Sonrisas y lágrimas y otras cantinelas que triunfan

Algunas cantinelas de “Sonrisas y lágrimas” son tan tontas y, no obstante, tan resultonas como muchas de las que se escuchan en política…

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Leer periódicos, ver la tele o escuchar la radio va a ser lo que era escribir en tiempos de Larra. O sea, llorar.

En medio de la confusión universal– ahora no hay sabio que sepa cómo sacar al mundo del atolladero- lamentablemente España se ha convertido en el valle de lágrimas que cantábamos en la salve. Qué ojo el de aquel profeta maragato que diagnosticó que estábamos en la Champions de la economía. Las cosas no fueron exactamente así, y después de las sonrisas complacientes vinieron las lágrimas. Lloramos por nuestra ruina, por la osadía de nuestros profetas, por la incompetencia de nuestros sabios, por la irresponsabilidad de nuestros políticos y por la impotencia del personal para revertir la situación. Lloramos igualmente por lo feos que ahora nos ven desde fuera, como no se recatan en contar el New York Times, Le Monde y otras luminarias deOccidente. Uno llora además de rabia por esos demagogos que siguen agitando a la masa y camelando a los ignorantes, que somos casi todos, con el discurso nacionalista que funciona como un yoyó.

-Ahora soy solidario –nos dicen en alguna lengua vernácula- y lanzo el yoyó de la solidaridad para pedir un rescatillo de nada. Pera mañana soy independiente, recojo el yoyó y que os vayan dando.

Cuánto agradece este bloguero no sentir ninguna necesidad nacionalista. Qué pereza pensar que a partir de ahora podría ser por plebiscito popular de nacionalidad madrileña. Y qué gilipollez creer que el nuevo etiquetado Made in Madrid iba le iba a hacer milagrosamente más joven, más alto, más guapo más rico y más feliz. Ma…eppur si muove. Sorprendentemente, mientras nadie reclama a voces ser más inteligente o mejor persona, el mensaje nacionalista sigue encandilando a multitudes.

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Federalismo, estado, problema identitario, nacional de aquí o de allá. Qué rollo, qué inmenso rollo. Pero qué bonito para los fuegos de artificio dialécticos. Por otra parte, qué aburrimiento pensar que, además de lo que ya somos porque la naturaleza y el mundo nos han hecho así, tenemos que adoptar un nuevo envase para nuestra mismidad.

Anteyer en EL PAÍS Xavier Vidal Folch, un peso pesado de uno de los periódicos que más generoso ha sido siempre con las reivindicaciones seculares del catalanismo, publicaba un artículo muy esclarecedor al respecto. A tenor de lo que en él cuenta, si es verdad que el bon seny es uno de los rasgos característicos del alma catalana, Cataluña podrá acabar siendo nación independiente (nadie sabe cómo, si pretenden contar con la legalidad). El romanticismo de la independencia dará mucho vuelo a su senyera, cierto. Pero cuando, además ser dueños de su nación y de su estado catalanes, se den cuenta de que eso no redime los pecados de mal gobierno que han provocado su ruina, quizás su sentido común tradicional les recuerde que con las cosas de comer no es bueno jugar.

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Pero como el bloguero no resiste ya ni un minuto más de depre por los males de la patria, lanza su yoyó de lágrimas y lo recoge convertido en un sonrisas. Sonrisas y lágrimas. Afortunadamente, el pastelón más empalagoso que ha creado la industria del cine regresa convertido en el musical. El Duende confiesa que cuando se estrenó la película él iba a cineforums, filmotecas y otros antros de cine comprometido. Tuvo que claudicar a la presión `popular, y un día le metieron en un cine y le obligaron a ver la aventura de aquellos chiquillos cantores que, con menos azúcar glasé, había contado años antes otro film titulado La familia Trapp. Era este más discreto, y quizás por eso mismo pasó sin pena ni gloria. En plena proyección de la nueva versión, la película de Robert Wise, le irritó tanto su exceso de cursilería que se levantó de la butaca y abandonó el cine sin ver el final de la historia.

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Desde entonces siempre le ha tenido manía. Vuelve convertida en musical, dicen que estupendo, y al menos los que vayan a verlo creerán por un par de horas que si hay motivos para llorar, también los hay para sonreír. Sobre la ola de almíbar que la promociona, alguna voz crítica ha reconocido que su número más famoso, el de la escala musical es una de las canciones más estúpidas y peor traducidas que se han hecho nunca. Don es trato de varón / re selvático animal / mi denota posesión/ fa r es lejos en inglés…Parece que en algún momento se cantó esta misma pieza con otra letra algo menos ridícula, pero la gente, seguía coreando entusiasmada la majadería original, sin saber qué animal de la selva es el re, y sin sospechar siquiera qué significa trato de varón. Cantinela gilipollesca, se diría. Igual da: algunas de estas tontadas, si son coreadas por muchos, acaban arrasando. En política y en todos los órdenes de la vida.

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2 Responses to “Sonrisas y lágrimas y otras cantinelas que triunfan”


  1. 1 Ángela septiembre 28, 2012 en 6:03 pm

    Aburrida también yo de TODAS las banderas y no nos queda nada.

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  2. 2 joselepapos octubre 2, 2012 en 11:14 am

    Vi la pelicula siendo niño e interno en un seminario de Pontevedra. Me gustó tanto que durante mucho tiempo fue mi película favorita. Cosas de niños, supongo, ahora no me molestaría en ver ni siquiera el famoso musical.

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