Como Nosferatu, pero con mejor cara

Harto de buscar tus propios cabellos pra averiguar quien era el responsable el delito, pasaste por la peluquería y quedaste como Nosferatu. Eso, sí, no con tan mala cara...

Harto de buscar tus propios cabellos pra averiguar quien era el responsable  del delito, pasaste por la peluquería y quedaste como Nosferatu. Eso, sí, no con tan mala cara…

1

Como no estás en el campo, ni en la nieve, ni de viaje en un lugar nuevo, y crees conocer todo lo que tarde o temprano acabará despejando el horizonte, te quedas ensimismado (entimismado, debería permitir la RAE) ante la nube lechosa que inunda el pequeño valle del Manzanares. La niebla espesa apenas deja distinguir los pinos más cercanos. A más de ochenta metros, los plátanos y cipreses ya son fantasmas. Perfecto. Además es fiesta, y sólo un autobús y una furgoneta se han atrevido a romper esa sensación de aislamiento mágico que traen los amaneceres brumosos del invierno. Perfecto.

Las películas inglesas de intriga y misterio de los años 50, con Sherlock Holmes o Jack el Destripador al fondo, siempre empezaban así. Luego emergía de la noche la fachada de una elegante casa georgiana. Se escuchaba la contera de un bastón golpeando el adoquinado, se insinuaba un sombrero de copa a la luz de una farola, brillaba por un instante la fina hoja de un cuchillo, un grito rasgaba la niebla y un bobby hacía sonar su silbato. Finalmente el ruido de unos pasos que huían se iba perdiendo, y el bigotudo policía londinense anotaba en su block.

-Otra prostituta asesinada.

Probablemente era una película de la Hammer, de bajo presupuesto, pero te mantenía en vilo, apasionado hasta el The end. Era perfecta, en sus modestas pretensiones. Como esta mañana de niebla del 7 de enero de 2013. La niebla cuando estás perdido es el peor de los peligros. Pero vista desde tu casa, calentito, te engaña haciéndote creer que todo lo que verás cuando se disipe será mejor. Por eso en el cine el pórtico del cielo siempre aparece tapizado de niebla.

2

Recuerdas  a Sherlock Holmes y no caes en la cuenta de que su cita no es casual.

Cuando despiertas, la primera operación del día es sacudir la almohada  sobre el lavabo y ver cuántos cabellos han sucumbido en la noche. Te ha entrado el síndrome del famoso detective inglés, multiplicado por cada víctima de la alopecia sobrevenida, o sea, por el número de pelos caídos. Quieres investigar quién es autor del crimen, y estás dispuesto a estudiar con microscopio el ADN de cada cabello blanco para averiguar quién es más culpable de su caída: si el tumor, la quimioterapia, la radioterapia o la presión psicológica que crees sufrir.

Qué desagradable caerte del guindo y recordar  que todos  los cabellos te pertenecían, y que sus adeenes confirman una única culpabilidad. La tuya.

Los miembros del club consultados te han dicho que no pasa nada, que la calvicie no es un delito, que el pelo cae y luego vuelve a brotar. Tu amiga Luli ha bromeado incluso con tu obsesión capilar, muy del género masculino, como si Marañón no hubiera destruido hace años el mito de Don Juan/Sansón. Te da igual, haces oídos sordos. Una cosa es la virilidad, que en estos momentos está como está, y otra el decoro. Mientras el día de la niebla termina de desperezar, tú vas de ratita presumida y pasas la escoba y hasta el aspirador sobre el suelo de tu palomar para que desaparezcan las pruebas del crimen. No te molesta ser un calvo en puertas. Te espanta parecer un espectro descuidado y desaseado.

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A un sabio se le pueden tolerar lamparones en la chaqueta. A  un poeta como Machado se le consentiría incluso caspa sobre sus hombreras y algún pelo cayendo sobre la yema del huevo frito que, entre verso y verso, tal vez se desayunaba con la voracidad de un guardia civil. A muchos genios incluso se les perdona que reciban un gran premio vestidos de lagarteranas o hechos unos guarros. Eso va con su imagen, que así gana leyenda sin desdoro alguno.

Tú en cambio eres uno más entre 200.000, que según los cálculos de Joselepapos, padecen de tu mismo mal en España. Piensas en el médico o en la enfermera que te debe observar de cerca y tal vez  incluso tocarte. Y prefieres, por delicadeza, que te encuentren en perfecto estado de revista, manteniendo dignamente la prestancia que hasta ahora no te importaba tanto. Cuanto más se desmitifican las formas, más te convences de que muchas de ellas son el fondo de la cuestión. Así que tú, como el general Custer de Raoul Walsh: si vienen a por tu cabellera, que al menos te pillen con el uniforme limpio. Y si caes, que sea con las botas puestas.

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No habías puesto botas, ni siquiera zapatos en el balcón. Sin embargo el día antes de Reyes se sucedieron sus emisarios portando regalos. Rubén Vidal, el joven pintor de Alcañiz residente en Berlín, al que tanto le impresionaron tus críticas sobre los horribles cuadros que decoran tu hospital, se presentó con una tabla neoimpresionista que recrea una fuente del Tiergarten, el parque berlinés.

-Ojalá no sea así –te explica- Pero si te vuelven a ingresar, te le lo llevas debajo del brazo y lo plantas por delante del  cuadrus horribilis que te toque. Algo mejoraremos el paisaje, y además así recordarás a tus amigos a distancia.

Rubén Vidal es un mocetón que da muy bien el tipo de artista de la bohemia romántica. Alto, de ojos claros y pelo rebelde, no se conforma con pintar, sino que canta a Bach, incluso como solista, y toca no sabes si el violín o alguna madera. Se acaba de casar con Vera, que es ingeniera, o biotecnóloga, o algo muy científico e inabordable para ti. Vera, las cosas de la vida, es sobrina de Jay Riaño, un compañero que conociste  estudiando periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información. Al poco, Jay enfermó de un cáncer y murió, muy joven no sólo para amar, como dice la canción, sino para casi todo. Menos mal que la vida está llena de guadianas, y algo de los que fuiste dejando en el recuerdo reaparece vivo y fresco muchos años después. Como esta sobrina que juntó su saber a la inspiración del fino artista de Alcañiz. Humanismo y racionalismo en el mismo lote. Y buscando fortuna lejos de España, como tantos jóvenes ahora. En eso el héroe romántico es de lo más actual.

5

También se personaron en el palomar tu hermano Pablo  y tu sobrino Daniel, portadores de un roscón  que hace maravillosamente en la Thermomix tu cuñada Marliesse. Pablo es la visita ideal, porque aparte de ser bondadoso y muy educado vive en un limbo distinto al del resto de los mortales, feliz en su pequeño mundo, como por encima del bien y del mal, y se sorprende por casi todo lo que le cuentas. Así que no te exige el esfuerzo de otras visitas  Como jubilado perfecto que es, se dedica a leer, a hacer ejercicio físico en los parques de Madrid, a hacer teatro con grupos amateur y a cantar en coros con su señora. Aunque hizo la carrera de ingeniero agrónomo, que suele producir ingenios prácticos, le cuentes lo que le cuentes siempre sonríe como si con la edad en lugar de perder, ganara capacidad de asombro.

-He descubierto Spotify y estoy encantadole dices.

¡Ah!, ¿si?…-pregunta abriendo sus ojos azules- ¿Y qué es Spotify?

Se lo explicas y la cara se le ilumina como si acabara de entender la conjetura de Poincaré, de la que, por supuesto, tú tampoco tienes puñetera idea.

A ti te supone un gran refuerzo moral, porque aunque eres de letras e ignorante enciclopédico en nuevas tecnologías, a su lado, que está cerca de la mítica Arcadia feliz, casi te sientes Von Braun. Pablo es maestro en sobrevolar las miserias humanas, y experto en construir su felicidad con los mimbres justos. Además, el roscón estaba buenísimo.

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Pilar Lladó te regaló botellas de vino blanco de su finca de La Mancha, y dos pulseras placebo que, según las instrucciones en portugués, quitan los mareos y el malestar de estómago a las embarazadas. A tu edad piensas que es casi mejor lo tuyo que quedarte embarazado. Es más, estás convencido de que  tu sensación de náusea constante, como un albondigón de esparto que sube y baja por el esófago sin desaparecer del todo, ni es porque vayas a ser madre tardía, ni se quita con placebos. Pero por si acaso te pones en cada muñeca dos pulseras hechas como con un con un pedazo de liguero antiguo al que han cosido un misterioso botón blanco que ha de estar situado en la parte inferior de la muñeca, porque si no, no funciona. También podrías clavar alfileres a un muñeco con cara de tumor y hacerle el vudú, pero no has encontrado el género adecuado en el chino de la esquina.

-Tú sigue luchando, no pierdas la esperanza, querer es poder-te siguen recomendando

Otros amigos/amigas/ parientes/ simpatizantes de la radio te van recomendando sucesivamente áloe vera,  batidos, pomelos  -qué ardor, Dios mío- oraciones a san Judas Tadeo, acupuntura, tratamientos de homeopatía. Quién te cocina caldos, quién cremas vegetales, quién te trae fiambres, que son de los alimentos que mejor te entran, quién trufas de chocolate. Se te acumulan los masajistas morales, los mensajistas animadores, los rezadores y rezadoras. Casi necesitarías dos o tres vidas más y un rosario de enfermedades sucesivas para aprovechar el filón de cariño que te ha traído la dichosa neoplasia.

Te deja tan entimismado como la niebla de anteayer.

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Pero decides que no puedes seguir mirándote al ombligo, y necesitas echar un vistazo alrededor para constatar que te sigue interesando el mundo. Así ves que el nuevo ruso Gerard Depardieu aplaude la concesión del cuarto Balón de Oro a Messi, aunque no te explicas qué pintaba en esa fiesta. También te llama la atención que Brigitte Bardot quiera seguir su ejemplo, pretextando esta vez que un tribunal de Lyon haya ordenado sacrificar a dos elefantitos tuberculosos por razones de salud pública. La entiendes perfectamente, porque los sacrificios que le imputan a Putin son de otro rango moral: periodistas curiosas, opositores inoportunos, chechenos diversos, etc, y un elefantito tuberculoso inspira sin duda mucha más piedad. Como la que sin duda merecían el pobre señor Pallerols, el siempre dignísimo Durán y Lleida y todos los políticos y banqueros corruptos para los que la ley hará siempre las filigranas y jeribeques necesarios con tal de salvarles el culo. Santo cielo, qué farsa, qué inmensa farsa.

Así que, por no desentonar con este grotesco tinglado en el que nos ha tocado vivir, vas a la peluquería y decides sacudirte el síndrome de Sherlock Holmes, dejar de perseguir los pelos caídos y raparte al uno. Ya estás preparado para hacer de malo en una película de Santiago Segura. Ya puedes reírte del mundo calvo y con las orejas de punta. Como Nosferatu, pero con mejor cara.

 

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10 Responses to “Como Nosferatu, pero con mejor cara”


  1. 1 Ángela enero 9, 2013 en 6:39 pm

    Me cuentan que vas mejor y me alegro mucho, seguro que con el pelo al uno, estarás muy atractivo. Cuídate y deja que te cuiden. Bs.

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  2. 2 doucenieto enero 9, 2013 en 9:16 pm

    No sé cómo te sentirás por dentro, pero sigo pensando que es una de las mejores ‘lecciones’ que he recibido en bastante decenas de años que llevo encima.

    Apunto en mí mismo todo lo que siento,en cada llnea o en cada párrafo:. Siento tu pelo, tus paisajes entre la niebla, tu cuidado de estar perfecto estado de revista, tus visitlas, lo que lees y sobre todo lo que te viertes y conjuras en lo que escribes que seguramente sea una de las mejores sensaciones paliativas…

    Un saludo

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  3. 3 begoña enero 10, 2013 en 12:39 am

    No me queda otra que quitarme el sombrero, inclinarme y decirte que quiero ser como tú. Tener sentido del humor es una de las cualidades que más admiro en el ser humano, si éste se mantiene ante la adversidad me resulta doble, triple, cuádruple…mente admirable.
    Por cierto, los calvos siempre me han parecido muy atractivos. Beso gordo y ánimo.

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  4. 4 Úrsux enero 10, 2013 en 11:14 am

    Te leo y me río con lágrimas en los ojos. Eso es muy difícil de conseguir, pero no para ti, Mago … y ahora además calvo ¡coño, como el de la Lotería! Así que suerte no te va a faltar.

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  5. 5 Adolfo enero 10, 2013 en 11:53 am

    Todavia me acuerdo como si fuera ayer del día que tuve la suerte de conocerte, tengo muy mala memoria y a veces mezclo recuerdos Fue, creo en Londres en la convencion de una gran multinacional presentado por el “gran Matías junior”donde reconoció que el era una consecuencia del gol de Zarra o de las dieta de su padre a Brasil o algo así , ya te digo que tengo mala memoria , y tu con Capitán nos hicisteis pasar un rato espectacular todavía me río solo con recordar todos personajes que salieron de vuestras bocas . Bueno pues desde entonces te he seguido en tu periplo radiofónico y luego en este “rincón” y quiero que sepas que somos mas los que no te escribimos, que los que te escriben habitualmente y todos te mandamos un abrazo cargado de energía para que uses la que necesites, y la que te sobre la sigues compartiendo con todos los que te seguimos, como has hecho siempre…..

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  6. 6 M. Luz enero 11, 2013 en 12:14 am

    Suscribo el último párrafo del comentario de Adolfo.
    Leo todas tus entradas, que no comento porque, o bien no tengo nada que decir, o bien no sé cómo hacerlo. Pero todas las disfruto muchísimo.

    ¡Animo, Duende!

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  7. 7 chirry pombo enero 11, 2013 en 10:04 pm

    una cosa es la cara que eseñamos y otra la que llevamos por dentro …y esa ,la de dentro la forman, basicamente,buenos recuerdos asi que puede estar siempre saludable y sonriente ….a pesar de la palidez externa …
    yo te sumo a mis recuerdos …y sonrio ..y te mando un abrazo..

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  8. 8 atticus 444 enero 12, 2013 en 8:19 pm

    Yo tambien te mando abrazos y mis infinitas gracias por tus escritos que son mucho mas que eso…
    Atticus 444

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  9. 9 Julia enero 12, 2013 en 8:22 pm

    ¡Hola Duende Nosferatu! Estoy segura de tu atractivo, al uno o al doble cero…Y además el pelo crece con más fuerza, por si no lo sabías. Te leo y te sigo desde que he descubierto este blog, que es toda una escuela del “savoir faire” de la vida , vengan como vengan las cosas. No pierdas este ánimo ni el sentido del humor que te caracteriza, porque además de ejercer de “autoterapia” nos viene muy bien a todos tus admiradores, entre las que me encuentro. Besos.

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  10. 10 joselepapos enero 13, 2013 en 7:06 pm

    Me agrada lo que dices sobre el pelo que crece con más fuerza al cortarlo porque una amiga me sostenía lo contrario hace unos días y ya empezaba a dudar. Un abrazo a todos y mucho ánimo a nuestro duende.

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