempo.

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4 Responses to “La radio feliz”


  1. 1 José Ramón junio 16, 2012 en 5:45 pm

    Duende: Dale un beso a Doña María cuando la veas, y un abrazo a Capitán y a Julio César. Qué tiempos tan buenos. Qué buenos recuerdos.
    (Entonces érais tan estrellas que jamás pude imaginar que algún día te podría escribir tan fácilmente, y que te tendría “tan a mano”, aunque he de decir que siempre fuisteis muy cercanos, y que ahí radicó vuestro éxito).

    PD.- También yo, como casi todos, he conocido tiempos mejores. Pero bueno, venidos a menos o como sea, seguimos aquí.

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  2. 2 Zoupon junio 18, 2012 en 8:36 pm

    Duende, tanto tiempo en la radio dejan huella en los que os seguimos apasionadamente, y nos salen esos recuerdo cuando uno menos se lo espera: Cierto sábado por la noche, no hace mucho, estaba con mi santa en el sofá viendo una peli de acción, ella medio frita pero yo muy atento. En eso que se desencadenan una serie de explosiones ruidosas y espectaculares y va y se despierta, y me pregunta que qué pasa en la peli. Respuesta (aproximada):

    “Pues qué va a ser, que por culpa de un tornillo rosca-chapa mal colocao en la tubería del gas, y de una chispa salida mismamente del cuadro general, s’an juntao el elemento comburente y el elemento combustible y s’ha liao la de Dios es Cristo, como es natural.”

    Se despertó un poco más, me miró con cara extraña, y le dije:

    “Hija, como se nota que no has estudiao en la politécnica de Getafe.” Y a continuación me entró la risa floja, ante el estupor de mi señora.

    No era la primera vez que tomaba prestado un personaje tuyo, en este caso Braulio, como los asíduos habrán reconocido. Son momentos felices que te debo.

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  3. 3 lola junio 19, 2012 en 3:24 pm

    Hace poco escuché en una entrevista a Julio César Iglesias, el timbre de su voz ha cambiado levemente, su pasión por la profesión, mayor si cabe. Pude evocar con el recuerdo momentos memorables, la radio es mágica como también lo es este medio, porque como bien dice José Ramón, que por cierto, todavía estoy esperando que respondas a Zoupon y nos dés el nombre de tu blog, y se me fue el santo al cielo.

    Es verdad, quén me iba a decir nadie que algún día conocería a doña María en persona, de carne y hueso y además podría escucharla. Estar al lado del Rey, no estuvo nada mal, pero la categoría de doña María es superior. Cualquiera puede ser Rey.

    Jamás creí que alguien de la talla de este Duende, podría resaltar extraordinariamente bien semejante personaje humilde, del mismo lugar desde donde procedo y si bien en un principio rechazaba sus cualidades, el humor acabaría acercándome cariñosamente. Siempre pensé que el autor era el ciudadano García.

    Tanta tecnología hizo que se esfumase una preciosa fotografía, tal vez en otra ocasión.

    Por cierto, os recomiendo vivement el libro.

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  4. 4 José Ramón junio 19, 2012 en 10:46 pm

    Lola y Zoupon: Muchas gracias por vuestro interés, pero mi blog es de arquitectura mayormente, y no es un tema de mucho predicamento (aunque intento ser lo más ameno posible).
    Perdona, Duende, por atracar tu blog para (no) hablar del mío.

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