Te quiero, Montse

Sorpendentemente, hubo que convencer a las autoridades de que no todos los aviones son un peligro…

1
Ah, carambas, quién iba a imaginar que la nena iba a salir tan romántica. Con lo sensata y bien plantada que había sido siempre la familia, aquel abuelo tan despabilado y trabajador que llegó de Almería en una camioneta de tomates y acabó convertido en un provechoso industrial. Y el padre, y la madre, ya ricos por herencia y más ricos aún por la propia competencia, forjada a base del ejemplo del avi, de los estudios de Profesor Mercantil y del instinto, que en eso del comercio el que no corre vuela. Y también el hereu, joven adalid del empresariado, miembro de la patronal, exportador laureado y, si no millonario del Forbes, sí lo suficiente para ser directivo del club de fútbol local y presumir de chalet y de yate anclado en el puerto de Sitges. Cataluña había cumplido como la tierra de promisión

Pero, ah, carambas, la Montse, la pubilla de la casa, tan sensible, tan enamoradiza….¿Estaba preparada la familia para esos delirios? Resulta que en la escuela se enamoró literariamente de Tirant lo Blanc, porque era muy novelera, y luego, de jovencita, más realista, de Viggo Mortensen, que aunque tampoco vivía en el barrio, al menos era carne mortal, y a lo mejor paraba por ahí en uno de esos rodajes de lanza, adarga y cabalgadura medieval que tanto le favorecían.

-Ah, carambas, nena –le decía la madre- ¿Qué no te gustaría más que en lugar de Viggo se llamara Reus, por ejemplo, que es más nuestro?…

Pero el amor, como dice la canción, nada sabe de nombres de razas ni colores, y menos de nacionalidades. Una se enamora de Brad, de Viggo, de Reus o de Marcelo. Y la nena, sin reparar en nombres, respiraba fantasía, y miraba al cielo como si el amor, al igual que los grandes sueños, fuera a llegar volando.

2
No se lo dijo a los papás, ni a su hemano Ferrán, el poderoso, porque el hombre había salido más listo para la vida, pero menos vulnerable a estas fruslerías del corazón. Alguien dijo que la chica se había enamorado de un joven piloto. Se había formado éste en la Academia de San Javier, aunque luego dejó el ejército del aire, y trabajó para compañías privadas. El caso es que él cumplía el sueño de volar, y ella miraba el cielo esperando que cada avión que surcaba el cielo fuera pilotado por él y, le arrojara invisibles confettis de amor.

-Dime que me quieres –le dijo un día- Aunque todo sea tan efímero como ver pasar tu avión.

La nena había ganado su oposición, y esperaba el momento en que le llamaran para cubrir su plaza en la administración. Ilusa. Así que entretanto, por no desesperar, leía, leía, se escribía con el piloto con el que apenas podía verse y pasaba largas horas en la azotea. Primero argumentó que subía a ver la luna. La luna de noche y en plenitud, cuando estaba repleta de luz, o de día, cuando pintaba mentirosa, y era una D en creciente y la cuerna de un astado cuando decrecía.

-¿Qué no estará convirtiéndose en una lunática? –se preguntaba la madre alarmada.

-Va tú, Nuria –le tranquilizó el esposo- La nena es joven, y como que no le llaman para cubrir su puesto, pus se distrae así. A más a más, que me ha dicho que cuando sube a la terraza se lleva el punto, y así mientras mira el cielo me está haciendo una chaqueta que me vendrá muy bien para cuando sople la tramontana…¿Eh que ya lo ves mejor?…

3
Pero la política lo acabaría empreñando todo. Cuando los guardianes de las esencias patrias difundieron el rumor de que el enemigo exterior no descansaba, el Servicio de Observación de Vuelos Sospechosos, alertado a su vez por la Consejería de Integridad Identitaria, que había recibido un telex del embajador en Bielorrusia contado que varios turistas de dudosa reputación habían bailado una sardana por las calles de Minsk al ritmo del Viva España de Manolo Escobar, y por la noticia, contrastada por el SASS (Servicio de Atención a Síntomas Sospechosos) de que dos coroneles jubiletas habían comentado mientras jugaban al mus que la unidad de la patria no debería romperse así como así, no tuvo más remedio que tomar cartas en el asunto.

-Oigame –les avisaron a los padre de Montse- Ojo con la nena, ¿eh?…Que tanto mirar los aviones puede ser peligroso.

4
Cuando don Magin y doña Nuria, acompañados por el inspector destacado al efecto, subieron a la azotea, eran las doce de la mañana, y lucía un cielo azul purísima de inmaculada limpieza. La Montse, con la chaqueta de punto del padre ya terminada sobre el regazo, miraba a las alturas sonriendo como si esperase el Santo Advenimiento.

-¡Qué oportunos! –dijo la chiquilla enamoradiza- Llegais en el momento justo del día D

Osti, tu, non fotis!-exclamó el inspector llevándose las manos a la cabeza.

Por el horizonte apareció entonces un avión, que se fue acercando y sobrevoló el edificio describiendo varios círculos a su alrededor. Cuando al inspector se le estaba poniendo la cara verde, no se sabe si de ira o de terror, la aeronave empezó a soltar un chorro de humo, y con una grafía evanescente de algodón en rama dibujó un corazón al que añadió este mensaje: Te quiero, Montse. Tras esta filigrana, el aparato se alejó por el horizonte.

El rostro de la chiquilla resplandeció entonces de felicidad, y lanzó besos al avión que se alejaba mientras los padres suspiraron pensando que aquella maniobra había disipado cualquier amenaza ante los celosos guardianes del nacionalismo más estricto. Pero, como si el piloto hubiera sospechado que el inspector no quedaba del todo contento, volvió sobre su ruta, se acercó de nuevo al edificio donde vivía su amada, trazó un nuevo corazón sobre su pedazo de cielo, y reescribió con su tinta de humo blanco un mensaje tan cariñoso como el anterior, pero más políticamente correcto: T´estimo,Montse.

Y no hubo más remedio que dar carpetazo al asunto.

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1 Response to “Te quiero, Montse”


  1. 1 María octubre 28, 2012 en 2:08 pm

    ¡Sublime Sr. Duende!

    Un saludo

    María

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