Los viajes dentro de un viaje (2)

Uno de los dibujos que el explorador Edward Parry hizo en el Ártico…¡Eso sí que era cambiar de aires!

1
¿Cuánto dura el verano en la España seca? Le contaban a uno en el colegio que tres meses, ja, ja. Verano es todo el tiempo en el que se está mejor al aire libre en camisa de manga corta que con cualquier pieza de abrigo. ¿Ha contado el madrileño –no digamos el andaluz, el murciano, el manchego el extremeño, el catalán o cualquier insular- cuántos días de su año puede vestir de esta guisa?…En más de la mitad de nuestra `piel de toro hay abuso de verano. En mayo los termómetros sobrepasaron los 35º en muchos observatorios. Y si Dios no lo remedía la España que desde el aire se divisa parda, gris o amarillita, como un tablero de marquetería de distintas calidades, permanecerá agostada hasta la entrada del otoño. Siempre que haya suerte y este acuda puntual.

2
Por eso hoy, 7´45 de la mañana, el bloguero despertaba alborozado escuchando el tamborileo de la lluvia en el tejado. Esto es romper con el medio habitual, y confirma el buen criterio de los primeros veraneantes, que para escapar del infierno se aposentaban en el norte. Redoblan estos goterones en Asturias, donde el agua del cielo, hay que reconocerlo, no es tanto gozo. Hubiera deseado escucharlos mejor en ese enclave de Gredos donde se refugia a menudo, abalconado sobre Castilla La Mancha, al sur, y Extremadura por el oeste. España más bien calurosa. Ahí la lluvia le hubiera sonado a música celestial, por más que se quejen los cultivadores de higos, que seguramente lamentarán un día menos de sol para endulzar sus frutos. Nunca llueve a gusto de todos.

Siempre, sin embargo, o al menos casi siempre, llueve a gusto del Duende. Duende de secano, irremediablemente apegado a los colores húmedos con los que le tentó la gran ventana que era el cine de su infancia. O el azul del mar, La isla del tesoro, o los verdes de Robín de los bosques y, más aún, de ¡Qué verde era mi valle! También le apasionó la claridad de Beau Geste, pero nunca se perdería por gusto en ningún desierto.

3
Pero casi todos entendemos que vacar es viajar. Quien además guste de aprovechar ese viaje para leer puede hacer un segundo viaje, pues uno se embarca en una lectura interesante y deja de estar donde está para volar a puntos muy distantes. El Duende se recuerda en la Viena del Imperio Austróhúngaro mientras viajaba a Santander porque en el tren iba leyendo La impaciencia del corazón, una delicada novela de Stefan Zweig centrada en la ciudad del Danubio. El fascinante relato autobiográfico de Gerald Durrell Mi familia y otros animales, que describe un verano en Corfú fue devorada otro verano en la costa de Almería, unidos al menos ambos paisajes por el Mediterráneo. Otro verano, en la isla griega de Hydra, estaba tan desesperado por la incomodidad de la playa donde le llevaron que el Duende cogió La vida instrucciones de uso, una novela genial del genial Georges Perec, trepó por el monte, se sentó en un bastante confortable pedrusco y se sumergió en las pintorescas vidas de los habitantes de un bloque de viviendas de París que retrata con una gracia y una imaginación sin igual el autor. De vez en cuando levantaba la mirada y se solazaba contemplando el soleado azul de aquel golfo del Adríático donde se ubicaba el pedregal que llamaban playa -qué eufemismo-, pero enseguida regresaba al libro, pues en él pasaban cosas mucho más interesantes.

4
Por si la fuga a Perec no fuera suficiente, el lector se entretenía también mirando de reojo a una pobre burrita atada al pie del chiringuito de la supuesta playa. La bestia soportaba el implacable sol helénico espantando moscas con el rabo ante la cruel indiferencia de multitud de bañistas gordos emparrillados sobre aquel lecho de guijarros. Al Duende le produjo tal pena el bicho que dos o tres veces suspendió su lectura, bajó y cogió higos caídos de una higuera vecina para aliviarle la solana. Se los comió encantada, y ese descenso al sentir de una burra griega le enriqueció aún más el viaje dentro del viaje que supone leer en vacaciones.

5
Ahora aprovecha la mañana lluviosa de Asturias para navegar por el Ártico. Qué le puede importar a uno ese mar helado y ese Polo Norte por el que nunca viajará, y sin embargo cuánto disfruta imaginándose en esas infinitas y aterradoras soledades blancas, y descubriendo gracias a Javier Reverte, y con Barrents, Ross, Parry, Franklin y Amundsen el mítico Paso del Noroeste, que se tragó los sacrificios y las vidas de unos cuantos héroes hoy enterrados en el olvido. Qué espíritu de aventura el de los exploradores y científicos de aquellos siglos pasados. Qué derroche de valor, cuánto romanticismo. Y qué paradoja, viajar por Asturias y por el Ártico para acabar en el fondo de uno mismo contemplando lo poco que somos y lo estúpido que es pasarse la vida venerando nuestro ombligo, con lo feo que es. Viajemos, veamos y pensemos.

Anuncios

2 Responses to “Los viajes dentro de un viaje (2)”


  1. 1 francisca julio 29, 2012 en 9:25 am

    Te he leido varias veces refirindote a paisese donde no has estado y que en cambio has leido y parece que te gustaria ver.LA REALIDAD es mejor aunque los libros sustituyan ilusiones Nunca un viaje me ha decepcionado,a a veces hay situaciones dificiles Pero si te apetece viajar, hazlo., UN POCO DE AVENTURA SIEMPRE VIENE BIEN.

    Me gusta

  2. 2 maribel agosto 20, 2012 en 8:22 am

    que abandonado te tengo queridisimo Duende! pero he estado demasido liada y ahoa voy a ver si vuelvo a acostumbrarme a leerte todas las mañanas religiosamente…… yo hice un viaje por los fiordos Noruegos y te aconsejo una pronta visita por tu parte (eso si en verano) y ya nos contaras si te decepcionado o alucinado….saludos

    Me gusta


Comments are currently closed.



Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,334,309 hits

A %d blogueros les gusta esto: