Crisis y otros misterios de Navidad

Herodes

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Recuerdas al despertar el 25 de diciembre que es el aniversario de Charlot. Murió hace ya bastantes años en su casa de Vevey, Suiza, junto al abeto, que sería elegante, discreto, sin el espumillón y aquellas bolas doradas que adonaban el árbol de Plácido, y de todos lo plácidos que había en España cuando reinaba la ingenuidad. A más lustre y abigarramiento de adornos, más sentimiento de la Navidad, creíamos entonces Te pareció una muerte bonita, simbólica: rodeada de nieve y al calor de la chimenea. No se si al final llamaría al servicio, que según el marqués de Leguineche disfruta tanto cuando los señores mueren con la debida prosopopeya. Tú de pequeño creías que las muertes, para ser dignas, tenían que ser como las que pintaban Pradilla y Casado del Alisal, o sea, con reyes, chambelanes, pajes y alabarderos alrededor, mucha gualdrapa y damasco, representando todos un duelo parecido a  la venganza de don Mendo, pero en luctuoso. Luego resulta que uno se muere de cualquier manera y no pasa nada

2

Se te ha quedado grabada la fecha de la muerte de Chaplin por la contradicción entre lo que te reías con él y la pena de que se despidiera en “estas fechas tan señaladas”. Sin duda olvidabas que los espíritus de la Navidad  vuelan por entre las estrellas con un gancho colgando que en cualquier momento te atrapa en el más acá y te deposita en el más allá. No te asusta nada eso.

¿Cuántas Navidades has pasado ya? ¿Cuántos de  los que cenaron contigo y cantaron villancicos en tus nochebuenas siguieron después el camino de Charlot? No están, pero están, y siguen estando: has pasado revista y no se te han olvidado. Ni tus abuelos, ni tus padres, ni tus suegros, ni tu hermano Carlos, ni tus primos y primas,  ni tu amigo Félix, ni tu cuñado Gonzalo, el último decir hasta luego.

Cuando eras niño, y aún joven, estas ausencias te entristecían. Ahora las vas encajando en tu almario como una precisa pieza de marquetería sentimental. Incluso sonríes por ellos, que están en otra fase de la vida. Luego te sale el Sancho Panza femenino que llevas dentro –vulgo Doña María- y valoras que no tengan que esperar a que se vaya nadie para retirarse, ni deben recoger nada, no tienen que hacer orden en la casa, ni que poner el lavaplatos, ni pasar la fregona, ni la escoba. Mejor aún: pueden olvidar la comida del día de Navidad, porque anoche cenaste como un heliogábalo y el cuerpo sólo te pide silencio, depuración y sueño. ¿Y si sólo te alimentaras de recuerdos para celebrar la llegada de Emmanuel?…

3

El tuyo es un barrio popular que en estas fechas era asaltado por Papás Noel trepadores que subían por las fachadas supuestamente para dejar en las casas sus regalos. Hasta este año, claro. Entre tanto paro, impuestos, recortes, ERES y otras miserias los Santaclauses han dicho que trepe Rita, que para qué van a hacer el ridículo, allí colgados como ahorcaditos, pasando frío y chupando contaminación, si no tienen nada que dejar.

No hay más que mirar a las luces de las calles comerciales, y al tráfico. A medianoche de un sábado víspera de Nochebuena la calzada central del Paseo de Recoletos de Madrid se movía con fluidez y en la penumbra, y ni siquiera el imponente edificio de la Biblioteca Nacionalmerecía iluminación especial. Tu amiga Pepa se había pasado la mañana en tiendas cool de la Milla de Oro, y comentaba que en todas ellas era la única cliente a la vista. Tú mismo aprovechaste tu obligada espera en el Hospital de Sanchinarro  -análisis a las 9 horas y reunión con la oncóloga a las 12- para escapar al cercano Hipercor y hacer unas compras. Sólo buscabas un pijama de franela, pero cuando entraste en ese inmenso templo del consumo  atestado de productos relucientes y completamente vacío de consumidores sentiste el mismo pánico que inspiraba el siniestro hotel aislado en la nieve de El resplandor. Ya lo habían dicho nuestros políticos, y el polémico Draghi: se acabó la fiesta.

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Escuchas la radio y el noventa por ciento de las tertulias abundan en qué va a cocinar usted para los grandes ágapes de Navidad y Año Nuevo. Cualquier ocasión festiva es buena para llenar la andorga, pero excesos, los justos. Y sin embargo reconoces que a ti, aunque te duela la crisis, te gusta este efecto simplificador colateral. Es más: se diría que te encanta que la Navidad vuelva a ser una fiesta a media luz. Tu mujer aporta su consomé y su pavo trufado, tu cuñada Belén unos caracoles guisados con cierto toque cuartelero que hacen templar al Misterio y lo que bautizó como “cocktail de los sixties”, es decir aquel salpicón de gambas, merluza ensalada y mayonesa que estaba de moda en los sesenta, buenísimo y tan fácil de engullir. Tu otra cuñada Carmen una pularda rellena exquisita. No hay que pelear abriendo ostras, ni luchar contra la armadura de las langostas, ni chupetear percebes. Cocina con cariño, buen vino y basta.

Tú deberías ser  prudente. Acabas de salir de la quimioterapia y en teoría estás desganado y con el estómago revuelto. Pero pruebas el primer bocado, se te asienta el cuerpo y el impulso de la Cortisona hace el resto. Comes desaforadamente, hasta que el corsé aprieta y echas el freno. Luego cantas villancicos con las niñas, y acabas recordando que estás pachucho para retirarte a una hora discreta.

5

Mas no sólo de pan vive el hombre…De la misma manera que se han replegado los Papá Noel trepadores, se ven más colgantes en los balcones con ese Niño Jesús de herbolario anunciando que Dios ha nacido. Parafraseando a La Codorniz, se podría decir  que donde no hay sobreabundancia y publicidad, resplandece la verdad  En medio de tanto fasto gastronómico, la tele hace un paseo por los mejores nacimientos de Madrid, y una nieta observadora repara en un personaje evangélico que le tiene a mal traer: Herodes. La niña se enteró de la matanza de los Santos Inocentes y desde entonces, con toda la razón,  no entiende nada y le lanza continuas  preguntas a su abuelo.

-Pero bueno, si los Reyes Magos eran tan buenos…¿por qué no le dijeron  a Herodes donde nació Jesús?…¿No se hubieran salvado así los niños esos inocentes?…

Pues sí, quizás se pasaron los Magos. Tampoco lo entiendes tú, ni sabes qué decirle a la niña, salvo que la Navidad, con crisis o sin ella, está llena de misterios difíciles de resolver.

 

 

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6 Responses to “Crisis y otros misterios de Navidad”


  1. 1 Ángela diciembre 28, 2012 en 3:28 pm

    Con excesos o sin ellos, Feliz Navidad al Duende y todos los Duendes de este blog. También yo creo que la felicidad puede estar oculta en las cosas más pequeñas. Al Duende además de acudir a la radio, a convocatorias navideñas variadas, al Mesías de Haendel, a las funciones escolares, al campo, al oncólogo, a los análisis, al Hipercor… Le ha dado tiempo además de acordarse de una de sus 40 sobrinas, y se lo agradezco bien. Un abrazo y un millón de gracias; Besaré cuanto pueda en este 2013 con mi nuevo pintalabios.

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  2. 2 isabel diciembre 28, 2012 en 9:17 pm

    Ah! y me encanta tu belén

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  3. 3 Betanzos diciembre 30, 2012 en 3:12 pm

    ¡Vaya misterio, Duende, y vaya preguntas las de tu nieta! El nudo gordiano de la teología: cómo permite Dios el mal en el mundo y el sufrimiento de los inocentes… Que sigas con tu sabiduría y tu sano espíritu y nos ayudes a entrar con buen pie, y una sonrisa, en el 13. (Con las supersticiones no tengo porsi).

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  4. 4 Bego diciembre 31, 2012 en 10:22 am

    Precioso tu blog de hoy… Y tu referencia a Félix!! La Navidada es sinónimo de nostalgia! Por eso espero que pase pronto y ahora el tópico de … Feliz año!,, y a esperar la llegada de los Reyes, vengan de Cádiz o de Oriente, me da igual, serán bienvenidos siempre como final de estos días de follon y de pequeñas alegrías con los nietos maravillosos qu cantan villancicos con lengua de trapo. Besos duende!!!

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  5. 5 Atticus 444 diciembre 31, 2012 en 1:06 pm

    Feliz año Maestro, que si que si que va a ser bastante civilizado.
    Mil abarzos
    Atticus 444

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  1. 1 Latino » Blog Archive » Crisis y otros misterios de Navidad Trackback en diciembre 29, 2012 en 12:37 am
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