Mi vida con otro sentido del humor

1
Despiertas a las 6´30 de la mañana y está todo oscuro. Otoño cerrado. Y en esos minutos que te concedes para arrebujarte entre las sábanas y decidir si continúas intentando el sueño o te enganchas a la rutina diaria, te asalta la misma duda que ha planeado sobre ti toda tu vida.

-¿Y quién soy yo?

2
Recuerdas entonces las mil formas distintas en que has respondido a ese formulario administrativo o comercial en el que además de tu nombre y tu domicilio te preguntan por tu profesión. ¿Y qué soy yo? Y qué se yo, solías responderte encogiendo los hombros. Y fuiste poniendo, según los años, los objetivos, los sitios donde te preguntaban y demás circunstancias de la encuesta muchas cosas distintas. Estudiante, abogado, técnico publicitario, periodista, empresario, humorista. Lo de humorista debería haber venido después de radiofonista, pero radiofonista era una palabra ya obsoleta, adecuada para Matías Prats, Boby Deglané y Vicente Marco, por hablar de tres glorias del pleistoceno de las ondas hertzianas. Y no estás seguro siquiera de que la palabra radiofonista existía.

Así que aunque sólo eras humorista gracias a la radio, y aunque piensas que, de no ser hijo de Chaplin o de Gila o de Tip, hubieras preferido que tu padre fuera un médico, o un ingeniero, o un ferroviario o un granjero, ponías eso de humorista, con la boca, o con la pluma, chica. Como para que no se enterasen tus hijos y tus amigos más convencionales.

Por no poner lo de chisgarabís o imitador, que te sonaba todavía menos de fiar..

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Luego resultaba que tampoco eras un humorista propiamente dicho. Sino como un zoótropo de la radio, uno de esos ingenios primitivos en el que a través de una rendija en un círculo de cartón que giraba sobre un eje mirabas imágenes fijas en él estampadas y creías verlas en movimiento, y pasabas de un caballo que galopaba a una rana que saltaba, o a un gimnasta que daba la voltereta, o a un bailarín de claqué. Tú también cambiabas tu voz ante el micrófono. Eras zoótropo, giroscopio, kaleidoscopio, transformismo puro, camaleón de la radio, un tramposo, un político, una folklórica, un cura, un general, una sexóloga francesa, un papa, un presidente de gobierno, un entrenador de fútbol, otro papa, otro presidente de gobierno, un ama de casa, un escritor amanerado, otro político, un chapuzas, un lendakari, una secretaria de la Moncloa, un rapsoda, un rey, otro presidente de gobierno que era muy soso y que, pese a ello contaba chistes , la esposa del presidente Pujol, un vicepresidente de gobierno, una vicepresidenta, otro seleccionador de fútbol…La tira de títeres.

Eras todos y eras nadie. En algún momento de definiste como un impostor de voces, un ilusionista, un duende de la radio. Fuegos artificiales que cuando se quemaban dejaban en el cielo una nebulosa y luego pura oscuridad. En realidad te considerabas un hombre sin identidad.

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Pero aún en esa levedad, o quizás por eso, te creías distinto de la mayoría. Tal vez un modelo alternativo, un burgués titiritero, seguro en tu propia inseguridad, y hasta, si me apuras, un poco por encima del bien y del mal. Como si dieras por hecho que nunca te fueran a pasar las cosas que les pasan a los demás. Y por aquello de ser un simulador, acabaste en las funciones que menos te habías imaginado que llegarías a desempeñar.

Hace dos fines de semana estabas con tu amigo Eduardo en el campo, viendo el otoño en su esplendor, la Sierra de Gredos al fondo, los castaños dorados, el suelo reverdecido poblado de setas y un aroma de pinaza, jara mojada y tomillo que se colaba por los alvéolos nasales y te perfumaba hasta la sentina del alma. Hablas mucho con él últimamente. Os conocéis desde la Facultad, donde él ya destacaba, y luego se hizo abogado del estado, empresario, ministro, presidente de foros, fundaciones, patronatos, conferenciante, articulista eventual en las páginas relevantes de los periódicos. Tú le admirabas entonces por lo bien que hablaba, pero él te te apreciaba a ti por lo bien que imitabas en la Fiesta del Rollo. Y recuerdas con cierto orgullo que en el viaje del paso del Ecuador a París, cuando aún apenas habíais cruzado dos palabras, se rompió un asa de tu maleta, y tú tuviste que comprarte otra más grande, y él se acercó a ti y te ayudó a cargar con ella hasta el autobús de regreso –qué sufridos los viajes estudiantiles de entonces-, y en entablar conversación, porque quería ser amigo tuyo. Y como todo lo explicaba tan bien, y te interesaba su conversación y su pensamiento, y además te invitaba a estudiar en su casa, donde siempre había merienda, y unas hermanas muy vistosas y muy simpáticas con las que ligabas algo, y mucha animación, pues os hicisteis grandes amigos.

Y ahora, a la vuelta de la vida, habláis mucho, en la soledad del campo. El siempre tienes papeles y libros entre manos, los repasa, los lee, los subraya. Esta semana debía ser miembro de un jurado que premiará el mejor trabajo sobre la figura de José María Cervelló, un compañero suyo en la promoción de abogados del estado que murió prematuramente después de haber creado escuela.

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-En qué cosas derivamos –le comentas sonriendo- A mí me toca presentar el libro de de Manuel González Burdiel.

Manolo es un amigo arquitecto que ahora escribe poesía y al que le hacen ilusión tus humoradas sin saber que no estás puesto en la materia, y que te cuesta mucho tomarte estas cosas en serio. Lo que le piden a uno.

E invocas a este respecto lo que una vez escuchaste de un ministro del Interior que se reunió con su colega francés en una de esas cumbres bilaterales, que llaman. Porfiaban en broma sobre las competencias más pintorescas que incluían sus respectivos cargos.

-Pues yo, además de ser Ministro de Interior del gobierno de la República, soy copríncipe de Andorra– presumía el gabacho.

-Eso no es nada. Yo, además de gran jefe de la policía, soy el que manda en el Reglamento Taurino.

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Y crees que, a pesar de lo que tiene de chufla tu biografía estás relativamente contento contigo mismo, y sobre todo con tu circunstancia. Sigues sin saber exactamente qué eres, porque la vida te ha dado un carácter que muta de hora en hora, lo cual ignoras si es bueno o es malo, pues si de una parte piensas que la sociedad prefiere personalidades nítidas y coherentes, de otra estás convencido de que no hay como ser zootrópico para ir regateando obstáculos y mantener el tipo. Porque te llega un bajón, claro, como a todo el mundo. Pero enseguida ves a una mujer que te sonríe, o paseas por el campo en otoño –si es con ella, mejor- , o gana el Atleti, o te manda una nieta su caja de Lacasitos a medio consumir con un mensaje que dice Te quiero, Abuelo, u un simple beso de bebé con ojos azules, o ves una película de John Ford, o cantas con tu coro a Bach o Haendel, o lees un buen libro, o muerdes un chocolate suizo, o te ríes con tus amigos de siempre, o te paseas visualmente por un paisaje de Patinir, o tiras piedras a un río caudaloso, o te esponjas frente al mar, o te duermes como un niño viendo caer la lluvia mientras en la chimenea arde un buen fuego. Y sonríes, o te emocionas, y te sientes pleno. Y se lo agradeces al Altísimo, al milagro del evolucionismo o a quien corresponda.

Pero, sobre todo, piensas que te ha compensado no haber sido más sólido, porque al final de cualquier marrón, la vida tira de ti, y consigues sonreir, o incluso reír a carcajadas. Reirte de todo, de todos, de ti mismo. Y de lo que pueda venir.

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Sabes que albergas un alma grave, adusta, asentada sólo en la duda y en el deseo, ansiosa de saber y de tener fundamentos para creer. Pero intuyes jo, no lo veo claro, qué confusión, qué difícil ser serio. Y para paliar tanto exceso de trascendencia te has troquelado definitivamente en el sentido del humor. Te lo tomas casi todo con al menos un cierto sentido del humor. Crees que lo demás, éxito, orgullo o fracaso, acaba siendo lo de menos.

Y vas tirando, acumulando sobre todo un importante patrimonio de afectos y sentimientos. Has cumplido sueños importantes: has corrido el Maratón, y has cantado El Mesías y la Novena de Beethoven. Nunca lo imaginaste cuando soñabas ser un buen deportista, con lo torpe que eras, y empezaba a despertar tu sensibilidad. Asi que vuelas: eres desconcertante a veces, errático, evanescente. Pero vuelas, y en cierto modo eres feliz no siendo nadie y habiendo vareado tantos sueños para que al menos alguno de ellos cayera en las alforjas. Gracias, sobre todo, a algo de constancia, a mucha curiosidad, al afecto cosechado y, sobre todo al sentido del humor.

-Nunca entraría en un club que aceptara como socio a un tipo como yo –te ríes por lo bajini parafraseando a Groucho Marx. Te has instalado cómodamente en el lado burlesco de la vida..

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Hasta que un día te empieza a doler algo raro y después de unos meses de cargar con tus alifafes estos se hacen más molestos. Y vienen los médicos, y las pruebas, y el ir e aquí para allá buscando soluciones. Y la certeza de que, al final, sólo te pasa lo que a tantos que son o han sido tus familiares, tus amigos, tus conocidos. Y para eso si que daba igual el calado del personaje.

-Tienes que ponerte en manos de los oncólogos- le dice lo más delicadamente posible el internista una vez que finalizan sus pruebas.

O sea, acabas siendo solidario en el dolor, cuando creías que sólo lo eras en el reír.

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La noticia es inquietante. Pero, vista desde otro punto de vista, es buenísima, porque de un sopapo te das cuenta, sobre todo, de la suerte que has tenido, del privilegio que es ser un espíritu ligero que cambia de estado de ánimo a dos por tres. El hombre poliédrico, el hombre sin identidad. La felicidad escrita con dientes de sierra, pero con un grueso colchón de cariño por debajo para el caso de que llegara la caída.

Han pasado dos días –bastantes más, si se acumulan aquellos en los que barruntabas el mal- y has dormido, y te has reído, y has seguido disfrutando de la vida. No estás seguro de cumplir el Resistiré de la famosa canción que ponía aquel entrenador de fútbol para estimular a su plantilla y evitar el descenso de categoría. Pero primero: que te quiten lo bailado. Y segundo, que no amordacen tu yo más bromista. Este, como las especies amenazadas, irá generando sus propias defensas.

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Además, la desagradable sorpresa te ha ayudado a encontrar la identidad que deseabas. Ha bastado para ponerte una t por delante de lo que antes era una sólo una h. Así que ahora podrás ser, sobre cualquier otra cosa, el hombre que se toma la vida con un sereno y saludable sentido del thumor. Sentido del thumor, como suena, sí, qué pasa.

Pura coherencia. Porque cuando te ecuchaban haciendo el gamberro por la radio, si alguien lloraba por tu culpa –y esto sí es vanidad- eran sólo lágrimas de risa.

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27 Responses to “Mi vida con otro sentido del humor”


  1. 1 Ángela noviembre 23, 2012 en 5:15 am

    Me ha pasado Duende, lo mismo que a ti esta mañana, solo que a las 4,30 de la mañana y aquí estoy cocinando unos garbanzos y leyendo al Duende que tanto me gusta. También yo pienso que si yo tuviera que elegir una cualidad, no querría ser alta, ni rubia, ni guapa, ni inteligente, ni siquiera buena o generosa, me quedaría sin duda con una buena dosis de sentido del humor, para a
    el día a día y para afrontar sinsabores de la vida. Qué no decaiga el ánimo en este maratón!! Yo estoy convencida de que los que están preparados, llegan siempre a la meta. Un beso muy fuerte, ni media concesión al desánimo.

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  2. 2 franciska noviembre 23, 2012 en 9:48 am

    ¡¡Que razon tienes¡¡ Que seria de nosotros sin el humor, cuanto hay que agradecer a la parte de tu personalidad que se ha dedicado a practicarlo, ¡Que suerte ser muchos y uno¡ ¡ no estar “apretado”, poder disfrutar de pequeñas o grandes cosas, y ademas diferentes. Ahora la vida parece que te ha puesto un escollo, un “jodido escollo” pero tú sabras como llevarlo, y además, como en todos los diferentes caminos que has llevado, has acumulado tanto cariño alrededor, ,seguro que se te devolvera ahora con creces y todos querran hacerte reir a ti. Comprobar que recibes afecto en momentos dificiles, es muy satisfactorio, yo lo senti, y tu vida cobra una nueva dimension. Mucho, mucho animo con sentido del humor, que seguro que ganara al del thumor.

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  3. 3 Palinuro noviembre 23, 2012 en 9:57 am

    Bien dice el Duende: pura coherencia, sin concesión a los avatares que intentan condicionar nuestras vidas. Por lo que se ve, tenemos Duende para rato. Para nuestra suerte.

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  4. 4 Zoupon noviembre 23, 2012 en 11:47 am

    Llevo un buen rato escribiendo y borrando, escribiendo y borrando, así que me limitaré a desearte lo mejor y enviarte un fuerte abrazo como deudor tuyo que soy, por los buenos ratos que me regalaste y los que sin duda aún me regalarás.

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  5. 5 wallace97 noviembre 23, 2012 en 1:13 pm

    Duende, ahí va el convencimiento de que no hay thumor que pueda con tu humor, y que seguiremos yendo al auditorio y oyendo esos conciertos corales y orquestales que tantos buenísimos ratos nos han hecho y nos harán pasar (alguna ventaja tenía que tener vivir en los madriles), además de los ratos radiofónicos que hemos disfrutado y seguiremos disfrutando.

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  6. 6 lola noviembre 23, 2012 en 5:08 pm

    A mí me da la impresión que doña María se ha puesto manos a la obra con el teclado y aparecen faltas de ortografía, como ya es habitual en ella y se ha hecho un lío. Teniéndola a su lado seguro que te prepara un ‘remierdo’ popular de los suyos y en unos días como nuevo. ¿A ver si lo que quieres hacer es un ERE? Un ‘eres’ más guapo, otro ‘eres’ más alto, un ‘eres’ más delgado…

    ¡Venga hombre! si ya eres Duende para rato como dice Palinuro.

    Un beso y fuerte abrazo con achuchón incluido.

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  7. 7 maffia noviembre 23, 2012 en 7:20 pm

    Un día sin reirse es un día perdido y gracias a tí hemos salvado y seguiremos salvando aún muchísimos días. De estas se sale y se recuerdan luego vagamente y también con una sonrisa.

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  8. 8 soulmanblog noviembre 23, 2012 en 9:16 pm

    El sentido del humor vence cualquier contratiempo. Tú lo sabes porque superas cada día las entradas a contratiempo a las que nos retan Bach, Handel y otros. Aplica la musicoterapia (las curas a base de música) y el canto gregoriano (la música a base de curas). Abrazos

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  9. 9 El duque del Implantado (etc., etc.) noviembre 23, 2012 en 10:55 pm

    !Qué grande eres Duende! !Y qué capacidad de remontada! En horas veinticuatro has sido capaz de salir de ti mismo, contemplarte desde fuera, valorarte, por una vez, objetivamente en lo mucho que vales y concluir sabiamente, en esta hora, que te quiten lo bailado y que nadie amordace tu sentido de la broma. Nadie te quitará nada, Duende, porque todos se gozan en el recuerdo de lo que contigo bailaron. Y los que te quieren, que son legión, te seguirán provocando para continúes alegrándoles los días con tus gracias. “Que nada prende tan rápidamente de un alma en otra, como esta simpatía de la risa”. Y tú tienes, Duende, chispa y llama para rato!

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  10. 10 Paloma noviembre 24, 2012 en 11:14 pm

    Desde mi isla, a menos de una semana de volver por los madriles ,no puedo no felicitarte y ejnvidiarte por la ligereza con la cual estas superando el obstaculo con el que , por casualidad, has tropezado.Yo lo encontre’ hace ya casi 23 anios, però creeme, me hubiera gustado reaccionar como tu lo estas haciendo gracias al sentito del humor que te ha accompagnando siempre , desde que te conozco ( cuando nos hacias reir con las imitaciones de Franco , de Fraga Iribarne , ecc)Forza , duende ,c’è la farai anche te!!Un fuerte abrazo

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  11. 11 Rosi noviembre 25, 2012 en 11:20 am

    En las clásicas encuestas que se hacen a las mujeres sobre qué es lo que más les atrae de los hombres, la mayoría ( las más inteligentes) contestan que el sentido del humor, que las hagan reir. Ya sabes, duende , sigue tan atractivo y disfrutando tanto de la vida. Muchas risas y un abrazo.

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  12. 12 José Ramón noviembre 25, 2012 en 1:29 pm

    Duende: Te deseo lo mejor. Deseo de corazón que, como dices, el humor venza al tumor y se lo coma, y se funda con él, y el thumor resultante sea no solo benigno, sino lleno de vida y de alegría.
    Seguiremos leyéndote y escuchándote durante muchos años.
    Un abrazo.

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  13. 13 Cerdido noviembre 25, 2012 en 6:10 pm

    Duende; ánimo, ánimo, ánimo¡¡

    Duende; ánimo, ánimo…

    Tienes todo lo que hay que tener para combatir a “t”. Tienes familia, amigos.. Y tienes, sobre todo, una vida plena y satisfecha

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  14. 14 Itziar noviembre 25, 2012 en 6:25 pm

    Esta vez me has hecho llorar de una manera distinta a otras veces…..mas tiernamente…he recordado los viejos tiempos y tantas otras risas. Queridisimo Duende,compañero de este mal, estoy segura que con tu sentido del humor_thumor podras superarlo. Todos los que te queremos estamos a tu lado y aunque algunos desde lejos, entre las arenas del desierto libio, te mandamos todo nuestro cariño,

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  15. 15 Ana Mª Figuerola Ferretti noviembre 25, 2012 en 10:03 pm

    Ánimo duende,tu puedes.Estamos contigo y convencidos que no te faltará el humor y seguirás contandonos tus cosas que tanto nos gustan.Un abrazo

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  16. 16 Bête en sauce noviembre 26, 2012 en 9:52 am

    Duende, he escrito sentido del thumor y el corrector automático me lo ha corregido. Le he dado a “incluir en el diccionario” porque muchos lo vamos a necesitar. Gracias por el ejemplo y mucho ánimo!

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  17. 17 Bego noviembre 26, 2012 en 12:01 pm

    Que bien manejas el idioma!! Siempre nos has hecho reír, tus dobles sentidos, tu ironía y tu especial critica en los momentos mas insospechados… Cuanta gente te quiere por eso y por mas…no cambies!!!!!

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  18. 18 joselepapos noviembre 26, 2012 en 6:35 pm

    Mucho ánimo duende. Gracias por abrirnos tu corazón con tanta elegancia y valor. Tengo un hermano batallando también con los thumores y voy a hacerle llegar tus pensamientos para que le reconforten.

    Un fuerte abrazo.

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  19. 19 Violette noviembre 26, 2012 en 11:44 pm

    Exijo mi peonada de ánimo, apoyo y ayuda. Siempre has estado conmigo en mis más duras.

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  20. 20 ro noviembre 27, 2012 en 10:50 am

    Animo!!! tus afectos, muchos y tu gran sentido del humor te van hacer superar lo que haga falta….. ya verás… Te necesitamos…
    Una amiga.

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  21. 21 Monti noviembre 27, 2012 en 5:10 pm

    Mucho animo Duende.El animo en estos casos es uno de los mejores aliados y eso es lo que llevas de ventaja a las personas que no tienen tantas fuerzas para asumirlo con ese humor.
    Un fuerte abrazo.

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  22. 22 Cecilia noviembre 29, 2012 en 1:28 pm

    Una de las ventajas de ser criado por los abuelos, son los recuerdos que uno se lleva consigo.
    Aún recuerdo… mi cabeza lo reproduce como una estampa. Mº Rosa con el camisón y las zapatillas, las ventanas abiertas de par en par ( un frío terrible, pero daba igual había que ventilar) con la radio a cuestas de habitación en habitación.
    Y de repente presa de la excitación, gritaba: -Que viene Doña María, que viene Doña María¡¡

    Ahí estaba sentada ( la primera vez que lo hacía en toda la mañana, aunque luego siempre aseguraría que la primera vez era a la hora de comer) sobre la cama a medio hacer, y con la radio a dos centímetros como para intentar oír tu respiración.
    Yo no sabía ni quién era, ni porque mi abuela, lloraba de risa escuchando a una señora que algo decía de hacer croquetas con la naríz…pero me divertía, mucho.

    Años después conseguiste lo que pocos han conseguido, y fue hacerme reír y llorar, allí en Conil con unas coplillas, ( los que ahi estábamos, sabemos de lo que hablamos).
    Y al tiempo recordar, que ya bastante mayor (me da verguenza reconocerlo, pero la ocasión lo merece) me sabía todas las canciones de Zapatito…
    Que años después, volvieron a mi memoria de la mano de de tus nietas.

    Porque imaginate que rubia, tiene a bien presumir en tono chulesco :
    -¡ Si, si, pero mi abuelo canta en una iglesia y el tuyo no…¡¡

    ( Yo pensaba, al mio le gusta mas dar voces en los bancos…;)

    Un abrazo, duende, muchos animos para tí y para todos los tuyos.
    Si has conseguido que todos alberguemos estos estupendos recuerdos, puedes conseguir lo que te propongas.

    C.

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  23. 23 Violette noviembre 29, 2012 en 11:14 pm

    Ceci, además de una estupendísima fotógrafa, eres una extraordinaria narradora. ¿A que madre o abuela no le han puesto verde por ventilar la casa cuando hace un frío pelón?
    Las voces de tu abuelo no son para describir. La única vez que me han dado golpes en la pared fue hace poco, una noche que él y tu abuela cenaban en casa.
    Y del Duende qué decir. Canta, escribe, silba, guisa…, solo tiene un defecto: baila fatal. Ya está bien de halagos, se los va a creer.

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  24. 24 Ángela noviembre 30, 2012 en 3:09 pm

    Se me ocurré que la mejor manera de volver a casa mañana será para El Duende, que le suelten para ver el derbi y que el Atletico le marque un 5-0 al Madrid. Atleti!! Atleti!!! Atleti!!!.

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  25. 25 Noelia noviembre 30, 2012 en 8:35 pm

    Hola duende, a mí lo de ser un personaje polifacético o zootrópico me parece de lo más interesante, el que no sea capaz de adaptarse corre el riesgo de extinguirse.
    Y lo del sentido del humor, es esencial. Creo que este tendría que ser nuestro “sesto sentido”, no sólo nos ayuda a nosotros, sino a los que tenemos alrededor.
    Así que creo que tienes mucha suerte de poseer esas dos virtudes ,que te van a ayudar a “tirar pa lante” y pasar esta racha, que espèro de todo corazón que pase pronto.
    Con todo mi cariño te mando mucho ánimo y mucha fuerza .
    Se despide una:pedagoga, acompañante, maestra, cantante de coro, choferesa, resumiendo . una ama de casa, como dijo Forges que también tiene mucho “sesto sentido”
    !Ah! y ! que gane el Atleti !, pero también al Barça

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  26. 26 Douce diciembre 1, 2012 en 9:56 am

    Amigo Duende, de todos esos heterónimos que has sido y eres: “zoótropo, giroscopio, kaleidoscopio, transformismo puro, camaleón de la radio, un tramposo, un político, una folklórica, un cura, un general, una sexóloga francesa, un papa, un presidente de gobierno, un entrenador de fútbol, otro papa, otro presidente de gobierno, un ama de casa, un escritor amanerado, otro político, un chapuzas, un lendakari, una secretaria de la Moncloa, un rapsoda, un rey, otro presidente de gobierno que era muy soso y que, pese a ello contaba chistes , la esposa del presidente Pujol, un vicepresidente de gobierno, una vicepresidenta, otro seleccionador de fútbol…La tira de títeres” el Mejor, con mucho, es el que ahora nos has mostrado y el que nos enseñas a vivir: “el hombre que se toma la vida con un sereno y saludable sentido del thumor”

    ¡Aupa Athleti!, te lo dice un medio merengue! Y vas a ganar

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  27. 27 Julia diciembre 15, 2012 en 7:32 pm

    Soy “la mayor”, sí, sí, la mayor de los once hermanos ¿caes? es facilísimo identificarme….¿recuerdas que tuve la cara dura de hablarte de “la pequeña” ante el asombro y gesto reprobatorio del resto del personal presente?.
    Pues no me resigno a dedicarte estas líneas de admiración, apoyo y cariño. Por haber nacido la primera me he perdido poder conocerte y tratarte, aunque siempre me llegaban tus historias que se contaban en casa y todos disfrutábamos. Y he sido fiel radioyente de tus tiempos de Dª María , con Julio Cesar Iglesias.Y ahí me reía yo sola, porque su fina ironía, su gusto por lo “suntuario”, sus problemas con las vecinas del bloque, me inundaban el alma y notaba unas ciertas cosquillas en la conciencia, aunque parezca contradictorio.
    Y ahora, precisamente por consejo de mis hermanas, soy una adicta de tu blog, y te leo y releo cada día.
    ¡Bravo Duende! Sigue escribiendo para deleite y ejemplo de tanta gente que te quiere y te necesita, así como eres, con ese temple que Dios te ha dado. Y ese ánimo que vencerá sin duda el thumor, sin menoscabo de tu humor que permanecerá inalterable.
    Y déjate querer, pero mucho mucho, porque verás que es una muy dulce sensación.
    Y aquí estoy yo, pa lo que gustes mandar, que también te quiero y me gustaría que lo supieras. Ánimo, tío grande, que tú vencerás. Besos. Julia.

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