Verano 9. De la dura realidad a un par de amigos de verdad

<br Puentedeume fue en este viaje un puente hacia territorios maravillosos…

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Siria clama al cielo. España está que arde, y que lástima que no hablemos sólo en sentido figurado, pero qué animales somos. El Armstrong bueno (Neil) sube al cielo definitivamente, mientras su homónimo presuntamente malo (Lance) desciende a los infiernos. Los declarantes en el caso de los Ere de la Junta de Andalucía tienen más morro que un oso hormiguero. El parecido más razonable del Ecce Homo de Borja es Paquirrín, con lo que en rigor podría hablarse de una restauración milagrosa. Y esto último es precisamente lo que el Duende quería haber plasmado en un twit una vez que su sobrino Iñigo, muy impuesto en nuevas tecnologías, le animó para que se desvirgase en el uso de esa herramienta que hoy parece indispensable para estar en la pomada. No se arrepiente de no haberlo hecho, pues hubiera sido otra mofa más a cuenta de la sufrida restauradora, a la que el eco de su tierna chapucilla –con la de horrores que se hacen incluso en nombre de la cultura oficial- le tiene deprimida. Anímese señora, que no habiendo otras serpientes ni canciones de verano ni posados de minibikini de Anita Obregón ni apenas singladuras del Rey en el Fortuna, por aquello de la austeridad y la obligada discreción, a usted le ha tocado este verano el papel de friki oficial cum summa laude, qué se le va a hacer.

Eso, lo del twit a punto de salir, sí que habría sido una gran noticia en la vida del Duende. Pero al final casi celebra no haberlo lanzado, pues a tenor de la de excusas que luego tienen que pedir los que han vertido en la red comentarios ingeniosillos que derivan en polémicos, Twitter sirve básicamente para meter patas. Véase la última de ese senador del PP que ha tenido la ocurrencia de comentar que con 5.800 € de sueldo mensual “las pasa canutas”. No hagamos música si no somos capaces de mejorar el silencio.

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Estas parrafadas son descargo de conciencia. De vez en cuando uno mira sus notas de viaje desde fuera y piensa si tanto regodeo en los recorridos del ego no le alejarán de los que picoteen el blog. ¿Y a mí que me importa dónde vaya usted? Respuesta: ¿y qué le iba a usted en lo que hacía Madame Bovary con su cuerpo serrano, y perdón por la comparación? Objetivar es la clave. Uno puede estar ya demasiado visto, pero su camino y los personajes que en él encuentra ahí están, a disposición y en provecho de quien se aventure por ellos.

Betanzos y Pontedeume le atraían al Duende desde siempre, porque hay lugares que empiezan a cazarte con su nombre, de la misma manera que hay nombres que gustan de pronunciarse por su rotundidad (Betanzos) o por su romántica musicalidad (Pontedeume). De estos dos pueblos proceden dos vástagos del tronco de los M., galenos ilustres que después de estudiar en el Madrid de la primera mitad del pasado siglo decidieron ejercer donde nacieron. Al hijo del odontólogo o estomatólogo de Betanzos (entonces se le llamaba dentista sin ningún desdoro para nadie) le conoció este bloguero en la Facultad de Derecho de la Complutense. Era un chico cordial y aplicado en las estudios, con gafas de montura redonda, y tan atildado y correcto en sus modales que más que un estudiante de provincias parecía el hijo de un gentleman farmer al que mandaban a la capital para que hiciera la carrera de leyes y, a ser posible, casara con un rica heredera.

De los varios caladeros de amistades que ha trabajado este bloguero este betanceiro pertenece claramente al sector que podríamos clasificar como ilustrado de refino. Al punto que de que en razón de sus méritos como diplomático, jurista eminente, hombre culto, charlista y polemista y hasta como poeta aficionado, el Duende pidió permiso a S.M. para otorgarle de su cosecha el título de Marqués de Betanzos. La heredera con la que casó, quizás no tan rica como elegante y selectiva en sus gustos, no le dejó sin embargo asentarse en su Galicia natal, sino en Ibiza, que es lo que le seducía a ella. Motivo por el cual, y para paliar el exceso de morriña que supuraba su marquesado él mismo solicitó y obtuvo, aprovechando que el monarca estaba cazando gambusinos, el título adicional de Barón de Cap Llentrisca, nombre de la cala ibicenca donde la marquesa luce su tipazo de modelo de Helmut Newton para bañarse en las aguas del Mediterráneo. Como decía Hegel, hay argumentos de mujer que tiran más que dos carretas.

A pesar de que Santiago M.L., marqués de Betanzos y barón de Cap Llentrisca, es un hombre inteligente, serio, riguroso y un trabajador tenaz, y de que el Duende es un funambulista más propenso a vagar entre las nubes que a pisar tierra firme, ambos se conceden afecto, admiración y respeto mutuos. El gallego de vez en cuando rescata de su interior un súcubo folklórico y cachondo que le apea de su jerarquía, mientras que a su amigo, transformista profesional, no le cuesta nada disfrazarse de académico, de señorito o de aristócata de guardarropía para encontrarse los dos en ese terreno de juego común que marcan la curiosidad, las afinidades electivas y el sentido del humor. Cuando los amigos conversan y te dan que pensar, pero también que reír, es más fácil que se conviertan en amistades para siempre.

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Sin embargo el destino de esta etapa no era Betanzos, sino Pontedeume. Y concretamente la casa del mayor de los varones hijos de aquel que fuera médico del pueblo en las décadas centrales pasado siglo.

A Carlos M. le conoció el Duende en casa de Santiago.y enseguida le ganó por su educación, por su simpatía y por su exuberante generosidad, virtudes que ya conocía de su primo y que debieron de ser parte del ADN del tronco familiar. Carlos es lo que tradicionalmente se define como un hombre hecho a sí mismo. Al igual que la mayoría de los emprendedores, tiende a explicar sus logros como fruto exclusivo del esfuerzo, pero todos conocemos a cantidad de currantes que se han escornado a trabajar y apenas van tirando. A Carlos sin duda le ha ayudado algo más. Y ese algo más que le ha convertido en un próspero empresario, en un infatigable padre y abuelo de familia y en un coleccionista de amigos, debe de ser mucho, muchísimo más. Lo sabemos los que siendo habilidosillos para ciertas artes menores, somos tontos en los recados fundamentales que pide la vida. Él esos recados los ha hecho a la perfección.

El Duende tiene un cierto complejo de gorrón por su estrategia de veranear a bolsillo parao, pero jura que en este caso sólo respondió a la invitación que, año tras año, le repetían él y María Luisa, su mujer, para pasar unos días en su casa de Puentedeume.

-Luis, ven cuando quieras, con quien quieras y los días que quieras –le dijo textualmente a este duende- Ya sabes que María Luisa y yo somos muy presumidos, y nos gusta presumir de tu amistad.

No está este bloguero acostumbrado a tanta amabilidad y a tan abrumadora hospitalidad. En un paseo solitario por el maravilloso jardín que rodea a la casa de Andrade, pensaba que no envidiaba tanto el éxito de su amigo Carlos M. como, sobre todo, el afán por compartir sus resultados con quienes a él se acercan. En cierto modo, sólo es fiel a sus raíces. Nacido en Puentedeume, se ha empeñado en ser él mismo otro puente hacia territorios de afecto, placer y buena vida por el que pasamos tantos amigos para quedar después encantados y eternamente agradecidos.

Por cierto, que el post ha acabado siendo una viaje de la realidad a la amistad. En el próximo volveremos al dietario de verano.

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2 Responses to “Verano 9. De la dura realidad a un par de amigos de verdad”


  1. 1 Cap Llentrisca agosto 28, 2012 en 1:00 pm

    Alegre la mañana, hermano Duende, como dice el canto franciscano..

    La alerta en Google de “Cap Llentrisca” (que tengo activada para evitar que alguien se haga con esta marca de mi legítima propiedad, como ya ocurrió con el marquesado de Betanzos, en manos hoy de una compañía vinícola, recientemente incursa en liquidación, justo castigo a su iniquidad) trae a mis ojos deslumbrados por la luz del Mediterráneo la bella evocación que hace en su blog de la tierra de mis mayores, cuya luz no por más brumosa es menos bella. (Toma hipérbaton).

    Agradezco mucho, hermano Duende -hoy me he levantado con el de Asís- todos los parabienes que dedica a mi entrañable tierra, a mis parientes y a nuestra casi semi-centenaria amistad, pero no alcanzo a entender esa categoría en la que me coloca de “ilustrado de refino”, que a mí me suena más a aceite o a petróleo que a otra cosa. Y sepa que, en cuanto a aceite, las aceitunas del olivar de Sa Granera son llevadas a la almazara, en régimen de maquila, para obtener un aceite de primera presión, sin refinar, que la baronesa se encarga de convertir en aceite de albahaca, aquí llamado “aufabaguera”, de donde toma el nombre la casa que nuestra prima (lejana, por esto) Cayetana tiene en la isla. Y en cuanto a petróleo, ya sabe el Duende, que las ilustres posaderas de su amigo y seguro servidor se sientan en algún Consejo de Administración del sector energético, pero de energías limpias. Nada que ver con los petróleos, cuyas posibles prospecciones en el golfo de Valencia, de ser finalmente autorizadas, podrían llegar en caso de accidente (no lo permita Dios) a contaminar la costa de este cabo que he unido a mi nombre.

    La baronesa me pide que le transmita su agradecimiento por compararla con las modelos de Helmut Newton, aunque no ha dejado de añadir que preferiría algo más…contemporáneo.

    Seguiré leyendo sus notas de viaje, con el mismo placer que leí Madame Bovary , si Flaubert no se remueve en su tumba.

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  2. 2 Zoupon agosto 29, 2012 en 12:16 pm

    ¡Qué gran placer regresar de las breves vacaciones y leer al Duende y a sus comentaristas! Tan sólo una precisión a la foto que ilustra este artículo, y es que en ella no sale Pontedeume, sino el puente que cruza la ría de Betanzos (desembocadura del río Mandeo) en un hermoso lugar llamado Pedrido, donde pasé algunos felices veranos siendo niño.

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