Verano 7. Por el norte de Portugal, a bolsillo casi parado

Desde el Monte Santa Lucía dicen que se divisa “una de las mejores vistas del mundo”….

1
Se pasará su vida y el Duende no habrá conseguido interpretar sobre el terreno aquel mapa con perfil femenino que presidía las aulas de los colegios y escuelas y se llamaba indubitablemente España.

No era España, que era en realidad la Península Ibérica. Quizás desde niños nos inculcaban que Portugal, a pesar de Aljubarrota, era el extranjero, pero menos. De hecho uno no termina creerse extranjero ahí. Entiende algo el idioma, conecta fácilmente con la gente, se siente en el mismo el clima que en su país, según el paralelo. Y ya en algunas regiones, y con la sola excepción de unos precios y unos salarios más bajos, no se aprecia tanto que el nuestro –y menos ahora- sea mucho más reluciente que el luso.

2
Se paseó el bloguero por el norte. Por Valença do Minho, por Viana do Castelo y por Caminha. La primera vez que pisó suelo portugués, hará treinta años, al viajero le pareció que aquella era una patria desportillada y ligeramente deprimente. Y eso que siempre fue admirador de decadencias. Ahora quizás se asomó a una zona más bonita y especialmente aseada, pero la encontró mejor. Aunque una noche que se sentó a cenar en una terraza de la plaza más guapa de Caminha, en la que había montado un escenario para la clásica actuación verbenera, no había una sola mesa ocupada.

-¿Pero no son las fiestas del pueblo? –le preguntó a la camarera extrañado.

– Si señor –contestó en perfecto español- Ahora cuando empiece la música vendrán algunos. Pero es la crisis. Una ruina, señor.

La camarera era una gallega de Tomiño, un pueblo del lado español del Miño. Y español era todo su menú de picoteo, bien ajustadito por cierto. Ración de pulpo a feira, 8 €. Ración de pimientos de Padrón, 3 €. No necesitó mucho más el viajero. Hacía fresquito –sí, en este verano aciago en un punto de la península ibérica se echaba de menos el jersey- y el pueblo estaba vacío. Los pimientos, bien fritos, el polvo (pulpo en gallego) bien aceitado y empimentonado. Todo al gusto del viajero.

Antes, en Viana do Castelo, villa de arquitectura elegante (quizás sea el manuelino la clave) y muy bien mantenida, había paseado buscando la sombra de los nobles alerones de sus calles, porque hacía calor de verdad. Subió al monte de Santa Lucía, desde donde, a decir de un reportero del National Geographic del que han rescatado la frase para ilustrar mucho carteles turísticos, se divisa “una de las más bellas vistas del mundo”, con la ciudad a los pies asomada al río Limia que se ensancha en un delta buscando el Atlántico. Almorzó luego en una taberna sardinas asadas, arroz, queso con membrillo y dos finos, que es como allí llaman a nuestra caña de cerveza. Y aquella pitanza, a la que se añadió un café, importó la astronómica cantidad de 7 €. Viajando en soledad, el Duende es aún más austero de lo habitual, tratando de hacer realidad lo que su amigo Félix Bragado diagnosticó con su gracejo gaditano cuando, dos añas atrás, incluyó su casa asturiana en el periplo estival.

-Macho, eso es lo que se dice veranear a bolsillo parao.

A bolsillo parao, si señor. No del todo, pero bastante parao. Como mandan los tiempos. El espíritu y las piernas inquietos y ágiles, pero el bolsillo sin sobresaltos.

3
Desde su modesto hotel Sao Pedro a la espléndida playa de arena blanca y fina que mira al Atlántico había no menos de cuatro kilómetros. Cuatro kilómetros gratos, que corren al borde de la orilla portuguesa del estuario del Miño y luego junto al mar. El Duende los hizo trotando, pues aún recuerda de cuando que fue maratoniano. Desde la playa, girando la mirada al norte en la orilla opuesta contempló La Guardia, que ya no podrá optar a estar en el ranking de los pueblos más bonitos del mundo, bajo el monte de Santa Tecla, al que otras veces había subido precisamente para avistar Portugal. No compró sábanas, ni toallas, ni manteles, ni cristalerías, ni gallos de colores. No tiene sitio en casa, ni demasiado interés en acumular casi nada. Ya sólo compra impresiones y colecciona recuerdos.

Hablando de impresiones: el carillón del reloj de la torre de la iglesia de Caminha reproducía una melodía que le resultó familiar y le retrotrajo a su infancia, cuando los escolares españoles veneraban una imagen fosforescente de la virgen de Fátima que iluminaba sus vidas. El trece de mayo/ la virgen María/ bajó de los cielos/ a Cova de Iría. Muchas veces ha pensado uno en lo que deben soportar los vecinos de tantas iglesias que vocean las horas a golpe de campana, pero por otra parte qué ternura, despertarse así en un pueblecito costero del norte de Portugal. Impresión anotada, a la mochila de los recuerdos. El Duende se levantó, se aseó, desayunó, metió en el coche en un ferry que le cruzó el Miño por una tarifa ridícula y continuó su veraneo a bolsillo, si no del todo parao, al menos casi parado.

Anuncios

4 Responses to “Verano 7. Por el norte de Portugal, a bolsillo casi parado”


  1. 1 El Duende de la Radio agosto 21, 2012 en 2:56 pm

    Me matiza el doctor Alfonso Castro Beiras, a quien conocí en este viaje y del que hablaré cuando toque, que pulpo en gallego también se dice “polvo”, como en portugués. Lo que hago constar para mejor precisión del lenguaje.

    Por cierto. Y a ese otro turbulento polvo que a veces sabe mejor incluso que el pulpo…¿sómo se le dice en gallego?

    Me gusta

  2. 2 Dolores agosto 22, 2012 en 1:25 pm

    Duende ¿sólo a veces? Bueno, a mí es que no me gusta mucho el pulpo, o sea el polvo, el polvo en gallego, … ¡¡¡Vaya!!! Ahora no sé; ya me he hecho un lío.

    Me gusta

  3. 3 Dora agosto 22, 2012 en 8:34 pm

    Siempre me he preguntado por qué existen tantas diferencias, sociológicas, económicas, culturales, entre el Norte y el Sur de los países. Portugal no es una excepción, si el Algarve ruge pletórico de turismo, la Foz do Minho es relajante, silenciosa y fresca. Recomiendo una escapada por Azevedo, Venade o Moledo.

    Me gusta

  4. 4 Zoupon agosto 23, 2012 en 9:29 am

    Me perdonará el ilustre cardiólogo, pero pulpo se dice polvo en el neogallego actual, al que limpian, fijan y dan (presunto) esplendor una recua de importantes filólogos que por mi podían dejar de tocar las narices. En gallego popular, que es el que habla la gente, pulpo siempre fue pulpo.

    Me gusta


Comments are currently closed.



Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,338,116 hits

A %d blogueros les gusta esto: