Carta de amor a la mentira

Querida Ruth

He decidido escribirte, porque ya no me fío ni de las nuevas tecnologías. Te escribiré esta carta, la meteré en un sobre, yo mismo la llevaré a tu casa, subiré hasta tu piso y la pasaré por debajo de la puerta. Después tocaré el timbre y saldré corriendo escaleras abajo. Puede que aún te huela el papel a la colonia con la que hoy rocié mis manos. He comprado una con un aroma muy marcado, para que todo parezca más romántico. Lo necesito, de veras.

Lo necesitamos. Para empezar, y siento que no sean buenas noticia, debo decirte que murió Pedro José Castaño. Ya sabes, era el más listo de la promoción, hizo Económicas, sacó las oposiciones de Técnico Comercial, Economista del Estado, Diplomado en Estadística y Contabilidad, master en Boston en no se qué. Y Periodista. Se inclinó por ejercer el periodismo económico. Estaba obsesionado con que para ser un buen especialista había que estar preparado, él leía todo: el Financial Times, The Economist, Expansión , las páginas salmón de todos los periódicos influyentes…Nunca escribió a humo de pajas. Se documentaba profundamente. Últimamente, desde lo de Lehman Brother´s, que Dios confunda, escribía una columna diaria, participaba en una tertulia de TV dos veces a la semana y en otra de radio los lunes, miércoles y jueves. Cada día tenía enfocaba la crisis desde un ángulo distinto, y se despedía haciendo una profecía optimista que al día siguiente era sistemáticamente burlada por la Ley de Murphy. Anteanoche Pedro José salió de la redacción a las tantas de la madrugada. Se despidió de sus compañeros diciéndoles que se sentía más socrático que nunca. Quizás quiso reconocer aquello de sólo se que nada se. A la mañana siguiente apareció muerto en la cama. En su mesilla de noche había un vaso con los restos de un líquido que, analizado por la policía judicial, resultó ser cicuta. Fue el suyo un suicidio muy socrático.

Tampoco es agradable lo que le ha pasado a la señora Belarmina. ¿Te acuerdas de ella, la cabrera del pueblo que hacía tan buenos quesos?…La pobre empezó a enloquecer el día que un candidato pasó por allí prometiendo no sólo el AVE, sino un apeadero a trescientos metros de su majadal. Ella estaba convencida de que gracias a eso iba a poder exportar sus quesos a medio mundo. Luego vio la publicidad esa del yogur griego, se enteró de que a los griegos les habían expoliado el patrimonio artístico, y de que ahora les querían quitar el yogur y se identificó con la causa de la vieja del anuncio. Se terminó de trastornar cuando escuchó que Grecia, país que no conocía ni por las películas, estaba en la ruina. Se creyó griega, y se pasaba el día como la señora esa del último spot de DANONE que grita ¡Yogurazo!, no se sabe si con rabia o con asco. Todas las mañanas salía de su casa, se subía a la torre de la iglesia, gritaba ¡Quesazo! imitando a la del anuncio y a las 12 del mediodía derramaba una cántara de leche y voceaba después que le querían arruinar hasta que subía su esposo, el pobre señor Cipriano, y se la llevaba. La semana pasada se la llevaron definitivamente los loqueros y la internaron en un manicomio, o como se diga ahora. Qué pena, Ruth. ¿La culpa de estos sucesos?…La mentira, Ruth, la mentira.

Qué poco imaginábamos en aquellos veraneos del pueblo que íbamos a vivir bajo un cielo de mentiras y sobre un suelo de más mentiras todavía. Desde que tengo uso de razón no he hecho más que ver cómo las diferentes mentiras que nos mantenían han explotado como los globos de las ferias. Yo fui un chico creyente y religioso, y lo que vi me hizo escéptico y agnóstico. Yo fui revolucionario y marxista en la universidad y la simple lectura de lo que han sido las dictaduras de izquierda me hizo abominar de mis viejas ideas. Yo creí en las democracias occidentales, y en Europa, y en la Constitución, y en eso que se llama el estado de bienestar y ahora todos esos globos se desinflan y escapan alejándose de nosotros mientras nos hacen pedorretas. Yo creía en la ética, y en la libertad, y en la educación del individuo, y en el sentido de la responsabilidad, y en el Rey, y en los políticos, y en los jueces, y en los empresarios, y en el pueblo, y en la familia… Ahora sólo nos dicen que hay que creer en Casillas y en Iniesta. Y, mientras me asomo al abismo agarrado a una última esperanza, me dan ganas de preguntar lo de aquel maravilloso chiste de Eugenio: ¿no hay alguien más ahí?…

Y de repente me he acordado de ti, Ruth. De repente me he acordado de lo que me gustabas cuando echamos el primer baile en la plaza del pueblo, aquel verano de 1962. Tez morena, sonrisa blanquísima, un lazo turquesa en tu melena oscura y una rebequita, porque era septiembre, y ya refrescaba. Sólo supe de ti que te gustaba el Dúo Dinámico y que de mayor querías poner una tienda de moda y viajar por las calles de Roma en Vespa, y a ser posible con Gregory Peck. Y no nos arrimamos mucho, pero creo que, aún con la rebequita de por medio, llegué sentir tus pechos turgentes rozando contra mis costillas. Hoy cualquier joven diría tus tetas, pero yo era un primavera, y también creía en la belleza de las palabras, y en el hechizo de la literatura, y todos los escritores que he leído siempre han utilizado lo de turgente para los pechos femeninos. O sea, que debe de ser algo bonito. La cosa es que salí muy emocionado de aquella noche, y como esos recuerdos son tesoros que se guardan en la caja fuerte del alma, no los olvidé jamás.

Ayer te vi cruzar por la calle, y fue como si una mano mágica hubiera dado con la combinación de la caja fuerte y la abriera a mis sentimientos. Eras tú, una mujer aún muy atractiva de la que nunca he vuelto a saber nada. Apenas tengo noción de quién eres, no se si estás casada, soltera o viuda, incluso puede que seas lesbiana, me da igual. Aquel baile bien podía haber sido el germen de una bella mentira, como las que nos han ido vendiendo a lo largo de nuestra vida y ahora explotan y desaparecen. Una mentira maravillosa: tú y yo amándonos apasionadamente sin tener en consideración ni una sola de las tachuelas que la vida nos pone en nuestro camino. Sin temores, sin prejuicios, sin pensar que todo ha de filtrarse por el puñetero pasapurés de la realidad. Una mentira más, para seguirnos manteniendo contentos. Al fin y al cabo…¿qué es una raya más para un tigre?

Así que, como necesito ilusiones y alegrías para sobrevivir, terminaré con lo que antes dijeron otros sabios. También es mentira que te llames Ruth, porque naciste en el pueblo y te pusieron Rufina, pero necesito un nombre así y una atmósfera incluso un poco cursi para repetirte con voz queda y conteniendo las lágrimas lo mismo que decía Johnny Guitar a Viena al cabo de tanto tiempo: Dime algo agradable. Miénteme, Ruth, dime que no me has olvidado en todos estos años. Dime que hubieras muerto si yo no hubiese vuelto. Dime que me quieres como yo te quiero.

Tuyo, en la única verdad, que es la mentira

Julio

Anuncios

3 Responses to “Carta de amor a la mentira”


  1. 1 Violette junio 19, 2012 en 8:21 pm

    ENHORABUENA, Duende ¡Qué exposición tan magnífica! Lo malo es que realidad de hoy me hace sentir miedo. ¿Nos puedes mentir un poco más mañana?

    Me gusta

  2. 2 franciska junio 19, 2012 en 10:48 pm

    ¿Que es mejor, ver la realidad o vivir inventandote una mentira? a veces nos inventamos ilusiones para poder levantarnos cada mañana, a veces, si no te las inventaras no podrias levantarte, a veces, gracias a que te las inventas sigues adelante porque no soportarias la realidad de muchas cosas que pasan. No es facil vivir ahora ,pero solo nos queda el futuro, y ese mal o bien depende de nosotros.

    Me gusta

  3. 3 maribel junio 20, 2012 en 7:40 am

    hola a todos a causa de los putos males de esta sociedad que nos esta tocando vivir….no me quedan ni ganas de leer ni escrinir a mi : querido Duende….intentare volver a mi antes que se me lleven …los lokeros…..jajaja besos

    Me gusta


Comments are currently closed.



Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,338,133 hits

A %d blogueros les gusta esto: