Faletesofía para el escapismo

Faletesofía, o cómo filosofar sobre lo inescrutable de los destinos del hombre a partir de la figura del insigne Falete…

1
Cuando despertó aquella mañana del 8 de octubre el filósofo buscó en su panal de ideas y comprobó con cierto desasosiego que estaba huero de miel, Ni un pequeño resto para endulzarle el pensamiento y avalar su conciencia de hombre pensante con toda la jerarquía, ninguna luz que le aclarase las grandes incógnitas en las que se debatía el ser humano.

-¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Soy nacional? ¿Soy federal? ¿Soy Europa? ¿Soy descontento? ¿Soy rescatado? ¿Soy elite privilegiada por poder dedicarme a rastrillar pensamientos? ¿Soy víctima del sistema?…

Apuntaban en el horizonte algunos rasgos que le podían precipitar en el más profundo pesimismo de Schopenhauer. De un lado había buscado desesperadamente la lima para pulir una uña del pie ezquierdo astillada que se le enganchaba en la sábana y no la encontraba. De otra, se había fundido la lámpara del techo, y se daba cuenta de que un insidioso dolor de espalda situado bajo la escápula derecha amenazaba con provocarle un espasmo si levantaba el brazo y hacía el movimiento de desenroscar la bombilla.

2
Esto no sólo era filosóficamente malo y angustioso per se, sino también per accidens, pues, de confirmarse, no le quedaría más remedio que llamar a su hermana Micaela, única familiar cercana a la que acudir en casos de urgencia, y con la que, a pesar de todo, no se hablaba desde que ella arrambló con “Desayuno de las tropas de Aníbal a las puertas de Capua, el único cuadro historicista del siglo XIX, con más valor sentimental que artístico, firmado por un desconocido Hipólito Carotte, que había pertenecido a sus padres y que según lo dispuesto en el testamento y lo recomendado por el albacea debió adjudicarse por sorteo.

-Lo siento, Micaela, -le diría con la respiración entrecortada por el dolor- Pero aunque afanaste de mala manera el Aníbal a las puertas de Capua te suplico que me lleves a urgencia, `porque me muero.

-Primero, lo de afanaste no me gusta nada. Me lo quedé porque mamá siempre dijo que iba a ser para mí, porque yo siempre me había manifestado muy cartaginesa para todas mis cosas.

Manifestarse muy cartaginesa para todas sus cosas –repitió con retintín para sus adentros mientras barruntaba otro arrechucho traidor- Peregrina razón filosófica para explicar el “me lo quedo por lo que me da la gana”. Pues la verdad es que el cuadro lucía cierta pátina amarillenta y, en él aparecía un paisaje con murallas, columnas, y caballos, y carruajes, y mucho pueblo mezclado con la soldadesca, y quedaba muy decorativo en cualquier comedor.

-Pero…¿no me llevarías a urgencias?- inquirió el filósoso atormentado a pesar de todo.

-Claro que no, hermano. Afanaste, afanaste…Qué poco estilo el tuyo. Además, te recuerdo que no sólo no nos hablamos, sino que además me han retirado el carnet de conducir. Los dichosos puntos, ya sabes…

3
Por olvidar estos penosos asuntos, abrió su correo electrónico y vio que tenía un mensaje conminatorio: esperamos tu columnita semanal. Se lo mandaba Lola, la secretaria de Virutas de Filosofía, una revista on line de filosofía sin pretensiones que contaba con él como principal colaborador. Naturalmente, por amor a la filosofía. Claro que no por el hecho de ser gratuito su trabajo dejaba de comprometerle. Pero, caramba, de qué filosofar en esas condiciones. La duda, el desasosiego, la soledad del filósofo, el desánimo, la rebelión contra el super ego, la imposible búsqueda de la felicidad, la náusea, la nada.

O el gran dilema que en verdad le corroía: ¿desenroscar la bombilla del techo y desafiar el riesgo del dolor, o no desenroscarla?…

4
Sin embargo algo sucedió en ese horizonte plano y sombrío que se abría ante los ojos del filósofo sin asuntos. De repente, y por buscar evasión, encendió la tele y descubrió a un fenómeno que se llamaba Falete, una gran voz en un cuerpo orondo del que no se sabía claramente si pertenecía a hombre o a mujer, pero sí a un artista, y el arte es lo más grande que hay. Falete estaba en uno de esos programas apasionantes que invitan a los famosos a que conecten con sus difuntos en el más allá.

El filósofo no esperó a saber si Falete llegó a hablar con su padre, que en paz descanse, ni a ver si le cantaría coplas vestido de reinona y con la cara maquillada como si un Ernest Borgnine jovencito hubiera dejado de ser duro del cine para convertirse en Ernestina de Utrera. Pero la visión de aquel fenómeno reactivó milagrosamente su pensamiento. Se sentó ante el ordenador y sin vacilar comenzó a escribir su colaboración:

Entre el nihilismo de Nietzsche y el pesimismo schopenhaueriano no cabe hablar de determinismo. Falete demuestra que la diagnosis orteguiana de que el hombre es el hombre y su circunstancia no tiene límites conocidos. En caso de dudas sobre nuestra identidad y de zozobra por no saber encontrar el sentido de nuestra existencia, faleteémonos y distorsionemos lo imposible atando esa mosca por el rabo.

Se lo publicaron, naturalmente (no hay que olvidar que no le pagaban ni un euro por ello). Y llenó el ingrato afán de cada día del filósofo sin arriesgarse a desenroscar la bombilla del techo ni a pelearse con la miserable de su hermana Micaela por un desayuno de las tropas de Aníbal que, bien mirado, bien podían estar a las puertas de Capua o a las de cualquier otro pueblo de menor categoría.

Anuncios

6 Responses to “Faletesofía para el escapismo”


  1. 1 Ángela octubre 8, 2012 en 1:45 pm

    Cuídate.

    Me gusta

  2. 2 Ángela octubre 8, 2012 en 1:46 pm

    Cuídate Duende.

    Me gusta

  3. 3 Douce octubre 8, 2012 en 7:06 pm

    ¿Y qué hace uno en estas circunstancias? ¿Llamar a Falete, a Aníbal, a Micaela, al pelma de Schopenhauer, a la secretaria de Virutas de Filosofía, o dedicarse a pulir la uña astillada del pie izquierdo …?

    Hay días que habría borrar del calendario, Duende

    Que sea breve. (Dichosa bombilla)

    Me gusta

  4. 4 franciska octubre 9, 2012 en 6:59 am

    Hace años una amiga me dio un consejo estupendo. Me dijo “hay dias que si no se tienen fuerzas para hacer nada, pues no se hace nada, ya lo recuperaras todo lo que tienes que hacer otro dia en el que las tengas”, consejo sabio, o sea que a lo mejor hoy , no solo cambias la bombilla, sino que ademas ordenas papeles, colocas mejor la despensa etc etc……………..

    Me gusta

  5. 5 Zoupon octubre 9, 2012 en 10:32 am

    Una vez más me has alegrado el día. Más Duende y menos Prozac.

    Me gusta

  6. 6 pectos octubre 9, 2012 en 12:25 pm

    Pues yo me limaría las uña cantando por Falete mientras desprecio la bombilla. Y pensaría : Vaya tontería pelearse por un cuadro en el que seguro que Aníbal se parece más a Zoco o a Dino Zoff (comprobar caretos en google imágenes) que al eterno general tuerto cartaginés.

    Me gusta


Comments are currently closed.



Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,338,201 hits

A %d blogueros les gusta esto: