Archivos para 27 octubre 2012

Te quiero, Montse

Sorpendentemente, hubo que convencer a las autoridades de que no todos los aviones son un peligro…

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Ah, carambas, quién iba a imaginar que la nena iba a salir tan romántica. Con lo sensata y bien plantada que había sido siempre la familia, aquel abuelo tan despabilado y trabajador que llegó de Almería en una camioneta de tomates y acabó convertido en un provechoso industrial. Y el padre, y la madre, ya ricos por herencia y más ricos aún por la propia competencia, forjada a base del ejemplo del avi, de los estudios de Profesor Mercantil y del instinto, que en eso del comercio el que no corre vuela. Y también el hereu, joven adalid del empresariado, miembro de la patronal, exportador laureado y, si no millonario del Forbes, sí lo suficiente para ser directivo del club de fútbol local y presumir de chalet y de yate anclado en el puerto de Sitges. Cataluña había cumplido como la tierra de promisión

Pero, ah, carambas, la Montse, la pubilla de la casa, tan sensible, tan enamoradiza….¿Estaba preparada la familia para esos delirios? Resulta que en la escuela se enamoró literariamente de Tirant lo Blanc, porque era muy novelera, y luego, de jovencita, más realista, de Viggo Mortensen, que aunque tampoco vivía en el barrio, al menos era carne mortal, y a lo mejor paraba por ahí en uno de esos rodajes de lanza, adarga y cabalgadura medieval que tanto le favorecían.

-Ah, carambas, nena –le decía la madre- ¿Qué no te gustaría más que en lugar de Viggo se llamara Reus, por ejemplo, que es más nuestro?…

Pero el amor, como dice la canción, nada sabe de nombres de razas ni colores, y menos de nacionalidades. Una se enamora de Brad, de Viggo, de Reus o de Marcelo. Y la nena, sin reparar en nombres, respiraba fantasía, y miraba al cielo como si el amor, al igual que los grandes sueños, fuera a llegar volando.

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No se lo dijo a los papás, ni a su hemano Ferrán, el poderoso, porque el hombre había salido más listo para la vida, pero menos vulnerable a estas fruslerías del corazón. Alguien dijo que la chica se había enamorado de un joven piloto. Se había formado éste en la Academia de San Javier, aunque luego dejó el ejército del aire, y trabajó para compañías privadas. El caso es que él cumplía el sueño de volar, y ella miraba el cielo esperando que cada avión que surcaba el cielo fuera pilotado por él y, le arrojara invisibles confettis de amor.

-Dime que me quieres –le dijo un día- Aunque todo sea tan efímero como ver pasar tu avión.

La nena había ganado su oposición, y esperaba el momento en que le llamaran para cubrir su plaza en la administración. Ilusa. Así que entretanto, por no desesperar, leía, leía, se escribía con el piloto con el que apenas podía verse y pasaba largas horas en la azotea. Primero argumentó que subía a ver la luna. La luna de noche y en plenitud, cuando estaba repleta de luz, o de día, cuando pintaba mentirosa, y era una D en creciente y la cuerna de un astado cuando decrecía.

-¿Qué no estará convirtiéndose en una lunática? –se preguntaba la madre alarmada.

-Va tú, Nuria –le tranquilizó el esposo- La nena es joven, y como que no le llaman para cubrir su puesto, pus se distrae así. A más a más, que me ha dicho que cuando sube a la terraza se lleva el punto, y así mientras mira el cielo me está haciendo una chaqueta que me vendrá muy bien para cuando sople la tramontana…¿Eh que ya lo ves mejor?…

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Pero la política lo acabaría empreñando todo. Cuando los guardianes de las esencias patrias difundieron el rumor de que el enemigo exterior no descansaba, el Servicio de Observación de Vuelos Sospechosos, alertado a su vez por la Consejería de Integridad Identitaria, que había recibido un telex del embajador en Bielorrusia contado que varios turistas de dudosa reputación habían bailado una sardana por las calles de Minsk al ritmo del Viva España de Manolo Escobar, y por la noticia, contrastada por el SASS (Servicio de Atención a Síntomas Sospechosos) de que dos coroneles jubiletas habían comentado mientras jugaban al mus que la unidad de la patria no debería romperse así como así, no tuvo más remedio que tomar cartas en el asunto.

-Oigame –les avisaron a los padre de Montse- Ojo con la nena, ¿eh?…Que tanto mirar los aviones puede ser peligroso.

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Cuando don Magin y doña Nuria, acompañados por el inspector destacado al efecto, subieron a la azotea, eran las doce de la mañana, y lucía un cielo azul purísima de inmaculada limpieza. La Montse, con la chaqueta de punto del padre ya terminada sobre el regazo, miraba a las alturas sonriendo como si esperase el Santo Advenimiento.

-¡Qué oportunos! –dijo la chiquilla enamoradiza- Llegais en el momento justo del día D

Osti, tu, non fotis!-exclamó el inspector llevándose las manos a la cabeza.

Por el horizonte apareció entonces un avión, que se fue acercando y sobrevoló el edificio describiendo varios círculos a su alrededor. Cuando al inspector se le estaba poniendo la cara verde, no se sabe si de ira o de terror, la aeronave empezó a soltar un chorro de humo, y con una grafía evanescente de algodón en rama dibujó un corazón al que añadió este mensaje: Te quiero, Montse. Tras esta filigrana, el aparato se alejó por el horizonte.

El rostro de la chiquilla resplandeció entonces de felicidad, y lanzó besos al avión que se alejaba mientras los padres suspiraron pensando que aquella maniobra había disipado cualquier amenaza ante los celosos guardianes del nacionalismo más estricto. Pero, como si el piloto hubiera sospechado que el inspector no quedaba del todo contento, volvió sobre su ruta, se acercó de nuevo al edificio donde vivía su amada, trazó un nuevo corazón sobre su pedazo de cielo, y reescribió con su tinta de humo blanco un mensaje tan cariñoso como el anterior, pero más políticamente correcto: T´estimo,Montse.

Y no hubo más remedio que dar carpetazo al asunto.

Jóvenes admirables


Esta fotografía ha sido tomada del blog manuelmadriddelgadoblogspot.com
Dicho sea con el respeto que merecen sus derechos de autor y en la confianza de que nuestra admiración por la calidad de la imagen compense el abuso de confianza. Gracias, Manuel.

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Le da al escribidor por debatir consigo mismo si está el día para ser moderadamente feliz. Qué riesgo. El País Vasco, cada día más cerca de ser otro país. Nuestra Constitución, de la que tan orgullosos nos creíamos, cayendo como un castillo de naipes. ¿Qué pasará si Cataluña y las antiguas provincias vascongadas se ponen chulas y consuman su suprema pedorreta a la ley de leyes? ¿Servirá la Unión Europea de barrera de contención a a su independencia, o hará la misma vista gorda que hicieron cuando eran Alemania y Francia las que incumplían con el déficit? ¿Resucitamos a Narváez, a Serrano, al implacable Weyler, a Martínez Campos, a O’Donnell y a cualquiera de esos espadones que no se la cogían con papel de fumar para restablecer el orden?

¿O contemporizamos, y admitimos que esto del imperio de ley es una filfa, y que no hay más ley que la que dictan los que saben que esta no se atreverá contra ellos?

O sea, no estaba el día para caramelizar el ánimo. Pero velay las ventajas de ser superficial: había cogido el bloguero unos boletus del campo, cocinó un risotto con ellos y se le puso buen cuerpo. Además: en un buzón había una carta. Para más milagro, era una carta manuscrita. Y ya al borde de éxtasis, descubrió que la firmaba una mujer joven.

Más aún: estaba escrita en inglés, y encima se entendía.

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Catherine Hood es la novia de Jack Spearman, un sobrino inglés de los varios que coinciden en la familia política de este duende. Catherine y Jack pasaron un fin de semana en Candeleda, y , como es natural, se hospedaron en casa de sus tíos. Ese fin de semana el Duende estaba pero no estaba, pues tenía que presentar en Arenas de san Pedro el Festival Boccherini. El Duende sospechaba que Boccherini no es un Justine Bieber, ni Shakira, ni siquiera Bisbal, que probablemente les entretendrían más, pero como sabía que no podría pasar mucho tiempo con sus sobrinos les invitó a que se acercaran a Arenas con su hija Isabel y escucharan esa delicada música de los tiempos de la peluca, la polvera y el rapé. La joven inglesa, a la que apenas conocía de dos encuentros anteriores, no sólo le gustó el concierto, sino que tuvo el emocionantísimo detalle de expresar su agradecimiento por escrito. Como en el siglo pasado. Le puede tanto la vanidad a este duende que no resiste la tentación de saltarse a la torera la inviolabilidad de la correspondencia y airear las últimas líneas de la carta:

Pedrojuan (es el pintoresco nombre de la finquita) is an incredibly beautiful house, and the garden too, and it was so nice to walk in the countryside around with Jack, hearing the bells of the goats ringing.

Muchas gracias (en castellano). Best wishes.

Catherine

O sea, de la Ritirita de Boccherini al bucólico tintineo de las esquilas del ganado. El detalle de una carta en estos tiempos, la educación, la sensibilidad. Juventud, divino tesoro cuando sabe balancear la delicadeza con la justa indignación. que correrá por sus venas. Motivos, seguro, no le faltarán.

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Esa misma noche escucha el Duende con estupor y preocupación que está entre los pocos españoles cuya economía no ha empeorado. Es verdad: por ahora, la Caja de la Seguridad Social cumple con los pensionistas. Toca madera.

Así las cosas, se distraen los jóvenes con la tristeza de Cristiano Ronaldo, los pases de moda Xabi Alonso y de Piqué, el bebé que espera Messi o con cantantes de moda, Seguras y otros frikis museables. Se ríen y abrazan al botellón por no llorar. Tantos MBA de lujo y tanto JASP para acabar mendigando un puesto de trabajo en Alemania o en Shanghai. Qué poca envidia no ser joven, aunque sea con dolor de espalda. Le duele decirlo, pero lo siente así. Lo de la España invertebrada de Ortega empieza a parecernos paraíso.

Tanto más dolor porque hay muchos jóvenes valiosos que no sólo se van de España por sobrevivir, sino que nos dejan para siempre. Hay uno en particular que le obsesiona desde que hace un mes supo de su muerte. Se llamaba, o se llamará siempre, Nacho de la Mata Gutiérrez. Le impresionó tanto conocer su vida, tan corta como fructífera, que empezó a escribirle un post y lo dejó en agraz, suspendido temporalmente, por temor a que no quedara a la altura de las circunstancias. Lo tiene que rematar.

Por homenaje a su figura y quizás a la de tantos jóvenes ejemplares de los que este duende, ignorante enciclopédico y obsesionado en sus propios alifafes físicos o mentales, suele pasar.

¡Ay pene, penita pena!…

Hay que econocer que hay diseños y noticias verdaderamente impactantes, caramba…

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La mamá de Mozart presumía de que su hijo componía sonatas a los cinco años.

-¿Cómo no voy a estar orgullosa de mi nene?- le decía a sus amigas mientras paseaba con el pequeño a las orillas del río Salzach.

Es lo que tiene ser madre de un niño prodigio. Primero te enorgullecen, luego resultan tan especiales que hasta pueden encontrar casi tantos problemas de adaptación como los niños cortitos. Los extremos, que a veces se tocan de verdad.

Sin embargo la madre de Cachito no era consciente de ello. La señora Vital llamaba a su nene Cachito por ese poderío que el niño mostró desde el primer día que en el baño le enjabonó la entrepierna.

¡Santa Coloma parió por un deo, y no me lo creo!-suspiró de la vecina que había acudido a conocer a la criatura al ver cacho verguita tan desmesurado- Eso no es una cosa cualquiera, eso es una Black & Decker.

Bañaron al bebé, y una vez que el pequeño pene estuvo en su lugar descanso, le pusieron sus pañalitos limpios y le depositaron a dormir en su moisés. Luego sacaron la botella de anís de la alacena y las dos brindaron por aquel nuevo niño prodigio.

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Seguramente Cachito no iba a ser como Mozart, que quedaba trasnochado, ni como Bill Gates, ni como Jobs o Zuckerman, que eran otro tipo de niños prodigio privilegiados. El mundo había cambiado, la libertad de costumbres ahora hacía milagros, y los valores que antaño distinguían a las celebridades habían cedido en beneficio de los que eran más rentables. Así que Cacho Vital, sería otra clase de triunfador, otro ejemplo de éxito.

Sería, y nunca mejor dicho, un triunfador de cojones. Y llegaría a millonario, sobre todo, por ser un auténtico virtuoso de la polla.

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En otro lugar bien distante la mamá de Vanesa no estaba menos orgullosa de su hija.

-Mira que yo le dije: hazte manicura, o entrenadora personal, o sigue el carrerón de la Bibiana Aído, que es asesora de la ONU Mujeres, o hazte novia de un futbolista del Madrid o del Barça…Pero no, que la Vanesa desde siempre dijo que le gustaba la copla y que su otra afición era seguir la tradición de sus abuelos. Y además de cantar coplas se hizo sopladora de vidrios, ya ves…Ahora, eso sí, la niña sopla como nadie, te lo digo yo…¡Artista mundial, que lo es, y de verdad!

Ya lo dijo el Guerra cuando le presentaron al filósofo Ortega. O al menos eso dicen que dijo. Hay gente pa tó.

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Andando los años Cacho Vital se hizo actor pornográfico de proyección internacional. Cuando a mitad de la treintena decidió retirarse forrado de millones había practicado el metisacaca lagartijero –metáfora taurina que siempre ejecutaba con el estoque de verdad- en no menos de tres mil corridas, o sea casi el doble de las que hubieran acumulado Marcial Lalanda y Paco Camino de haber coincidido en la misma época y haberse dedicado a lo que ahora resultaba ser una noble variante del séptimo arte.

Entiéndase lo de noble: una gran diva de la jodienda filmada llamada Cicciolina se había sentado como diputada en el parlamento italiano, una becaria norteamericana había ganado fama mundial por sus solos de clarinete presidencial en el Despacho Oval de la Casa Blanca<</a, un expresidente del Barça famoso por sus proclamas independentistas presumía de pasarse por Lapiedra a la gran estrella española de este cine guarrindongo, y últimamente munícipes (más bien munícipas) se autofilmaban alegrando su cuerpo con tecnología digital. Como si aquel menester mereciera, por su ejemplaridad, enseñarse a las generaciones venideras.

O sea, lo que siempre fue clandestino ahora se destapaba sin pudor por la suprema razón moral que todo lo hace perdonar: las antiguas bajas pasiones, ahora fabrican millones.

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Y de la misma manera que el legendario futbolista Alfredo Di Stéfano rindió homenaje a lo que le había dado fama y dinero y plantó en el jardín de su casa una pelota de piedra sobre una columna con el expresivo mensaje de Gracias, vieja, Cacho Vital, siguiendo la moda de todos los que, como Julio Iglesias, Antonio Banderas, Alejandro Sanz, David Beckham y otras estrellas bautizan colonias con su famoso nombre, decidió perpetuar su memoria creando su propia eau sauvage. Los supermachos también tienen su buen gusto y su corazoncito, así que el gran actor decidió ceder el 5% de los beneficios de las ventas de su colonia a la lucha contra el SIDA y, para darle más encanto a su perfume, envasarlo en un frasco de vidrio que reprodujera fielmente los 25 centímetros de su prodigiosa herramienta de trabajo.

-Porque el instinto comercial –anotó en su encargo-no debe estar reñido con la sensibilidad y la poesía.

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Casualmente, a la sopladora de vidrio Vanessa, tan aficionada a la copla, le sorprendió la llamada de Cacho Vital mientras cantaba aquella tan bonita de Hace tiempo que no siento nada si lo hago contigo. E inicialmente la peculiaridad del encargo y su timidez le hicieron titubear.

-Déjeme consultar, señor Vital-le dijo.

Cuando se lo contó a su familia, su padre, guardia civil jubilado, se rebeló y dijo que su hija no le soplaba la polla a nadie. Pero la madre, más moderna, le convenció de que una cosa era la forma y otra el fondo, y que el marketing y el atrevimiento de los nuevos diseños comerciales obligaban a superar viejos prejuicios.

-Las apariencias engañan a menudo- le razonó al marido levantisco- Ya verás como la niña y el perfume hacen historia.

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Vanessa pudo comprobar cómo los mitos no se forjan de la nada. Vio con sus propios ojos cómo aquel fenómeno aguantaba con su herramienta en correctísima posición de presenten armas mientras las delicadas manos de la artista del vidrio, temblando de la emoción, la recubrían de parafina templada para obtener el molde del obelisco. Cómo el superhombre seguía con sus hermosos ojos claros el llenado del molde con silicato de boro, cómo la miraba embobado mientras ella soplaba por el tubito de aluminio que atravesaba la masa faliforme para vaciar ésta de ganga inútil. Cómo limpiaba las rebabas sobrantes con una espátula de hierrro. Como se cocía en un horno a 2000º y cómo se dejaba enfriar sobre un lecho de roca de sílice antes de ver definitivamente convertido en frasco de perfume su glorioso miembro viril.

-Vanessa, guapa –dijo el ídolo mudando su clásico rictus de semental por una mirada que incluso afectaba un punto de ternura- Lo haces muy bien, muy bien, muy bien…

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Las apariencias engañan a menudo. Tras el actor que por exigencias del guión había tenido que representar papeles no siempre honorables, Vanessa se había quedado prendada del hombre. Como si fuera un romance de esos que ella gustaba de cantar en coplas.

Más dura habría de ser la caída. Cuando escuchó por la radio la noticia de que la policía había implicado, por blanqueo de capitales, en la Operación Emperador contra la mafia China al hombre que había inspirado su obra maestra del soplado de vidrios, los ojos se le inundaron de lágrimas. Cual Pantoja herida en lo más profundo de su corazón, se refugió en su tocador, cogió entre sus manos en frasco de perfume que ella había soplado con tanto amor y él le había dedicado con cariño y, estrechándolo contra su pecho se miró al espejo y, entre sollozos, recreó a su manera la zambra inmortal de Quintero, León y Quiroga.

Ay pene, penita pena,
pene de mi corazón,
que pué llevarte a la trena,
pena,
por culpa de la ambición…

Fue tanto lo que lloró Vanessita mientras cantaba que, con las lágrimas, el pene de cristal de Cacho Vital se le escurrió de entre las manos, se estrelló contra el suelo, se rompió en mil pedazos y sólo derramó el perfume del desencanto.

Galgos, podencos, ilusos y caraduras

Si seguimos discutiendo si son galgos, podencos o lo que sean, la crisis acabará comiéndonos, ya les digo…

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Galgos, podencos, soñadores. O simplemente caraduras. Qué bonito entretenerse como los conejos de la fábula de Iriarte.

-Para mí que lo que se nos viene encima es el galgo del federalismo.

-¿Federalismo normalito, o federalismo asimétrico?

-Cuarto y mitad.

-Ni puñetera idea. Para mí que es el podenco de la independencia, Vamos, que está cantado.

Lo cantan los idealistas que lo creen de buena fe y los barandas que agitan cualquier bandera con tal de distraer al personal para que olviden su incompetencia o su golfería. La culpa siempre será de otros. Porque, obviamente, nosostros somos nosotros, y para qué vamos a quererles, con lo estupendos que somos y lo que nos gorronean, caramba.

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Hace nada Cristiano Ronaldo declaró que estaba triste. Y durante medio mes el debate sobre los motivos de su tristeza llenó muchas horas en los foros deportivos. Realmente asombroso: como si la cuestión fuera creacionismo versus evolucionismo.

El Duende ecuerda que hace años otra figura del Madrid, Michel padeció una lesión en el pie que tardaba en curar, y la discusión entre el cuerpo médico, el entrenador, la directiva y el propio jugador, que tenía sus propias ideas sobre el alcance de su dolencia y la conveniencia o inconveniencia de precipitar su vuelta al equipo. El temazo desató igualmente toda suerte de polémicas trascendentes. Después de tanta tinta derramada sobre semejante majadería un periodista zumbón ironizó en su columna con un título enigmático: ¿De quién es el pie de Michel?

Ignorantes manipuladitos somos. Y así seremos mientras no nos demos cuentos de que el mundo es de los que saben tomar el pelo y encima guardar la ropa.

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El ministro Wert quizás fue poco prudente. Un buen sociólogo debe saber que hay verdades incómodas, y lo de españolizar a los niños catalanes parece que produce rechinar de dientes incluso a los que antaño creían que España era una unidad de destino en lo universal. Cualquier buen entendedor entiende lo que quería decir, aunque apelar a la patria de nuestra Constitución sea ahora como mentar la bicha. No le falta razón, pero en la necedad generalizada incluso la lógica resulta insolente, y ya es triste. Eso sí: lo ha pagado, y al ministro le han dado hasta en el carnet de identidad.

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En cambio el señor Artur Mas alumbra la frase clave de su soñado referendum sobre la independencia de Cataluña y suelta esta perla: ¿Desea que Cataluña sea un nuevo estado de la Unión Europea? Podría haber añadido: ¿Desea que su pareja sea tan atractiva como Naomi Watts o Brad Pitt, según el sexo que le apetezca? Como si se pudiera ser nuevo estado de la Unión sin antes independizarse de España y conseguir que todos los estados miembros voten por unanimidad la bienvenida al nuevo aspirante. O sea, brindis al sol, fuegos artificiales, enredar, querer pescar peces sin mojarse el culo,prevalerse de la ignorancia de unos y del romanticismo de otros para escurrir el bulto, camuflar lque verdaderamente compromete -ah, la independencia, tan deseada y tan temida- y disimular que no se sabe cómo salir de la crisis y gobernar lo que verdaderamente importa.

¿Va a acabar España con el hecho diferencial catalán? ¿Va a enjugar el federalismo asimétrico el déficit de Cataluña? ¿Va a derramar la soñada independencia el cuerno de la abundancia sobre sus campos, pueblos y ciudades? No está claro, pero pocos critican esta pregunta que pretende ser decisiva y sólo encubre una vacua estolidez. Mientras tanto el debate sigue, llena portadas y alimenta las tertulias.

Y los conejitos especulando. ¿Serán galgos? ¿Serán podencos? ¿Serán jetas? ¿Serán incompetentes?…Podemos seguir entreteniéndonos jugando con las cosas de comer hasta que tengamos que alimentarnos con nabos y palulú. Pena que los perros de la crisis sean más veloces y más voraces que los de la fábula de Iriarte.

¿Y qué fue de Melquisedech?

(Imagen tomada de la web de Hermanos Ascendidos)

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Sostiene este bloguero sin tener que jurar por el santo nombre de Dios en vano que cuando era un buen católico y escrupuloso practicante cumplía en cuerpo y alma. O al menos lo intentaba.

No es menos cierto que aparte de la buena voluntad, ignoraba cómo aprovechar las llamadas potencias del alma para obtener buena nota y ser un cristiano ejemplar. Fracasaba clamorosamente cuando en la misa escuchaba las lecturas, los evangelios, el sermón del cura, las antífonas y hasta el ite misa est y luego trataba de interpretar todos esos mensajes (en buena parte en latín) a la luz del entendimiento, que decían que era tan importante. No se atrevía a ser sincero entonces, pero la verdad es que no entendía casi nada.

Tenía claro que Dios era el jefe. Buenísimo, pero con su carácter y sus decisiones incomprensibles, como casi todos los jefes. Estaba convencido de que su gran obra, la creación, fue un acierto, y de que entre Eva y la serpiente nos habían complicado la vida a los humanos por un quítame allá esas pajas, que con no ser recomendables, a lo mejor habían causado menos problemas que la manzana. Por cierto, ¿por qué la manzana? ¿Por qué crecía esta en el árbol de la ciencia del bien y del mal, y no en un manzano? ¿Por qué Dios crea un paraíso y empieza por prohibir?

Parirás con dolor –advierte Dios a la mujer engañada por la serpiente- Y tú Adán comerás el pan con el sudor de tu frente.

Aquel aprendiz de duende se imaginaba a nuestro `primer padre untando una rebanada de pan en los goterones que se deslizaban por su frente y merendándosela después como si el sudor fuera la Nocilla de aquel tiempo.

Ya decía que no entendía casi nada.

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Se hacía también un pequeño lío con el misterio de la Santísima Trinidad, y con la doble identidad de Jesús, Dios y hombre. Para explicarse el primero recurría al ejemplo de Los tres mosqueteros, todos para uno y uno para todos, en el que el papel de D´Artagnan corría a cargo del Padre. El Espíritu Santo, por cierto, siempre le pareció un poco comparsa. Como luego resultaba que en realidad los tres mosqueteros de Dumas eran cuatro – el caballero gascón más Athos, Porthos y Aramis– ahí se desmarcaba el Duende del machismo tradicional que primaba en la divinidad y daba entrada a la Virgen, que asumía así, además de su papel de madre de todos, la condición de mosquetero celestial. Seguía siendo un lío, pero bien intencionado.

Aunque la verdad es que la parte fundamental de aquella novela tan fantasiosa que nos contaban las Escrituras le reconfortaba mucho. Gracias al Nuevo Testamento, entre otras cosas, disfrutábamos de la Navidad, y aparecían en nuestras vidas los Magos de Oriente, luego reyes decisivos en nuestras vidas. Todo eso se vería más bonito y más apasionante en las numerosas películas que ilustraban la Historia Sagrada, la religión y lo que nos sermoneaban los curas. Sansón y Dalila, Salomón y la Reina de Saba, Los diez Mandamientos, Ben Hur, La túnica Sagrada, Quo Vadis, Rey de reyes, Barrabás, Constantino el Grande, La historia más larga jamás contada, La caída del Imperio Romano, Espartaco… De tal manera que se puede decir que Cecil. B. de Mille, Mervin le Roy, Nicholas Ray, Stanley Kubrick, Charlton Heston, Víctor Mature, Robert Taylor, Anthony Quinn, Peter Ustinov, Kirk Douglas Deborah Kerr, Sofía Loren y Jean Simmons y tantas otras figuras del celuloide hicieron por la titubeante fe de aquel chaval más que las encíclicas papales, los rosarios en familia del Padre Peyton y las charlas radiofónicas del padre Venancio Marco. Luego pasaríamos de los peplum –como los entendidos designan a las películas de romanos- a melodramas como Balarrasa y Molokai, o a los magníficos dramas históricos tales que Un hombre para la eternidad. Lo que confirmaría que el cristianismo se entendía y, sobre todo, gustaba mucho más en el celuloide que cuando lo explicaba el cuerpo de servicio de la Iglesia.

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La tesis de la obra –sentenció el Duende cuando creyó tener uso de razón- me vale. ¿Pero por qué tantos nombres y tantos líos alrededor de la verdad fundamental? No había más que ver el tropel de figuras que se acumulaban en las grandes pinturas religiosas. No hay más que contemplar el techo de la Capilla Sixtina. ¿Sabe el cristiano medio quién es quién y por qué está allí? Y repasaba el duende curioso el amplísimo elenco de imprescindibles de la Iglesia: al margen de los grandes protagonistas, Dios Padre, Hijo, Espíritu Santo, y de la Virgen María, la tira de santos, beatos, mártires, profetas, ángeles, padres, tertulianos papas, sumos sacerdotes…

Algunos de ellos, sin los que, supone uno, también se puede alcanzar la gloria, aparecían a menudo en el ritual del santo sacrificio. No recuerda el Duende el número de misas a las que habrá asistido, pero sí recuerda un nombre no fácil que se le quedó grabado a fuerza de escucharlo en ellas. El nombre era Melquisedech.

¿Y qué fue del sumo sacerdote Melquisedech?

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Herodes fue un bellaco y sin embargo todos los que recibieron educación católica lo tienen fichado. Pero ¿quién de los creyentes, incluso de de los practicantes, se ha parado a pensar alguna vez en el pobre Melquisedech, que sonó durante generaciones y generaciones y ha dejado de estar presente?

El Duende pensaba que, como tanta gente que habido conociendo en su ya larga vida, había desaparecido. Estaría prejubilado en el orden celestial, o en el paro, o en un ERE, o disecado en una sacristía, como el brazo de Santa Teresa. Lamentablemente el sumo sacerdote ya no fue lo que era.

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Pero los designios del Señor son inescrutables. Y todos los olvidados tienen al menos una segunda oportunidad. Creía el Duende, ya más bien escéptico, que nuca jamás sabría de Melquisedech ni se interesaría por su vida y milagros, cuando en el número 5 del Dixit Dominus de Haendel que está preparando con su coro del CEU para el concierto de Navidad va y aparece él, el olvidado, el mismísimo Melquisedech. Lo que ha excitado su curiosidad y le ha llevado a rastrear en internet su identidad, encontrándola más bien confusa, como tantos misterios del cristianismo.

Pese a lo cual, palabra, se ha sentido al cantarlo más cerca de Dios. Aunque nunca sabrá si es gracias al viejo sumo sacerdote o a la música de Haendel, que componía como Dios, y que quizás sea tan útil para alcanzarlo como el pan y el vino de la santa misa que al parecer, sorpréndanse, había anticipado aquel enigmático Melquisedech…

Faletesofía para el escapismo

Faletesofía, o cómo filosofar sobre lo inescrutable de los destinos del hombre a partir de la figura del insigne Falete…

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Cuando despertó aquella mañana del 8 de octubre el filósofo buscó en su panal de ideas y comprobó con cierto desasosiego que estaba huero de miel, Ni un pequeño resto para endulzarle el pensamiento y avalar su conciencia de hombre pensante con toda la jerarquía, ninguna luz que le aclarase las grandes incógnitas en las que se debatía el ser humano.

-¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Soy nacional? ¿Soy federal? ¿Soy Europa? ¿Soy descontento? ¿Soy rescatado? ¿Soy elite privilegiada por poder dedicarme a rastrillar pensamientos? ¿Soy víctima del sistema?…

Apuntaban en el horizonte algunos rasgos que le podían precipitar en el más profundo pesimismo de Schopenhauer. De un lado había buscado desesperadamente la lima para pulir una uña del pie ezquierdo astillada que se le enganchaba en la sábana y no la encontraba. De otra, se había fundido la lámpara del techo, y se daba cuenta de que un insidioso dolor de espalda situado bajo la escápula derecha amenazaba con provocarle un espasmo si levantaba el brazo y hacía el movimiento de desenroscar la bombilla.

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Esto no sólo era filosóficamente malo y angustioso per se, sino también per accidens, pues, de confirmarse, no le quedaría más remedio que llamar a su hermana Micaela, única familiar cercana a la que acudir en casos de urgencia, y con la que, a pesar de todo, no se hablaba desde que ella arrambló con “Desayuno de las tropas de Aníbal a las puertas de Capua, el único cuadro historicista del siglo XIX, con más valor sentimental que artístico, firmado por un desconocido Hipólito Carotte, que había pertenecido a sus padres y que según lo dispuesto en el testamento y lo recomendado por el albacea debió adjudicarse por sorteo.

-Lo siento, Micaela, -le diría con la respiración entrecortada por el dolor- Pero aunque afanaste de mala manera el Aníbal a las puertas de Capua te suplico que me lleves a urgencia, `porque me muero.

-Primero, lo de afanaste no me gusta nada. Me lo quedé porque mamá siempre dijo que iba a ser para mí, porque yo siempre me había manifestado muy cartaginesa para todas mis cosas.

Manifestarse muy cartaginesa para todas sus cosas –repitió con retintín para sus adentros mientras barruntaba otro arrechucho traidor- Peregrina razón filosófica para explicar el “me lo quedo por lo que me da la gana”. Pues la verdad es que el cuadro lucía cierta pátina amarillenta y, en él aparecía un paisaje con murallas, columnas, y caballos, y carruajes, y mucho pueblo mezclado con la soldadesca, y quedaba muy decorativo en cualquier comedor.

-Pero…¿no me llevarías a urgencias?- inquirió el filósoso atormentado a pesar de todo.

-Claro que no, hermano. Afanaste, afanaste…Qué poco estilo el tuyo. Además, te recuerdo que no sólo no nos hablamos, sino que además me han retirado el carnet de conducir. Los dichosos puntos, ya sabes…

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Por olvidar estos penosos asuntos, abrió su correo electrónico y vio que tenía un mensaje conminatorio: esperamos tu columnita semanal. Se lo mandaba Lola, la secretaria de Virutas de Filosofía, una revista on line de filosofía sin pretensiones que contaba con él como principal colaborador. Naturalmente, por amor a la filosofía. Claro que no por el hecho de ser gratuito su trabajo dejaba de comprometerle. Pero, caramba, de qué filosofar en esas condiciones. La duda, el desasosiego, la soledad del filósofo, el desánimo, la rebelión contra el super ego, la imposible búsqueda de la felicidad, la náusea, la nada.

O el gran dilema que en verdad le corroía: ¿desenroscar la bombilla del techo y desafiar el riesgo del dolor, o no desenroscarla?…

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Sin embargo algo sucedió en ese horizonte plano y sombrío que se abría ante los ojos del filósofo sin asuntos. De repente, y por buscar evasión, encendió la tele y descubrió a un fenómeno que se llamaba Falete, una gran voz en un cuerpo orondo del que no se sabía claramente si pertenecía a hombre o a mujer, pero sí a un artista, y el arte es lo más grande que hay. Falete estaba en uno de esos programas apasionantes que invitan a los famosos a que conecten con sus difuntos en el más allá.

El filósofo no esperó a saber si Falete llegó a hablar con su padre, que en paz descanse, ni a ver si le cantaría coplas vestido de reinona y con la cara maquillada como si un Ernest Borgnine jovencito hubiera dejado de ser duro del cine para convertirse en Ernestina de Utrera. Pero la visión de aquel fenómeno reactivó milagrosamente su pensamiento. Se sentó ante el ordenador y sin vacilar comenzó a escribir su colaboración:

Entre el nihilismo de Nietzsche y el pesimismo schopenhaueriano no cabe hablar de determinismo. Falete demuestra que la diagnosis orteguiana de que el hombre es el hombre y su circunstancia no tiene límites conocidos. En caso de dudas sobre nuestra identidad y de zozobra por no saber encontrar el sentido de nuestra existencia, faleteémonos y distorsionemos lo imposible atando esa mosca por el rabo.

Se lo publicaron, naturalmente (no hay que olvidar que no le pagaban ni un euro por ello). Y llenó el ingrato afán de cada día del filósofo sin arriesgarse a desenroscar la bombilla del techo ni a pelearse con la miserable de su hermana Micaela por un desayuno de las tropas de Aníbal que, bien mirado, bien podían estar a las puertas de Capua o a las de cualquier otro pueblo de menor categoría.

Otro video histórico para Internet

Quién sabe lo que acabarán viendo los bebés de hoy gracias a ese talento y a ese desparpajo que se muestra en You Tube

-¿Y por qué no?-se preguntó el protagonista pulsando el sensor de la videocámara de su Smartphone.

Se había vestido con frac y en sus solapas lucía sus mejores condecoraciones. En el bolsillo de chaleco, enganchado con leontina, había guardado el espléndido Vacheron Constantin de oro que le heredó su abuelo. Eso formaba parte esencial del acting.

-¿No es una muestra más de que vivimos en una sociedad libre?–dijo mientras abría la tapa de oro y miraba las manecillas que marcaban las doce de la noche- Pues eso: no va a ser uno menos que una concejala cachonda o que un par de policías de Cerdañola que van de artistas de la pornografía.

Cerró la tapa del reloj, guardó este en el bolsillo, se miró la mano derecha y lustró sus uñas frotándolas contra la seda de las solapas. Se las miró orgulloso.

-Ya va siendo hora de que uno haga algo de que pueda presumir en You Tube– proclamó con gran prosopopeya. Lo dijo alguien que incluso era plebeyo: todos tenemos derecho a nuestro minuto de gloria y, por vulgar que pueda parecer ésta, no seré yo quien renuncie a ella.

Entonces cerró el puño, estiró el dedo índice y, ceremoniosamente, sinnel menor recato o disimlulo, introdujo este en sus orificios nasales y hurgó en ellos meticulosamente para acumular material sonrante y proceder a una profunda limpieza de su aristocrática napia.Fue apelotonando los mocos uno a uno. Y cuando hubo formado con ellos un albondigón, el mismo dedo índice de aquel distinguido miembro de la Diputación de la Grandeza de España que tanto había trabajado aquella noche lo pegó en el objetivo del Smartphone y la imagen, naturalmente, fundió a negro.

Fue una marranada más. Una de las muchas marranadas estúpidas que la humanidad cuelga diariamente en Internet.


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