Archivos para 27 septiembre 2012

Sonrisas y lágrimas y otras cantinelas que triunfan

Algunas cantinelas de “Sonrisas y lágrimas” son tan tontas y, no obstante, tan resultonas como muchas de las que se escuchan en política…

1
Leer periódicos, ver la tele o escuchar la radio va a ser lo que era escribir en tiempos de Larra. O sea, llorar.

En medio de la confusión universal– ahora no hay sabio que sepa cómo sacar al mundo del atolladero- lamentablemente España se ha convertido en el valle de lágrimas que cantábamos en la salve. Qué ojo el de aquel profeta maragato que diagnosticó que estábamos en la Champions de la economía. Las cosas no fueron exactamente así, y después de las sonrisas complacientes vinieron las lágrimas. Lloramos por nuestra ruina, por la osadía de nuestros profetas, por la incompetencia de nuestros sabios, por la irresponsabilidad de nuestros políticos y por la impotencia del personal para revertir la situación. Lloramos igualmente por lo feos que ahora nos ven desde fuera, como no se recatan en contar el New York Times, Le Monde y otras luminarias deOccidente. Uno llora además de rabia por esos demagogos que siguen agitando a la masa y camelando a los ignorantes, que somos casi todos, con el discurso nacionalista que funciona como un yoyó.

-Ahora soy solidario –nos dicen en alguna lengua vernácula- y lanzo el yoyó de la solidaridad para pedir un rescatillo de nada. Pera mañana soy independiente, recojo el yoyó y que os vayan dando.

Cuánto agradece este bloguero no sentir ninguna necesidad nacionalista. Qué pereza pensar que a partir de ahora podría ser por plebiscito popular de nacionalidad madrileña. Y qué gilipollez creer que el nuevo etiquetado Made in Madrid iba le iba a hacer milagrosamente más joven, más alto, más guapo más rico y más feliz. Ma…eppur si muove. Sorprendentemente, mientras nadie reclama a voces ser más inteligente o mejor persona, el mensaje nacionalista sigue encandilando a multitudes.

2
Federalismo, estado, problema identitario, nacional de aquí o de allá. Qué rollo, qué inmenso rollo. Pero qué bonito para los fuegos de artificio dialécticos. Por otra parte, qué aburrimiento pensar que, además de lo que ya somos porque la naturaleza y el mundo nos han hecho así, tenemos que adoptar un nuevo envase para nuestra mismidad.

Anteyer en EL PAÍS Xavier Vidal Folch, un peso pesado de uno de los periódicos que más generoso ha sido siempre con las reivindicaciones seculares del catalanismo, publicaba un artículo muy esclarecedor al respecto. A tenor de lo que en él cuenta, si es verdad que el bon seny es uno de los rasgos característicos del alma catalana, Cataluña podrá acabar siendo nación independiente (nadie sabe cómo, si pretenden contar con la legalidad). El romanticismo de la independencia dará mucho vuelo a su senyera, cierto. Pero cuando, además ser dueños de su nación y de su estado catalanes, se den cuenta de que eso no redime los pecados de mal gobierno que han provocado su ruina, quizás su sentido común tradicional les recuerde que con las cosas de comer no es bueno jugar.

3
Pero como el bloguero no resiste ya ni un minuto más de depre por los males de la patria, lanza su yoyó de lágrimas y lo recoge convertido en un sonrisas. Sonrisas y lágrimas. Afortunadamente, el pastelón más empalagoso que ha creado la industria del cine regresa convertido en el musical. El Duende confiesa que cuando se estrenó la película él iba a cineforums, filmotecas y otros antros de cine comprometido. Tuvo que claudicar a la presión `popular, y un día le metieron en un cine y le obligaron a ver la aventura de aquellos chiquillos cantores que, con menos azúcar glasé, había contado años antes otro film titulado La familia Trapp. Era este más discreto, y quizás por eso mismo pasó sin pena ni gloria. En plena proyección de la nueva versión, la película de Robert Wise, le irritó tanto su exceso de cursilería que se levantó de la butaca y abandonó el cine sin ver el final de la historia.

4
Desde entonces siempre le ha tenido manía. Vuelve convertida en musical, dicen que estupendo, y al menos los que vayan a verlo creerán por un par de horas que si hay motivos para llorar, también los hay para sonreír. Sobre la ola de almíbar que la promociona, alguna voz crítica ha reconocido que su número más famoso, el de la escala musical es una de las canciones más estúpidas y peor traducidas que se han hecho nunca. Don es trato de varón / re selvático animal / mi denota posesión/ fa r es lejos en inglés…Parece que en algún momento se cantó esta misma pieza con otra letra algo menos ridícula, pero la gente, seguía coreando entusiasmada la majadería original, sin saber qué animal de la selva es el re, y sin sospechar siquiera qué significa trato de varón. Cantinela gilipollesca, se diría. Igual da: algunas de estas tontadas, si son coreadas por muchos, acaban arrasando. En política y en todos los órdenes de la vida.

Verano 16. Carpe diem en Comillas

Es verdad que un palacio como este de Sobrellano impone mucho. Pero hay en el veraneo de Comillas muchos otros pequeños motivos para aplicar el “carpe diem” del clásico…

1
Sorprendentemente, no escuchó el bloguero en su tour estival el comentario esperable de los veraneantes tradicionales. Llegó a Comillas por tercera vez en su vida, y en esta ocasión la vio mejor, con más tiempo para explorar el pueblo y recorrer sus alrededores. Pudo moverse de aquí para allá, como un chamarilero que busca estampas y recuerdos para ese tesoro invendible que es la propia memoria. Se paseó por la villa cántabra y por sus playas de Oyambre, magnífica, y de Gerra, mejor todavía –aunque los de San Vicente de la Barquera digan que son suyas y muy suyas- admiró sus nobles casas, su vetusto casco urbano y sus ostentosos y modernistas palacios. Y mejor aún, la contempló serenamente desde lejos, cuando el punto de vista se agranda e incorpora los Picos de Europa y el plácido despliegue de sus laderas hasta que estas dan con el mar. Lugar privilegiado de Cantabria, sí señor. Hubiera dicho entonces aquello tan poco original de caramba, qué .bonito es esto, cómo habré tardado tanto tiempo en parar por aquí. Puede que incluso dijera algo parecido. Y sin embargo ninguno de los comillanos de toda la vida estaba allí para poner las cosas en su sitio.

-Jo, pues no sabes cómo era hace cuarenta años. El turismo, la construcción…¡Un asco!

2
Esa es una de las concesiones a la nostalgia que no por repetida deja de ser rigurosamente exacta. Todos los pueblos costeros parecían más bonitos cuando el turismo era un lujo sólo para pocos. Y cuando estos pocos no le sacaban tajada a su privilegio convirtiendo sus elegantes propiedades en colonias de chalets acosados, o, peor todavía, torres de apartamentos. Ibas entonces a sus playas solitarias y aún creías que te podías encontrar bañistas elegantes con pamela, recién salidas de un cuadro de Sorolla o románticas heroínas como La mujer del teniente francés. Ahora asomas tú y te sientes parte de la marabunta que invade el coto de los guay, los de siempre, los pioneros, los que crearon estilo en aquel paraíso que descubrieron sus abuelos, ahora hollado por cualquier advenedizo. A mediodía, y entre muchas figuras jóvenes y bellas de talle actimelado, la playa es un hormiguero de barrigones, michelines y celulitis de la oprobiosa clase media que pasean compulsivamente por la orilla para eliminar toxinas.

Ya ni Deauville ni Dinard ni Cannes son lo que eran.Quizás tampoco lo sea Comillas. Aunque el Duende esté encantado de haberlo visitado ahora, cuando hasta los gatos quieren zapatos .y los curiosos sin pedigree lo acabemos invadiendo todo.

3
Tenía el Duende un tío lustroso (años cincuenta del pasado siglo) que figuraba como esos personajes de alta comedia inglesa que encarnaba habitualmente David Niven. Se le notaba enseguida en sus modales ceremoniosos, en su hablar cadencioso y de voz ahumada, y en ese punto de dandismo pelín trasnochado incluso entonces, cuando la burguesía de buena percha iba bien planchada y peinada con brillantina. Le veía el duende niño al lado de su padre, que también era presumido, pero sin exageración, y enseguida se notaba quién era el guardián de la prosapia familiar, de la que sólo quedaba el buen nombre y poco más. El tío Pablo era conde, bon vivant venido a menos, divisionario azul, seguidor del Español de Barcelona y católico riguroso, menos en lo tocante a sexto mandamiento, que interpretó a su manera. Había sido un hombre de buen porte, con el fino bigote bien recortado que distinguía a los galanes de su época, y aparte de vitolas de puros cualquiera diría que coleccionaba también romances. Estaba separado, detalle que no se contaba a los sobrinos imberbes. El Duende era entonces un pequeño integrista, y probablemente hubiera recelado de él de saberlo. Pasó sin embargo todo lo contrario, porque en su chalet del Viso, a donde le invitaba uno de cada tres domingos, fue donde comió por primera vez arroz a la cubana con plátano frito y todo, plato que entonces se le antojaba al crío un exótico lujazo. Además, después del opíparo almuerzo, el tío Pablo llamaba a un taxi y marchaban los dos al fútbol.

-Al balompié –le decía al taxista en la lengua del Imperio, como creía que debía ser- Hoy es en el Metropolitano.

Sólo por eso el bloguero le hubiera perdonado a su tío todas sus flaquezas.

El tío Pablo fue el primer señor al que vio vistiendo camisa a rayas de cuello blanco, blazer de botones dorados y zapatos de ante con hebilla. Como David Niven, ya digo, pero con menos gracia. También fue la primera persona a la que escuchó hablar del veraneo en Comillas. Por eso se acordó de él cuando llegó a esa villa cántabra tan arbolada de abolengo y de beautiful people.

4
El cocker del tío Pablo no se sabía si era negro con pintas blancas o blanco con pintas negras. Seguramente hubiera despajado las dudas un cuadro como los que pinta Ana Eulate, una amiga del Duende que se dedica a la restauración de cuadros y muebles, que pinta perros y que tiene un alma de Josephine Baker canina. La famosa artista negra dedicaba el dinero que ganaba bailando medio en cueros ritmos tropicales a adoptar niños huérfanos y recogerlos en una mansión que tenía por la Costa Azul. Ana hace lo mismo –adoptar, no bailar medio en bolas- pero con los perros abandonados que aparecen por su casa. Se ve que entre los chuchos también se corren las buenas noticias.

-Tío, si no lo ves claro –comentan entre ellos-asomas por allá, pones cara de Snoopy apaleado y te dejas querer. Ella te acaba acogiendo como si fueras un hijo.

Ana además de restaurar y de desvivirse por los perros los retrata, y exponía este verano sus cuadros de perros en Comillas, en cuya contornada dos sobrinos del bloguero se compraron años atrás un bonito pedazo de futuro norteño. Su sobrino Pablo le había invitado a una fiesta en su casa del Tejo, donde habría mujeres guapísimas e incluso algún amigo de su generación. Y además ahí también para Francisca, una habitual de esa espléndida Marbella del norte en que se ha convertido la muy señorial villa de Comillas. En su itinerario de verano el bloguero buscaba sobre todo evasión y la inocente aventura de descubrir paisajes, pero ya se ha dicho que lo bello, cuando se puede comentar con alguien, afila los sentidos y aumenta la satisfacción.

Por añadidura, el disparate del cambio climático había templado este año el agua del mar hasta los 24º, con lo que el Duende pudo, por primera vez en su vida, bañarse a gusto en el Cantábrico. Carpe diem, filosofaba el bloguero entre las olas de Comillas. Tal y como se ha descarajado el mundo, no convertir estos pequeños placeres en grandes momentos es dejarla escaparla vida irresponsablemente. Y eso no, la verdad, eso no.

Verano 15. No perdamos la Esperanza

1
Le quedan a este bloguero dos trancos para repasar lo que fue su circuito veraniego, un paseillo por Cantabria y punto final. A partir de entonces desea esquivar su realidad, que no es de interés universal, y disfrazarla con la ficción. Peinar esas historias basadas en los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa. O sea, inspirados en lo que pasa en la calle, o al menos en su calle. Cuando el Duende no peca de mordaz, y a fe que pretende no molestar demasiado, a los amigos y conocidos no les importa asomar por aquí. Para ellos escribe.

2
Le quedaban dos capítulos, como decía, pero va Esperanza Aguirre y se le ocurre dimitir. La vida del Duende en la radio fue como el rodar de una croqueta sobre el pan rallado. Sin darse cuenta, al cabo de veintiséis años se había rebozado de muchos conocimientos que en este país tan propicio a exagerar los afectos unos dirían amistad, y otros amistad íntima, amistad entrañable, uña y carne, como hermanos. Pero eran sólo conocimientos, insiste el bloguero, pues un político o un artista o un o un famoso- por utilizar el palabro para quien sólo lo es por salir en la tele- que viene al programa donde uno hace voces y bromas y cuenta su rollito, difícilmente tiene tiempo y menos interés en ser zapador y construir rápidamente un puente para la amistad. Da igual, así es si así os parece: al despedirse los entrevistados/as te daban un par de besos (sobre todo los de la farándula, a la francesa, muá y muá, algo que la pudibunda educación del bloguero siempre ha recibido mal cuando viene de los tíos), te apuntan en el carnet de amigos y a otra cosa, mariposa. La vida del Duende de la radio fue la suerte de la croqueta, pero en ese rebozado ligero se le pegó bastante más que la mayoría Espe.

Quizás porque ella veía en él a una doñamaría de esas que la aclamaban cuando iba a la Pradera de San Isidro con un clavel en el pelo. El caso es que fue el único personaje público de los muchos conocidos que cuando este duende hizo mutis por el foro y desapareció del escenario le hizo una pregunta que a él le pareció casi una caricia.

-Y ahora…¿qué vas a hacer?

3
Se va Espe y al día siguiente se muere Carrillo. La dimisión de la presidenta se comentaba como gran noticia en el hospital público donde al bloguero le tratan de ablandar el mármol en que se ha convertido su espalda. Qué tortura, las dichosas contracturas. Parecía contento el personal de bata blanca, cada cual cuenta la feria como le va en ella.

Todo personaje público acaba arrojando luces y sombras. Lo pasmoso es que la presidenta dimitida atizase en ciertos sectores presuntamente ilustrados mucha más irritación y afán de vendetta –muérete Esperanza, le gritaron hace nada en la universidad- que el viejo líder comunista y, a decir de los entendidos, gran artífice de la transición. Como si ella fuera una arpía y la hoja de servicios de don Santiago pintara como la del padre Damián de Molokai. Apreciado –y también temido-por los suyos, reconocido por sus adversarios porque es de sabios rectificar y pactar, y exaltado prematuramente a los altares de la democracia porque, entre otras cosas, los muertos son muy bien educados y callan, Carrillo muere casi en olor de santidad. Era listo y socarrón. Este Duende le imitaba bastante bien, en más de una ocasión lo hizo a su cara, y el viejo político sonreía por compromiso sin creerse su caricatura mientras lanzaba bocanadas del humo de su cigarrillo, porque entonces aún no era pecado fumar en los estudios de radio. Hubiera querido imitar también su cuajo, su desparpajo, su suerte al cabo, por hacernos olvidar lo menos honorable de su biografía y salir de rositas por la puerta de la historia. Más vale caer en gracia, sobre todo a los palmeros, que ser gracioso.

4
Al final todos dejamos división de opiniones. A la periodista Begoña Ortúzar, una profesional de gran valía machacada por la crisis y a la espera de mejor destino, los argumentos que ha esgrimido Esperanza Aguirre para dimitir le parecen infumables, porque no se puede amparar en los nietos para bajarse del barco cuando este amenaza naufragio. En cambio su cuñado Angel Arias, que según los criterios de la propia ex presidenta sería un rojo, le llamó a este bloguero nada más ver la noticia en el Telediario para expresar su consternación.

-Oye –le dijo al Duende- Ya que eres amigo de Esperanza dile que tu cuñado el rojo se ha emocionado escuchándola. Y que además, aunque yo no la vote, es una tía cojonuda.

No es tan amigo el bloguero como para llamarla por teléfono. Y tampoco tiene tanta confianza con ella como para reproducirle el elogio con todas sus letras. Pero como ahora ella va a estar más libre, quién sabe si entre nieto y nieto, hoyo y hoyo o viaje y viaje –parece que va a trabajar para Turespaña– tiene tiempo para echar un vistazo a este blog y masajear aún más su autoestima.

Sobre Carrillo no ha habido tiempo para que se le manifieste nadie. Da igual, él ya descansa en paz, y además todos los muertos acaban pareciéndonos buenísimos. Otro motivo más para no perder la esperanza.

Verano 14. Un interludio de Boccherini

El Festival Boccherini se celebrará en Arenas de san Pedro los días 28 y 29 de septiembre de 2012. Una conferencia a cargo Paloma Olmedo sobre “Boccherini y el Infante Don Luis”, dos conciertos, una Cena Dieciochesca en el palacio de la Mosquera y una Excursión al Monasterio de Yuste integran el programa. Los precios son popularísimos. Y este Duende es el encargado de presentarlo…

1
Viajar en soledad no sólo te le lleva a los lugares que espontáneamente te pide el cuerpo. Esa es la ventaja de no tener que dar explicaciones a nadie: te permite también asomarte a las regiones del alma a las que te puede invitar un recuerdo, un pensamiento, un nombre que ves en un cartel, una noticia, una llamada de teléfono.

En pleno horno veraniego al bloguero le sorprendió una llamada de Carina Ferrer Sauermann, canaria de origen alemán residente en Arenas de San Pedro. Estas mezclas de orígenes distintos y distantes, que diría Leopoldo Calvo-Sotelo, enraizadas donde menos se espera, siempre le han interesado al bloguero. Cree que con fenómenos migratorios semejantes se forjaron los Estados Unidos, primera potencia mundial a pesar de todo, y quizás por la riqueza que aportan los mestizajes. Carina apareció por esos pagos por una cuestión de amor. Al que sería su marido, un hijo de Arenas al que el valor y otras virtudes se le suponían, se lo rifaban las lugareñas y las señoritas de Madrid, mayormente cuando le veían pasear con su uniforme de piloto militar. Ahora Carina alimenta en Arenas otros amores. Tiene hijas y nietas que paran por ahí, en una de las pocas casas tradicionales del pueblo antiguo que permite ver por sus ventanas únicamente lo mejor de la villa: el pico de la Mira al fondo, el paisaje de roca y pinos de la sierra de Gredos, el Palacio de la Mosquera en el lado opuesto del valle y la torre renacentista que remata la iglesia parroquial de la Asunción, edificada sobre una base gótica. También tiene otra pasión que es también una dedicación de muchas horas. Se llama Boccherini.

2
-¿Te gustaría ser el presentador del Festival Boccherini?-le dijo por teléfono a este bloguero errante.

Carina es la presidenta de la Asociación Boccherini de Arenas de San Pedro. Si la presencia de una canaria hija de alemana en un pueblo del sur de Ávila puede resultar curiosa, no digamos lo sorprendente que debió de ser en el siglo XVIII la de un compositor italiano nacido en Lucca que vino a España siguiendo a una soprano y se enroló en la corte de don Luis de Borbón, que también –oh casualidad- eligió este lugar para establecerse. Cherchez la femme y el temor de Carlos III por las posibles aspiraciones al trono de los descendientes de su hermano y se encontrará respuesta a lo que a priori parece un cierto enigma. Ahora que se escriben tantas novelas históricas, aquí hay una muy palaciega de amor, de celos, de recelos reales, de viajes y de sueños de cortes paralelas. Y todo con el protagonismo de figuras humanistas como las de Don Luis y la de Boccherini, que compuso precisamente en Arenas su famoso Quinteto que convirtió la Música nocturna para las calles de Madrid en una de las piezas dieciochescas más recordadas por el personal. ¿Verdad que promete?

Como promete, incluso en tiempos de vacas no ya flacas, sino medio anoréxicas, el Festival por el que tanto trabaja la amiga Carina.

3
Al final, como la Torre de la Iglesia de la Asunción, como el anclaje de Boccherini en Arenas, como Carina o como este mismo bloguero, todos somos depósito de los siglos y fruto de los mestizajes.

-¿Y por qué me invitan a presentar ese festival? –se preguntaba el Duende- ¿Y qué pinto yo allí?…

Porque él es aficionado a la música clásica, cierto, pero no un especialista. Y amante de la historia, cierto, pero nada ilustrado. Y algo así como periodista o comunicador, pero sin cara televisiva, que es lo que vende. Y además veraneó muchos años de su infancia en Arenas, seguro, pero como tantos otros. Y fue pregonero de sus fiestas cuando realmente se le escuchaba en la radio, aunque ya quizás nadie se acuerde del pregón. ¿Bastan esos títulos para hablar del gran Boccherini con un mínimo de solvencia?

4
En esas dudas estaba cuando se le ocurrió bucear en su linaje y recordar que un cuarto de sí mismo procede de un contemporáneo de Don Luis y de Boccherini que sin duda convivió con ellos en el Palacio de la Mosquera. Pues sucede que él lleva el apellido Lletget en cuarto lugar, y es chozno de don Diego Lletget y Maixer, que según unos libros fue sotaayudante de la furriera en la corte de don Luis de Borbón. Este hombre casó con una arenense, fue padre de don Diego Lletget y Pérez del Olmo, catedrático de Farmacia, y murió en la villa de la Triste Condesa probablemente después de haber servido al autor del famoso Minuetto y de la Ritirata más de un aperitivo, pues aquel cargo tan rimbombante debía de ser algo así como jefe de intendencia o, como mínimo, sommelier de palacio. Menos prosapia da una piedra.

Para más curiosidad enrevesada Lletget y Maixer era un catalán de pura cepa. ¿Qué hacía en siglo XVIII un catalán por Arenas de San Pedro? Item más: ¿por qué se llamaba Lletget, que en catalán significa literalmente Feíto, siendo así que en la familia, aunque no constan misses de belleza reconocida ni Apolos notorios tampoco éramos tan horrorosos? Misterios de la vida misma, y de algunos países tan ricos en sociología variada como es España.

Hé ahí el sedimento de los siglos y el mestizaje, la misma historia de la Torre de la Iglesia de Arenas, de la estirpe de Carina y de la de este presentador del Festival Boccherini, para servirles. Sin negar que él también se llama Lletget, que significa feíto, puede asegurarles que tanto la historia de Don Luis de Borbón, de Boccherini, y del palacio de la Mosquera, como el Festival de Música que el último fin de semana de septiembre se celebrará en recuerdo suyo quedarán muy requetebonitos. Hay planes mejores, pero probablemente no tan dieciochescos y mucho más caros.

Verano 13. En Caravia, con un viejo amigo que es un hombre nuevo

Desde lo alto del Pico Pienzo se ve Caravia y su entorno, pero luego, con sus amigos de Caravia el viajero vio otras cosas que no aparecen normalmente en las postales…

1
Dice el tópico que nunca hay que volver donde se ha sido feliz. ¿Y cómo íbamos a saber que el pasado nos iban a parecer ahora un paraíso? Ya que el Duende iba a volver por territorios felices de antaño –el destino final era Somo, donde debía reunirse con un amigo al que dejó de ver a los once años- también tocó Caravia Alta, una muy elegante villa entre La Isla y Ribadesella. Allí, en una preciosa finca de espesos castañares y prados que miran al mar, en la falda del Sueve y a los pies del Picu Pienzu, pasan el verano Etel y Pedro. Pedro, como su hermano Mariano, es amigo del Duende desde el colegio. Con ellos jugaba al fútbol en el patio del Pilar, con ellos iba al fútbol de verdad en el Bernabéu o en el Metropolitano y con ellos practicaba en su casa ese fútbol de mesa que se montaba con veintidós chapas, veintidós caras de cromos futbolistas incrustados en el interior y un garbanzo como balón. Qué apasionantes partidos, y qué tardes tan baratas. Mariano quizás fuera más bullicioso y de más clase, pero a Pedro ya se le adivinaba su orgullo, su autoridad y su espíritu ganador: no soportaba perder ni en el fútbol de las chapas.

Sin pretenderlo entonces, al Duende, que era sólo pundonoroso –mal adjetivo cuando se aplica a futbolistas y toreros- esta amistad de la infancia le vino de perlas. Veinte años después Pedro se había convertido en uno de esos hombres clave a los que las agencias de publicidad doran toda clase de píldoras para ganar su cuenta, a la sazón un superbanco, mientras que el Duende era un publicitario sin más argumentos que sus ocurrencias y una pequeña agencia con muchos deseos de agradar. A pesar de lo cómodo que es siempre ponerse en manos de grandes firmas reconocidas, el Pedro ganalotodo se la jugó y ofreció una oportunidad a su compañero de colegio. Sin olvidar quién era cada quién, y a quién servía, aquella relación de trabajo reavivó una amistad que se consumía con los años. Casi nadie sabe ahora lo que es una badila, ni el cisco, pero los contemporáneos del bloguero sí entenderán que aquel reencuentro fue como levantar las faldas la camilla y echar una firma en el brasero del tiempo. Eso confirma una de las teorías del Duende, y es que las amistades que cuajan en los primeros años de la vida, cuando las afinidades electivas pueden más que los intereses, se mantienen constantes, y pueden reanudarse en cualquier momento. A largo plazo, la inocencia de la infancia suele cosechar estos premios.

2
Pedro hizo ICADE y luego una brillante carrera profesional. Se sentó en grandes despachos y en las mesas de consejos y de comisiones ejecutivas, y era experto en algo que a este escribiente le ha retorcido las tripas toda su vida, que es tomar decisiones. Pedro tomaba decisiones como si la que al final elegía fuera la única posible y, por supuesto, la mejor. Naturalmente, las revestía con un ritual que alimentaba la ansiedad a su alrededor: largo silencio, ceño fruncido, los dedos tamborileando y rictus final de sus labios para subrayar su escueto sí o su tajante no. El Duende suponía que la apuesta por perros en lugar de ponies para tirar de sus trineos, que le dio el triunfo a Amundsen en la carrera por conquistar el Polo Sur, o la de las playas de Normandía como escenario del día D siguieron protocolo parecido. Siempre hay que cuidar las formas. Y la imagen.

Veinte años después el amigo se había convertido en un hombre alto, de buena percha y sonrisa dentifrical. Pedro administraba ésta con largueza cuando no le tocaba ser duro, que era quizás lo más importante de su papel. Tenía cierto aire de galán convencido de los años cincuenta. Por eso, cuando le contó al Duende que su mujer se llama Ethel, éste pensó que sería como Ethel Barrymoore, o si no como Ethel Brown, la hermana de Guillermo, que a pesar de ser sólo un dibujo en los libros de aventuras del inolvidable proscrito era una atractiva chica charleston de falda corta, pierna larga, tacón alto y pelo cortado al estilo de los locos años veinte. O sea, una chica sofisticada. Luego resultó que no era Ethel con h intercalada, sino Etel de Etelvina, nombre femenino muy asturiano. Qué sorpresa.

Etel no tiene menos encanto que las Ethel de referencia, pero este se manifiesta en una sonrisa cercana más asequible para el personal. Etel es el umbral del otro Pedro, el hombre que ya no tiene que ser líder, ni jefe, ni terror de proveedores, sino hombre de la calle con propensión a la felicidad rasante. Pedro es pariente lejano de Hércules Cortés, antiguo campeón del mundo de lucha libre, dato que viene de perillas para ilustrar su perfil más curioso, tan distante de los ámbitos de poder económico en los que coronó su carrera profesional. En lugar de seguir el modelo de la beautiful del dinero, Pedro tiene gustos de señor de provincias del siglo pasado. Fiel a sus orígenes manchegos –su hermano Mariano ha acabado siendo alcalde de Santa Cruz de Mudela, la tierra de sus antepasados.- es amante de los toros, de las tertulias, del fútbol, del teatro, de la novela española del siglo XX, de las exposiciones, aficionado a la caza de la patirroja, abonado a todos los ciclos musicales y operísticos habidos y por haber, empedernido jugador de dominó y abuelo con matrícula de honor, de los que lleva al colegio a sus nietos todos los días. También juega al golf, como casi todos los amigos del Duende en esta edad y, lamentablemente –otro rasgo de los poderosos- es socio y seguidor del Real Madrid. Semejante baldón no empaña la amistad que mantiene con este bloguero. Ambos comprenden sus respectivas flaquezas, y admiten que nadie es perfecto.

3
Asturias, paraíso natural según la publicidad oficial –debieron de quebrarse la cabeza para dar con slogan tan original e impactante, carajo- la sierra del Sueve y Caravia en particular tienen sin duda muchos atractivos. Pero en estos circuitos veraniegos el bloguero comprende que tanto como el paisaje le atrae el paisanaje. Sencillamente, disfruta casi más comentando con amigos del lugar qué bello horizonte, que casas tan señoriales, qué buenas estas fabes con centollo, que admirando a solas panoramas o monumentos de cuatro estrellas en las guías de viaje. El no es un Herodoto, ni George Borrow, ni el Capitán Burton. En realidad es una especie de diablo cojuelo que no puede resistir la tentación de levantar el tejado de las casas y espiar el coto permitido de la intimidad de los demás. Quería solicitar su ingreso en el CCIFA (Cuerpo de Curiosos Inspectores de Felicidades Ajenas), pero aún no se ha creado, y con la crisis tampoco habrá presupuesto para ponerlo en marcha. Lástima.

El almuerzo con Pedro y Etel, a los que les han florecido muchas promesas en forma de hijos y nietos, fue un repaso amable del tiempo pasado y una confirmación de que las canas se llevan muy bien cuando admitimos que lo importante siempre está por llegar. Incluso aunque no lo pillemos. Lo de más no eran las fabes con centollo, deliciosas por cierto. Sino la constatación de que se puede volver a los territorios o a los amigos de antaño sin caer en la nostalgia. Y, mejor todavía, con la sensación de que estás descubriendo otros aspectos del paisaje y de los personajes, algo nuevo.

Verano 12. De ratones, hombres barrigudos y otros cuadros de Asturias

Fue tan temprano el viajero a la Playa de Verdicio que lo único desnudo que allí vio era la playa misma…

1
Era un valle tranquilo, una V de verde que separaba dos montes. Entre sus brazos, algo más abiertos que los de la uve del abecedario, se veía el azul del mar.

Hace treinta y cinco años, primera vez que el bloguero apareció por las Luiñas, la postal era bonita y tranquila. No era aquel bosque de la zona tan frondoso y auténtico como los de la costa de Asturias oriental, pues los eucaliptos abusones se habían hecho con buena parte del terreno, pero el cuadro resultaba muy amable. En la modestísima casa aldeana que alquilaba, lo que llamaban cuarto de baño era un par de metros cuadrados robado a un mirador, y el zaguán del piso de abajo, la antigua vaquería malamente reconvertida. Pero la casa estaba sobre un prado, una pequeña pomarada, el vecino llevaba a sus hijos a segar y estos volvían felices, sentados sobre el colchón de hierba que llenaba el carro tirado por un percherón. Además se desayunaba la leche de las vacas del lugar. Aún se creía que los alimentos naturales eran más sanos y nutritivos, y aún el cartero repartía a caballo las cartas y el periódico (del día anterior) que enviaban desde Madrid.

La casa, tan de pueblo, hospedaba algunos ratoncillos. Uno de ellos se ahogó una noche en la pota donde se cocía la leche. El Duende madrugador no lo vio hasta que ya se había desayunado su café con leche. Justo cuando aparecieron sus hijos y reclamando su Cola-Cao, el cadáver del ratón emergió del fondo de la pota, para horror y pasmo de todos. El Duende, consciente de que había tomado un café con leche con esencias de ratón, abrió una botella de leche embotellada para los niños y esperó tranquilamente su muerte por envenenamiento, su diarrea o al menos una intoxicación digna de tal accidente. Pero no sintió nada extraño, ni una vulgar arcada. Todo por empeñarse en tomar alimentos sanos y naturales, ya te digo.

Desde aquel desayuno, se ha hecho mucho menos repunante, adjetivo que los asturianos emplean bien para designar al que hace ascos a las cosas o las personas. Algo de aquel ratón ahogado en leche pasó por sus interiores, y aquí está, jodido de la espalda, pero vivito y coleando y sin arrugar el morro más que ante los higadillos de pollo, que si le resultan insoportables.

2
La V del Valle de las Luiñas se cerró hace años en un triángulo. Una línea perfecta con la que la autovía que va desde Bilbao a Ribadeo une las dos laderas que la naturaleza puso allí. En teoría el paisaje ha perdido encanto, pues ya no queda tan bucólico. Pero no hay mal que por bien no venga. Cuando desde la casuca que alquilaba el Duende se ve ahora a un gran trailer pasando sobre el altísimo viaducto que salva el valle aquello recuerda un paisaje de Edward Hopper. El vuelo elegante de la ingeniería de carreteras añade modernidad y otro tipo de poesía a la vista humana. ¿Era más bello París antes de que Eiffel levantara su celebérrima torre? ¿Perdió tanto San Sebastián cuando Chillida plantó su Peine del Viento?…A los niños les deberían de enseñar en las escuelas que casi todos los paisajes acaban siendo un puzzle de la estética de varias generaciones, y que a menudo estas acaban integrándose en ellos con la misma naturalidad con que crecen los árboles.

3
Ahora pasa el Duende por ese valle de visita. Su playa de San Pedro de la Ribera, en la que jugaba partidos de fútbol o hacía castillos de arena con sus hijos se ha quedado pequeña. Ya no dependen de él bebés que justifiquen el sacrificio del agua fría y la impertinencia de esa maldita arena que siempre se cuela de okupa entre los dedos de los pies o en alma de la tortilla, de manera que se detuvo allí lo justo para saludar a los viejos amigos y pernoctar un poco más hacia o el oeste, en la casa que su cuñado Angel y María Rosa, su hermana mayor, tienen en Susacasa.

Susacasa es una aldea en la que evidentemente no se paró Don Pelayo ni para afeitarse. Costaría encontrar en su suelo piedras con más de un siglo de musgo en su piel. Debe figurar de las primeras comunidades en la lista de Pueblos sin Encanto de la Unión Europea, pero está asentada sobre un promontorio desde el que se ven prados, algun caballo pastando, unas pocas casas con hórreo y palmeras y, al fondo, un Cantábrico que a distania siempre parece pacífico. Porque ofrece un buen pedazo del azul del mar, pero no las olas que rompen para definir los humores de Neptuno, un par de kilómetros al norte.

El mayor atractivo esta aldea es la casa de Angel y María Rosa, que con el minimalismo como norma han sabido acotar en la nada un cuadro de David Hockney que se vive desde que se traspasa la puerta. En el gran salón nunca te encontrarías a Clarín, ni a la Pardo Bazán, pero sí a un refinado apóstol del pop-art que quiere simplificar y quitarle el polvo de la historia al punto de vista. En días de sol, que han sido casi todos este verano, el interior de la casa es un Hockney intimista, limpio y de grandes espacios entre los muebles y objetos que lo habitan. El gran ventanal lo que ofrece es un Hockney exterior vivo y luminoso, lleno de clorofila y azul.

Más allá de la cristalera, el campo alfombrado de verde cae ondulante hacia el mar, del que parecen subir hasta la aldea olas invisibles de paz y serenidad. María Rosa, que hubiera podido ser otra Hockney de perseverar en su buen gusto para pintar, sólo parece contenta cuando para en esta casa. Relativamente, claro, pues la familia -un marido, cinco hijos y ocho nietos- es difícil de controlar, de quita y pon, muchos que llegan, pasan dos o tres días y se van. Por otra parte ella mantiene que labores de las gladiadoras del hogar, son la expresión menos poética de la eternidad (de ahí lo copió Doña María). Además, como el bloguero que suscribe, María Rosa también pertenece a ese ramal de la familia que sufre cuando sale el sol recordando que ya a está al caer el crepúsculo. Todo es relativo.

3
El otro aliciente de esta casa que el propio cuñado Angel construyó como si fuera un mueble de IKEA. es que está a un paseo de la playa de Verdicio. Una de las obsesiones del Duende norteño es que las barrigas de los bañistas asturianos superan en el arco de su curvatura a la media nacional. Otra observación es que los top less brillan por su ausencia en esa zona.

El Duende durmió poco, y como cuando despertó no había nadie con quien desayunar y el día –otro más- era espléndido, se echó a andar a Verdicio esperando encontrar en el camino algún bar abierto para tomar un café. La otra esperanza, no exenta de riesgo era, que Verdicio justificara su fama de playa nudista. Lo cual, como aliciente, presentaría la posibilidad de ver a alguna mujer bella en cueros, espectáculo más que estimulante a esas horas de la mañana. Y, como peligro, el de contemplar barrigones y otros colgantes masculinos aún más indecorosos que los de la playa de las Luiñas. Espectáculo, por cierto, más que deprimente.

Pero no encontró el Duende nada de nada. Ni bares abiertos, ni café, ni chicas en top less, ni ninfas en pelotas ni barrigudos de tal guisa. Nada de lo soñado ni de lo temido. Sólo la playa en marea baja, el mar, la mar, aquel amplio arenal donde rompía el Cantábrico solo para él, único turista madrugador de la zona. Tampoco era mal premio. Definitivamente, ha habido días y veranos mucho peores.

Verano 11. El día menos pensado regreso al rio Eume

El día menos pensado el bloguero volverá a pasear por este paraíso…

1
Sabía el Duende lo que significaba el día menos pensado.

-El día menos pensado doy un puñetazo en la mesa, le hago una pedorreta al régimen y me desayuno un par de huevos fritos con chorizo, que es lo que me está apeteciendo desde hace años-dice uno.

-El día menos pensado ella se da cuenta de que está siendo cruel conmigo y me dirige la palabra-piensa otro.

-El día menos pensado me llama el jefe y me felicita por lo bien que estoy cumpliendo los objetivos.

-El día menos pensado doy un carpetazo a todo y me retiro a un monasterio.

-El día menos pensado me lanzo a escribirle una carta de amor…

El día menos pensado. Se lo habían dicho, que estas cosas suceden. Millones de personas arrastran desde hace años dolores de espalda. El Duende estaba convencido de que estas cosas sólo les pasaban a los demás, a los compañeros de trabajo, a la asistenta, con lo sufrido que es inclinarse para remeter la sábana del lado opuesto de la cama o agacharse a recoger la ropa limpia del tambor de la lavadora, a las señoras ricas que lo tienen todo y quieren hacerse perdonar su opulencia con achaques de salud para solidarizarse con el prójimo pobre, a las cuñadas delicadas, a los antiguos habilitados de clases pasivas, muy propicios a este mal.

Pero él presumía de que nunca le habían dolido ni las muelas, ni la cabeza, ni el estómago ni nada de lo que normalmente aflige al personal de su entorno. Mas el refranero, no por ordinario deja de ser sabio. Y como a cada cerdo le llega su San Martín, y perdón por la comparación, el día menos pensado se ha levantado con un dolor de espalda sencillamente insoportable.

2
De repente el bloguero advierte que se acerca al resto de los mortales.

Cada día es más frecuente que, en lugar de directores espirituales como las abuelas de antaño, la gente al igual que en las películas americanas, tenga abogados, psiquiatras, esteticienes, peluqueros, entrenadores personales y fisioterapeutas. Al Duende le inquieta sobre todo este último. Nunca se puso en manos de un profesional de ese género, y ahora está preocupado por saber qué hay que hacer cuando a uno le tumban en una camilla y le tratan los músculos de la espalda como si fueran la masa de las empanadillas. ¿Se habla del tiempo, de fútbol, de toros, de la prima de riesgo? ¿Se puede uno quejar?¿Le puede preguntar si se masajea con igual entusiasmo a una vedette de revista que a un inspector de alcantarillas? ¿Se puede sugerir que le hagan sólo lo agradable y que se abstengan de cualquier terapia molesta?

El día menos pensado aprende uno a comportarse en esos trances que, si para los demás son el pan nuestro de cada día, para el bloguero arrojan las sombras inquietantes de todo lo desconocido.

3
Pero también el día menos pensado el bloguero pondrá punto final a lo que consideraba su verano, o más propiamente su veraneo.

Se deleita recreando su viaje a bolsillo semiparado por el norte de España. Si no se recuerda algo, un poquito, es como si no se hubiera vivido. Pero de vez en cuando, al pasar a limpio sus recuerdos, se atasca en su escritura. Siente un mordisco de la realidad y se obliga a parecer responsable y a escribir no sólo de lo que le place, sino de lo que irrita, le escandaliza, le indigna. Mientras trabaja en su blog, zumban en el cielo de Candeleda el motor de varios aviones apagafuegos. Ni un día sin miedo a que un tonto -un imprudente, un majadero que quizás sólo queme montes por el placer de sentirse alguien con poder capaz de aterrorizar a la gente, de arruinarla, de empobrecer a la naturaleza y, por qué no, de matar- tire su lata de gasolina o su colilla y ponga en jaque a toda la comarca.

En estos casos siempre se acuerda de su sobrino Carlos, hijo de su queridísima prima Ana María, un joven teniente recién salido de la academia de San Javier, que murió en uno de sus primeros actos de servicio al estrellarse en un bosque gallego el avión en el que colaboraba a extinguir un incendio. Cuánto fuego, cuánto mal innecesario, cuánta irresponsabilidad, cuánto terrorista oculto. Qué desazón despertarse y poner en tela de juicio la razón de aquél que bautizó a nuestra especie como la del homo sapiens. ¿Verdad que no es tan sapiens, mi teniente?

4
Esta secular sequedad veraniega que padece España desde el borde inferior de la franja cantábrica hasta la isla más al sur hace añorar aún más la ruta por las Fragas do Eume o bosques del Eume que el Duende recorrió en compañía de su anfitrión y de Juan Luis M.L. Las Fragas son el bosque atlántico termófilo (sic) más representativo de Europa, tanto por sus 90.000 hectáreas de extensión como por la variedad de sus especies vegetales. Eso es lo que dice una web turística acerca de este parque. Lo que añadiría este bloguero es que un simple paseo recorriendo la orilla del río Eume hacia el monasterio de Caaveiro es una inmersión en un paraíso natural donde las piernas se aligeran y parecen volar. Pues en esa ruta, tupida de chopos, alisos, abedules, castaños y de los helechos arborescentes de Francisco Umbral el caminante cree flotar en una alfombra mágica. sobre una atmósfera de humedad, verdor y poesía que viaja a un mundo pretérito de ensueño. La experiencia es sencillamente emocionante.

Por cierto, que en el corazón de esa fraga algún mentecato también quiso hace unos años ponerle fuego. Afortunadamente la humedad y los pompeiros sofocaron el incendio. El Duende lo celebra por todos los amantes de la naturaleza, pero muy especialmente por su anfitrión, que a pesar de ser un gran navegante y de volar muy alto, no ha dejado nunca de tener los pies en el suelo. Ha recorrido el Camino de Santiago a pie él solito, como si fuera un estudiante, y aunque sabe que todos los caminos llevan a Roma, seguramente esta senda por la orilla del Eume es más segura para llegar a la idea que muchos tienen de Dios.

El día menos pensado este bloguero vuelve por allí. A propósito, el día menos pensado, tanto emplear esta frase, por qué será. Elemental, querido Watson, así se llama el nuevo programa de radio donde intervendrá. A lo mejor a partir de entonces deja de enrollarse tanto por escrito, y vuelve a ser duende de la radio.


Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,336,002 hits

A %d blogueros les gusta esto: